sábado, 30 de mayo de 2015

ADICCIÓN A TUS BESOS.

El primero lo recuerdo, el último y cada beso. Todos únicos y distintos, de sabores, de colores y también de emociones; con tu esencia, tu instinto y la rabia salvaje. Recuerdo los besos y que quería más. Los necesitaba, con  el ansia del hambre, con la sequedad del viento de poniente. Cálidos sin llegar al fuego vivos, pero ardientes siempre en mi deseo.

Esos besos los recuerdo, los que creaban tu adicción junto a tus labios rojos y carnosos, de esos que se muerden poco a poco, de los que incitan al canibalismo, a la barbarie del ego candente.

Como el primero ninguno, como los siguientes tampoco. Ciego de embriaguez por tu boca me regalaste el que me fundió entre dos mundos, ese beso con el que jugaste a ser mayor, el beso que te llevo a la madurez del amor conquistado, de la victoria merecida.

En el primero pusiste tu cuerpo, en los siguientes el corazón. Y fueron creciendo cada día más, no sé si en número pero si en color. Ese primero fue de azul claro, los siguientes rojos como tu corazón. Los de después llegaron verticales y horizontales; algunos en posturas imposibles de recordar y perturbadores de narrar.

Me enganche a tus besos en el presente. Nunca los he vivido en el pasado; pero en el futuro son de abstinencia, de su falta de humedad en mis labios, de la ternura de los tuyos, de esa carne que perdí y que olvide como se llamaba. No recuerdo su nombre porque las heridas se curan con el tiempo, pero los besos crean abstinencia. No sé si los besos, lo que siento es que son los tuyos, porque no conozco otros besos.

Me quede en aquella noche de verano en una playa del sur, cuando tomaste mi cabeza y la llevaste hacia ti. Yo torpe como siempre perdí el juicio y el rumbo, justaste tus labios con los míos y me devoraste. Te llevaste mi último aliento en el primer beso y desde entonces me tienes.

Es lo que tienen los besos, que crean adicción, a ellos  o a tu beso, al primero y a los demás, cuando juntaste tus labios con los míos y me entregaste tu esencia, tu interior,  ese que es difícil de tocar sin guía.


Lo más profundo de tu amor que es tu cuerpo con el mío, juntos como con aquel primer beso; los labios, las bocas, los corazones; unas vidas que jamás nadie ni tú, podrán separar.


domingo, 24 de mayo de 2015

Y TE LLAMÉ, PRIMAVERA.


Miras tú bandeja de entrada, compruebas los comentarios; es pronto, acaba de amanecer pero algo te dice que tienes que mirar, que en alguna parte del mundo, un alma blanca se acordó de ti, que te desea los buenos días, o tal vez, lo mejor. Es muy pronto y enciendes tu ordenador, el teléfono como siempre sin batería después de una noche llena de  me gustan. Lo conectas, y ahí están, comentarios, recordatorios; como cada día, son tus seguidores y tu seguidor.  Aquel que un día de septiembre te habló, harto del calor del verano y deseoso de otoño, de las mangas largas, de los cuellos de lana, del té caliente; del fuego en la cocina. En ese día estabais de acuerdo y él se sorprendió porque le hablaste, no se lo podía creer, te sentía con otros ojos, eras mucho para su mundo de códigos, para su vida de togas negras. Triste relato de la vida inmersa entre estrados y legajos, donde apareció el estilo, la primavera del otoño, del invierno y posiblemente de un verano, del que se iba y éste que a pasos agigantados  se acerca  de nuevo, que quitará esas mangas, las chaquetas y los sombreros que tan bien llevas.

Unas palabras y como le gusta a ese seguidor, para siempre, para lo que haga falta. De seguidor a amigo. Ciber amigo, o más que amigo, porque estos amigos lo son sin tocar, sin sentir la piel, son incondicionales de cada día; de la mañana, tarde y noche; siempre cerca, a tu lado, compartiendo sonrisas y admirando tu estilo, tu vida, cada latido de tu corazón que se reflejan en unos ojos chispeantes de vitalidad, de gusto, del saber estar, del movimiento suave; tenue.

La belleza se viste en tu armario, en tu ropero, con tus zapatos, con tu sonrisa imprescindible en mi vida desde aquel día en el que harto de verano me hablaste por primera vez y desde entonces, te admiro, te sigo, me gusta lo que haces y dices; desde aquel día te quiero amiga, porque yo no sé apreciar; yo se querer y mucho, pero no con tu estilo, porque tú  eres el estilo; la magia de las cenicientas vestidas de princesas.

Como dice la canción, cada vez que bajas o subes una foto, aparece una imagen divina de ésta realidad, y por ese motivo después de dar más de mil vueltas y mirar muchas; he elegido ésta, mi preferida, en la que la magia de tu estilo personal se mezcla con la sencillez de tu rostro; fresco, vital, deseoso de pintar la belleza, como la tuya, como tú eres, hermosa, por  fuera y tanto más por dentro.

Gracias por existir.

¡Felicidades, Primavera!


Tu Ciber-Amigo.


sábado, 23 de mayo de 2015

Y TE ENCONTRÉ EN UN RECUERDO.

Cuando no quieres dejar de fantasear con tus deseos, te convences poco a poco que tal vez tan solo seamos recuerdos, hasta que nos volvamos a encontrar. Recuerdos de curvas, de sensaciones, de olores, de colores, de miradas; recuerdos como cuando duele el corazón. De pequeño me decían que el corazón no duele, que tan solo suspira, que se queja de amor y de fortuna.
 El corazón suspira con lágrimas que deja escapar, por tus ojos bendecidos por la belleza, esa que cuando me miras, me conmueve el alma, y te beso, y te abrazo; y te amo. Eres tan bella como aquel día en el que abandonaste el amor, ese día en el que decidiste llevarte todo. Es cierto, realmente estabas dispuesta a cogerlo todo, a no dejar nada en el pasado, a abandonar cualquier inicio de un recuerdo. Aquel día en el que abriste la puerta, en el que te llevaste todo, todo lo que era tuyo y te olvidaste de una cosa, me dejaste, me abandonaste a sabiendas de que yo era tuyo, y me dejaste en un recuerdo esperando a que te volviera a encontrar.
Lejos de mi porque tengo que pensar, necesito tomar prestada alguna foto que te olvidaste en un cajón. Seguro que no sabías como se abría porque estabas decidida a no dejar nada y sin embargo, yo que no era un mueble, algo más que ahora que tan solo soy un recuerdo; me dejaste sin cerrar la puerta de tu armario, colgado en una de esas perchas entre tus vestidos, para que siguiera oliendo a ti, con sabor a ti; sin salir de ti.
Ahora tu eres un recuerdo y yo un pensamiento. Busco en cajones fotos o algo tuyo. Sigo encontrando tus pestañas olvidadas, tu sonrisa perdida y tus besos regalados.
Somos un recuerdo hasta que nos volvamos a encontrar, yo con mi mano abierta y en la palma una flor, y tú; no lo sé; tal vez estés saliendo de otro recuerdo, cerrando otras puertas, viviendo otras miradas, llevándote todo lo tuyo y dejando por el camino, corazones perdidos que sin tu amor no son nada.

Cuando te veo en un recuerdo, te vivo, me entrego de nuevo a ti. Siento de nuevo tus caricias, tu mano apretar la mía con timidez, como con temor a hacerme daño. Sabes que no fueron tus manos las que rompieron mi corazón, tampoco tus palabras ni tus besos; mi corazón se rompió porque era tuyo y lo abandonaste en un recuerdo.



sábado, 16 de mayo de 2015

CONFUNDÍ, EL MAR CON LAS LÁGRIMAS.



Hay momentos en la vida en los que se compran abrazos. Se busca la caricia y  se vende el alma por un beso. Hay días que mendigas el calor, el cariño e incluso la ilusión.
Deseas unos labios perfumados de carmín, el silencio del suspiro, la parte roja del alma y unas guindas para tu pastel. En esos días de búsqueda del tacto, del sentido de la pasión, del contacto, de la palabra entrecortada y de unos ojos que parpadean; en esos días nace la confusión, porque puedes abrazar un corazón o tan solo una farola a la que se le ha colgado una papelera, donde echar los restos de tu voluntad.
Esos momentos son los que te traen a la memoria un verano, un paseo por la arena del mar, en el atardecer del tiempo y en el de tu vida. Te llega el recuerdo de la playa, de la mano cogida entre los dedos. Añoras las palpitaciones, echas de menos las emociones que entrecruzan los sentidos. Dejas de pensar y comienzas a sentir, tal vez lo que quieres o lo que deseas. No lo tienes, recuerdas que perdiste el mar, que se vendió a otro postor, que esa ola te rechazo con la resaca, que casi te lleva, te traga, en tu agonía y en tu esperanza de mar.
Visualizas la espuma en la arena, el aire húmedo. Si la humedad de los labios, de la piel, del tacto. La puedes ver, pretendes tocarla, traerla hacia ti, no llega, pero si el sabor salado del mar, que no sacia, que estimula el sentido, la necesidad de amor, el hambre de carne y la sed de por su saliva.
Pasa el tiempo y no puedes mirar, el mar no llega, ni tampoco el barco donde pasear a remo. No llega pero si su olor, su sabor, su tacto mojado. Si llega, lo sientes; y no es como pensabas, porque nace de ti, de tu intento por volar, por escapar, por huir a la aventura del torso de su pecho.

No es el mar amigo mío; te equivocaste de nuevo, son tus lágrimas a las que abrazas con el llanto de tu corazón.


sábado, 9 de mayo de 2015

DESDE LA ISLA BLANCA.

Desde el reverso más escondido de una mirada, cuando todo era génesis por construir, por colocar los muebles e incluso, la hora de limpiarlos; desde ese momento se instaló, en el cruce; sin tener en cuenta en ni un sólo instante, el momento del adiós.
La selva amazónica en su alma, su corazón junto a su cuerpo, sin poesía pero con magia, esa blanca, la del azul tostado alimentado por arena de cal, de ese mar llamado nuestro que la sobre cogió y ya nunca más la soltó. Desde esos paraísos, conocidos algunos, desconocidos otros, se instaló en el ventoso registro de mi vida, la que tenía,  la que se guarda y recuerdo. Tengo la mirada fija en la luz, en los colores de su espíritu, la virtuosa lujuria de lo cósmico, la unión trascendental de las fuerzas del universo, en esas donde tal vez algún cuerpo celestial las unió para que se cruzara su mirada y mi mirada.
Fue espíritu, de los que se quedan y se convierten en carne, en huesos y en hambre; la de besar con el cuerpo y amar en soledad. No hubo amor porque es cuestión de dos, tampoco lo hubo de uno. Existe más que sentimiento, de ese que no es forzado ni obligado. De aquel que no precisa ni exige explicaciones, pero del que cambia el horizonte, cuando te encuentras en esta etapa donde no ves el negro sobre el blanco; tan solo eres capaz de divisar lo oscuro de lo infernal, de la desesperación, el resentimiento y malas entrañas.
Cuando desde el blanco de La Isla y la soberbia del Amazonas, aparece una luz encendida, perpetua, de las que no se alimentan de cera, de las que comen del corazón; te atrapa, en su lecho, pero te deja las alas. Estas sujeto pero libre. Llegas al horizonte pero en su seno, en su perspectiva y sobre todo en su energía, en esa que da luz a las personas y a la vida.



viernes, 1 de mayo de 2015

LLEGÓ DEL ESTE, PARA QUERERME.



A veces pensamos que tan solo podrán entender nuestra vida aquellas personas más cercanas, las que tienen nuestra misma cultura, la misma forma de ver y entender la existencia. Sin embargo el mundo es diverso pero pequeño, nos une la especie, el sentido de la supervivencia, de la amistad y del amor. Los sentimientos son los que permiten enlazar a las gentes de uno y de otro lugar del planeta. No hay más conclusión que aquella que nos iguala en la diversidad.
Lecciones de cordura, de saber vivir, de conciencia de lo humano y de lo divino, me llegaron de lejos, del este y de la novedad de la sangre joven. Yo tengo una amiga del este que vino para quedarse, con la que me unieron prosas y versos y mucha piel; de esas uniones que se quedan marcadas en la carne, como tatuajes de por vida, sin inspiración de salida, con mucho pasado y un futuro incierto.
Mi vida del este llegó por sorpresa para decirme que nuestro comienzo podría ser un logro sin lo intentábamos. Tantas dudas sobre el futuro, pero el intento es lo único que nos lleva al éxito o a la vivencia; nunca al fracaso. Eso me decía, tan joven y desde tan lejos, con una filosofía fresca, clara y segura de que su llegada era para quedarse, en el corazón aunque no en la vida.
Según ella nadie cambia por nadie, solo se mejora si lo merece. El amor no puede exigir cambios, con el amor se acepta, es más, se aman las diferencias y se mejora por la riqueza de lo diverso. No cambió, yo lo intenté, gran error que cometemos a veces cuando pensamos que lo nuestro es mejor que lo extraño. Intentarlo fue el primer paso, ese que se hace para sacarte de donde estás, aunque no sea el paso que te lleve donde quieras ir. Yo si se dónde quiero ir, lo sé y lo sabía, pero solo me pidió el primer paso para salir de la triste vida en la que me había situado para llevarme a alcanzar un horizonte, que al final no sería su horizonte.
Vino desde el este para quedarse, desde muy lejos trajo tanto amor, que me atreví a dar ese primer paso que me saco del fango donde inmerso había instalado mi existencia para coparme de los lujos del cariño y del amor.
Desde el otro lado del horizonte, más cerca de la luna que de las estrellas llegó para que cambiara las normas, para adaptarme a sus formas, a esas que amo, a las que como dicen tan solo dos pueden llegar.

Desde su llegada, mis días coincidieron con los buenos días, amando hasta cuando no había para amar, luchando por su sonrisa, esa que surge en mí cuando la recuerdo, hasta que la felicidad se escapó de las manos, hasta el día en el que se le olvidó quererme.