domingo, 13 de marzo de 2016

MÉXICO

Bueno, bueno… ¿Te busco?, ¿me buscas? Expresiones mejicanas o simplemente pendejadas mías que no sé muy bien que significan pero que me tocan el alma, nunca mejor dicho. México llegó a mi vida de las manos de una mujer y aunque ella se fue, Méjico ha quedado en mi corazón. Todo empezó en esa mega ciudad, caótica y un tanto anárquica, de grandes atascos y circulación imposible; donde pasee por sus colonias y transite a bordo de carros, camiones y camionetas. Mi primer destino sería la Colonia Polanco y después tantas otras: La Condesa, Santa Fe, La Romana…El bosque de Chapultepec y tantos otros lugares. Sus galerías comerciales como el Palacio de Hierro, Via Santa Fe.
De la mano de una mujer llegue a México y a sus gentes, de tal forma y gracias al milagro de las nuevas tecnologías, las redes sociales; he conocido a tantos amigos a los que amo,  que hoy se me hacen imprescindibles en mis amaneceres y atardeceres, con la locura de esa diferencia horaria que me ha llevado tantas veces a desear que la tierra fuera plana, que su redondez se achicara para estar más cerca, para que mi tiempo fuese el de esos amigos y poder compartir con ellos mi día a día.

Hoy es un día especial porque si todo hubiera evolucionado como lo había soñado y planeado conforme a ese sueño, en este momento estaría en esa ciudad, pasearía por Parque México, por Insurgentes o por cualquier otro de esos lugares que han llenado tantas horas de mi vida en los últimos meses. Pero el destino no quiso, y como dicen por algo sería. Algún motivo que no llego a comprender ha impedido que de momento mi unión sacramental con esa ciudad, con ese país y con sus gentes no se haya consumado en el día de hoy trece de marzo de 2016, pero no es más que un aplazamiento, es tan solo un retraso en el cumplimiento de mi sueño, porque el amor surgido y arraigado que en mi corazón ha florecido por ese lugar del mundo, ya no tiene vuelta atrás. No es un adiós a México, tan solo un hasta pronto que no puede tardar.


sábado, 5 de marzo de 2016

TUS BESOS EN MÍ


Rozando tus labios, caminando entre los entrecejos de las sensaciones más profundas, tuve tus besos en mí. No eran de piel. Tus besos sobre mi cuerpo eran en forma de recordatorio; un sonido de aviso, un me gusta, un comentario. Esos son los besos de las comunidades sociales, de señales de wifi, de destellos luminosos brindados junto a cada letra, pensamientos u obras que llegan a lo más profundo del corazón.
Esos son tus besos en mí, como los míos que muchas veces no llegan porque el infierno de las posibilidades  que los separan, los ocultan entre penas con gloria, gemidos de ausencias y en ocasiones por simple discreción. Se siente una aguda caricia que se traduce en miradas cargadas de la energía del viento, de la lluvia que se desprende de unos ojos que tan solo buscan los otros para que se inicie esa comunicación, la más inmensa relación que existe entre la caricia que lo dice todo y la palabra que se mal gasta por una explicación innecesaria.
Tus besos sobre mí los guardo como tatuaje oculto entre mis ropas, esas que cubren el cuerpo dedicado a recibir todo lo tuyo, a sentir cada uno de  tus dedos cuando me trasladabas un abrazo de los que ya no tengo, un cariño en forma de amistad lejana cubierta por las nubes de la sinrazón cuando nos domina las vísceras, las ganas sobre la necesidad o simplemente; el dominio del corazón sobre cada uno de nuestros deseos encubiertos en la oscuridad del amante.

Tus besos quedaron en mí, como naufrago de un desierto donde tan solo cubre una palmera de amor, un refugio de sombras y luces; un rincón donde quedar al margen de los ojos del mundo, de ese lugar donde nunca pudimos ser tú y yo