sábado, 27 de junio de 2015

YO SOY TRAVIESO.....


No puedo ser de otra forma en un mundo de adultos, de mayores; de personas cansadas, de platinos voluntarios. Me revelo y nos revelamos ante la injusticia de la madurez, ante la perversión de lo podrido alagado con los sentidos.

Este es un mundo que como decía ese príncipe se olvidó de que todos en su día fuimos niños. Porque algunos son mayores, pero todos fuimos niños en algún momento, con pantalón o falda corta; con calcetines o leotardos. Algunos con pelo y otras con trenzas, sin querer ofender por los sexos, pero es lo habitual, o al menos lo que yo vi de niño.

Yo lo vi de niño, soy testigo de que todos en algún momento fuimos niños, y nos llevaron al colegio. Digo nos llevaron y también pienso de cuando yo era niño. El colegio con los maestros, nosotros niños y lo que dicen educación. A veces pienso que eso del colegio, lo de la educación es un tratamiento, es un concierto de voluntades que se juntan para curarnos una enfermedad, vacunarnos tal vez de eso de ser niños. Los colegios como grandes hospitales que curan a los niños para hacerlos adultos, para limpiar su mundo, el virus de la inocencia, de lo espontaneo, de la vida por la vida, de la existencia primaria, de esa que piensa en su horizonte inmediato y en sus necesidades mediatas.

Nos vacunan de la niñez aquellos que algún día fueron niños, pero lo olvidaron, se fugaron de la sencillez y se embarcaron en una necesidad de conservar sapos y culebras, gusanos malditos que circulan por sus tripas, hasta llevarles la podredumbre a su corazón.

Yo no me curé, yo sigo siendo niño porque quiero, y me hacen ilusión las cosas, y me sorprenden las personas, y me enamoro de un atardecer y lloro cuando amaneces, y siento vértigo ante la primavera, me colma de arrebatos el verano y deseo el calor de tu mano en otoño. Del invierno no hablemos, porque compartimos las sábanas con los sueños pintados en tu almohada.

Yo sigo siendo niño y soy travieso. Me gusta jugar y que me jueguen. Sí que me jueguen, que hagan de mí su juguete, su soldadito, su héroe, su vaquero; el objeto de un deseo. No me importa ser objeto siempre que me hagan  un buen juego.


Me gusta seducir con los ojos, con la mirada y sobre todo con la palabra. Alterar el nombre de las cosas, el significado de tu sonrisa y vivir por el amor de mi vida. Yo soy niño por naturaleza porque cuando fui al colegio no aprendí nada, tan solo que escribir mensajes de amor se hacía con letras que me enseñaron en ese colegio. Nada más, porque yo no soy de esos que llaman maduro, no seré nunca un viejo de ideas, ni de carne, porque yo siempre seré un niño, ese del que hablas en pasado cuando me tienes en el presente de tu vida. Yo nunca pasaré la frontera de la niñez porque un día me dijiste con tu sonrisa traviesa, que era el niño de tus ojos, y desde entonces, yo soy niño, para ti y para siempre.


sábado, 20 de junio de 2015

LAZOS Y COBIJOS




Si te digo que no me gusta mentiría. Si no caigo tras tus pestañas, estaría sin vida. 

Sonrisas cargadas de nostalgia, perfumes de pieles abrazadas. Contagio de tus instintos y bronceados de besos.

Es la vida cotidiana de los sentidos, de las curvas de los escondites. Mentiría si dijera que me gustan las líneas rectas, las cuadriculas dibujadas en la capa de tu falda. Sigo como un niño un caramelo los trazos discontinuos, los guiños de los parpadeos, los escondites que se encuentran cobijados tras tus labios, cuando los beso.

Me gusta ser natural, comulgar con la vida a viento y marea. A la lluvia a los truenos. Me gusta ser esclavo del sol, de la arena, de la sal que se desprende de tu lengua cuando besas.

Tan solo la piel con sus lazos, con sus escondites, con sus misterios y secretos; se le puede vestir con un secreto pintado con las luces del universo, con las de tu suspiro, con el calor de tu pecho mientras te veo en un recuerdo.

Siento la vida con poco más que la vida, con nostalgias y esperanzas, con deseos sublimes de sentir unas manos sobre mi espalda, con un abrazo, con el corazón chocando contra mi amor, que se encuentra escondido donde lo dejaste después de quererlo.

No hay más que lo que ves. Tengo las manos abiertas con la extrañeza de mirar a lo lejos, todo aquello que antes tenía tan cerca.

Espero seguir estando en un cobijo escondido, oculto, buscado y no encontrado, de donde tu estés, de donde antes mirabas sin pensar, de aquellas mañanas donde tú yo éramos el mar: tú el agua y yo la sal.

Unidos por lo perpetuo, por lo eterno; por aquello  de lo que no se dispone, de esas curvas donde me encuentro, de las que no se puede escapar; ni quiero. Estoy dentro de tu vida, tú alma y tus recuerdos. No quiero soltar la mano del mundo, ni el reflejo de tus ojos, cuando me miras y cuando me ignoras.


Poco a poco, como lo bueno, en silencio; llegaré, tras las curvas, con los lazos del amor, a ese cobijo que es tu corazón.





sábado, 13 de junio de 2015

EL ACECHO DE LAS SOMBRAS.

(Desde los metadatos de mi corazón)

Yo tengo la suerte de ejercer una profesión que me llena, me satisface y sobre todo me permite defender personas. Una profesión que me da gustos pero también disgustos, que enciende en mí el interruptor  de la imaginación, pero también en ocasiones altera mi equilibrio interior.

Desde hace tiempo estoy inmerso en un teatro de escritura imposible, de personajes de todo tipo, con un guion que se reescribe con demasiada frecuencia; que no es sencillo, no es evidente, todo es interpretable y poco predecible.

En ese escenario en el que soy actor pero en el que nunca seré víctima, interpreto un papel  bronco, protestón, beligerante; incluso insumiso. 
Es un espacio donde los personajes que son traídos a la función saben que cualquiera que sea el resultado, ya han pasado por la celda del castigo del ágora,  la del pueblo infesto por los flashes interesados, con un público deseoso de carne. El circo de los leones que ahora llamamos mediático, el coso de arena donde la muerte y la sangre se olfatean.

Son sujetos de luz, brillantes, exploradores; magos de comedia, inteligentes, radiantes, imaginativos. Presos de la poesía en un mundo de prosa rancia, de titular mezquino y de sarnosas esquelas.

Seres que juegan con fuego y se queman, con la palabra en la boca y se equivocan; corren riesgos y viven, se emocionan, son personajes que vuelan. Palomas mensajeras de la libertad creativa, del gusto, de la belleza; de la línea curva porque en la vida no hay rectas, sino atajos y cunetas donde algunos te dejan y te abandonan cuando no eres fiel a sus  reglas.

Son víctimas de la libertad y de la imaginación; de la pasión, de la sangre, del color rojo; de la vida en un acto y en momentos de locura.

La envidia rancia de las tinieblas les acecha. Aparece cuando menos se le espera con palabras sacadas del cementerio de sus miserias, de sus carencias, de su muerte anticipada y de los dragones con los que pasean por su existencia.

Esos seres que viven en la falta de luz, a la sombra de sus víctimas, a los que atacan, los golpean, atormentan; se apoderan por instantes de los suspiros de la luz, del ingente chorro de belleza, del sol de primavera que ilumina a los protagonistas de mi ágora. Por instantes parece que quedan ocultos, que les invade la flaqueza, que dejan de luchar por ser ellos mismos, por defender la riqueza de la inteligencia; por ser de esa forma que como yo, buscan lo desconocido para poder ver lo nunca visto.

Y surge el flechazo de los sentimientos humanos. El cariño, la amistad, la complicidad; el roce de las manos que transmite la energía de las estrellas. Difícil poder ser protagonista y no ser envidiado, maldecido, insultado, amenazado, torturado, vejado, odiado, humillado…….Este es el papel de las sombras, los que no tienen luz, ni color, ni horizonte. Viven en las cortinas de humo de cigarros apagados. En el oculto infierno de sus carencias, en la maldición de la ignorancia del camino de la vida.

Esos seres les acechan, tratan de robarles la luz, pero no pueden, tenemos algo de lo que carecen. Algo que intercambiamos y que ellos ignoran. Nunca imaginaran que entre los actores y guionistas hay un trato, un acuerdo sacramental, un cordón umbilical que nos une. 

Tenemos al arco iris de nuestra parte, y yo como parte, me adhiero a los que llamo familia, porque les quiero y me duele que sufran, siento sus lágrimas y tristezas. Pero tenemos ese arco, lo compartimos y nos une con la fuerza más grande del universo. 

Nos une el arco iris, con la fuerza del amor.





sábado, 6 de junio de 2015

NUESTROS PRESENTES.

Hoy es un día más, con su historia para  contar y tal vez incluso con  algo que vivir. Hoy es el presente y no estás, al menos en la oportunidad del corazón, cerca de algún latido, tal vez de un suspiro ansiado por la desesperación.

Hoy es un día más sin presente. No hay horizonte en el mar cuando la sal no fluye con la marea, cuando los instantes vividos no se repiten en una eternidad.  Cuando piensas que algo lo tendrás en tu vida, no lo ocultas, no lo encierras en un rincón sin luz; lo muestras y lo demuestras, como el porqué de tu propia existencia, como el motivo por el que en el mundo, tú también respiras.

Hay vidas gastadas y hay vidas perdidas; sin rumbo sin presente, sin saber dónde encontrar la piel, las huellas de tu mano, esas que eran junto a las mías, indivisible, únicas; un ADN especial, el de dos, el de un combinado que jamás se repetirá. No se pueden cambiar los ingredientes de aquello que se hizo irrepetible, no puedes sustituir mi amanecer por una sombra de poniente.

A veces piensan que la vida sigue, que la biblioteca se llenó de libros, que las páginas amarillas se cambian por otras más blancas. No te asustes si te digo, que mis letras no se borran, que mi libro tiene el número de páginas exactas para escribir nuestra vida, que no lo puedes cambiar, que no se puede sustituir nuestro ADN, el libro por otro libro, ni pasar la página del presente.

Es una página que no cambia, no fracciona palabras como no quiebra besos, es el hoy de nuestras vidas, tal vez separadas, posiblemente sin corazonadas, pero con el corazón del amor que se escribe con palabras.

No se puede cambiar el presente, como no puedes tirar los recuerdos, que son la  vida, el de uno que también respira, para el que también se hizo el mundo. El presente no se cambia, el presente se vive, con tu mirada o con el recuerdo de esos besos que en la piel me tatuabas.

Llega un momento en el que posiblemente tengamos varios presentes, pero el presente no cambia, es ese combinado tuyo y  mío, con las medidas marcadas.