Dicen que el corazón es el único objeto con el que no se puede jugar, tan solo amar. Al finalizar el año, repasamos nuestra vida y pensamos cuantas veces hemos jugado con el corazón en lugar de amar. Se pasa el tiempo y lo mismo te está esperando sentado en una acera, en cualquier esquina, y lo dejas pasar. Nuestro corazón tal vez tenga demasiadas cicatrices y nos da miedo volverlo a jugar. El amor no es una apuesta, es el contenido del tiempo, lo podemos perder o tal vez ganar. Dicen que cuando se juntan dos manos inician su camino y trazan su propio destino. Es posible que ese sea nuestro temor, enfrentarnos por fin a nuestro destino, a unos labios que no nos dejan de apuntar. Con el comienzo del año nos hacemos el propósito de cambiar, pero el tiempo pasa y seguirá siendo un sueño sin realizar. Es posible que solo pretendamos ser el sueño de una persona, en lugar de estar a su lado cuando empieza a soñar. Es fácil olvidar que hay muchas clases de amor, pero no dos veces el mismo amor. El propósito de este nuevo año debe ser el conseguir esos labios, que perdidos en una calle, nos siguen apuntando sin mirar.
sábado, 28 de diciembre de 2013
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