viernes, 19 de agosto de 2016

#REDES

Vivimos en un mundo repleto de contradicciones. Una sociedad en la que se separa una y otra parte del mundo, la que dicen real y las redes sociales. Mientras cada día aumentan estas redes y unos más y otros menos cuentan con su perfil en alguna red social, por muchos se critican al entender que no se trata de la vida real, que no se toca, no se mira; no se ve a las personas que están al otro lado de la pantalla del dispositivo en cuestión. Sin embargo se olvidan de lo más importante, cierto es que no se toca, no se mira; pero en estas maravillosas redes se siente a la persona, se palpa; se sabe de ellas de una forma que sin esas redes hubiera sido imposible ni siquiera conocer su existencia.

Cuando la vida me dio una nueva oportunidad, cuando me dijeron que yo era lo suficientemente cabal como para saber todo lo que era bueno para mí, tuve una experiencia maravillosa. Recuerdo encontrarme tumbado en una mesa hospitalaria cuando una joven que al parecer se encontraba haciendo su residencia en el hospital me dijo que me conocía. En plena intervención médica, cuando no sabía si mis piernas se encontraban más cerca de este mundo que del otro, una voz me dijo que me conocía, que yo me llamaba Manu el de “Manu y la Vida”. No podéis imaginar lo que eso supuso para mí. Inmediatamente gire mi cabeza como pude para mirarla y me encontré una bonita sonrisa junto con unas gafas que descubrían a una chica inteligente y repleta de sensibilidad. Ahí, en ese momento me entraron unas ganas enormes por vivir, por seguir descubriendo la vida, por indagar en lo más profundo de las personas. Mi hasta entonces afición que nació a finales del año 2011, dejo de ser eso para convertirse en amor por todo ese mundo. En ese año que ya contaba con un incipiente Facebook fue cuando empecé esta aventura del blog, unido al Twitter y a una cuenta de Instagram.  En sus inicios tan solo escribía a duras penas de sentimientos sin ninguna aspiración literaria ni mucho menos, es más; incluso no corregía mis escritos ni mis textos porque quería dejar claro que mi finalidad era exclusivamente la de comunicarme, la de ser humano por encima de todo, de despojarme de lo que decía ser en clave de profesión y resaltar lo más importante, mi afán y necesidad de humanidad.

Por aquél entonces nacieron dos historias, las únicas que he llevado a cabo: Valeria un amanecer perdido y El Condado de Mudela. La primera trataba de la historia de una joven a punto de entrar a la universidad que repasaba su pasado tomando un café a la espera de que se abrieran las puertas del centro donde iba a cursar sus estudios. Se trataba de esa hija que estaba en mis pensamientos que nunca he tenido y que trate de describir conforme yo pensaba que hubiera sido. La segunda un relato crudo y cruel de una realidad de la España de finales del Siglo XIX y principios del XX. Como he dicho sin mas ambición que la de comunicar. Después llene el blog de pequeños textos de sentimientos donde incluía los tuits mas relevantes que publicaba durante la semana. El Twitter se consagró como mi gran pasión. Llegué a tener más de treinta mil seguidores reales, algo muy grandioso pero como todo lo grande, también fue mi martirio y su propio final hasta llegar al día de hoy con una cuenta mucho más pequeña tras su desaparición por los constantes ataques de hackers, troles y demás personajes macabros que habitan en ese espacio oculto de las redes sociales, que no son más que un fiel reflejo de la realidad.

Cuando la vida me dio una nueva oportunidad, una de esas personas con bata blanca me aconsejo que aprovechara ese tirón de las redes sociales para narrar paso a paso mi vida y los cambios que iban a suceder. Así lo hice y ese cambio se convirtió en realidad. La evolución la plasme cada día en tuits, en post y en fotografías en forma generalmente de selfies en esa otra red inmensa que es Instagram y de la que hoy esto absolutamente enamorado. Últimamente también hice mis pinitos en el Snapchat como una forma de visualizar con mensajes cada sentimiento y cada estado de ánimo con esos seres maravillosos a los que llamamos seguidores y que para mí tienen tanto respeto, que no dejo a ninguno de ellos por seguir. No soy de esos que fanfarronean con la cantidad de seguidores que tienen y los pocos que siguen, yo seguí esa ley propia del Twitter y de mi vida, si me sigues, yo te sigo; así de fácil y así de ejemplar.

Me ha pasado de todo, he tenido malísimas experiencias, me han quitado el sueño y  a veces incluso el honor y la dignidad. Me han plagiado, copiado, imitado y hackeado. Me han pasado muchas cosas malas, pero las buenas han sido inmensas. He conocido a personas de todo el mundo. En mi agenda tengo prefijos de casi todos los países de América y de otros continentes. Amistades únicas e irrepetibles porque la red lo que te da es la intensidad de los sentimientos. Los aumenta, los dimensiona de tal forma, que pueden dar lugar a los lazos más firmes y sólidos o la destrucción más cruel.

La vida es un continuo riesgo, un camino repleto de piedras y de obstáculos, sin embargo la belleza del camino es tan inmensa que merece la pena jugársela y conocer y darse a conocer.

Mi nueva vida basada en la vida sana, donde los sacrificios han sido premiados satisfactoriamente, las redes han tenido y tienen un papel primordial. Sin ellas no hubiera conseguido la mitad de las conquistas que cada día os cuento desde el corazón.


Cuando aquella cardióloga residente me dijo que  me conocía, que yo era “Manu y la Vida”; me día el empujón necesario para dar el primer paso hacia esa vida que cuenta “Manu” en cada tuit.



sábado, 13 de agosto de 2016

LA CAIDA DEL DIOS BACO.





Cuando te dicen que tu mismo sabes lo que es bueno y malo para tu salud. Cuando dejan la vida en tus manos te planteas hasta lo más mínimo, hasta el último detalle para la reflexión, de lo que era tu vida y lo que quieres que sea a partir de ese momento.

Nuestra sociedad ha creado muchos mitos, unos con mas peso que otros, la del “presunto dios Baco” es uno de las más importantes, tanto por su historia como por su trascendencia económica. Ese peso económico es el mas importante, puesto que la cultura de la mesa y la copa esta muy enraizada en nuestras costumbres. El alcohol y su estrella mas deslumbrante, el vino; son ingredientes que no solo han llegado a ser la estrella de la conversación y de las relaciones sociales, sino que además se les ha dotado con el calificativo de obras de arte. El vino, se ha convertido en uno de los elementos de lo sofisticado, del glamour y de la eterna división en clases sociales.

Saber de vinos a finales del siglo XX y principios del actual, ha sido algo que ha contribuido para sobresalir dentro de la clase social. Todos hemos conocido a algún familiar o amigo que al llegar a un restaurante cuando el camarero le ha preguntado sobre el vino a elegir, ha tomado la carta, la ha repasado, la ha estudiado y como tonto por la escuela, se ha precipitado en la mayoría de las ocasiones o por el más caro, o por aquél que pertenece a una zona vinícola de moda. El camarero como buen profesional le ha felicitado por la elección y no ha dudado en darle a catar el primer sorbo sobre su copa, y éste, haciéndose el conocedor de dicho arte, la mueve, la olfatea, absorbe y mirando al camarero le manifiesta su aprobación. Es entonces cuando éste se dispone a servir en mayor cantidad a todos los invitados y en alguna ocasión, a dejar el corcho que tapaba la botella a ese pretendido experto para que lo olfatee y de nuevo haga uso de su maestría en la materia.

Esa escena tan ridícula, tan esperpéntica  y necia, se ha repetido en numerosas ocasiones y  es muestra  de una falsa adoración a ese presuntuoso dios del éxtasis llamado Baco.

En la época de bonanza económica a finales del siglo pasado se hizo famosa una profesión, la de “sumiller”. Es decir, de aquel experto en vinos que seleccionan la carta en un restaurante y que además aconsejan sobre el vino adecuado para cada comida. Es una de las profesiones que cayó en primer lugar al inicio de la crisis económica, por artificial, presuntuosa y prescindible. Solo necesaria en una sociedad artificiosa y de espaldas a uno de los valores esenciales de la vida: la salud. Por fortuna en la actualidad son otros los valores que nos rigen, como la comida sana, el ejercicio físico etc…

Este señor o señora nos aconsejaba que vino meternos en el cuerpo, como si de una camisa se tratara, como si lo que ingerimos pudiera compararse con moda y tendencias. La diferencia es importante, la moda se quita y se pone y nuestra piel permanece intacta, el alcohol y demás sustancias químicas que acompañan a esas bebidas, entran en nuestro organismo, se filtran por el hígado y llegan a nuestras células alterándolas y degradándolas. Sufre nuestro corazón pues alteran el ritmo cardiaco y envejecen sin remedio las arterias dificultando la circulación sanguínea.

El vino no es más que una bebida alcohólica resultado de la fermentación del zumo de la uva. La consecuencia del calor sobre el azúcar que contiene ese fruto. Puede hacerse con cualquier fruta, pero el resultado no es el mismo. Olor agradable y algunas veces también su sabor dependiendo de su elaboración y curiosamente de modas impuestas por enólogos y sumillers.

Muchos me replicarían diciéndome que el vino es aconsejado para la salud. Eso no es cierto, lo que se aconseja es que si se bebe se beba vino, en cantidad tan moderada como una copa comiendo, nada más, y si se bebe que sea rojo porque posee algún factor antioxidante como son los taninos, que también pueden encontrarse en el té.

En definitiva el vino es alcohol fruto de la fermentación y la transformación del azúcar. El vino es tan dañino como cualquier sustancia tan tóxica como el alcohol, como el tabaco, como la cocaína. Sí, como la cocaína o más, porque no debemos olvidar los daños que ha causado y causa el alcohol en nuestra sociedad, como accidentes, muertos, violencia de género, daños, marginalidad, etc…. Sin embargo una gran industria construida alrededor de este falso dios y toda una cultura, le han salvado de la quema como ha ocurrido con otras drogas. Recordar que uno de los alicientes que inducen a fumar es la cajetilla de tabaco. Lo mismo ocurre con la botella de vino, cava, champagne. Se le ha adornado de un rito y glamour que no tienen otras drogas. Ello con su peso económico, le ha llevado a los altares de los dioses.

La cultura occidental es muy dada a crear mitos y el del vino es uno de los que vienen de la historia, del propio origen de la sociedad occidental. Sus efectos en la conducta humana no son diferentes a los que en otras culturas ha ocasionado la hoja de coca o el opio. No hay diferencia cultural ni evolutiva. El ser humano precisa evadirse de la realidad, delirar, crear nuevas formas, nuevos colores; nuevas ideas. Se le puede llamar surrealismo o de cualquier otra forma, pero es convertido en arte porque se considera que cuando las manos del hombre crean algo al margen de la naturaleza, es arte.


No deja de ser una droga con los efectos sobre la salud. Obesidad, alteraciones de la tensión arterial, hepáticas y muchas otras. Cuando me dijeron que yo sabría qué cosas son buenas o malas para mi salud, me conciencié de que esta era una de ellas, aunque a veces me veáis beber una cerveza o una copa de vino, ya os conté que estoy en proceso y que no he alcanzado mi meta, lo que nunca haré será justificar que  esto es bueno para la salud o no pasa nada. Cada vez que tomo alguna de estas sustancia químicas sé que me estoy haciendo daño, soy consciente de ello y así lo expreso.



martes, 2 de agosto de 2016

¿DE QUIEN ERES?


Yo no soy ningún experto nutricionista, no soy especialista endocrino ni gastrónomo ni nada de eso. Tan solo quiero compartir mis experiencias, aquellas que me han llevado a una nueva vida.

Cuando la Dra. Begoña Sevilla me dijo que tenía que cambiar mis hábitos entre ellos los alimenticios y que debía perder de peso, me reto a dar un golpe de timón durante ese mes de Agosto de 2014 que se aproximaba. Como ya os conté en ningún momento me impuso una dieta ni tampoco ningún comportamiento alimenticio en especial, tan solo me dijo que yo sabía perfectamente lo que era bueno y lo que era malo para mi cuerpo y mi salud.

Como en su día me explicaron en la Universidad en la asignatura de Derecho Natural, hay temas que no se aprenden, que son innatos o deberían serlo en ser humano. Un ejemplo de ello era el concepto de Celso del Derecho como la ciencia de lo justo y de lo injusto. Todos saben lo que es una cosa u otra, sin que tenga nada que ver con las leyes vigentes. De igual forma todos sabemos lo que es el mal y el bien, y decidimos en consecuencia. Por lo tanto siguiendo esos criterios básicos somos conscientes de lo que es bueno y malo para nuestro cuerpo y en consecuencia para la salud.

Lo entendí a la perfección, su discurso lo hizo durante una eco-cardio en el hospital un día antes de darme el alta hospitalaria.

Cuando salí de allí me decisión era clara, en el mes de Agosto perdería unos cuantos kilos que me llevarían a una carrera en la que me dejé treinta kilos en apenas diez meses. Lo primero que hice es descartar la comida carnívora, como lo son los mamíferos y las aves, además de todos sus productos como los lácteos y los huevos. Si eso lo conseguía que era fácil para mí, no olvidemos que siempre había sido una constante en mi pensamiento, seguro que perdería esos kilos y mis arterias volverían a funcionar a pleno rendimiento. Se desatascarían como así me dijo mi doctora del corazón.

Algunos me diréis que dejando de comer esas cosas no se pierden tantos kilos, es cierto; lo que ocurre al igual que cuando dejas de fumar es que mucho de ese trabajo es psicológico, como ya os contaré en otro post, y el hecho de plantearse cumplir con unos principios te lleva a lo otro, es decir, a dejar de comer productos con azúcar refinada, hidratos inútiles como el pan, comida basura como los picoteos (chips, aceitunas, patatas fritas, frutos secos fritos y salados, sal, etc...). Si lo conseguía dejaría de comer por placer o ansia de satisfacer el apetito y me alimentaría, que son cosas muy diferentes aunque en los tres casos se meta comida por la boca.

En ese momento surgen las calificaciones, todos intentan etiquetarte y meterte en un grupo: veganos, vegetarianos, crudivuristas, etc…

Es el gran sino del ser humano, poner etiquetas cuando lo único que pretendía es hacer una vida más sana, vital, energética y perder peso.

Por ese motivo y para esclarecer ideas, voy a definir cada uno de estos conceptos diferentes:

1.- VEGANOS, son aquello que no solo no ingieren nada animal ni sus productos, sino que además no consumen nada que tenga una procedencia animal, es decir, es una filosofía de vida animalista, de respeto por el mundo animal. No se trata únicamente de una opción nutricional, sino que ponen en práctica una ideología vital. Muy respetables y posiblemente es a lo que yo mismo llegue algún día de forma no radical pero lo tengo en cuenta como un fin. Digo que no de forma radical porque puede tener algún riesgo si se toma con todas las consecuencia. Un ejemplo de ello es que muchos medicamentos contienen ácidos grasos de procedencia animal y por principio quien sigue esta opción lo rechazarían con la consecuencia que puede tener para la salud.

2.- VEGETARIANOS, al igual que los veganos no ingieren ninguna comida de origen animal pero quedan en el ámbito de la alimentación, no la llevan más allá. En ese plano me encuentro mucho más cerca.

3.- CRUDIVURISMO, se basa en la alimentación de productos vegetales, poniendo la prioridad en ingerirlos de forma cruda. Es una opción muy energética y vital porque los alimentos crudos presentan todas sus propiedades sin ser alteradas por el fuego u otras formas de transformación.

4.- MI ESTILO. Podría decir que no es nada original pero difiere de los anteriores, se podría llamar no carnívoro ya que se basa en la no ingestión de animales mamíferos, aves ni sus productos. Con ello se descarta el pescado. Sinceramente pienso que mi tendencia es llegar al estado de vegetariano, sin embargo me encuentro en proceso siguiendo diferentes etapas hasta alcanzar ese estado ideal para mí. Sinceramente comer pescado me gusta tanto por mi adicción a la alimentación japonesa como a la necesidad de los ácidos omega 3 y otros que aunque se encuentran en otros alimentos como en los frutos secos, son bastante necesarios para la salud sobre todo cuando mi organismo es torpe en crear determinados ácidos grasos. En todo caso como he dicho se trata de un escalón para conseguir los siguientes.

Como dijo mi doctora, yo sabía lo que era bueno y malo para mi salud, y gracias a ello he conseguido tener unos perfectos resultados médicos sobre todo a nivel de sangre y de recuperación casi plena. Además he conseguido llegar a estados de peso ideal, por lo que como anunció, era totalmente conocedor del bien y del mal. Este es mi estilo, tal vez no se encardine en ninguna de las clasificaciones en su totalidad, pero es el mío, es mi camino y lo cuento por si con ello puedo ayudar a quien me lee.


Cada uno sabe lo que es bueno y malo, todos tenemos nuestra ruta y lo único necesario es ponerlo en marcha y ser consciente que somos lo que metemos en el cuerpo y que nunca debemos vanagloriarnos de hincharnos a comer basura porque al final lo pagará nuestra salud y nuestra forma de ser.