No entiendo la relación que hay entre dar amor y regalar joyas, pedir la mano con un anillo de diamantes. El único brillante que tenemos es nuestro corazón y tanto cuesta entregarlo que hay que disfrazarlo con joyas. Es comprar el amor, lucirse con lo caro, con lo lujoso. No funciona, el amor no tiene precio, es entregar nuestro corazón luminoso y brillante.
lunes, 9 de julio de 2012
domingo, 8 de julio de 2012
EL CONDADO DE MUDELA. CAPÍTULO XVII
Era un extraño olor
el que entraba por los entresijos de la ventana, el que llegaba del exterior hasta
la cama donde se hallaba postrada Paca. No era ese olor fresco y agradable de
la tierra mojada, era un olor sucio, desagradable, fruto de la mezcla de la
humedad y de la madera quemada de los árboles incendiados por los rayos que
rodeaban el caserón, la imagen era aterradora. Lenguas de fuego caían del
cielo, golpes de piedras contra los cristales de la ventana, arboles devorados
por las llamas; El Condado anegado, parecía que el cielo se le caía encima, que
las alimañas la buscaban, que la olfateaban, que enloquecían por morder sus
carnes pellejosas y arrugadas, aunque lo que más la aterraba era el vaivén de
la luz de la vela, rápido de un lado a otro de la estancia, y en un momento se
paraba, iluminando su cara sobre el cristal, ahí veía su rostro reflejado y el
terror que de su semblante pegado en sus retinas la abrumaban y una corriente
fría le recorría todo su cuerpo paralizándolo, tan solo movido por unos vanos
espasmos de dolor.
En su mente se
repetía una frase constantemente: “camino a tu tumba”, esas habían sido las
últimas palabras que durante muchos años dirigió a Benito. Desde aquel día, ese
maldito día en el que su amada Pili fue asesinada por su esposo, ninguna
palabra se intercambiaron, algún gesto de odio, de resentimiento, de desprecio;
tan solo eso quedó tras ese día. Paca pasaba los días metida en la cama y dando
algún paseo por El Condado, recorriendo cada uno de sus rincones con los que
había compartido con Pili, fue todo para ella, su única compañera, su leal
amiga, donde iba una iba la otra, siempre juntas y aquel malvado desconocido
para ella, en un solo instante acabó con todo, nunca lo podría perdonar. Se
preguntaba durante esos paseos, que es lo que había pasado con aquel joven
amable, amante, cariñoso; que había pasado con aquel chico del que se enamoro y
la desposó. Tal vez nunca lo conoció y aquella paliza hizo salir todo el mal y
el odio que durante años había ido acumulando en sus entrañas, no Paca no tenía
respuestas, no lo podía entender, como un solo acto, en solo un día se podía
pasar del cielo al infierno, de una vida maravillosa envuelta en flores de
amor, a la penumbra del desamor y de las malas entrañas.
Durante esos paseos,
cada día visitaba a su anciana madre, lo único que le quedaba de su sangre, a
excepción de su sobrevenido padre el Señor Conde, que a pesar de su generosidad
y el cariño que intentaba prestarle, para ella era un total desconocido, seguía
siendo el Señor, no su padre, sino su amo. Saturia a pesar de la edad, seguía
ayudando en la cocina y en las tareas del Condado, aunque las fuerzas no le
acompañaban y nuevos sirvientes jóvenes se encargaban de mantener todo a gusto
del Conde, ella se negaba a ser una inútil, a dejar pasar el tiempo hasta el
fin de sus días y como podía, ya pelando patatas, haciendo algún puchero o
alguna tarea fácil que precisara poco esfuerzo, siempre ayudaba, necesitaba
sentirse activa para no pensar, en su triste vida. Paca la visitaba y aún
después de los años pasados seguía preguntándole por “potage” el último de sus
hijos que nunca pudo enterrar, que dieron por desaparecido y que ella aún
esperaba algún día volver a verlo entrar por el Condado. Nunca le dijo nada,
prefirió mantenerla con la ilusión abierta, esa que tiene cualquier madre por
muy malos que sean sus hijos, o al menos eso pensaba, porque Paca nunca sería
madre. Ella había sido una hija inesperada, no deseada, bastarda del Señor y nunca
habían tenido una relación madre hija normal, mas bien no tuvieron nunca
ninguna relación. Saturia se encargó de criarla y nada mas, lo mucho o poco que
sabía de la vida se lo había contado su abuela Fidela que en paz descanse y que
con su muerte incluso le dio un aviso, una lección. Esa muerte durante la
celebración de su boda no fue mas que el anunció de lo que se le avecinaba. Lo
que empezó mal, nunca podía acabar bien.
Desde aquel día en
el que Benito mató a Pili, ese día en el que se marcó aquel gran farol
envistiéndose en la futura Condesa de Mudela, circunstancia que nunca se le
había pasado por la cabeza y que ni tan siquiera lo creía; desde aquel día nunca volvió a
compartir lecho con Benito. En una estancia que habían destinado a trastero, colocaron
un catre donde a partir de entonces dormiría Benito. Conforme le impuso, cada
mañana al amanecer le preparaba unas torrijas y un tazón de leche recién
ordeñada para el desayuno, a medio día le traía la comida de las cocinas y por
la noches le preparaba embutidos, jamón, queso y una hogaza de pan para la
cena, sin olvidar una frasca de vino que cada noche tomaba Paca para conciliar
el sueño. Así pasaron varios años, sin cruzar palabra, Benito de capataz del
Señor Conde y sirviente de la futura Condesa, ese título que se había inventado
pero que había calado profundamente en Benito, tal vez, menos sabio de lo que
ella pensaba, tan solo un pobre hombre, por mucho que pensaba, no entendía si
había sido engañada o ese sencillo y visceral ser, era el auténtico Benito, tal
vez todo fue mentira y realmente él pensaba que Paca realmente sería la futura
Condesa y de ahí sus cortejos y el matrimonio.
Una mañana sin
previo aviso cuando Paca se encontraba sentada en la puerta de su casa
practicando el ganchillo, que un día su abuela intentó enseñarle y que nunca
había vuelto a practicar y ahora era una forma de entretenimiento durante
tantas horas vacías y solas que pasaba, divisó por el horizonte que se
aproximaba un caballo negro y sobre él una amazona de pelos rubio y vestidos
blancos, no podía ser, no se lo podía creer, era Margarita a la que no había
vuelto a ver desde el día de su boda. De repente las agujas y lanas cayeron al
suelo y de un solo movimiento se puso en pié, empezó a agitar la mano, y
aquella figura de inmensa belleza a lomos de aquel semental le devolvió los
saludos moviendo con una mano un pañuelo blanco y largo. Cuando llegó, bajo del
animal, se miraron y se dejaron llevar por un fuerte abrazo y besos mojados
entre lágrimas. Las noticias no habían quedado presas en El Condado, se habían
dispersado por todas las tierras y pueblos de alrededor. Su situación con
Benito era fruto de habladurías y cotilleos, incluso palabras ofensivas hacia
Paca por parte de la familia de Benito, pero Margarita nunca las creyó, ni una
solo mala palabra había salido de su boca, muy al contrario, ella conocía bien
a su hermano, fue testigo de su romance con Paca de sus buenas obras hacía
ella, pero nunca le engañó, cuando Paca no estaba presente, su hermano era una
persona callada, arisca e interesada, no soportaba los trabajos en el campo a
las órdenes de su padre y muchas veces quiso dar alguna noticia a Paca, pero
decidió callar, que los acontecimientos sucedieran de forma natural puesto que
lo mismo estaba equivocada. Pero no fue así, todo lo que pensaba sucedió y de
forma natural se reveló.
Paca la invitó a
quedarse en su casa y Margarita no lo dudo, le preguntó que pensaría su hermano, pero a ambas les daba igual, desde
ese momento nunca volverían a separarse, era la compañía que necesitaba aquella
mujer que un día le hizo sentir especial, tierna y dulce con su cuerpo y con su
vida, se había salvado, gracias a ella el desaparecido era potage y no Paca, y
nunca lo pudo olvidar. Mas que amistad sentía amor y así se lo transmitieron
ambas el día de su boda, con aquella mirada de complicidad, una mirada que era
una demostración de que la unión entre ellas si era hasta que la muerte les
separara, no aquella que juró ante el Altar.
Pasaron los días,
varias semana, ambas estaban siempre juntas y dormían juntas, a Benito se lo
comían los demonios, no podía dormir por las noches pensando que su hermana y
su esposa dormían en la misma cama. No solo Benito era conocedor de ello, sino
que las gentes del Condado empezaron a criticar esa situación vergonzosa, todos
pensaban que una mujer se debía a su marido, sin embargo la Jara dormía con la
hermana del esposo, era una vida en pecado delante de los ojos de todos, pues
no se ocultaban en sus paseos cogidas de la mano. Su relación no era lo que la
gente pensaba, ni mucho menos, tan solo dos seres desconsolados y perdidos de
la vida, victimas de ella, que tan solo esperaban dar y recibir amor y ternura;
y ellas se lo daban, amistad que es otra forma de amar.
Cuando Margarita no
llevaba ni un mes viviendo en la casa de Paca, Benito entró en la casa junto
varios hombres y mujeres del condado, todavía yacían dormidas en la cama,
tiraron la puerta, el susto les hizo saltar el corazón, Benito de nuevo entrado
en cólera y todas esas gentes con ojos juzgadores y de condena, las miraban
como si fuesen brujas, las hijas del pecado, las enviadas por Satanás. Paca de
forma contundente les ordenó que se marcharan, le echó de la casa, pero no lo
hicieron, se acercaron cada vez mas, esos ojos de odio y de condena se
acercaban junto con sus cuerpos, cada mas manos que las cogieron, las sacaron
de la cama, les arrancaron las ropas, las golpearon, las tiraron por el suelo
bajo la firme mirada de Benito de cuyo rostro se desprendía una suave y cruel
sonrisa. No eran golpes fuertes, tan solo las zarandeaban y las llamaban putas,
zorras, brujas, hijas del demonio. De
nuevos sus cabelleras eran objeto de atención, y así decían: -JARA y AMARILLA-
soy hijas del demonio, así una y otra vez, incluso empezaron a corear que era
una bastarda, que había sido engendrada con la semilla del diablo, en ese
momento, por sorpresa, un viejo hombre, pero de gran tamaño y envergadura entro
por la puerta, dio el alto a todos, y todos callaron, Paca y Margarita taparon
sus cuerpos como pudieron, todo fue silencio, las miradas fijas al suelo, ni un
murmullo, ni un sonido solo el de aquel hombre, Don Bernardo de Mudela, y con
esa voz grave que aún mantenía sacón un papel y leyó ante todos:
“Yo Bernardo de Mudela, dueño y señor de El
Condado que lleva mi nombre, titulo heredado de mi padre Don Faustino de
Mudela; ante el escribano-notario del municipio de Santa Cruz declaro: que dejo como légitima heredera del
titulo de Condesa de Mudela y dueña de sus tierras y personas que en ésta se
hallen, a mi hija Francisca, que desde hoy tomará mi apellido y se le llamara Doña Francisca de Mudela, debiéndoles todos
respeto y obediencia”.
Una vez leído su
legado, El Conde se dirigió a Benito, mirándole a los ojos, este con la cabeza
baja y le ordenó, -arrodiyaté ante mi hija, baja la cabeza y le besas la mano y
por tu vida en sus manos, lo que decida lo firmaré-. Benito obedeció se arrodiyó ante Paca y puso su vida en sus
manos, Paca de pronto y sin pensar lo abofeteó en varias ocasiones ante los
ojos atónitos de todos los que allí se encontraban, y habló: - hoy te perdono
la vida, porque como ya sabes que iniciastes el camino a la tumba, hoy has dado
un gran paso, pero no es tu día, no has sufrido lo suficiente para merecer la
muerte-.
domingo, 1 de julio de 2012
Hoy me vais a permitir una excepción, mi reflexión sobre mi vida la voy a hacer en Italiano, por una persona muy especial en mi vida y dificil de catalogar.
C'è una sola persona nella mia vita che questa è la sua lingua quando parla nota accento spagnolo. Non qualificarsi come il vostro soggiorno nella mia anima. Vedo tre o quattro volte la settimana per molti anni ma poche parole incrociate. La tua vita cambierà, lo si può vedere con una migliore qualità, ma molto meno frequentemente. Non ho il tuo numero di telefono, i colloqui sono stati pochi, ma io piangevo anima, gli auguro ogni bene, naturalmente, ma che non si ferma e perdere, è uno di quelli anima bianca, di cui collegare i vostri occhi puri, sentirsi a proprio agio, protegico.
Mi ricordo i tempi quando il mio cuore era in battaglia costante che solo sapendo della loro presenza mi sento calma e la pace venne a me. Una di queste persone è magica, sei speciale più raramente nella vita, succede una volta e raramente di più.
Sarà ancora nella mia vita, anche se sarà diverso, forse migliore e io sarò la sabbia in ogni senso della parola.
E 'una persona eccezionale e vi auguro una BUONA VITA
NO TODO ES ORO LO QUE RELUCE
No todo es oro lo que reluce, eso dicen. En principio hay cosas que nos deslumbran, que nos ciegan, que nos hacen comportarnos de forma diferentes, porque quedamos ciegos no vemos mas alla. Por ese motivo para no incurrir en ese error que nos puede hacer mucho daño y sufrir de dolor espiritual y rompernos el corazón, yo os diría que no nos dejaramos deslumbrar, que razonemos, que seamos pacientes y decidamos con tranquilidad. Os lo diría pero mentiría, independientemente de que la armonía y la paz interior es una búsqueda, me dejo deslumbrar, soy humano, a veces impulsivo y apasionado, emocional y absolutamente conducido por el corazón. No todo es oro lo que reluce, pero a veces si, y merecece la pena equivocarse y se sufre un poco o mucho, es la vida, que no siempre es como nos gustaría.
Toda esta reflexión viene acompañada de la que creo que es una foto espectacular que no solo reluce sino que es auténtico oro y la belleza nunca la podemos perder de vista.
No todo es oro lo que reluce, eso dicen. En principio hay cosas que nos deslumbran, que nos ciegan, que nos hacen comportarnos de forma diferentes, porque quedamos ciegos no vemos mas alla. Por ese motivo para no incurrir en ese error que nos puede hacer mucho daño y sufrir de dolor espiritual y rompernos el corazón, yo os diría que no nos dejaramos deslumbrar, que razonemos, que seamos pacientes y decidamos con tranquilidad. Os lo diría pero mentiría, independientemente de que la armonía y la paz interior es una búsqueda, me dejo deslumbrar, soy humano, a veces impulsivo y apasionado, emocional y absolutamente conducido por el corazón. No todo es oro lo que reluce, pero a veces si, y merecece la pena equivocarse y se sufre un poco o mucho, es la vida, que no siempre es como nos gustaría.
Toda esta reflexión viene acompañada de la que creo que es una foto espectacular que no solo reluce sino que es auténtico oro y la belleza nunca la podemos perder de vista.
Hace unos dias una amiga decía: que le iba hacer si nació en el Mediterraneo, recordando la canción de Serrat. Y es verdad que le vamos hacer los que nacimos en esta parte del mundo bañados por este mar fruto de tantas culturas y pueblos diferentes. Somos europeos, pero me siento mucho mas identificado con los italianos, griegos, croatas, tunecinos, chipriotas, eslovenos, etc...Vivimos la vida, y aunque en estos tiempos se nos reproche nuestra forma de vida, pienso que sabemos vivirla mejor, que si tenemos un euro nos lo gastamos o lo pedimos, no lo ahorramos como nuestros amigos del norte. Nos gusta cantar, bailar, salir de fiesta, estar con amigos, las vacaciones, la siesta; la vida hay que vivirla en el momento. Todos los seres humanos somos iguales pero fruto de tradiciones diferentes y por ello de diferentes culturas arraigadas por el paso de los siglos.
Os dejo la foto de IVI ADAMOU una extraordinaria cantante de Chipre, mas mediterraneo no se puede ser, una isla en mitad del mar fruto de la mezcla de griegos y turcos, y despues un video de una magnifica canción.
Os dejo la foto de IVI ADAMOU una extraordinaria cantante de Chipre, mas mediterraneo no se puede ser, una isla en mitad del mar fruto de la mezcla de griegos y turcos, y despues un video de una magnifica canción.
Como dirían, corazón que no siente. A veces para poder seguir adelante tenemos que dejar de ver. Cerrar los ojos y solo mirar nuestro interior. Sentir cada desgracia o cada fenómeno que nos rodea nos puede hacer perder el equilibrio y la perspectiva, entregarnos tanto, que nos olvidamos de nosotros mismo, esa mirada hacia nuestro interior, esos momentos diarios y necesarios de espiritualidad y de mirada interior, a solas, nuestro cuerpo y nosotros para que nuestro auténtico yo, la energía originaria y eterna nos observe y nos una de nuevo en la paz. Esa es la única forma en la que posteriormente podremos ser útiles, entregarnos, iluminar a los seres que han perdido su luz, orientar y brillar con luz propia.
Es verdad tengo un especial interés por los ojos, pongo muchas fotografías de ojos, pero no son ojos, son las miradas, en ellas encontramos y proyectamos nuestra luz.
Es verdad tengo un especial interés por los ojos, pongo muchas fotografías de ojos, pero no son ojos, son las miradas, en ellas encontramos y proyectamos nuestra luz.
EL CONDADO DE MUDELA. CAPITULO XVI
Paca
se encontraba inquieta, embullada entre las sabanas blancas y las almohadas,
sin hacer ningún movimiento, su cuerpo
se perdía en espasmos, en temblores no provocados, tenían cierta armonía con
los sonidos que procedían del exterior; el constante zumbido de las gotas de
agua que se estrellaban contra el cristal de la ventana, los truenos, los
árboles que caían por la fuerza del viento y el fuego de los rayos. Parecía el
fin del mundo y del propio caserón crujiendo como si fueran llantos de dolor.
Pero sus temblores, sus espasmos no estaban ocasionados por el miedo a esa
interminable tormenta, como tantas otras que había vivido, sino que le
machacaban los recuerdos, hasta tal punto que no pudo contener los orines que se
le escaparon, empapando los algodones y trapos que Fernanda le había puesto
para que de noche no mojara la cama.
Tras
la entrada en la casa de Benito envuelto
con sus ropas ensangrentadas, los ojos hinchados, vómitos de sangre,
dientes partidos. Paca curó sus heridas y quedó en la cama, pasando los días y
sin mediar palabra. Le ayudaba a comer, le cambiaba los vendajes y así día tras
día. Las gentes del Condado le preguntaban por su marido, otros la miraban con
desafío. Benito no se ocupaba de sus funciones de capataz y un día El Conde le
preguntó, le reprochó que clase de marido tenía, que le había dado un puesto de
gran responsabilidad y no lo había cumplido ni tan siquiera un día. Paca, que
ahora era el ojo derecho del Señor Conde, le contestó que había cogido unas
fiebres pero que pronto se reincorporaría al trabajo y estaría orgulloso de él.
Don Bernardo la creyó, como no, era la única persona en el mundo de su sangre y
además El Conde estaba haciéndose mayor, cada vez se le veía menos, no salía ni
al campo, pasaba los días encerrado en el caserón como si ya nada le importara,
como si encerrado en sus aposentos hubiera decidido esperar la llegada de la
muerte, de ahí su interés por Benito, le había otorgado toda la responsabilidad
del Condado, no confiaba en nadie y él era el esposo de su hija, su única
descendencia, la que en su día se convertiría en la primera mujer en la
historia del titulo nobiliario, que sería Condesa de Mudela.
Pasados
unos quince días desde aquellos sucesos, Benito estaba totalmente recuperado,
pero seguía en silencio, no mostraba ningún tipo de cariño por Paca, no le
hablaba, no le daba ni las gracias por todos los cuidados y sacrificios que
hacía por él. Nada, de aquel muchacho dinámico, alegre y romántico no quedaba
nada, parecía que aquellos golpes que le propinaron esa noche, le habían robado
el alma, tan solo le quedaba la mirada, la única expresión de donde se podía
obtener algún dato de sus pensamientos, y ésta o estaba en blanco, perdida, o
era la mirada del odio, del mal que le poseía, de la necesidad de ajustar
cuentas. El muchacho sonriente, amable y cariñoso había desaparecido. Ahora ese
cuerpo escondía el dolor, había pasado todas las etapas del duelo: el dolor, la
negación, la aceptación y ahora se encontraba en su última fase, la venganza.
Al
llegar la noche, Benito se metió en la cama, era pronto, no había anochecido y
Paca que no sabía bien que hacer, decidió también ir a dormir, de pronto,
mientras se quitaba sus ropas y se ponía el camisón, de la boca de Benito
salieron unas palabras, por fin le habló, -Paca, mañana al amanecer saldré de
la casa y cumpliré con el cargo que me dio El Conde-, Paca se giró con una
sonrisa, deseaba que se enfrentara a la vida, que cumpliera con el cargo que le
había encomendado su padre. Le miró a la cara y vio esa mirada de odio el color
de la venganza y su sonrisa poco a poco desapareció. Benito se incorporo y
agarró el cuerpo semidesnudo de Paca. Ella ardía en necesidad de su carne,
tanto tiempo sin saborearla, sin ser poseída. La atrajo con violencia hacia él,
le arrancó con un movimiento la poca ropa que la cubría, la tiró en la cama,
estrujo sus senos con sus grandes manos, la mordía mas que besarla, pero Paca
no sentía dolor, necesitaba ser tomada, sentirse mujer, ser deseada. Pero
Benito no sentía deseo, era otro sentimiento, quería descargar su furia contra
su cuerpo. Le abrió los muslos y bajo sus pantalones de donde salió su miembro
erecto rojo y desafiante y la penetró, con golpes bruscos como si deseara
romperla, apuñalarla. Paca sentía se mordía los labios en cada movimiento, pero
no se quejo, no salio ni un sonido de su boca, por el contrario lo besaba y
acariciaba, mientras el terminó con un gran gemido depositando en sus entrañas
toda la semilla acumulada, todo el veneno que lo poseía. Se tumbo sudoroso y
entre suspiros dijo, -Paca mañana será mi primer día-
No
pudo dormir en toda la noche, no sabía que querían decir esas palabras, un
primer día, un nuevo día o una nueva persona, ya lo era, nada bueno presagiaba,
su matrimonio entre flores, amor y felicidad tan solo había sido un sueño y ese
sueño no se haría realidad.
Cuando
una pequeña luz empezó a divisarse en el horizonte, Benito se levantó de la
cama y empezó a vestirse de campo, chaleco, botas, boina y una garrota en la
mano. Paca se hizo la dormida aunque lo miraba de reojo. Veía a Benito con
movimientos controlados, sin perder el tiempo, de forma ordenada se fue
vistiendo y cuando terminó, abrió la puerta de la casa y salió, sin un beso de
buenos días o de despedida, nada. Paca asustada y triste a la vez, se quedó en
la cama, no sabía lo que ese día pasaría, pero no quería verlo, no pensaba
levantarse, cubriría su cabeza con las sabanas y aislarse del mundo, no quería
ver ni saber, solo quería que el día pronto pasara y volverlo a ver entrar por
la puerta de la casa, tal vez con un ramo de rosas o de amapolas, pero sabía
que eso era un sueño, que en su vida ya no había flores, que la penumbra de
nuevo volvería. Tomo a Pili que a penas se movía la metió con ella en la cama
por primera vez desde su matrimonio, a Benito no le agradaba dormir con Pili en
la cama, y de allí las dos en todo el día se moverían.
Benito
con paso firme y seguro se dirigió sin pestañear a los aposentos de los sirvientes
del Condado, con la garrota en la mano y sin que nadie le esperara, entró dando
una patada en la puerta que se desquebrajó y se hizo añicos, se oyeron movimientos, gritos, algunos
desperezándose del sueño, entró como un rayo y sin mirar, sin saber quien se
hallaba en cada cama, empezó a golpes con la garrota, porrazos sobre cuerpos de
hombres y de sus mujeres que dormían en sus camas, no discriminó, tan solo daba
golpes sobre cada cuerpo que se movía, en la cabeza en sus cuerpos, algunos
intentaban parar aquella locura, pero Benito estaba poseído por la hiel de la
venganza, por el odio y siguió sin parar de dar golpes sobre cabezas, brazos,
cuerpos, los gritos se oyeron en todo el condado, seguía y seguía hasta que
dejaron de moverse cada uno de esos cuerpos sin rostro, solo se oían quejidos,
lamentos de dolor. Benito se quedó quieto, la luz del amanecer ya entraba por
las ventanas y su figura podía reconocerse, todos sabían quien era, era Benito
tomado por el demonio, por el odio, Satanás vestido de hombre. Llegó el silencio,
nadie se atrevía a lamentar sus dolores ni a soltar una palabra. Varios minutos
de silencio, hasta que Benito con voz fuerte y autoritaria les ordenó
levantarse, quería a todos fuera en dos
minutos. Salió por la puerta y delante
de ella quedo firme, cubierto con la boina y garrota en mano, espero la salida
de todos. Y así fue, todos salieron, cada uno vestido como pudo, con sangre en
las caras, hombres y mujeres cumplieron la orden del capataz. Una vez todos en
fila, miró a cada hombre y a cada mujer, y uno a uno le dijo que era el jefe,
que estaban a sus ordenes, que a partir de ese momento solo cumplirían sus
mandatos o se verían de nuevo con su garrota en sus carnes, que trabajarían
desde el anochecer hasta el atardecer y que lo quería ya, en ese momento y
todos como corderos corrieron como pudieron, entre sangre y dolor a cumplir sus
órdenes.
Así
transcurrió el día, Benito a caballo recorría una y otra vez todo el Condado
vigilando que sus órdenes se cumplían y algún osado que se atrevió a mirarle a
la cara, se llevó un nuevo garrotazo en sus sienenes, no podían ni mirarlo, tan
solo cumplir sus órdenes y trabajar, desde el amanecer hasta el anochecer.
Se
hizo la noche y Benito volvió a su casa, abrió la puerta, en la mesa no estaba
la cena, miró y vio a Paca en la cama cubierta por las sabanas, la llamó por su
nombre y le preguntó con reproche -¿que haces en la cama?, ¿y la cena de tu
hombre?-. Paca retiró las sabanas, se incorporó y Pili asomó la cabecita, los
ojos de Benito se encharcaron de sangre, y le gritó -¿ que hace la perra en la
cama?-, Paca solo decía –no, no, no por favor, nunca mas- , pero ese día Benito
no atendía a suplicas ni a lamentos, ese día Benito solo era el amo, en ese día
todos cumplieron sus órdenes menos su mujer y Paca cuando fue a coger a Pili, a
poner su cuerpo entre ella y la garrota, llegó tarde, toda su ira cayó sobre el
envejecido y frágil cuerpo de Pili, la garrota la rompió en dos, tan solo un
pequeño aullido, un lamento de quien la había acompañado toda su vida y en todas
sus tragedias, el único ser que había querido. Quedó rota en el suelo sin
aliento con los ojitos abiertos, sus orejita caídas y un solo movimiento, el
del suspiro de su muerte.
Paca
lloró y lloró, pero una vez secadas sus lágrimas, ella si le desafió se le
quedó mirando a la cara, sin pestañear, firme, autoritaria, se acercó a Benito
embriagadote autoridad y poder, y ella cada vez mas cerca y con voz baja sin
necesidad de levantarla, cuando estaba a penas a diez centímetros le dijo: - tu
serás mi marido, yo soy tu mujer, pero yo seré La Condesa de Mudela y yo
seré tu ama y dueña, me harás la comida, me harás la cena, limpiaras la casa y
si te lo ordeno me lamerás los pies. Hoy has matado al ser que mas he querido
en mi vida, hoy para ti empieza tu camino hasta la tumba.
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