sábado, 5 de marzo de 2016

TUS BESOS EN MÍ


Rozando tus labios, caminando entre los entrecejos de las sensaciones más profundas, tuve tus besos en mí. No eran de piel. Tus besos sobre mi cuerpo eran en forma de recordatorio; un sonido de aviso, un me gusta, un comentario. Esos son los besos de las comunidades sociales, de señales de wifi, de destellos luminosos brindados junto a cada letra, pensamientos u obras que llegan a lo más profundo del corazón.
Esos son tus besos en mí, como los míos que muchas veces no llegan porque el infierno de las posibilidades  que los separan, los ocultan entre penas con gloria, gemidos de ausencias y en ocasiones por simple discreción. Se siente una aguda caricia que se traduce en miradas cargadas de la energía del viento, de la lluvia que se desprende de unos ojos que tan solo buscan los otros para que se inicie esa comunicación, la más inmensa relación que existe entre la caricia que lo dice todo y la palabra que se mal gasta por una explicación innecesaria.
Tus besos sobre mí los guardo como tatuaje oculto entre mis ropas, esas que cubren el cuerpo dedicado a recibir todo lo tuyo, a sentir cada uno de  tus dedos cuando me trasladabas un abrazo de los que ya no tengo, un cariño en forma de amistad lejana cubierta por las nubes de la sinrazón cuando nos domina las vísceras, las ganas sobre la necesidad o simplemente; el dominio del corazón sobre cada uno de nuestros deseos encubiertos en la oscuridad del amante.

Tus besos quedaron en mí, como naufrago de un desierto donde tan solo cubre una palmera de amor, un refugio de sombras y luces; un rincón donde quedar al margen de los ojos del mundo, de ese lugar donde nunca pudimos ser tú y yo


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