sábado, 25 de marzo de 2017

VALERIA UN AMANECER PERDIDO -CAP. III- VALERIA EN SU MUNDO

He visto amanecer, aquí sentada y a la espera, el sol ya salió, sus rayos lo iluminan todo aunque ya no da ese calorcito como en el verano, el otoño acaba de empezar y ya hay algunos árboles marchitos, pelados sin hoja alguna. En la naturaleza, esta época del año parece un fin y yo estoy en un comienzo. Es agradable el otoño. Es una estación melancólica, una época para recordar, para pensar y añorar otros momentos; para quedarse en casa sentada en el sofá naranja y repasar viejas etapas. Sin embargo para el calendario académico, es temporada alta, todo empieza cuando alrededor parece que todo acaba.

Termino un verano más hace pocos días. Un verano con vacaciones, como otros tantos veranos. Desde que tengo recuerdos puedo decir que mis veranos se han dividido en tres clases de veranos. Siempre ha sido así. Los veranos que pasamos en el lugar donde mis padres se conocieron, los veranos pasados en la ciudad donde  nació mi madre y los veranos en los que mi abuela materna venía a pasarlo con nosotros.

Mi mundo hasta ahora ha tenido un orden casi perfecto. En los estudios pasar de un curso a otro con una sucesión lógica y sin tropiezos, porque aunque no soy una gran estudiante, estoy dentro de la media, pasar cada año de curso dentro de una normalidad. Y en cuanto a los veranos, también el orden se ha mantenido. Tres clases de veranos, diferentes por supuesto, pero repitiéndose de forma continua cada uno con su versión.

Bueno esto se acabó, al café con leche me refiero. Todavía me falta mas de una hora, repito, no avanza el reloj y parece que el mundo entero hubiera decidido no levantarse hoy, quedarse soñando en la cama perezosos de romper con las vacaciones y volver a la rutina diaria de la mayor parte del año. Unos cuantos si que ya están en marcha; el segurata, el camarero, yo misma y unos cuantos que ya se van viendo por los alrededores, ya hay mas tráfico, el tranvia circula y el sol está cada vez más arriba del horizonte. Pero mi café con leche se acabo y yo tengo que fumar, tengo que seguir aquí un rato más, no me voy a poner como una tonta en la puerta de la facultad esperando a que abran como si quisiera ser la primera en entrar. No, no me gusta llamar la atención, prefiero pasar desapercibida, estar entre la masa. Pero tendré que pedir otra vez a este camarero que le gusta dar conversación, como si yo la quisiera, como si me importara algo:

-¡¡Por favor!!!

-Si ¿dígame señorita?.

-Otro café con leche.

-Parece que quiere estar hoy muy bien despierta, ¿no?.

-Solo quiero un café con leche, si el posible, y lo de señorita ¿lo acertó?.

-Bueno lo siento es usted tan joven, que bueno disculpe si la he ofendido.

-No se preocupe, soy señorita, una señorita que quiere que le traiga un café con leche sino es mucha molestia.

-En un minuto, disculpe.

¡Será posible!, pero quien le habrá dicho a este estúpido que tengo ganas de conversación, que quiero hablar del tiempo con él o entablar amistad. No entiendo a la gente que bajo la escusa de querer ser amable no te dejan en paz, ¿no es esto una cafetería?, pues eso, yo soy la cliente pido algo y el camarero que me lo traiga y después le pago, y ya está , no es necesaria mas relación. A veces me tachan de ser un poco insociable, introvertida, y me lo dicen como si eso fuese algo malo. Si soy así, en parte por influencia de mi padre, ¿pero es un defecto?, pues no, es mi personalidad, Valeria es así guste a quien le guste, y si lo he heredado de mi padre, además estoy orgullosa de serlo. Yo tengo mi mundo, mi espacio y no permito que nadie entre en él sin más, sin que yo voluntariamente les abra la puerta.

Menos mal que ya se va viendo llegar más gente, jóvenes que hoy como yo empiezan sus clases. Hay movimiento, y por fin dejaré de ser el centro de atención.

Ahora que las manecillas del reloj van avanzando, ya se ve por aquí algún estudiante que se va acercando, sabiendo la hora de comienzo de las clases, no como yo, y los pocos que he visto, todos ellos lucían un color de piel moreno. Yo este año estoy blanquita, he pisado poco la playa, y mi color no podía ser otro que el blanco, blanco. Mi madre es como la leche, y yo no podía ser de otra forma. Este color de piel, no significa otra cosa que este verano, ha sido uno de esos veranos que he pasado en la ciudad donde nació mi madre, y allí el moreno es difícil de coger.

Como he dicho y repito, en mi vida han existido pocos cambios, todo ha tenido un orden una sucesión cotidiana de los acontecimientos, sin altos ni bajos. Ello me ha creado, pienso yo, un cierto equilibrio emocional y vital. Saber cada año más o menos lo que vendrá, y me refiero a los grandes acontecimientos como es un viaje para mi, me ha dado seguridad, y será por ello, que ahora que me encuentro ante las puertas de una nueva vida fruto de una decisión que no se si ha sido bien pensada pero de la que no me arrepiento, me siento un poco perdida, no tengo la sarten por el mango y eso me molesta me hace sentir una ansiedad que para nada es de mi gusto.

La rutina, o saber más o menos que pasará un año tras otro, tampoco es nada malo, ¿porqué?, si te gusta lo que haces, donde vas y con quien estas, ¿para qué cambiarlo?, ¿por aventura?, ¿por hacer una vida más excitante?, pues no, aunque se me pueda tachar de aburrida y de tantas otras cosas, me gusta mi vida, me siento feliz sabiendo que un año ire a un sitio y otro año a otro aunque en círculo se repita. La vida no es mas que recoger buenos momentos y guardarlos, y también saber que los malos llegarán y te quedará algo muy importante, las vivencias. Esas son nuestras, es la riqueza de cada una de nuestras vidas. Lo vivido es lo obtenido, lo demás esta por demostrar. El presente es efímero, es segundo tras segundo el estado en que te encuentras, como yo aquí tomando un café con leche ya no se cuanto tiempo, ese es mi presente; y el futuro, se puede soñar, se puede intuir, pero no existe. Yo se que hoy atravesaré una de esas puertas y seguiré caminando por el mundo, acumulando presentes que mas tarde se convertirán en recuerdos y se quedaran para siempre en mi memoria.

Este verano hemos viajado a la ciudad donde nació mi madre. Es un pais lejano y muy diferente al que vivo. No es solo un viaje, es reunirme, volver a ver a mi abuela querida con sus inesperados cambios de humor, con sus pequeñas locuras y sus grandes sentimientos. Todo esto no se improvisa, ni mucho menos. Mis padres mas o menos por el mes de marzo o abril ya deciden donde pasaremos las vacaciones, y como se adelantan tantos meses, éstas no solo se convierten en un viaje, sino en un proceso que te hace esperar la llegada del dia de partida con autentica ansiedad.

Mis padres deciden donde toca cada año, como he dicho unos cuantos meses atrás, y desde entonces no hay un día que a la hora de la comida, cuando lo hacemos juntos, o en la cena, que eso si que es sagrado hacerla los tres; se hable del viaje, de las vacaciones recordando otras de años atrás, calculando días, fechas, eligiendo como ir. Todo ello es emocionante, tan prolongado en el tiempo que mi padre una vez me dió una fórmula para poder dormir en esos días en los que el insomnio te pilla y la almohada se convierte en tu peor enemigo. Esa fórmula es empezar a pensar en uno de esos viajes vividos, intentar recordar desde el primer momento, paso tras paso, y funciona, lo aseguro. Lo probé y ese intento de recordar los detalles mas pequeños te crea una especie de estado de trance como si dormitaras, hasta que al final por el esfuerzo del cerebro en recordarlos, acabas durmiéndote.

Las vacaciones mas intensas son como las de este año, mas difíciles de preparar, mas tiempo dedicadas a ellas, y la distancia obliga a tomar varios aviones a estar esperando en aeropuertos, y sobre todo, el estar juntos preparándolas, los tres, y pasar todos esos momentos los tres, y en cada sitio los tres. Mi mundo empieza y se acaba en los tres, no necesito nada más, me llenan de plenitud vital. La amistad de mi madre, porque al ser mucho mas joven que mi padre, parecemos amigas, y como es así pequeñita y entrañable trasciende el parentesco y tenemos muchas conversaciones así, de amigas. Mi padre aunque más mayor, no deja de ser mi cómplice. Es la palabra exacta complicidad. Con la mirada sabemos cada uno lo que pensamos. A veces a mi madre le saca un poco de los nervios, pero es tanta la confianza que tenemos que no daría un paso sin él, sin olvidar su sentido del humor, ese que no es gracioso del todo para soltar una carcajada, es absurdo que constantemente te mantiene en una sonrisa dulce y placida. Los tres juntos, no necesito nada más. Juntos es mi palabra preferida.

Recuerdo un año que hicimos este mismo viaje, que teníamos que comprar maletas nuevas. Bueno, pues mis padres, por no llegar tarde, las compraron dos meses antes, y no se les ocurrió otra idea que dejarlas en el comedor sin guardar, para verlas constantemente; es decir, que desde junio ya estaban las maletas preparadas, ahí a la vista, y claro el viaje era el tema de conversación diario.

Tener las maletas presentes es para no retrasarnos en el viaje, como yo hoy aquí, dos horas antes de que empiecen las clases, cuando mi padre planifica los vuelos y las fechas que mi madre le deja con total libertad, pues pasan cosas como las de este año. Primero llegamos a Madrid nos tiramos ocho horas en el aeropuerto, luego a la capital y diez horas en el aeropuerto para coger el otro avión que llega a la ciudad donde nació mi madre. Será gusto por estar sentado en un aeropuerto, porque a ver quién lo entiende. El dice que de esta forma no hay riesgo de perder los vuelos, pero se olvida que corre el riesgo de que lo cojamos del cuello, ¡¡jajaja!!. El viaje empieza mucho antes, y  cuando se esta en el aeropuerto ya se ha iniciado y se disfruta igual, esa es su escusa. Y aunque me cueste reconocerlo tiene razón. Jugamos a las cartas, comemos, bebemos y disfrutamos del ambiente de los aeropuertos, con tanta gente que va y viene de tantos países. Me gusta a mi también pero nunca se lo diré, no vaya a ser que en el próximo nos tiremos un día entero en cada aeropuerto. Y si he dicho la próxima vez, es porque habrán muchas mas, porque aunque haya cumplido los dieciocho años y las amigas me propongan viajes a Ibiza o a cualquier otro sitio, si puedo iré, pero lo que nunca haré es no ir con ellos. Quiero seguir sentándome en el sillón del medio del avión, quiero caminar por las calles cogida del brazo de los dos, también en medio, y tenerlos muy pegaditos a mi, siempre y que dure mucho, porque no me puedo imaginar perder alguno de ellos alguna vez, y aunque tenga que pasar, no sé, de verdad no  sé si podré soportarlo, lo mío no es amor es locura por mis papis, y si sigo siendo niña y eso les hace felices, seguiré siéndolo, y si algún día conozco algún chico y me enamore y viva con él, seguiré con ellos, y si esa futura persona no lo acepta, que no me haga elegir, que lo tiene claro, que no hay enamoramiento en el mundo que pueda superar el amor hacia estas dos personitas que me trajeron al mundo y me han hecho como soy, para bien o para mal, pero esa soy yo, la auténtica Valeria y su mundo.

Parece como si no pasara el tiempo, como si tuviera que empujar las manecillas del reloj para que avancen y se me acaba el café con leche, tendré que pedirme otro, porque me apetece fumar. Buff, a estas horas y ya llevo cuatro cigarros, madre mía. En mi primera clase voy a echar un aliento a tabaco de miedo, espero que no tenga que darle dos besos a nadie. Lo mas seguro que no, ninguna de mis amigas y amigos ha escogido esta carrera, pero siempre están los que se quieren hacer los simpatiquillos, los super sociables, que se presentan así mismos, sin que nadie les haya preguntado por su nombre o por su vida, ni si quieres conocerlos. Este tipo de gente puede conmigo. Trataré de evitarlos s  es posible.

Este año hicimos ese viaje casi al otro lado del mundo, aterrizando en un aeropuerto lejano, medio perdido en el mapa, pero muy conocido. No se cuantas veces he llegado hasta aquí, y siempre una espera, un recibimiento caluroso de las raices lejanas, de seres que solo tropiezan con mi piel cada cierto tiempo. Se repite la escena, un montón de besos, abrazos, y al final las lágrimas. Unas lágrimas de felicidad y de necesidad por la ausencia y la soledad. Mi abuela, la eterna niña, con sus ojos llorosos y esos olores tan distintos, ese aire que te llega desde el infinito. Unos colores que casi dañan la vista y unas imágenes que se pierden en mi memoria.

Siempre en su rostro parece la gran olvidada, un trozo de nosotros que solo se une una vez al año, o a veces en menos ocasiones. Pero no es posible olvidar a una parte de tu sangre, a quién dio la vida a mi madre, y tal vez por su forma de ser, ella fue empujada a un destino que terminaría floreciendo con mi vida. Como olvidar, esos días cogida de su mano, una mano que te aprieta, que con su palma te ofrece todo tu corazón, pero de repente y sin esperarlo, te suelta te deja volar, porque a ella le faltan esas alas, su cobijo es su propia existencia, viendo pero sin mirar una tele, leyendo una novela, o tal vez escribiéndola, porque su vida es estrecha de horizonte pero inmensa en su imaginación.

Los días pasados en la ciudad donde mi madre nació, son días en los que siento mil cosas a la vez. Son momentos con rizos de emociones constantes. Mirar un rio inmenso, que parece transcurrir tranquilo y placido pero que guarda en su lecho muchos secretos, sufrimientos terribles, la gran tragedia humana de la violencia y de la muerte, la eterna lucha de semejantes por dominarse unos a otros. Un lecho teñido de sangre, de tantas vidas que se llevó fruto de esa tragedia. Siempre lo miro buscando mas allá de su belleza pero sin olvidar nunca la vergüenza que siento en ocasiones de considerarme un ser humano, de formar parte de esa especie que es capaz de lo mejor, pero también de lo peor. Por ello ensimismada me quedo mirando a un firmamento infinito, sin trazo alguno que separe al horizonte cuando el cielo y la tierra se juntan y no  se puede ver mas allá.

Los días en la ciudad donde nació mi madre, también pasan de forma sincronizada, se suceden unos a otros en una especie de rueda que empieza y acaba en el mismo lugar. Y no solo una vez, sino cada vez que la hemos visitado. Por la mañana del hotel a la casa de mi abuela, allí con la desesperación de mi madre por las manías a veces insoportables de ella, la esperamos y salimos a pasear por esas avenidas inmensas, por unos jardines cuidados hasta el último detalle, y comer borjs, alguna cerveza corona siberiana o el vino georgiano, y esa carne, esos pinchos cocinados al estilo caucásico, con ensaladas  elaboradas de miles de maneras, pero con un denominador común; el eneldo. Hierbecita que te la encuentras en todas las comidas y que según dicen existe desde la edad media con grandes poderes curativos y para evitar la brujería. Ese olor está pegado a mi nariz desde la primera vez que vine y lo tengo en mi memoria. No me siento ajena, me encuentro en casa, parte de mi corazón tiene echadas parte de sus raíces en esta tierra hostil, de veranos calurosos e inviernos infernales.

Mi padre ha viajado allí en muchísimas ocasiones, conmigo y antes de que yo llegara a este mundo mío dividido entre dos amores, entre dos patrias. Pero a pesar de ello, y aunque yo llegará después, me siento mucho más integrada que él, cuidaron desde mi infancia que aprendiera el idioma,  y es normal, me comunico con su gente aunque tenga un acento diferente, converso, me acerco mas. Él se siente totalmente dependiente de mi madre y de mi, no daría una vuelta por ninguna de sus calles solo ni loco. Se siente a veces como un mono de feria, porque todo el mundo, según dice él, le mira como un bicho raro, y el habla en su idioma y yo lo entiendo, y mi madre tambien, pero los demás no, y en muchas ocasiones me río sin parar de las barbaridades que dice, y los demás lo mismo se rien o ponen cara de tontos. Por ello cada vez que le preguntan algo o quiere decir algo, depende de sus dos traductoras, que a veces queriendo o sin querer, traducimos como nos da la gana.

Este es un gran pais. Un país fruto del sufrimiento, bañado por la sangre y por la muerte. Las dos guerras del siglo pasado marcaron su historia moderna. La gran guerra, la segunda guerra mundial, tuvo especial importancia en esta ciudad, donde se libró una de las batallas mas gloriosas para este pueblo, no existiendo rincón alguno entre sus calles, sus plazas y paseos donde se recuerde ese enfrentamiento y la capacidad de sus ciudadanos para librarla del invasor. Un país que también fue el origen de la mayor de las revoluciones del siglo XX. Una revolución idealista, donde se trataba de terminar con la explotación del hombre por el hombre y la igualdad entre todos fuese una auténtica realidad. Lamentablemente, como suele ocurrir con todas las luchas idealistas que tratan de cambiar el mundo, unos cuantos se apoderaron de esos ideales haciéndolos suyos y despojándoselos al resto de su pueblo que sufrió durante años ese robo, que se había ganado con su sangre.

Es un pueblo castigado en tantos momentos de su historia, que ese sufrimiento se aprecia en el rostro de sus gentes. Una especie de vacío, de no tener un rumbo fijo en sus vidas por tantos malos tratos sufridos, así como una especie de abnegación y de abandono de la esperanza. Muchas cosas han cambiado, pero es una cuestión generacional. Una parte de su población se quedó estancada en el conductismo político de su antiguo régimen y la botella de vodka como única salida a la desesperanza.

En la actualidad, ha nacido una nueva generación despegada de esos anclajes del pasado, del inmovilismo  provocado por un régimen, que en sus principios mereció la lucha y el derramamiento de sangre, pero con el tiempo el sacrificio de toda una nación quedo en simple tiranía de unos cuantos. Esa nueva generación liberada de los estereotipos del pasado, surge con fuerza, con dinamismo y grandes deseos de cambio, hasta tal punto, que esa necesidad de evolucionar no les conduce a unos nuevos horizontes, a la lucha por una vida diferente, sino que por el contrario, es un frenético deseo por obtener y conquistar de la forma mas radical, los principios del otro mundo, de occidente, y no tanto en la mejor de sus versiones, sino en lo más rechazable y  despreciable del sistema occidental, el consumismo devorador.

Es comprensible que después de tantos años de carencias, ahora invadidos por el otro mundo, deseen para si lo que no tenían. Como dice mi abuela," antes teníamos dinero pero no teníamos nada que comprar, ahora podemos comprarlo todo pero no tenemos dinero".

Las huellas de la Gran Batalla te las encuentras en cada rincón de la ciudad, también se mantienen las de ese antiguo régimen. Grandes monumentos colectivistas, donde aparecen personas todas cogidas de la mano ayudando a un herido, monumentos del líder que inició esa revolución, y muchos de ellos dedicados a la mujer. La Gran Madre Patria es femenino, la mujer fue la que labro con sus manos y su esfuerzo esa revolución, tras la ruina de un país  hundido por la guerra con millones de hombres muertos en el frente de batalla. Por ello la mujer es la madre de esa patria, la que con su espada animaba al pueblo a la lucha para crear esa nueva sociedad, que así misma se destruyó por el egoísmo y la avaricia de sus mandatarios. Hechos que se repiten una y otra vez en la historia, sea cual sea la semilla de las ideas, el ser humano sigue siendo esclavo de sus semejantes, ya sean revolucionarios, poderes políticos, financieros, los mercados; de cualquier forma, el ser humano es víctima de sí mismo, y es una repetición constante en la historia. Un fatalismo sin solución, donde ni los grandes ideologos ni charlatanes de feria, pueden cambiar ese destino.





martes, 14 de marzo de 2017

VALERIA UN AMANECER PERDIDO -CAP II- VALERIA APRENDIENDO A BAILAR

¡UFF!!, por fin, aunque de nuevo sentada, esto es otra cosa, un poquitin más cómodo pero al menos doy unos pasos más; de risa, creo que son unos veinte mas o menos, pero podré tomar algo, fumar unos cigarrillos y a ver si así me tranquilizo un poco o lo mismo me duermo, en las dos horitas que quedan aún. Bueno no pasa nada, un café, fumar y poco más, si al menos me hubiera traído un libro. Solo me queda jugar con el teléfono, lo evitaré, quiero ver todo lo que pasa por aqui, que no se me escape nada, para eso he llegado la primera, no se me colará ni un detalle, lo tendré todo super controlado.

Pero aquí no viene nadie. De verdad me está saliendo todo al revés, pero como dicen que no hay mal que por bien no venga, pues hija paciencia, ya vendrá alguien. Mira se acerca lo que podríamos decir un camarero.

-Hola buenos días, ¿es que se ha perdido usted por aqui a estas horas? (pero este tio es idiota en lugar de preguntarme que quiero, o se rie de mi o lo mismo querrá ligar, pues lo tiene claro).

-No es que no he dormido, estuve toda la noche de fiesta, y ahora estoy aquí, por cierto, ¿me podría traer un café con leche?

-Si, si, en un minuto y perdone si he sido mal educado.

-No, no se preocupe.

He sido un poco grosera, pero me ha llamado perdida, y algo de razón tiene, parecía que lo tenía todo controlado y de repente estoy siendo burla de todo el mundo. Pensarán que soy la super empollona que quiere empezar antes del amanecer.

La verdad es que ahora mi cabeza se está colapsando de recuerdos. Imágenes que me trasladan a mi más tierna infancia, fugaces luces de momentos y situaciones, cuando empezaba algo, una simple tarea fuera de la seguridad de mi hogar. Son luces, no viene a mi memoria ninguna sombra. No se si mi infancia, adolescencia hasta la mayoría de edad que cumpli el pasado día siete de septiembre, ha sido tan perfecta o tan rosa como yo la veo.

¡Ja, ja!; ahora me da por reir. Pero es verdad, físicamente mi vida ha sido de color de rosa. Antes de nacer mi habitación la pintaron de rosa, muy fuerte, pero realidad. De los primeros recuerdos que tengo de mi infancia, es una habitación pintada de rosa, muñequitas y mucha ropa rosita.¡ Ay, papi!, ese eras tu con la complicidad de mama, pero tu sobre todo, mas de una bronca tendrías con ella por hacerme ver todo de color de rosa. Bueno bronca en si, no recuerdo muchas entre mi padre y mi madre. Si enfados, pero creo que solo de mi padre. En eso yo he salido a mi madre. Las dos tenemos la capacidad de que cuando se inicia una conversación nos quedamos calladas, nos paralizamos, nos quedamos sin abrir la boca. Pobre papa, debe ser desesperante, que uno intente discutir y que el interlocutor con el que se tiene la bronca ni conteste, ni levante la voz y no diga nada. Momentos de nostalgia, por eso a veces parece un poco neurótico gritando solo, en pocas veces, pero sin respuesta.

Y sí, y no me da vergüenza el confesarlo, mi vida ha sido rosa. Me han mimado, me han protegido. Pero yo no lo definiría así, me han cuidado, y eso no es malo, puede crearte ciertas inseguridades en la vida, pero no es malo. Mi vida hasta ahora ha sido rosa y feliz, por eso hoy me encuentro un poco perdida. El día siete cumplí los dieciocho años. No  es que fuera algo muy importante para mi, la verdad es que la única diferencia es que me he sacado el carnet de conducir en tiempo record,  pero por lo demás todo sigue igual, lo distinto, es que hoy me encuentro aqui sola, un poco perdida, sin el apoyo de quien me ha dado la vida, de los seres que mas quiero en el mundo, los que han hecho de mi lo que soy, mejor o peor, pero pusieron todo su empeño y sabiduría en hacerlo bien. Y siempre se hace bien, cuando pones el corazón en cada uno de tus actos, cuando el amor es la luz que ilumina cada paso que das en la vida; se ha hecho bien, pero que muy bien. Estoy deseando llegar a casa y darles un superbeso a los dos. Nos besamos mucho, siempre con cualquier motivo nos damos besos, nos abrazamos, nos tocamos. Pero hoy necesito darles un achuchón fuerte, y la sola idea de ese achuchón va hacerme superar todos mis miedos e inseguridades; el amor puede con todo.

Si se piensa bien, las casualidades no son solo eso, o lo mismo si, pero yo nací un día siete, mi madre un día siete y mi padre también. ¿Casualidad?, posiblemente sí, pero que bonito si se le quiere dar otra interpretación; una visión romántica, hermosa, y por eso pienso que mi madre me estuvo aguantando en su vientre hasta que fuera día siete, seguro, bueno y un poco de apoyo de la naturaleza que así lo permitió. Dice que fue un parto sin dolor, que los médicos le dijeron que tenía ganas de salir. Claro no me podía permitir nacer en otra fecha...¡!jajaja. Antes llorando y ahora me pongo a reir justo cuando sale el camarero con mi café con leche, ahora pensará que además de grosera estoy medio loca, aquí riendo yo sola,¡¡¡ jajaja!!!.

La naturalidad de los besos, la necesidad de rozar la piel del ser querido, lo llevo en las venas. Mis padres se besan constantemente, los recuerdo desde la infancia, sin escondites, sin rubores. En casa, en el balcón, en la cocina mientras preparaban la comida, por la calle, cantando, bailando; siempre hay un beso para demostrar el amor. A mi me besan, en la calle, en casa, al levantarme, al ir a dormir, delante de los amigos. Y nunca me ha importado, no me ha dado corte como a otros que les molestaba de pequeños que sus padres a la puerta del colegio les dieran un beso. A mi no, es más los pido, los necesito; los besos son como una aparición del corazón a la vida, sentir realmente los latidos de quien te ama; porque yo a mis padres no los quiero; bueno se que dicho de esa forma queda un poco mal; yo a mis padres los amo y los necesito, y quiero que sus corazones se junten con el mío en cientos de besos por eso me quieren tanto. Mi abuela paterna, otra besucona, no pararía nunca  de besar y besar. Al parecer, mi abuelo paterno al que nunca conocí ya que murió antes de que yo naciera, era diferente, muy bueno, generoso y amable, pero no demostraba los sentimientos, no era besucón como mi abuela, y eso ella lo lleva tan dentro, que ahora parece que se quiera vengar besando y besando. Somos personas que el afecto no se entiende con palabras, que el roce hace el cariño, que hay que tocarse, y no por eso digo que en otras familias haya menos amor, ni mucho menos; en la mía hay besos por todas partes, y mucho color rosa. De mi abuela materna, bueno, sus besos son de los que muerden, te los da con toda su alma con hambre de amor. Y lo tiene, es una niña que se ha hecho mayor, que le desborda la soledad, que le falta la respuesta a sus palabras. Un beso de ella te deja sin fuerzas, pero la pobre tiene tantos besos retrasados, tantos por dar y por recibir, que cuando puede, y no son muchas veces pretende recuperar esos besos perdidos, disfrutar del amor que tanto ha escaseado en su vida y que la distancia ha roto los vínculos del cariño y de la felicidad. Como he dicho es una niña, y a veces así hay que tratarla y comprenderla. Yo soy una afortunada de haber nacido entre sabanas perfumadas, de ser acariciada por un viento noble; y ella ha tenido que sortear muchas dificultades, ella misma es posiblemente su principal batalla, que la lleva en su interior y que explota a veces con actos difíciles de entender, pero llenos de la ternura de la inocencia, la que aún no ha perdido, la que lleva desde que nació.

Otra cosa son los besos ajenos. A ver, me explico, los besos de los chicos; esos besos parece que no son tan buenos, que hay que andar con cuidado. Mi padre cuando empecé la adolescencia, mas a partir de los quince años, cuando empezaba a cambiar mi cuerpo, cuando las formas ya se destacaban, le empezó a invadir un sufrimiento constante. Ya no iban a por mi al colegio, es evidente, ya no controlaba con quien hablaba, con quien me juntaba. Siempre quiere conocer a todos mis amigos y amigas, y yo no tengo ningún problema, todo lo contrario, nunca les oculto a ninguno de ellos con quien me junto, pero cuando se habla de chicos, la cara de mi padre se desencaja, se retuerce en una lucha entre mantener la compostura o rendirse al cólera. Con mi madre sin embargo es mas fácil, ella ha tenido una  juventud mas independiente, por suerte o por desgracia, ella fue madre de su propia madre, y fue más cuidadora que cuidada. Por eso conmigo es mucho más natural al hablar de chicos y de si alguno me besa. Hasta ahora no he tenido ningún novio formal. Si he salido con chicos, pero nada serio, en pandilla, y con alguno algo más que amistad, pero nada serio.

Aunque a mi padre le pone malo hablar del tema, sin embargo hace un gran esfuerzo por obtener mi confianza, y yo ese esfuerzo se lo recompenso con la sinceridad. El día que perdí mi virginidad y en otras ocasiones que he tenido relaciones con chichos, no muchas, dos veces, acabo de cumplir los dieciocho; se lo he dicho, el ha tragado litros de saliva, pero me habla, hace ese esfuerzo, me aconseja y me besa en un intento de eliminar de mi piel los besos ajenos; que gracioso. Un día me dijo que era una tía buena. Me quede espantada, que sí, que sí, que lo era y que tenía que jugar con los tíos, pero eso solo, jugar, la seducción, pero si podía evitar más intimidad mejor. Bueno no puedo decir que sea una tía buena como me soltó el bestia, pero esa mezcla entre los genes latinos de mi padre y los eslavo-tataros de mi madre creó que han dado un buen resultado, soy bastante resultona, y a pesar de que mis padres no son muy altos, yo lo soy mas que ellos, mi madre dice que es gracias a que ella me ha alimentado de forma muy sana. Soy además delgadita como ella.


Este café con leche no hay manera de enfriarlo, el tío después de la grosería que le solté me lo ha puesto bien calentito, pero mejor, mas me durará porque por aquí no aparece ni Dios sigo estando yo, el segurata y el camarero de la cafeteria, no se ve a nadie, y es que falta aún, ¡¡ buff!! mas de hora y media para que empiecen las clases.

Soy y me siento mestiza. Tanto físicamente como de corazón, soy una mezcla y eso se me nota a simple vista. Aunque por desgracia, porque lo es, la nariz de la familia de mi padre la he sacado, como toda mi familia paterna. Mi prima, mi tía y por supuesto mi padre, tienen la nariz de la familia de mi abuelo. La mía ya está un poco más moderada, eso pienso yo, pero no lo sé muy bien. Es una nariz, no es que sea grande pero una prominencia en el centro muy característica; y ella en medio de los mofletes de mi madre. Soy una mezcla que no ha salido mal, me siento guapa, y sino lo soy, pues que no miren. Mestiza en mi físico y en mi alma. Siempre han tratado, y lo siguen haciendo, que no olvide mis orígenes maternos, por eso desde pequeña tome clases del idioma de mi madre, ella me hablaba muchas veces en su idioma. Y lo aprendí, con mayor o menor soltura, pero eso me hace apegarme a unos sentimientos, a una cultura, que aunque lejana siempre me la tienen presente. El mestizaje es algo bueno, que enriquece, te hace conocer, sentir, percibir la vida de una forma distinta, mas comprensiba con perspectivas diferentes. La mezcla es crear nuevos sabores, nuevos olores, sensaciones. Las palabras se entrecruzan y fluyen mucho mas afines en una más comprensiva forma de tomar la vida, de ver y comprender a los demás. ¿No está mejor un café con leche, que el café o la leche solos?, ¿no es así?, pues eso. También podríamos hablar del gin tonic o cualquier combinado. La mezcla es la riqueza de dos fuentes, o de varias, que riega y abona a la sabiduría.

Al café con leche además le pones azúcar y acompañado con un cigarrito ya es la monda. ¡Ja, ja!. Yo estoy muy mal, aqui sentada en mitad de una explanada rodeada de edificios todos iguales, mas sola que la una con mi café con leche y el cigarro, y riéndome, no se si de las peras mentales que me monto o del pánico que tengo a lo desconocido, a esta nueva etapa de mi vida que voy a empezar.

Empezar nuevas etapas en la vida es algo que ocurre con frecuencia, y al menos desde que nacemos y hasta cierta edad, ocurren de forma sincronizada, del jardín de infancia al colegio, en los estudios un curso tras otro, una etapa escolar sucede a otra; pero cuando esta fase acaba, cuando te encuentras ante el dilema de que vas a hacer con tu vida, generalmente coincide con la mayoría de edad, y esos ya no son cambios que podríamos decir rutinarios, son etapas trascendentales  de tu vida de cuyas decisiones va a depender gran parte de tu futuro. Y en esa etapa me encuentro yo, en puro cambio, en una fecha trascendental, en unos momentos decisivos, y me tiemblan las piernas, porque no se si habre decidido lo correcto o no. Podía ir a la Universidad, o decidir trabajar, o irme al extranjero, o pillar un novio rico y casarme, y sin ser rico, haberme enamorado y querer dedicarme a mi familia. He tomado una decisión trascendental, y eso te hace caminar despacio, con el corazón en un puño, y no sé, tal vez soy una exagerada, tal vez la gente que a partir de ahora conoceré se lo toman como un paso más, pero yo estoy en un mar de dudas. Me han tenido que empujar para tomar una decisión. Como diría mi madre sino nos empujan nos quedamos parados. Tampoco es así, en eso me parezco a ella, y tampoco es que el papi sea el tio mas decidido del mundo, pero el se lo tomo como un momento que sucede a otro, lo tenía tan claro desde el primer momento que aunque le temblaran las piernas, como me ha dicho en estos días atrás, para él esa etapa de su vida, su paso por la universidad fue la mejor con diferencia. Bueno siempre poniendo su típica excepción de romanticismo cuasi platónico; conocer a mi madre y haberme traído al mundo.

Mi madre se ha hecho famosa porque necesita empujones para tomar una decisión, pero bueno, mi padre tampoco se queda corto, y además le viene de genes la cuestión. Cuentan que mi abuelo paterno, al que como he dicho nunca conocí, dicen que cuando tuvo que decidir venir a esta ciudad a vivir, a la que por cierto adoro, fue todo un cumulo de despropósitos y de indecisiones. Que se hicieron votaciones entre mis abuelos mi tia y mi padre para tomar la decisión, y que siempre el resultado era dos a dos. Unos querían venir y otros dos no. Al final, según me han contado, el sobre para solicitar el traslado se lo dió a mi tía y a ésta esa tarde no le fueron bien las cosas, creo, según he oído que tuvo bronca con un tío, cogió el sobre y lo tiró al buzón de correos. Que por la noche cuando la esperaban en su casa, estaban los tres pidiendo por favor que no lo hubiera hecho, y cuando llegó y dijo que sí todos se arrepintieron. Según esos rumores, mi abuelo intentó rescatar de correos ese sobre, pero no fue posible. Así llegaron a esta ciudad a vivir, y si no es por esa decisión de mi tía, por esa mala tarde que tuvo, lo mismo yo no estaría en el mundo. Mi padre posiblemente hubiera tomado otro camino en la vida, no hubiera ido ese verano a un pueblo costero de vacaciones, no hubiera conocido a mi madre y yo no estaría aquí. Qué cosas, estoy en el mundo fruto de un caos absoluto, de casualidades y circunstancias dadas totalmente al más puro azar. Que hueco se te queda en el pecho cuando piensas las cosas que tienen que pasar para poder nacer, para conocer el mundo, para vivir.

Si en la vida de mi padre se dieron todas esas circunstancias, la de mi madre no se queda atrás ni por casualidad. Las circunstancias son aún más difíciles, las casualidades mas rebuscadas. Ella nació en un país muy lejano a éste, tenía tan solo dieciocho años recién cumplidos, como yo hoy, pero en lugar de estar esperando a que abrieran las puertas de la facultad para empezar las clases, ella tenía que decidir si venir a España, de escondidas, en secreto, sin que lo supiera ni mi propia abuela. Le empujaron, como siempre, una amiga que si estaba decidida, y sin habérselo ni tan siquiera planteado la siguió, y llegó a España, y ahora yo estoy aquí. Existo por pura cadena de casualidades. Lo normal es que yo no hubiera nacido, que ninguna de esas circunstancias se hubiera producido si todo hubiera llevado un orden. El caos es la causa de mi existencia. Sin embargo, mi padre no lo entiende así, le da su toque, y piensa que cuando dos personas están destinadas a estar juntas, a unirse, a juntarse las medias naranjas, eso ocurre por una fuerza de la naturaleza llamada amor. Mi madre piensa que es el destino, sin más toque romántico.

Me entran ganas de vomitar. El primer cigarro del día siempre me sienta fatal, ¡buff!! que angustia, y no solo por el cigarro, es esta tensa espera y la idea de que yo, hoy aqui sentada, sin nada mas que hacer que respirar, soy fruto de un conjunto de casualidades, de un puzzle casi imposible de encajar. Vivo sencillamente por el fruto del azar, y ¿no será así todo en la vida?. Una serie de casualidades que sincronizadas, las llamamos circunstancias, pero que en definitiva sino se juntan quedan en la nada. Soy fruto de la nada, donde una serie de piezas se juntaron de puro milagro, y por eso estoy aquí, y aún dándose todas ellas, podrían haber pasado otras tantas para que no lo estuviera. La vida no es más que una existencia fruto de la ruleta, de la fortuna o de la desgracia. Para mí ha sido y es un premio, pero habrá tantos otros que no piensen lo mismo.


Ya llevo más de medio café con leche y esto sigue igual. Se ve algo más de movimiento, no de estudiantes ni profesores, han llegado la gente de la limpieza, el día ya va estando mas claro, pero sigo esperando, este café con leche lo estoy estirando lo que puedo, porque otro mas no sería buena idea, bastante nerviosa estoy ya. Lo prolongaré en todo lo que pueda, con otro cigarrillo, el segundo ya me sienta mejor, el cuerpo empieza a prepararse, y pienso, tantas casualidades se han tenido que juntar para que yo pueda existir, y ahora, con este humo embriagador, estoy matando una tras otra. ¡¡buf!!, la angustia me vuelve, voy a vomitar, ¿qué pasa Valeria?, ¿porqué esta angustia?, ¿porque no dejas de bailar entre un pensamiento y otro y te calmas?


domingo, 12 de marzo de 2017

VALERIA UN AMANECER PERDIDO- CAP. I -LOS PRIMEROS PASOS DE VALERIA

Era principios del mes de octubre, cuando el otoño ha entrado empujando a un caluroso verano que aún inundaba con sus huellas cada rincón; fue cuando me encontraba por primera vez sola. No sentía la soledad, empezaba a apreciar que mis pasos por primera vez los daba sin ayuda alguna, me senté en un banco frente a un edificio feo de ladrillo rojo, pero apreciaba que ahí, en ese preciso instante mi futuro iba a empezar.

Cada día que pasa, cada instante que se espera, es parte del futuro. A lo que me refiero, es a esos futuros que trascienden, que van a condicionar gran parte de mi vida. La profesional especialmente, pero a partir de éste momento voy a comenzar a fijar los pilares de lo que será mi vida adulta. Una vida más responsable, la que me permitirá desarrollarme como persona independiente, esa persona que tal vez algún día sea capaz de ofrecer a mis padres una parte de lo que ellos ya me han dado. No creo que pueda aspirar a metas tan altas, porque mí me lo han dado todo, han vaciado todo su ser en ofrecerme lo que más se necesita, el bien más preciado, aquello que hace innecesario todo lo demás y lo hace superficial; me han dado todo su amor, y yo creo que hasta ahora les he correspondido bien. Me han cuidado, me han enseñado a caminar por el mundo sin necesitar el apoyo de sus hombros, por eso, cuando ellos me necesiten, me gustaría haber crecido tanto, tener las posibilidades de pasar de ser cuidada a cuidarlos.

Sentada junto a mi bolso y una carpeta que mi padre me había preparado con emoción, como si el mismo fuese a empezar de nuevo en la universidad se había esmerado, pienso que más bien alterado, se sentía como un niño que nunca dejo de ser al ver que su pequeña empezaba a caminar sin necesitarlo, sin precisar de su ayuda, aunque estaba muy equivocado, siempre lo querría y me dejaría empujar por él. Es su forma de ser, el eterno servidor, para mí un hombre soñador que siempre le gustaba contar sus historias sobre lo mal que iba el mundo, que algo gordo se avecinaba. Mi papi, porque así me gusta llamarlo, estaba orgulloso de mi pero sentía como si algo en su vida iba a cambiar radicalmente. Su niña se había hecho una mujer, ya lo era hace tiempo, pero para él este salto que tanto había anhelado, por fin había llegado, no sin sorpresa.

Mi madre como siempre, mucho más práctica y menos sensiblera que mi padre, me había acompañado a la puerta de casa antes de salir, me dio un beso y en su cara se apreciaba que ser madre había sido una experiencia que había tenido que ejercer desde su difícil infancia. Yo sabía que estaba emocionada, pero no lo mostraba. Ella era mucho más joven que mi padre y la experiencia que yo iba a iniciar no hacía tanto tiempo que ella misma, pero en circunstancias muy distintas, ya había vivido. La quiero mucho. Es como una gota de inocencia y de locura, una persona curtida por la vida pero tremendamente acogedora.

Los quiero por igual, no voy a contestar a esa pregunta de que a quien quieres más a papa o a mama. Simplemente son diferentes. Mi padre es capaz de abrazarte de besarte de reirse en público, porque no sabe y no le gusta ocultar sus sentimientos. Mi madre en cambio más discreta, al parecer más distante, pero con igual corazón guarda sus sentimientos para ella, para su intimidad más secreta. Mi padre dice, que en cada instante, en cada momento de la vida hay que demostrar y no callar el amor que se siente por los seres queridos, pues lo mismo llega un día inesperado y no puedes expresar esos sentimientos, y puede que ese día ya sea demasiado tarde y el arrepentimiento nos amargue para siempre.

¿Y yo quien soy?, lo normal sería decir que una mezcla de los dos. No lo sé, a veces tendemos a parecernos a la persona que más nos ha consentido, en este caso sería a mi padre, yo también soy bastante débil de corazón, romántica e idealista, aunque más racional, en menos dosis, evidentemente por la influencia de mi madre. Físicamente me parezco mucho a ella. He sacado sus rostro redondeado, aunque no tanto más alargado por las facciones de mi padre, con mofletes carnosos, para comérselos, como diría mi padre, porque él está enamorado de sus dos mujeres. Su pareja y su hijita a la que  llamaron Valeria porque al parecer ese era el nombre que originariamente iban haber puesto a mi madre. Fue un empeño de mi padre, él totalmente loco por mi madre, le resultaba imposible hacer ninguna cosa que no le recordara a ella en cada segundo de su vida, así que a veces pienso que yo soy para él, una prolongación mas de mi madre, pero no me importa, porque su corazón es tan grande y generoso, que cabemos las dos ahí juntitas.

Falta casi  una hora para que se inicie la primera clase, yo ya estoy aquí esperando. Papi se ha empeñado en que me levantara pronto, que llegar antes es mejor que retrasarse. La verdad es que en la vida no lo he visto ser impuntual en ninguna cita ni en ningún evento. Bueno impuntual, porque llega a todas partes media hora antes, como dice él: prefiero esperar a que me esperen. Por eso estoy aquí sentada esperando y no sé si alguien me espera. Es la primera vez que posiblemente nadie me espere, que pregunten por mí, y sino, nadie va a llamar a casa diciendo que he faltado. Es una sensación extraña, me han mimado tanto que me tiemblan las piernas, que siento un poco de pánico, pero en fin pasará aunque todavía tenga casi una hora por delante.

Me parece extraño, estoy sola aquí sentada, no se ve a nadie. No hay ningún estudiante que se acerque por aquí cuando generalmente esto esta repleto de jóvenes con mochila, bicicletas, con libros yendo de un sitio a otro. La verdad es que siento un poco de miedo. Son más de las siete y media de la mañana y si las clases empiezan a las ocho, ¿cómo es posible este silencio? Se acerca un hombre, parece que se dirige hacia mí. ¡Jolin!, ahora me voy a arrepentir de que no me acompañara mi padre con la ilusión que le hacía. Me contaba que cuando mi madre iba a la universidad muchas veces la traía y la recogía por la tarde al salir, y que para él era como recordar aquellos momentos vividos, cuando ellos llevaban poco tiempo juntos, la felicidad que le invadía que mi madre aprobará la selectividad y fuera a la universidad, quería volver a vivirlo; y yo con un aire de madurez y de independencia encogida, le dije radicalmente que no, que ya no era una niña, pero ahora me gustaría tenerlo a mi lado, sentando aquí junto a mí, porque ni mi padre ni mi madre nunca serán algo vergonzoso, los quiero y si alguien comenta algo me da igual. Y este hombre viene claramente hacia mí. Parece que lleva un uniforme, ¡ah! es un seguridad, pero ¿porque vendrá?, se acerca, ésta a menos de diez metros, parece que me va a hablar a decir algo, por Dios porque no pasa de mi ¿es que estoy haciendo algo malo?,¡¡ joder!!! como si quiero pasar aqui el día entero. -¿qué haces aquí tan pronto?- me preguntó, -¿pronto para qué?- contesté haciéndome la sorprendida, -¿es hoy tu primer día de clase?-, yo pensaba contestar que coño le importaba, pero no es mi fuerte la grosería más bien la educación, intentar quedar bien con todo el mundo, eso lo he heredado de los dos, de mi padre y de mi madre a ninguno se lo puedo reprochar, le conteste que sí, que estaba esperando y que era mi primer día de clase. El idiota se echó a reir, jajajajaja, le hubiera dado una patada en sus partes, pero yo no soy así, de pensamiento sí, pero ante todo las buenas formas. ¡Ay papi !, como te echo de menos. Después de varias carcajadas ese hombre de uniforme que le venía grande tanto la camisa como los pantalones, ¡ vaya segurata!, me dijo que el primer día las clases no empezaban hasta las diez. Ahora si que me acuerdo de ti papi, y no para bien. También me dijo que a las ocho abrían una cafetería, que fuera allí a esperar si me apetecía. Bueno al final fue amable, me indico lo de la cafetería, la verdad ya tenía el culo cuadrado en ese banco y si hay que esperar mejor tomando un café y fumándome un cigarrito, la siempre escusa de mi madre "para fumar tengo que tomar algo" y yo en eso llevaba sus genes, el gusto por el café, el té, las infusiones. La cerveza es cosa de papi. Cuantas nos hemos bebido.

Bueno pues a esperar, solo queda un cuarto de hora para que abran la cafetería, pero luego me quedan dos hasta que empiecen las clases. Que le vamos a hacer, soy novata y tengo un padre muy pesado con la puntualidad. Por cierto me toca el móvil, será alguna amiga, pero a estas horas. Mensaje, mi padre: "¿cariño como te va?, ¿que como me va?, he llegado tres horas antes, que como me va me pregunta, le contesto: "papi todo muy bien, he aparcado bien el coche ya he encontrado mi clase y ahora no mandes mas mensajes que voy a ponerlo en silencio. Bstss". Mentirosilla, pero que le iba a decir que estaba sola sentada en un banco y que aqui no había nadie, que había llegado tres horas antes, pues no pobre, lo mismo se presenta aqui. No, mejor dejarlo tranquilo aunque es toda una utopía, hoy está más nervioso que yo.

La verdad es que todo ha sido un poco caótico desde que me matriculé, todos querían decirme algo, consejos, elegir carrera, también todos con su opinión, que si una mejor, que si otra. Cada uno con sus gustos y sus ideas. Mi padre que la suya, mi madre otra, los amigos que si yo voy a una otra a otra, que podríamos ir juntos. Al final estoy aqui sola, no he coincidido con ninguno de mis amigos, no hay nadie que empiece el mismo día que yo, ni que venga a la misma facultad, así que entre unos y otros me han liado y aquí estoy no se cuantas horas antes de que empiecen las clases porque yo no veo a nadie.

Toda esa locura se me ha concentrado durante la noche, he tenido pesadillas, me dormía, me despertaba, me levantaba a beber agua, y con tanta historia tenía ganas de llegar, pero bueno, una cosa son las ganas y otra estar haciendo el indio aqui sentada. Mi padre se ha levantado incluso antes que yo, me ha hecho el desayuno, y yo estaba para vomitar. Pobrecito lo he dejado con todo preparado sin probar bocado. Yo se que él quería hacer una cosa que ha hecho desde que nací, darme un beso antes de salir de casa. Desde que tengo uso de razón, o sea, desde el primer día, y no lo digo por lo de la razón que lo mismo todavía no la tengo, pero conociéndolo lo sé; me ha dado un beso antes de ir a trabajar, o cuando me llevaba a la guardería o al colegio, siempre estuvo ese beso, y yo no era la única afortunada. Mi madre me cuenta que desde el primer día que estuvieron juntos, siempre le dio un beso por la mañana antes de salir de casa, y por supuesto por la noche antes de dormir. Mi madre hoy también se levantó para darme otro beso, la pobre no era persona estaba con sus ojitos achinados medio dormida, pero me ha dado una gran beso, porque los suyos aunque menos sonoros que los de mi padre, que a veces parecen todo un disparo de ametralladora que me deja los carrillos de la cara todo marcados; los de mi madre son suaves, delicados, tiernos muy de sentimientos reprimidos, como tímidos pero con gran fuerza espiritual.

Pero seré tonta, Dios, ¡si me estoy poniendo a llorar!, por favor, el rimen, el maquillaje. ¿pero que me pasa a mi hoy?, ¿es que va a pasar por mi cabeza toda mi vida?, ¿como los que están a punto de morir?, necesito ocupar la mente en otras cosas, y todavía quedan dos horas. Joder se me están cayendo unos lagrimones, ¡Valeria tranquilízate!, que no pasa nada. Pero ¿porque los estoy echando hoy tanto de menos?, ¿si tan solo es un cambio en la vida? Los cambios me afectan, y mucho. Cada paso que he dado en la vida, y eso que no acabo más que empezar como dice mi papi aunque ya con dieciocho años, pero en fin, según él ahora es cuando empiezo a caminar, este cambio me estresa y deprime mucho porque los veo mayores y los quiero tanto que me gustaría que el mundo se quedara parado, pero no, cada día un día menos.¡ Uff!, estoy fatal. Hoy empiezo a caminar y lo hago melancólica, nostálgica y llorando.¡¡ Ah!!, las luces de la cafetería, ya han puesto la terraza, me voy para allá, a ver si me despejo la cabeza un poco. Tengo las piernas como entumecidas del tiempo que llevo sentada en ese banco. Hoy empiezan mis primeros pasos, y casi no puedo ni andar.




domingo, 5 de marzo de 2017

DEJARSE

A veces siendo un paracaídas en la caída, otras un pañuelo para  no dejar de llorar por las lágrimas olvidadas. Esa es la mano de la ayuda, la del cuidado con la que se gana la confianza, esa fuerza que nos lleva a hacer lo que no seríamos capaces ni de pensar, esa unión a la que se llega a veces sin saber muy bien porque ante la falta de méritos, y más bien de deméritos, con los que sería más fácil dejar que tomar, mucho más sencillo empujar y mirar hacia otro lado, que estar en las duras y en las maduras, en los momentos de risas para compartir y en los de nubarrones donde sino esta ese paraguas lo más seguro sería la rotura del alma por un mal rayo.

Permitir es tan bien parte de esa confianza: dejarse querer, porque no siendo el motivo son frecuentes esos momentos en los que no se desea recibir nada, lo que realmente se quiere es que se dejen, sobre todo que se dejen querer, y para eso quien sino, que esa persona de confianza, aquella en la que se confía que  muy a pesar de mostrar sentimientos y miserias, se dejara también querer además de ser el objeto de esa necesidad de dar lo que se tiene y que nadie quiere recibir. Se confía en quien se quiere y sobre todo en la persona que esta dispuesta a recibir lo que sobra, aunque a veces sean las sobras y se esté como un camión de recogida frente a lo que no quieren otros, como esas lágrimas que lo más seguro serán del confiado para el que confía sin que sean de sus ojos, ni para los suyos.

En ese dejarse querer hay muchos dejarses. Creo que no he sido muy correcto en la expresión “dejarses”, pero lo que me importa es que se me entienda mas que la corrección de las palabras e incluso de las expresiones gramaticales. Esos “dejarse” de tantas cosas que entran en el paquete de los “te quieros”, como una forma de sentir lo que se tiene dentro y no se da y se tiene ese dejado, para que reciba a veces algo más que un querer, muchas veces noches en vela, conversaciones sin fin bajo el paraguas de los parpados que caen de sueño pero se aguanta hasta el final, porque para eso diste la confianza, para ser trapo y polvo, para convertirte en llanto y consuelo. Esa confianza del “dejarse” es la que nos llega a ese mundo visto desde arriba, de la complicidad de la confianza en la persona que desde ese momento se convierte en nuestra persona.

Dos personas en una sin pacto ni ceremonia, la una para la otra y sin saber porque se quiere para siempre aunque a veces se rompa porque ese “dejarse” lo llevamos tan lejos, que no aguanta esa soga invisible que une a las personas que están destinadas a encontrarse. Es como ese refrán de que tanto va el cántaro a la fuente que se rompe. Abusamos tanto de las personas que llega un momento que “dejarse” ya no es opción, impide la respiración y puede convertirse en una jaula sin salida. Nos aprovechamos en exceso de la confianza y de ese dejarse querer e imponemos la forma de hacerlo, ya no solo son de recibir sino de envolver con el papel del capricho y las ganas de un destino que si bien se inició en común se dejó cuando se pusieron barreras sin escapatoria, sin opción para discrepar.

Dejarse querer es parte de esa confianza, es el refugio de aquellos que tienen tanto y no saben que hacer con lo que les sobra, sin que sean sobras; son esos trozos en los que quedas cuando solo te quedan los restos en ruinas,  y tienes que querer aunque no quieras.

A veces te dejas querer por quién no debes y es entonces cuando tú te quedas en ruinas, es un querer egoísta, buscado, necesitado y no confiado. Dejarse querer es también un riesgo de que te guste ese cariño sobrado pero que no es tuyo, que no son mas que sobras en este caso de la pena del abandono, y te gustan como te gusta ese plato de comida en la madrugada de la comida del día anterior. Te apetece incluso  más que cuando lo comiste porque se toma no cuando te llega sino cuando lo coges con más necesidad, con mas gusto del debido, del que no se estropee, de que no haya que tirarlo, como ese mendrugo de pan del dia anterior querido por todos pero dejado para ti, sin más complemento que el que quieras ponerle en esa madrugada sin salida, en ese momento en el que solo estas tú y el resto, tal vez el polvo en el que quedó tu alma tras la semana, después de tantos amaneceres sin Sol y sin ganas de verse más allá del espejo de las cicatrices.


El peligro de los “dejarses”, es querer lo que te dejan y te conviertes en un dejado.