domingo, 27 de mayo de 2012

MEZTIZAJE

Si supierais lo importante que ha sido para mi es mestizaje, el conocer a una persona de un pais lejano, con cultura diferente, idioma casi imposible de aprender. La mezcla de culturas, de religiones, de razas, de ideas; todo ello nos enriquece, nos hace entender y comprender y sobre todo nos ayuda a ser mas tolerantes, porque lo diferente no es peor, tan solo distinto. El mundo sería un lugar mejor para vivir si no existieran fronteras, sino hubieran intereses políticos y nos dejaran ir de un sitio a otro sin mas motivo que el ser los dueños del mundo, los habitantes del planeta. Los gobiernos prefieren tenernos encerrados en sus fronteras, mantenernos al margen de sus normas. El ser humano es esencialmente libre, todos formamos parte de un unico motivo universal y cósmico, como no lo vamos a ser de este pequeño planeta que han enceldado en fronteras. La unión, la mezcla es el sentido universal, el motivo de que todos algún día nos cojamos de la mano formando una gran cadena donde no importen ideologías, ni religiones, tan solo el respeto y la libertad de forman parte de esa gran obra mística y celestial que es la vida.




COLOR

Se que hay una nueva amiga que le gustan las fotos diferentes y esta es una de ellas. Aprovechando que ya esta aquí con todos me gustaría decir que hay mucha gente que ve la vida en blanco y negro, que todo es luz o todo es oscuro, pero sin embargo les invito a soñar, a ver, a mirar el mundo y la vida de otra forma. La vida puede y es maravillosa y esta llena de colores. De colores fuertes, vivos, alucinantes. El color no nos lo puede quitar nadie, es nuestra luz como el arco iris. El color, lo que nos hace brillantes, apasionados, llenos de vitalidad, es la fuente originaria de nuestras vidas y no los puntos ni los espacios negros donde a veces pensamos estar y entramos en un circulo negativo y depresivo. El color nos lo dieron al nacer y lo apagamos dia a dia sin querer o nos lo apagan....Volvamos a lucir, solo hay que poner la voluntad de querer hacerlo.


AMABILIDAD

Aun me sorprende lo fácil que es hablar mal, tener malos pensamientos, malos sentimientos; tal vez por eso sea fácil, las cosas feas, los demonios son sencillos; sin embargo la belleza, las hermosura de unas palabras pronunciadas en el momento oportuno; apreciar el alma pura y blanca de las personas, nos cuesta mas, se precisa un acto de voluntad, un trabajo de querer ver mas allá, de que las imágenes al igual que las palabras no dependen de ojos ojos que lo ven y los oidos que las escuchan, y sino tenemos esa disposición positiva para apreciar la belleza, la bondad y la pulcritud de las almas, nos quedaremos con lo fácil.


EL CONDADO DE MUDELA. CAPITULO XIII



Pronto llegaría Fernanda para llevarla a la cama, aunque tal vez tardaría mas de lo normal, la tormenta no pasaba, es mas sus gruñidos eran cada vez mas salvajes y prácticamente la oscuridad se había apoderado del Condado, solo se iluminaba con cada lengua de luz que caía del cielo, relámpagos, rayos y una lluvia violenta que golpeaba cada vez con mas fuerza los cristales de la ventana. Paca miraba hacia la oscuridad, no se veía nada, tan solo su rostro desfigurado y seco reflejado en el espejo. Tal vez se miraba, se observaba y en esa imagen veía pasar cada momento de su vida, una existencia cruel pero con momentos intensos. Su vida contaba con episodios de felicidad, pero muchos mas de tristeza y soledad, como la que le invadía en este momento, sola delante de la ventana, el caserón vacío de seres vivos y copado de almas andantes que circulaban a su alrededor, que se acercaban, entraban y salían esperándola a que muy pronto la tuvieran de compañera. 

El caserón crujía con cada grito que llegaba desde las entrañas del cielo. Tantas puertas, rincones; cada uno de ellos pasaban por su cabeza y temblaba, era el miedo a ser aspirada por los demonios, a ser devorada por esa casa que tantos secretos escondía. La puerta de la habitación se abría y cerraba cada vez con mas fuerza, Fernanda no la había cerrado y un aire frío penetraba por sus carnes alcanzando sus frágiles y podridos huesos. Temblaba de frío y de miedo, ese reflejo de su rostro en el cristal la asustaba. Estaba vieja y consumida, como había pasado el tiempo se preguntaba, con lo hermosa que había sido de joven, su melena roja, sus carnes blancas y duras, sus senos florecientes y cadera firme. Había sido una mujer guapa, muy guapa, aunque ahora, desprendiéndose un tanto de ese miedo le surgió una sonrisa, que también se reflejo en el cristal. Había sido guapa, pero no tanto como Margarita, ella era una diosa, y recordaba su cuerpo aquel día en las lagunas, y sonreía nunca mas la volvió a tener tan cercar, nunca mas volvieron a unir sus pieles, salvo algún beso escapado en alguna ocasión, fruto mas de la pillería de Margarita que de cualquier otro deseo, ella fue su mejor amiga, mejor dicho, su única amiga la que a veces conseguía sacarle los nervios, fue una mujer libre, coqueta, insinuante; una mujer muy diferente a las del resto del pueblo del Condado, siempre vestidas de negro, y sin embargo ella, el blanco era su ropaje y su melena de oro la coronaba como a una reina. 

Aquel día en las lagunas, Margarita le hizo prometer que nunca ese secreto saldría de ninguna de las dos, que no contarían a nadie que habían matado a su hermano. Como prueba de ello, Margarita bajo del caballo, se puso su vestido blanco y con un espino se pincho en uno de sus dedos, la sangre le empezó a brotar, una sangre de un rojo intenso, tomo la mano de ella pinchándole en uno de sus dedos, ambas juntaron sus sangres, Margarita le dijo que esa era el sello de esa promesa y de su unión eterna mas allá de cualquier suceso que pudiera ocurrir, y así fue, nunca se delataron y su amistad duro hasta hacía unos cuantos días, a penas una semana, en la que ellas dos, viejas y marchitas habían compartido sus vidas. A penas siete días que Paca realmente se encontraba sola y desde entonces sin ganas de vivir, esperando la muerte allí sentada frente a la ventana. Tan solo unos pocos días que Fernanda cuando se disponía a preparar el desayuno entro en la habitación de Margarita y se la encontró tumbada en la cama, sin respirar y con los ojos cerrados, al parecer había tenido una muerte dulce y sin dolor. Estaba sana mucho mas que ella pero su gran corazón, un enorme corazón que se escondía en su pecho, dejó de latir, de pronto, sin previo aviso, y Paca tan solo en siete días, había perdido lo único que la mantenía con vida, su amiga y compañera Margarita. 

Regresaron al pueblo y ambas entraron a la casa, allí se encontraba Benito esperándolas, ambos se dieron un largo y amado beso. Su amado se encontraba totalmente recuperado y preguntó como lo habían pasado, ambas a la vez contestaron que muy bien, que habían ido a las lagunas y que era un lugar precioso, que habían cogido flores habían visto muchos animales salvajes, incluso dándole a la imaginación que se les había acercado algún lobo y que habían pasado miedo. Benito se reía y era feliz, tan feliz que sin esperarlo, sin que Paca ni Margarita tuvieran ni idea del deseo de Benito, que de repente, se puso serio, cayó a los pies de Paca y cogiéndola de las manos, tembloroso y con lágrimas en sus ojos, la miró fijamente y le pidió que fuese su esposa. Amaba locamente a Benito pero le cogió por sorpresa, no pronunció ni una palabra en varios minutos, Margarita quedó inmóvil, petrificada, su hermano le solía contar todo y no tenía ni la mas remota idea aunque siempre pensó que ese momento llegaría, conocía a su hermano y estaba deseoso de formar una familia de unirse de por vida con Paca, su corazón era de ella, la amaba con locura. Pasaron unos minutos, Benito cada vez mas pálido ante el silencio de Paca y Margarita sin mover ni un músculo de su cuerpo, esperaba junto a la mesa petrificada a punto de caer con la impactante noticia. Benito empezó a soltar las manos de Paca, no salía ni una sola palabra de su boca ni un gesto de aceptación, ni un solo indicio de una respuesta, cuando prácticamente sus manos ya se habían separado y Benito carcomido por la angustia de una esperada negativa, de pronto con voz firme y serena, Paca le dijo: acepto ser tu esposa amado mío. 

Del silencio se paso a la risa, a la alegría, Margarita se acercó y los abrazó a los dos besando a uno y a otro, era una mujer muy besucona, no perdía oportunidad para besar, era su forma de dar el corazón, ese tan enorme que hacía siete días dejo de funcionar. Era momento de celebración y lloraban los tres de felicidad. Paca y Benito por su amor y Margarita porque los quería a los dos y sabía que serían felices y ella también junto a ellos, quedaría unidos los tres. Benito sacó una frasca de vino para celebrarlo y los tres acabaron con ella, el alcohol se le subió a la cabeza de Paca, menos acostumbrada a beber que la gente del pueblo y perdiendo todo pudor, se subió a la mesa y se puso a cantar y a bailar, mientras Benito y su hermana se abrazaban y reían de felicidad. 

Como Paca no estaba en condiciones de ir al condado con la yegua, Benito se ofreció a acompañarla y así decir juntos la buena noticia a las gentes del Condado. Margarita les hubiera acompañado, deseaba estar con ellos y disfrutar del momento en que dieran la buena noticia, se avecinaba una boda, pero se quedó, sabía que era un momento para la intimidad, un momento único en sus vidas que debían compartirlo ellos solos. 

Caminaron ambos hasta el condado cogidos de la mano y al otro lado la yegua cogida de las riendas por Benito y Pili encima de ella, se estaba haciendo mayor. No se dirigieron a penas palabra alguna, tan solo se miraban con ojos de enamorados, con esa complicidad que se tiene cuando el amor es compartido, cuando los corazones por el milagro de la vida se unen, dos personas la una en la otra formando un único ente llamado amor. Así como uno llegaron al Condado, dejaron a la yegua en la cuadra y pasaron a la casa del servicio. Allí se encontraban a la mesa cenando, su madre, su abuela y los demás siervos del Señor Conde. Entraron, se quedaron mirando, nadie dijo nada, su madre la miraba extrañada, no era frecuente la presencia de Benito en el Condado salvo en época de vendimia y su abuela Fidela maltrecha por la enfermedad pasada, la miró de una forma especial, parecía que le podía leer el pensamiento y se le desprendió una sonrisa. Ella y su abuela tenían un lenguaje especial, una confianza la una en la otra que no tenía con su madre, una mujer de pocos sentimientos y abatida por tantas pérdidas, su marido tres de sus hijos, no sabía nada del destino del cuarto de ellos, y de repente, como al parecer nadie pensaba preguntar nada, Benito tomo la iniciativa y dirigiéndose a Saturia, la madre de Paca, le pidió la mano de su hija, que se la entregara en matrimonio. Esta perpleja por la noticia pero sin sentir una emoción especial, le dio su bendición y le entregaba a su hija. 

De nuevo el vino empezó a correr, los demás sirvientes se levantaron y los abrazaron y dieron la mano en señal de felicidad a uno y a otro, se monto un fuerte jolgorio, cantaron y bailaron; y bebieron, bebieron mucho. Todos eran felices, unos mas emotivos que otros pero hasta Saturia se hizo unos cuantos cazos de vino de la frasca y se le habían subido los colores a las mejillas arrugadas marcadas por el paso del tiempo, la vida en el campo y el sufrimiento. Era un día especial y por primera vez, como recordaba Paca, su madre sonrió y fue feliz, cierto que el vino ayudó bastante en ese gozo. 

Pasados unos días su madre, su abuela y Benito pensaron que la fecha de la boda debían consultarla con el Señor Conde y obtener su aprobación. Su madre y su abuela mas que ellos, era el Conde y también el padre de su hija bastarda. Todos estuvieron de acuerdo, entonces su madre les preguntó si habían visto a “Potaje”, apodo de su último hermano que todos pensaban vivo y que se lo pusieron por sus ansias por la comida y por su cuerpo redondo embullado en grasa. Paca dijo que no sabía nada, que hacía días que no le veía y que tampoco le preocupaba mucho, tampoco a su madre, pero era su hijo y debería saber des despose de su única hermana. Su madre preguntó por el Condado y nadie le dio respuestas, había desaparecido, nadie sabía nada, tampoco le preocupó mucho, tal vez había tenido la suerte de que se hubiera marchado lejos y no volviera jamás, por lo que tras algunas preguntas sin respuestas la ausencia de “Potaje” no importó mucho a nadie. 

El día siguiente lo habían elegido para dar la noticia al Señor Conde. Benito llegó al Condado y los tres, Saturia, Paca y Benito se dirigieron al Caserón, siempre era un momento tenso entrar en esa casa para ser recibidos por D. Bernardo. Este les recibió en su habitación de trabajo, y allí los tres en pié delante de la mesa del Conde, éste sentado tras ellas fumando un generoso puro traído directamente de Cuba tras la guerra. Fue Benito quien tomo la iniciativa y dio la noticia al Señor Conde, este sin dar ninguna muestra de sorpresa, consintió en el casamiento, mas aún se ofreció como padrino de la novia y que se haría cargo de todos los gastos. Paca se quedo sorprendida, no por los gastos, que Benito ya se encargo de agradecer, sino por el hecho de ser la persona que le llevara al Altar. A la vista de la expresión de sorpresa y extrañeza de Paca, El Conde se levanto de la silla, tiro el puro al suelo, tomo las manos de Paca y le dio: -hace tiempo que debías saberlo, Jara yo soy tu padre y yo te llevaré al Altar-.





sábado, 19 de mayo de 2012

Ibiza



El sueño de nuestra juventud, el paraiso de la libertad en los años sesenta, sigue siendo la isla blanca y mágica. Algunos solo la conocen por sus macrodiscotecas por la fiesta continua sin parar. Es verdad, esa Ibiza existe no duerme, es una explosión de ganas de vivir de dejar atrás los problemas de inhibirse en un aurea de explosiva de sensaciones. Pero tambien existe la otra Ibiza, la de sus paisajes, sus calas de ensueño, los lugares donde parece que el mundo se para, que todo es belleza y armonia, que lo feo y absurdo de este mundo ha desaparecido. En esta Isla mágica caben todas las propuestas, la fiesta sin límites y el espiritu de libertad y de sensaciones que se buscaban hace unas decadas y que aún persiste. Es uno de los paraisos de la tierra, un punto único del universo. Por mucho que la visite, por tantas cosas que ella ha pasado, será siempre el lugar donde mis sueños depositan sus ilusiones.



EL CONDADO DE MUDELA. CAPITULO XII


Fermín el encargado de las caballerizas y los establos le enseñó a montar. Cuando cogió las riendas aquella noche delante del Conde, Paca quedó petrificada, no esperaba su encuentro, menos ese maravilloso animal de regalo y que le llamara “hija”, eso la dejó aturdida, no pensó en ese momento que fuera verdad. Seguro que se trataba de una expresión, pero ya tenía dieciocho años y esa era mas una forma de hablar a las niñas pequeñas. Sin embargo no lo creyó, ni lo pensó, pero como un mal sueño quedo en su cabeza, lo tenía dentro, no salía pero por el momento no pensaba decírselo a nadie, solo tendría que hablar del regalo, difícil de esconder esa blanca yegua que mas que un animal parecía un ángel. 

Su abuela Fidela le comentó que el Conde era un hombre generoso, que aunque parecía lo contrario algo de bondad existía en esa persona y que ella para Él era especial, no sabía porqué, tal vez de nuevo serían las supersticiones por el color de su pelo, porqué iba a ser. Es verdad que la defendió frente a sus hermanos, pero nunca pensó que por algo especial simplemente por ayuda humana, nunca se sintió especial ante el Conde, pero aquel regalo la dejó aturdida, mucha generosidad de su parte, pues nada pensó, muchísimas gracias. 

No pasó ni un día y su abuela le llevo a las caballerizas y Fermín se puso manos a la obra, le enseñó a sujetar las riendas, a montar, primero a paso lento, andando, luego a trote y pasados pocos días a galope, no le resultó difícil, es mas parecía toda una amazona, cabalgando con su melena roja al aire y la blancura de la yegua, tanto como la cal que cubría las casas del pueblo, como la de su amado Benito. 

Gracias a Margarita sus escapadas al pueblo eran mas frecuentes, Pili no la podía seguir y la montaba con ella sobre su regazo. Cuando Benito vio ese animal le lucieron los ojos, mas aún con Paca subida sobre ella, era una imagen celestial, todo belleza. 

El segundo día que fue al pueblo a lomos de Margarita, lo hizo por la mañana, era un día de primavera, el calor ya empezaba a sentirse y el campo a poblarse de amapolas, y en la puerta de la casa de su amado se encontró con su hermana, esa mujer dos años mayor que ella que era hermosa, pelo de oro, ojos azules y la piel un tanto tostada por el sol, esa mezcla la endiosaban. Cuando la vio le sonrió, la ayudó a bajar de la yegua y le contó el porque de su nombre, que era tan hermosa como ella y Margarita la hermana de Benito se emocionó correspondiéndole con un fuerte abrazo y cientos de besos sobre sus mejillas rojas. Tan feliz se sentía que le propuso una aventura, ella sabía montar y podía tomar prestada una yegua negra de una amiga. Como Benito aún se estaba recuperando de la tuberculosis, le pareció bien a ella y a su amado aunque prefería tenerla a su lado, no se opuso, es mas le gustaba ver que su amada y su hermana fueran buenas amigas, Paca algún día sería su esposa y por supuesto la aceptación familiar le importaba mucho y feliz las animo a marchar. 

Margarita solo le dijo que le siguiera. Salieron del pueblo por un camino, al principio a paso lento, le comentó que iban a un lugar especial, a unas lagunas donde el río Guadiana juega al escondite, sale y entra de la tierra formando unos lagos donde el paisaje es precioso. El lugar estaba lejos, por eso, del paso pasaron al trote y luego al galope, Margarita delante y Paca detrás de ella sin perder la estela del cabello dorado de su amiga la mujer mas guapa que había conocido. Cabalgaron durante bastante tiempo hasta que de pronto ante sus ojos se encontró con lugar paradisiaco, pequeñas lagunas, cascadas de agua y todo un campo verde y rojo poblado de amapolas. Era un sueño, era el paraiso, Paca no había salido nunca del Condado y del pueblo que lleva su nombre. Nunca había llegado tan lejos y nunca había contemplado tanta belleza, la del paisaje, la naturaleza, su yegua y su amiga Margarita, jamás había sentido tanta armonía y esa felicidad se reflejaba en su cara, roja y sudorienta de la larga cabalgada. 

Ambas desmontaron a la vez, ataron los caballos a un árbol y cogidas de la mano, acaloradas, eufóricas por el cuadro que la naturaleza les ofrecía, y allí las dos, solas disfrutando de la brisa del aire, del sonido del agua, del movimiento de las ramas de los árboles, todo era perfecto, el mundo parecía parado, o tal vez Paca quería detenerlo, era feliz inmensamente gozosa. Ambas cogidas de la mano cuando de repente margarita con una mirada que nunca la había visto, entornando los ojos y entre abriendo la comisura de sus labios, la soltó y en con tan solo un movimiento, rápido, sin esperar, se despojó de todas sus ropas, quedó desnuda delante de Paca, con su pelo cubriendo sus hombros dorados, sus senos rosados, firmes y voluptuosos, su pelvis desnuda enrizada con un bello rubio y sus esbeltas piernas. Allí delante de ella cada vez mas bella, Paca ruborizada, nunca había visto una mujer desnuda, una hembra tan hermosa, parada con la mirada baja pero sin dejar de observar, cuando Margarita salió corriendo hacia una de las lagunas y todo su cuerpo cayó sobre el agua, era un ángel saltando, moviéndose ágil por el agua, la miró, Margarita a Paca y con un movimiento de un dedo le invitó a que la acompañara, a que se quitase la ropa y se sumergiera junto a ella en la laguna. 

Nunca lo hubiera pensado, pero al instante, al ver el movimiento del dedo de Margarita no lo dudo, se despojo de la ropa y corrió hacia ella, salto sobre el agua y a pesar de su baja temperatura, su cuerpo hervía de placer, su cuerpo desnudo y la naturaleza, y Margarita una simbiosis jamás soñada. Jugaron con el agua, se tiraban una a otra, ambos cuerpos se unían se mezclaban con el agua y la tierra, y rieron, no paraban de reir. Salieron del lago correteando, el calor del sol apetecía y se tumbaron una junto a la otra para calentarse con el radiante sol que lucía en el cielo. Pasaron los minutos, tal vez una hora y ambas se encontraban sumisas en un sueño, allí solas, las dos y el cielo, se sintieron reinas por un momento. 

Margarita abrió sus ojos y tendida en el suelo miraba a Paca, ese cuerpo blanco con diminutas manchas rojas y su cabello también rojo como el de su pubis, el tan apreciado en determinados momentos de su vida. Margarita con un movimiento lento se acercó a Paca, cada vez mas cerca, con la respiración acelerada, le acarició el cabello, Paca sintió un impulso, un movimiento brusco de su cuerpo, la miró con sus dos ojos plenamente abiertos, Margarita acerco sus labios a los de Paca, inmóvil dejada al destino, sometida totalmente su voluntad a los elementos y a la de Margarita. Se aproximo mas, sus labios se abrían poco a poco hasta juntarlos con los de Paca, ambas, con una delicadeza extrema, tratándose como si sus cuerpos fueran de porcelana, se sumergieron en un inmenso beso y juntaron sus cuerpos, sus manos se entrelazaban y se acariciaban, necesitaban sentir el roce de sus pieles. Margarita la dominaba y una de sus manos lentamente bajó desde su cuello acariciando cada centímetro de su cuerpo hasta que alcanzó el trofeo, ese vello que florecía entre sus piernas acariciándolo sin parar mientras Paca se dejaba, estaba poseída por un jadeo incontrolable, cuando de repente un ruido, algo se movió, ambas se soltaron y aterradas miraron hacia los caballos y allí se encontraba el último de sus hermanos, subido en la yegua de Margarita, haraposo como los demás y el paisaje perdió toda su belleza y se convirtió en negro y feo, asquerosamente feo. 

Margarita se levantó enfurecida sin reparar en su desnudez, se dirigió hacia ese engendro le ordenó que bajara del caballo sin que éste le hiciera el mas mínimo caso, sonreía el cerdo, le miraba de forma lujuriosa, lasciva. Paca corrió hacia sus ropas y se cubrió su cuerpo como pudo, no podía ni pensar lo que sucedería si aquel andrajoso contaba en el pueblo, en el Condado, a Benito, la escena que había visto, su cuerpo junto al de Margarita, sus gemidos de placer, empezó a gritar y a llorar llamando a Margarita, esta sin atender sus llamadas corría hacia ese ser y conforme se acercaba, tiro de la yegua y empezó alejarse, Margarita, mujer fuerte y de carácter, le siguió gritando que dejara la yegua y ese ser siguió subido en ella alejándose cada vez mas rápido. Sin pensarlo un momento Margarita subió a su caballo, la escena era aterradora y hermosa, desnuda sobre el caballo a galope y a trote, lo perseguía, aquel al ver que se aproximaba aceleró, pero no era un buen jinete, Margarita se le echaba encima. 

Tras dar vueltas una tras del otro, Margarita con tan solo las riendas y el látigo se puso a su lado, aquel intentó empujarla con una patada, con la mano, pero Margarita era fuerte y estaba enrabietada. Consiguió superar la embestida de ese monstruo y lo forzó adentrarse en una de las lagunas, la mas grande la mas profunda, la mas peligrosa. Paca al otro lado seguía gritando, llorando, cuan de repente Margarita azotó con todas sus fuerzas a la yegua blanca y ésta se revolvió, saltó y mando por los aires al haraposo que cayó al agua, la yegua salió de allí y tomo tierra, pero el engendro no. No sabía nadar y el lecho del lago era fangoso, gritaba como si se lo tragase la tierra, que era lo que realmente pasaba, sus ojos se salían de sus órbitas, daba golpes sobre el agua sin conseguir mantenerse, y así, poco a poco, entre vómitos que manaban de su sucia boca, fue tragado por el lago y ya nunca mas salió. 

Paca alcanzó a su yegua, la sujeto y parada junto a ella miró a Margarita, la imagen era asombrosa, desnuda y en su tez una expresión que Paca jamás olvidaría, era la imagen del poder, de la satisfacción, da la victoria.



sábado, 12 de mayo de 2012

LA MAÑANA

Cada día parece la misma historia, la misma rutina. El despertador suena, te revuelves en la cama, lo coges, le das mil vueltas para apagarlo y a penas puedes. Ahora son los teléfonos, y la misma historia, a veces en lugar de apagarlo lo cojo y como si fuera una llamada en la penumbra entre la vigilia y el sueño sale un "si" "digame". Pero cuando pasan unos minutos y miras a tu alrededor, de inmediato, al menos yo, pongo el pié en el suelo, veo la luz entrar por mi ventana, es un nuevo día, un nuevo amanecer, sigo estando vivo y al segundo respiro profundamente, sonrio y me digo a mi mismo "EMPIEZA EL ESPECTÁCULO". ¿O no es así? Tal vez la palabra, mejor la expresión que mas me encanta, que me gusta es: ¡¡¡¡ BUENOS DÍAS MUNDO!!!!!!


LA CHICA SOBRESALTO

A mi cuando una persona empieza por decir que le gustan las emociones ya me tiene. Quedo conquistado porque mas que de verdad, expresió...