lunes, 30 de abril de 2012

NATURALEZA SALVAJE



La necesidad de convivir, de hacer del planeta y todas sus criaturas un lugar donde todos tenemos nuestro espacio es algo imprescindible. Desde siempre me ha intrigado y gustado la figura del Lince un pequeño depredador acechado por el hombre como con los lobos por la presión y daños que ocasionan en el mundo rural atacando los rebaños como una nueva forma de supervivencia.

El ser humano cada vez mas ha ido cerrando sus espacios y acabando con sus fuentes de provisiones, su sustento, y por instinto de supervivencia atacan a ovejas y otros animales que en definitiva morirán, pero no para ser comidos por pura necesidad sino por nuestro afán consumista devastador. La naturaleza salvaje nos atrae no cabe duda, pero lo mismo solo para verla en documentales, ¿así queremos que la conozcan las próximas generaciones?

No olvidemos nunca que como los depredadores el ser humano también lo fue, sin embargo éstos lo siguen siendo mientras nosotros nos hemos convertido en destructores.


domingo, 29 de abril de 2012

LAS PALABRAS

Todos los días son miles las palabras que salen de nuestros labios. La mayoría superficiales, otras para criticar, para juzgar a otras personas; todas proceden de una emoción previamente concebida por un pensamiento. ¿Imaginais la cantidad de energía que perdemos?, ¿la cantidad de pensamientos inutiles que se convierten en emociones muchas veces dañinas, no solo para los demás, sino para nosotros mismo perdiendo con cada una de ellas un pedazo de nuestro tiempo, de nuestra vida, porque el tiempo es lo único que tenemos, la vida no es mas que un periodo entre fases. Nuestro espiritu universal siempre ha existido, se transforma y nos da un cuerpo y un tiempo para estar en ese estado terrenal. Después esa energía se transforma y continua con otras formas en otros espacios que desconocemos. La oportunidad que se nos ofrece en esa transformación, la mal gastamos en palabras, actos, preocupaciones, necesidades todas ellas absurdas ante lo limitado del tiempo, tan solo unos pocos años, unos mas y otros menos; la transformación final es algo seguro, lo único que tenemos seguro en la vida presencial; por eso invito a todos que no perdamos ese regalo que se nos ofrece y que cada día al levantarnos de nuestra boca tan solo salgan las palabras precisas las que salen de nuestro corazón; esas nunca fallan y son las únicas que dan sentido a este pequeño tiempo que llamamos vida.


LA SEDUCCION

La seducción como cualidad, no solo es del ser humano, es una necesidad vital de perpetuar la especie, como seres animados que somos. La seducción la encontramos constantemente en el mundo animal, los cortejos entre machos y hembras con el único fin de la procreación. En el mundo vegetal igual ocurre, las hembras se visten de colores para atraer a insectos que lleven el polen y consigan la fecundación y con ello la continuidad del ciclo vital. Los humanos, como seres animados que somos pero racionales, hemos transformado lo que es un acto instintivo para procrear en todo un arte. Esas miradas perdidas, esas caídas de ojos, los movimientos de la mano, la expresión corporal que a veces viene unida cuando la atracción nos invade de un cumulo de fenómenos fisicos y químicos que trastornar nuestro cuerpo y nuestra mente. No vemos la realidad, no pensamos, todas esas sustancias se apoderan de nosotros. Sin embargo, hemos convertido ese fenómeno natural en todo un arte. Una magia que trasciende de la pura disciplina natural que es la procreación, el gustar y ser gustado, el atraer para conocer y para sentir. La seducción la utilizamos, es un instrumento a veces incluso de trabajo, la empleamos para conseguir un trabajo, para mejorarlo e incluso para obtener un premio o una victoria. La seducción es uno de los mayores logros del ser humano. Empleamos nuestras energías para conseguir ser queridos, ser conocidos o simplemente cumplir nuestros objetivos. Yo me declaro un practicante constante de la seducción, para muchos fines, pero sobre todo para dar y recibir lo mas bueno que tengo y que me puedan dar que no es otra cosa que el amor y la unión de los espíritus perdidos en el anonimato. Seducir y dejarse seducir, puede ser un juego peligroso, pero sino te atreves, te pierdes esa magia innata en todos nosotros.


LA PRIMAVERA

La primavera es una de las cuatro estaciones de las zonas templadas,y una de las dos estaciones de la zona intertropical la transición entre el invierno y el verano. El término prima proviene de (primer) y vera de (verdor). Que hermoso es incluso el origen de la palabra: PRIMER VERDOR. Es la época de año donde se dispara la naturaleza todo vuelve a vivir, resurge de tras el decadente otoño y frío invierno. Todo el espacio se llena de color, los árboles, las plantas, los animales e incluso las personas nos purificamos y a veces es un transito hormonal explosivo, pero todo ello es una manifestación de vida, la primavera es el triunfo de la vida, la época de mas frecuente apareamiento, de flores que se ofrecen a la reproducción, que llaman a los insectos para que transporten su polen y se fecunde. La primavera es una invitación del universo para la vida, la regeneración y tal vez para alcanzar la plenitud que se demuestra con un estado permanente de alegría.


sábado, 28 de abril de 2012

EL CONDADO DE MUDELA. CAPITULO IX


Un golpe, un enorme estruendo unido a una rama de luz cayó del cielo, golpeo contra la tierra, tan solo a unos pocos metros de la mirada que alcanzaba Paca por la ventana y una llamarada de fuego acabó con la copa de un árbol solitario que creció con ella entre las cepas del viñedo, ese árbol donde se cobijaba, donde junto con Pili pasaba los calurosos días de verano. El fuego se comió las ramas que se alzaban por encima de su tronco pero como por un acto divino o tal vez, por la cantidad de agua que caía del cielo, tardó poco en apagarse y no acabar con él definitivamente. Ese árbol era suyo había crecido con ella y como ella se resistía a morir, luchaba contra las fuerzas de la naturaleza y a pesar del rayo, tan solo unas cuantas heridas que pronto cicatrizaron, tantas como las que Paca tenía en todo su alma y en su cuerpo. 

La tormenta se apoderó de todo el cielo y las tierras del Condado y atrapada, encerrada en el límite de la tierra que para ella era el desfiladero de despeñaperros, se agarraba como los gatos con sus garras y durante horas permanecería descargando la ira de Dios, como decían las viejas, y ahora que ella lo era no tanto por su edad sino por la llagas de su alma, también lo pensaba, el misterio, la oquedad del vacío tras esa muralla montañosa que lindaba al sur del Condado. Lobos, alimañas, seres terribles y hambrientos de carne, vivían al otro lado, en el linde del Condado, mas allá en la frontera, otro mundo desconocido para Paca, donde los pastores perdían sus rebaños atacados por animales sedientos de sangre. Nunca se acercó, en verdad nunca salió del territorio del Condado, ni al norte ni al sur, tan solo al pueblo que llevaba su nombre, si ahí se fue en muchas ocasiones, el pueblo se le hizo conocido a penas a unos kilómetros y Benito fue el motivo de sus aventuras y sus escapadas cuando nadie la echaba de menos.

Paca tenía los ojos encharcados de lágrimas, lamentaba las heridas de su árbol donde tantos momentos había pasado de niña y de mayor, Pili su eterna compañera, pero también con Benito, ese chico rubio de ojos claros que gracias a su valentía y de su amor como pronto descubrió la libro del acecho de su hermano y del guardia murciano que gracias a su actuación, al fin fueron castigados como se merecían y desde entonces todo se acabó, su pelo rojo ya no fue objeto de supersticiones ni deseos, bueno, de deseos ajenos, tras ese día, su piel, su pelo, su corazón y toda ella se había convertido en el deseo de Benito.

En aquellos días Benito llegó al Condado a la vendimia con toda su familia, su padre su madre y su hermana, se llamaba Margarita, era una mujer cumplidos ya los dieciocho años, jamás había visto una mujer tan bella, también de cabello rubio, casi blanco y ojos transparentes, le parecía hermosa, un ángel divino, tal vez porque su rostro era el rostro de Benito y aquel acto la conmovió y de la atracción que sintió por él nada mas verlo que le empujaba junto a Pili a seguir sus pasos por el campo donde andaba arrancando el fruto a las cepas; esa atracción se convirtió en amor. En un amor loco, en ese amor ansioso, ese amor que no te permite ver mas allá de la persona amada y que precisa de estar junto al amado en cada momento. Ese amor que no se desprende ni durante las horas de sueño, porque es obsesivo es todo, el mundo empieza y se acaba con ese amor.

Después de que el Conde acabó con la vida del guardia murciano y su amado Benito con la de su araposo hermano, ella corrió y se escondió en su pequeño agujero, su lugar secreto, su espacio íntimo, al poco se acercó Benito y descubrió todo su mundo y tras una mirada todavía con los ojos ensangrentados y mojados por el terror que había pasado, tras esa mirada, lentamente se fueron aproximando haciendo mas pequeño el espacio, el temblor le arrebataba la vida, la tensión, ese chico de ojos claros cada vez mas cerca, los cuerpos se sentían sus olores se olían sus palabras se oían a pesar del silencio. Unos dedos, la mano entera, la de uno y la del otro, se rozaron, sudorosos ambos, se tocaron, se cogieron y en un impulso al igual que el del rayo que acabó con la copa de su árbol, con la misma intensidad del trueno, con la luz del relámpago; el chico con fuerza oprimió su mano la llevó hacia él y los cuerpos se unieron con el hambre y el deseo de sus labios eternizando un beso infinito, donde sus lenguas se entremezclaron saboreando cada uno de ellos el sabor del otro, llegando a morder los labios por el deseo de tener, de saborear la carne amada, como el lobo con los rebaños. El amor es hambre de comer, de poseer, de entregarse y dejarse llevar por la persona amada. Así los sintió Paca en aquellos momentos y así lo recordaba, allí tantos años después sentada en su mecedora con la mirada fija en la ventana donde por arte de magia se reflejaba la silueta de su gran amor, el primero y el único que tendría en toda su vida, fue eterno, y seguiría siéndolo incluso tras la muerte.

Nunca olvidó ese beso de furia de deseo puro, fue un beso infinito, cuando se despegaron las bocas, la del uno y la del otro el agotamiento dibujaba sus caras pero también una media sonrisa y una mirada baja, esa mirada cómplice del amor y la ternura, poco a poco tras sus bocas, sus manos se fueron separando, una voz lejana llamaba a Benito, era la de su madre, se hizo la noche y debían volver a sus aposentos a la hora marcada por el Señor Conde, sin fuerzas, sin querer, sin voluntad, Benito se separaba, se alejaba centímetro a centímetro sin dejar de juntar sus miradas. Salió y se alejó, Paca quedo ensimismada, alejada de la realidad, se deslizó por la pared cayendo al suelo, sin fuerzas pero con la energía y vitalidad que ocasiona un acto de amor. Sentada cogió a Pili y la abrazo entre lágrimas y sonrisas, la perrita le lamía las lágrimas y movía su rabito, aquel pequeño animal parecía que lo entendía todo, sabía que esas lágrimas no eran como otras lágrimas, era consciente que su dueña era feliz, muy feliz como nunca lo había sido, con su lengua y su rabito demostraba que ella también era feliz.

Ese año la vendimia se le hizo muy corta, desde aquel beso a penas quedaban unos día para finalizarla y Benito junto a su familia se marcharían, vivían en el pueblo al que pertenecía el Condado, a pocos kilómetros, pero ya no estaría allí, cerca de ella, aprovechado cada momento en el que Benito se le permitía para besarse en su escondite o debajo de ese árbol. Pocas palabras se cruzaban, solo se deseaban y mas que hablar sus bocas, éstas pedían la otra boca, y entre abrazos y besos pasaron los días hasta que llegó el último, el día que finalizaba la vendimia.

El fin de la vendimia era toda una fiesta. El Señor Conde mataba un gorrino para invitar a todos los que habían participado en la cosecha y también circulaban litros de vino, acabando la mayoría durmiendo por el campo tras la comida, el vino, que por cierto no era de los mejores que conservaba y bailes de los campesinos.

Durante esa noche, cuando la mayoría se encontraba durmiendo embriagados por caldo de la vid y nadie les iba a echar de menos, corretearon juntos al lugar secreto de Paca que también lo era de Benito desde aquel día y entre risas, miradas, besos, llegaron a su refugio, sofocantes se tumbaron en el suelo, se miraron, acercaron sus labios, se hundieron en un largo beso, un beso que era una despedida, y sus cuerpos y sus corazones no conformes con la unión de sus bocas, cercanos, vibrantes y apasionados, se juntaban cada vez mas, se separaron un centímetro, se miraron, ambos querían algo mas, y lentamente muy despacio con ternura; Benito tomo la iniciativa, fue desabrochando botones, desatando cintas despojando a Paca de sus ropas. Poco a poco, mirándose a los ojos, dejándose llevar, de pronto los senos de Paca quedaron desnudos, eran exuberantes, firmes y deseosos de ser tomados. Y así ocurrió, Benito fue acercando su boca a esos senos desnudos coronados con unos pezones sonrosados duros donde descargó todo su deseo el hambre por la carne, la necesidad tomar a su amada y ardientes, siguieron se quitaron uno al otro sus ropas dejando sus cuerpos desnudos abrazados en el suelo hasta el momento en el que Benito ayudado por Paca que gritaba ser penetrada introdujo su miembro erguido en el cuerpo de Paca, un pequeño estallido de dolor mínimo comparado con tanto placer y unas gotas de sangre por la ruptura de su virgo, con suaves movimientos al principio y locos y fuertes al final sintieron la unión divina de los dos, convirtiéndose en un solo cuerpo hasta que un estallido final tras saborear uno al otro cada centímetro de su piel, se separaron agotados y bañados en sudor. Ambos estaban paralizados hasta que de nuevo juntaron sus manos y desnudos quedaron en el refugio de Paca hasta el amanecer.

Ese día que nunca olvidaría, Paca se sintió por primera vez mujer, del que sería su único hombre.


sábado, 21 de abril de 2012

EL CONDADO DE MUDELA. CAPITULO VIII


Retrocedía su mirada no con el ánimo de encontrar la figura de nadie de carne y hueso, de ningún ser vivo, se giraba para contemplar posiblemente algún fantasma del pasado. La puerta se abría y cerraba y una lámina intensa de aire helado se colaba hasta llegar a rasgar su rostro. Se giraba con el terror de encontrar algunos ojos mirándola desde el otro lado de la puerta surgidos desde las mismas entrañas del infierno, y también lo hacía para comprobar con escasa esperanza, la posible llegada de Fernanda, pero esta no lo haría, era demasiado pronto para prepararle la cena y la cama, y la tormenta la retrasaría aún mas, el chaparrón cada vez se incrementaba mas y mas y el cielo parecía caer de golpe encima de todo el Condado.

Resignada y con el miedo en el cuerpo, compañero de viaje durante toda su vida, de nuevo dirigió su mirada junto con sus pensamientos al ventanal desde donde se podía contemplar la plenitud y la grandeza del Condado, y en un momento, cuando una de tantas luces de fuego iluminaban el cielo, le pareció que una imagen se reflejaba en el cristal, tenía forma humana, era un rostro conocido. Petrificada, inmóvil esa imagen se le quedó grabada y como no la recordaba y estaba ahí, dibujada en el cristal no fue pánico lo que sintió, fue ternura, amor y felicidad deseosa de que fuese real y ese rostro aún permaneciera con vida.

Benito, un chico que conoció cuando a penas ella había cumplido los quince años y su mundo seguía girando alrededor de Pili, su madre y su abuela. Apareció en el Condado días antes de iniciar la vendimia, era un jornalero mas de unos diecisiete años que como tantos otros eran contratados para arrancar el fruto de las cepas. Nunca se había fijado en ningún chico ni en ningún hombre. Sus únicas figuras masculinas era el Señor Conde y sus desarrapados hermanastros, y la verdad, no había mostrado ningún interés por el género masculino, no había sentido amor ni cariño por ninguno y aún menos deseo carnal del que ya era conocedora.

Hacía varios años que ya era mujer, como así le dijo su abuela Fidela cuando un día comprobó como sus bragazas se mojaban y se tintaban de un rojo oscuro, de sangre. Sintió miedo, pensaba que iba a morir desangrada por el derrame de sus genitales que hasta entonces tan solo los había considerado como un orificio para poder mear. Para ella, durante la infancia, no existía mas certeza que las palabras de su abuela. Las mujeres meaban por un agujero y los hombres por un grifo, y como le decía su abuela, la diferencia tan solo era porque los hombres tenían que hacerlo de pié para no perder el tiempo durante el trabajo. Ella lo había visto, era verdad, cuando correteaba por el campo junto a Pili, los hombres sacaban lo que para ella era una especie de salchichón y meaban sin agacharse, y ese sería el motivo del sistema.

Aquél día en el que la sangre le chorreaba entre las piernas, no sabía a quién acudir, no sabía que hacer, no quería que la viera nadie y menos contarlo. Trataba sin conseguirlo parar aquel sangrado pero no lo conocía y un pequeño y molesto dolor sentía dentro de sus tripas. Pensó que estaba enferma, y como no paraba, corrió hacia las cocinas encontrándose a su abuela, le contó lo que le pasaba, se bajó las ropas empapadas de sangre pastosa, y de ese agujero por donde hasta entonces tan solo meaba y que ya se encontraba cubierto por un fino vello de color de su pelo, seguía un goteo incesante de sangre. Su abuela la tranquilizó, incluso le dio un beso y un abrazo, tan solo le dijo que ya era mujer, y que esa sangre le aparecería mas o menos cada mes para recordarle que era mujer, y que como todas ellas eran las únicas de poder dar la vida, de tener niños, de darles sangre y que esa sangre derramada era la que tenía para dar la vida. Según su abuela, era una virtud de la mujer, podían dar la vida mientras que los hombres tan solo ponían la semilla escupiendo por el rabo. No entendió nada, pero le pareció bonito, si lo decía su abuela sería verdad, la mujer es la fuente de la vida y esa misma vida se lo recuerda con sangre cada mes.

A los quince años, cuando vio por primera vez a aquel chico de ojos claros y pelo amarillo jornalero contratado para la vendimia junto con toda su familia; todos los cambios de su cuerpo estaban en plena evolución, mas bien ya la habían transformado. De sus pequeños pezones habían crecido unas generosas mugres como a las vacas, y también su abuela le contó el motivo, que como había visto tantas veces en las vacas, las marranas, las ovejas y otros animales, eran fuente de vida, algo único de las hembras, de ahí las mujeres pueden alimentar a sus cachorros, a sus hijos, cosa que los hombres no pueden hacer, mas bien, como decía Fidela, los hombres no pueden comer ni solos las mujeres tienen que hacerle la comida o caerían hambrientos. También le había brotado un fino bello pelirrojo por donde meaba, y su abuela le contó que era para proteger la fuente de la vida que se encontraba por donde meaba, explicación que no entendió en aquel momento pero que a los quince ya sabía, lo sabía y lo entendía todo, incluso que por donde meaba también a veces, cuando la curiosidad le invadió por aquel vello que le nacía, cuando lo acariciaba, sentía una especie de cosquillas agradables que sin saber que era, le gustaba. A los quince cuando llegó Benito, ya las preguntas estaban contestadas.

Nada mas ver a aquel muchacho de ojos claros se sintió diferente, el corazón le latía mas rápido cada vez que se lo cruzaba, y sin acariciarse esas cosquillas las sentía, era como una fuerza incontrolable de ser cogida de ser abrazada y rodeada por los brazos fuertes de aquel chico, de rozar sus labios, de coger sus manos y llevarlas a su pecho para que frenara a su corazón latente.

Pasaban los días y desde la mañana hasta la noche lo buscaba, intentaba tenerlo cerca, bajar la mirada cuando el la miraba y su tez blanca se sonrojaba. Era una fuerza incontrolable, un deseo de verlo y de estar junto a él. Paca estaba por primera vez enamorada, y su triste vida y toda la maldaz y fealdaz, se convertía en un campo de flores, de colores y perfumes, sonreía y lloraba, todo su cuerpo estaba alborotado, encendido, fogoso y deseoso de tocar, abrazar y besar a Benito como así le llamaban.

Ella ignoraba por completo si él sentía algo por ella, lo cierto es que le sonreía y ella se ruborizaba, no mediaron hasta ese momento palabra alguna, ninguna habían cruzado ni conocía sus sentimientos.

Al iniciar la vendimia era normal que los guardias aparecieran por el Condado para controlar a los jornaleros, a veces se colaban ladrones y delincuentes que saqueaban parte de las cosechas. Ese día llegaron tres beneméritos, el sargento, el cabo y el guardia murciano. El Sargento fue recibido por el Señor Conde en su despacho donde hablaban y degustaban alguno de los buenos caldos viejos que conservaba y cuidaba el Señor Conde, el cabo y el guardia andaban preguntando a unos y a otros, entrevistándose con los jornaleros, algunos eran conocidos de otras vendimias pero otros era la primera vez y se empeñaban mas con estos con preguntas y papeles que les exigían. Paca trababa de estar cerca de Benito y él y su familia eran nuevos y estaban siendo interrogados por el cabo y el guardia, ella sentada junto a una pared y Pili en su regazo no dejaba de mirar a Benito; en un instante en un momento el guardia murciano levanto su mirada y la dirigió hacia Paca, la miró y le sonrió, con la mano le indico que se acercara y levantó la voz –Jara ven pa ca-, ni se inmuto en ese momento, pero en de nuevo insistió y con la voz mas autoritaria, Pili estaba con las orejas caídas mientras ella se levantó y se dirigió hacia el guardia, sin preguntas y sin tan siquiera mediar palabra la cogió y agarro con su mano la entre pierna, Paca intentó alejarse pero la fuerza del guardia era muy superior a la suya, Pili empezó a ladrar pero de una patada del guardia fue a parar contra la pared, no le pasó nada pero ya no se acercó ni ladró mas. El murciano le dijo –aquí ya tienes pelos rojos jara- y dijo a los que allí se encontraban que esos pelos de la entrepierna son los que mas suerte dan, atraen las buenas cosechas y la fortuna.

Paca intentaba liberarse pero le era imposible, ahora estaba cogida por el murciano y uno de su desarrapado hermano, el murciano le dijo que le bajara la falda y la braguera para ver ese vello tan cotizado para el murciano y las gentes ignorantes que así le creían pues venía de otras tierras, de esos lugares bañados por el mar donde reinaba la abundancia. Cogida debajo de los brazos por el guardia y su hermano empezó a bajarle la falda mientras Paca pataleaba y gritaba, no paraba de gritar, su abuela atónita lo estaba presenciando y nada hacía, no podía meterse con los guardias era tan solo una sirviente del Conde. Su hermano apenas podía sujetar las piernas de ella, ya tenía mas fuerza que cuando era pequeña, no podía bajarle las ropas para coger ese bello tan preciado. Cuando parecía que lo conseguía, Benito se abalanzó sobre su hermano con una hoz en la mano y sin dudarlo lo cogió del cuello y le arrancó la cabeza por el cuello cayendo esta al suelo con la mirada fija en Benito y el cuerpo todavía con fuerza poco a poco soltaba las piernas de Paca. La cabeza rodó emanando sangre y desparramando por el barro los sesos. En ese momento el murciano cargó su escopeta y apuntando a Benito se dispuso a disparar, y un estruendoso ruido silenció el Condado. Paca con los ojos cerrados, su amado Benito lo habían matado. Oyó la voz del Conde y abrió los ojos y atónita lo miró. El Conde tenía su escopeta humeante había disparado al guardia justo en el ojo atravesando el cartucho toda su cabeza y desplazando su ojo derecho a mas de cien metros por donde salió rodando, se giró y vio a Benito en el suelo con las manos tapando su cabeza, como protegiéndose de un disparo seguro. El cabo levantó su escopeta y apuntó al Conde dispuesto a disparar, pero una orden le hizo bajar su arma, era la del Sargento que tantas cosas y favores debía al Conde, le ordenó bajar el arma y con voz firme dijo que no había pasado nada, tan solo un incidente entre el guardia y el desarrapado hermano y nada mas. Ordenó a todos que se fueran y que el que hablará del incidente se las vería con él. El silencio estaba asegurado.

Paca salió corriendo junto a Pili a su escondite, subiéndose la falda como podía pero no paraba de correr, no miraba hacia atrás. Llegó a su lugar secreto se acurrucó junto a Pili y de repente oyó unos pasos, alguien entraba, era Benito, su amado Benito, se levantó, se dirigió hacia él y con un impulso incontrolado mutuo de ambos deseosos de sus cuerpos se abrazaron y se perdieron en un profundo beso donde cada uno de ellos entregó su corazón mordiendo sus labios y juntando sus lenguas para sentir el sabor del amado. Ese día Paca la Jara, sintió por primera vez el amor.






lunes, 9 de abril de 2012

LA ILUSIÓN


Esta semana me encuentro especialmente ilusionado, siento una gran alegría por acontecimientos que se avecinan, y aunque eso me altera un poco mi estado de paz y plenitud se trata de emociones que como ser humano no puedo evitar, porque además todo ese espacio está perfumado por el amor.

Conforme voy aprendiendo se que yo no soy las emociones, la ilusión como emoción, no es buena ni mala, solo son eso emociones. No podemos identificarnos con ellas pues son pasajeras y a veces se pueden convertir en decepción. Las emociones surgen del pensamiento y te indican donde están éstos, que a su vez define tus creencias, y toda creencia esta basada en un hecho del pasado. La emoción puede ser beneficiosa cuando te hace ver que existe un conflicto entre tu corazón y la razón sobre algún tema importante de tu vida, y ese es mi caso, aunque por fortuna, la emoción también me lleva a la reflexión.

Siento esta ilusión pero no me puede dominar. Las emociones debemos sentirlas y experimentarlas de forma saludable, sin juzgarlas, evadirlas ni negarlas, toda emoción debe ser experimentada, dado que es la única forma de dejarla ir, y hay que dejarla marchar porque no forma parte de nosotros es parte del traje de buzo que es nuestro cuerpo. Las emociones guardadas o escondidas en algún lugar de nuestro cuerpo, pueden resultar muy peligrosas y estallar en los momentos mas inesperados. El secreto es estar despiertos y aplicarlas en nuestro beneficio, eligiendo nuevos pensamientos y ensayando la alegría con una sonrisa. Si actuamos de esta forma las emociones se ajustaran al ritmo de nuestro cuerpo.

No puedo negar que siento una emoción y es una ilusión, lo haré con alegría para evitar cualquier alteración de mi plenitud, de mi yo verdadero


viernes, 6 de abril de 2012

EL CONDADO DE MUDELA. CAPITULO VII


La habitación cada vez se copaba de mas sombras. Paca sentada en la mecedora con su mirada fija en la ventana, tan solo se escapaba de sus pensamientos, cuando un rayo de luz caía desde el cielo e iluminaba la habitación, a penas sentía, pero tenía miedo. Siempre tuvo miedo a las tormentas, pero ahora no era capaz ni de encender unas velas. Las tenía a su derecha, solo tenía que mover un brazo y tomarlas y prenderlas con un fósforo, pero le pesaban las manos y a penas se movía, solo la luz de los rayos llegaba por la venta y la habitación crujiendo con cada trueno, le alteraba conforme se acercaba lo mas duro de la tormenta, lo peor aún no había llegado.

Giraba con movimientos cortos su cabeza, intentando alcanzar con su mirada la puerta, que entre abierta no paraba de golpear contra el marco. Una corriente de aire entraba por el entorno por esa puerta procedente de alguno de los rincones del caserón. Estaba sola, Fernanda aún no había llegado para prepararle la cena, todavía era pronto, y con ese nubarrón aún tardaría mas. Se sentían diminuta en aquella casa, y esa brisa de aire, quien sabe de que rincón vendría le producía escalofríos, sentía como si la tomara y la arrastrara a ese mas allá que desde hace tiempo le esperaba pero que ella se resistía a pasar, se aferraba a la escasa vida que le quedaba, con sus escasas energías y con un cuerpo marchito por el paso del tiempo y los golpes de tanta desgracia vivida.

Paca en su pensamiento, se negaba a recordar solo las cosas malas, se esforzaba en pensar momentos de felicidad vividos que también habían existido, pero en cuanto lo intentaba, de nuevo otro suceso le apartaba de las cosas bellas.

Un golpe, otro golpe, cada uno de ellos mas fuerte, y otros golpes de otras puertas, de otras ventanas o de tantos escondites y lugares que ocultaba el caserón. Un rayo de repente y un fuerte estruendo en el horizonte de los viñedos, la hizo tambalear, y aunque sin a penas fuerzas miró hacía atrás, miró la puerta que se abría y cerraba. Manteniendo la cabeza erguida y los ojos todo lo abiertos que podía, vio abrirse un poco mas la puerta con un golpe de aire, se fijó atentamente, solo había penumbra y sombras que se movían con la sensación de que alguna de ellas se disponía a entrar y atraparla, envolverla y llevarla con ella. Algún espíritu que aún permanecía en la casa camuflado en sombra y guiado por el viento hasta su minúsculo cuerpo blanco plagado de pecas naranjas y rojas como su pelo.

Con ojos aterrorizados de nuevo, a duras penas volvió a su posición inicial, delante de la ventana, observando la tormenta e intentando encontrar un pensamiento que se la llevara de ese lugar, en ese momento, antes de que alguna sombra lo hiciera.

Recordó de nuevo su infancia, aquellos días como ese, cuando las nubes se aferraban a no caer por el desfiladero de Despeñaperros, cogía a su querida Pili y ambas huyendo de las viejas de luto permanente rezando alrededor de una mesa, se escondía en su lugar secreto, ese pequeño espacio que había encontrado, un agujero entre el caserón y la bodega que al parecer nadie conocía y no se fijaban en el. Solo cubierto por unas tablas, que con su poca fuerza de niña podía retirar y volver a cerrar, y allí junto con Pili, pasaba grandes ratos escondida de sus hermanos, de las tormentas y del resto del Condado, era su pequeño espacio propio, el único lugar íntimo que había descubierto un día jugando y que entro por su curiosidad o por su necesidad de tener algo suyo, algo propio.

Allí pasaba el tiempo con Pili y otras compañías, que al principio le daban miedo, pero que termino acostumbrándose a ellas. Eran la ratas que entraban y salían, ella no las molestaba ni estas a ella, sin embargo Pili saltaba sobre su regazo y de ahí no se movía con las orejas empinadas y siguiendo a cada una de ellas con sus ojos saltones y sin perderlas de vista.

En ese lugar donde salió aquel día y al girar, sin ser descubierta, fue cuando la atraparon sus hermanastros, esos seres sin conciencia y le arrancaron su preciado pelo, en ese lugar donde pasaba tantas horas es donde planeó muchos de sus actos buenos y otros tantos malos, tal vez mas éstos y de ahí su miedo a las sombras, a ser llevada al infierno.

En primavera, el Condado se llenaba de pajarillos que posaban sus nidos entre las tejas y los árboles. Le gustaba oirlos cantar, revoloteaban a su alrededor, como salían y entraban de sus nidos llevando comida a sus polluelos. Un día Pili cuando correteaba por el campo se encontró un pajarito herido tirado sobre la tierra, se le quedo mirando pero su olor a sangre también le incitaba a darle un bocado, ella llamó a Pili y le obedeció, se acerco y comprobó que estaba herido, era un jilguero de vivos colores, lo tomo entre sus manecitas y lo llevo al caserón, a las cocinas donde se encontraba su abuela, entre las dos intentaron cuidarlo, y Fidela que tenía cierta facilidad con las manualidades le construyó como pudo una jaula donde lo metió y le daba de comer semillas que encontraba por el campo y de beber con una gotita de agua en su mano.

Pasaron los días y se movía cada vez mas, se estaba recuperando y se chocaba constantemente con las barras de madera de la especie de jaula que su abuela le construyó. Un día de forma inesperada, empezó a cantar, era hermoso, los colores de sus plumas brillaban, se revoloteaba y cantaba de forma fina y armónica, Paca se conmovió y no podía verlo mas allí atrapado, estaba totalmente curado. Cogió la jaula, seguida por Pili como siempre, su sombra durante quince años de su vida, y cerca de su escondite, donde además delante crecía un frondoso árbol, puso la jaula en el suelo y le abrió la puerta. Al principio el jilguero temeroso se quedó en un rincón, Paca lo cogió suavemente entre sus manos, lo saco, subió sus manos y de repente se desprendió de ella y se puso a volar hasta alcanzar una de las ramas de aquel árbol. Paca empezó a sonreir, lo veía saltar, volar de una lado a otro, estaba totalmente curado y Pili embriagada de esa felicidad, no paraba de ladrar, de mover el rabo y de correr en círculos alrededor de ella. Fue un momento feliz, uno de los pocos felices de su vida. Su unión con los animales, con el espacio, con la naturaleza es lo que la hacía vivir y sonreir, todo lo contrario le ocurría con las personas.

Una vez liberado Colorín, como así lo había llamado, se metió en su escondite para guardar la jaula que le había construido su abuela con sus manos, era suya y la quería conservar, la dejó en un rincón y como tantas veces sentada en el suelo, se quedó jugando con Pili lejos de las gentes que poblaban el condado. De repente, notó que la jaula se movía, le entró un ataque de pánico, pero este se marchó al instante; una rata enorme, las mas grande que había visto jamás se había colado en la jaula, sin pensarlo, por puro instinto, cogió y cerro la puerta quedando encerrada. El roedor furioso no paraba de lanza gruñidos de moverse. Paca no se acercaba, enseñaba sus incisivos cuando abría su boca con tan solo la finalidad de morder. Se quedó pensando, y salió de allí, fue a los establos seguida por Pili y buscando encontró una cuerda, y se la llevo a su escondite, la paso por las barras de madera y la ató, nada bueno se le estaba ocurriendo, pero no dejaba de pensarlo. Paca dejó pasar las horas, se hizo de noche, ella sabía que nadie la echaría de menos, tanto su madre como su abuela sabían que le gustaba dormir algunas noches sobre la tierra mirando las estrellas, por eso nadie la buscaría.

Cuando la noche se había cerrado completamente, salió de su escondite agarrando la jaula con la rata y sin hacer ningún ruido, así también se lo ordenó a Pili que en todo la obedecía. Salió despacio, camino sin sentir sus propios pasos, solo se oía el movimiento de la rata en la jaula que se hallaba atrapada y se dirigió a los aposentos donde dormían sus hermanos, abrió la puerta, apenas se podía ver, no se oía nada mas que las respiraciones de éstos, buscó la cama que estaba a la izquierda contra la pared donde sabía que dormía aquel que tiempo atrás había tratado de ahogar a Pili, se acerco casí sin respirar aunque el corazón se le salía del pecho, de la fuerza y rapidez con que latía. Este estaba inmerso en un profundo sueño desde hacía horas, nada podía descubrirla, se puso a su lado, Pili entre sus piernas con las orejas todas hacia abajo, cogió la jaula con la rata, levanto un poco de la manta que cubría aquel engendro humano, abrió la puerta de la jaula sobre ese hueco abierto, y la rata de un salto se coló y ella con un acto instantáneo cubrió con la manta a su hermanastro para que la rata no pudiera salir, salió de inmediato de la habitación de pronto se oyeron gritos de terror, la rata no paraba de morder y morder a ese ser que se perdía en gritos de dolor con cada mordido de la rata atrapada, le devoraba las piernas, de un mordisco le arranco sus genitales, sus otros hermanos acudieron en su ayuda levantaron la manta y ante tal imagen se quedaron petrificados, huyeron al ver la rata con todo su hocico manchado de sangre y con trozos de carne, empezaron a gritar a llar a la gente, pero la rata no paraba de morderle, de destrozarle la cara, de comerse hasta los mocos de ese bárbaro que un día quiso ahogar a Pili. Cuando llegó la gente, nada se pudo hacer, este se hallaba vomitando sangre, con los ojos arrancados, soltando un suspiro de dolor que apenas se oyó, hasta que giró su cabeza despellejada y no volvió a respirar. La rata fue machacada hasta la muerte por uno de los labradores con un palo.

En ese momento Paca ya se encontraba lejos, había oído los gritos, estaba en su escondite con Pili y la jaula bacía, se encontraba excitada y asustada, pero no arrepentida, empezaba la venganza de Paca la Jara.


domingo, 1 de abril de 2012

EL CONDADO DE MUDELA. CAPITULO VI


La soledad había sido la única compañera en la vida de Paca. Su vida fue una soledad compartida y a veces una soledad sonora. Ensimismada en sus pensamientos, una ligera sonrisa broto de entre sus labios; si la mayor parte de su vida estuvo sola pero no podía olvidar, la única compañía que tuvo durante muchos años desde su tierna infancia hasta la madurez. Su única compañía fue su perrita Pili, aquel trozo de amor de humanidad y de belleza que en día inesperado se desprendió de la rudeza del Conde, fue un momento inolvidable y una presencia constante en su corazón, como decían en los mayores, nada es bueno o es malo, será lo que Dios quiera, y de aquel horroroso incidente con sus hermanastros, Dios quiso que algo bueno le sucediera, descubrir que el Conde, su padre, tenía un corazón en el pecho, cosa que muchos habían llegado a dudar.

Paca, mirando por la ventana, apreciando como se aproximaban los grandes nubarrones e invadían todo el condado con sus negras sombras iluminadas por rayos de luz en el firmamento, prácticamente no se percataba de la tormenta, y como pensó, toda su vida estuvo sola, pero su soledad fue sonora durante muchos años, los ladridos de Pili, sus a veces lloros pidiendo un trocito de carne, sus pezuñitas subiendo por encima de ella hasta postrarse en su lecho. Fue todo su mundo, inseparables, donde Paca iba, Pili le seguía o a veces al contrario, día y noche, porque en su cama siempre ella era la primera en subir y cobijarse entre el cuerpo de Paca, y así su mundo y su universo se reducía, a compartir su vida con aquel pequeño ser que le dio las únicas sonrisas en toda su vida, y hoy aún, mirando por la ventana, observando la brutal tormenta, hoy, incluso hoy una sonrisa de nuevo entre sus pellejos moribundos que cubrían los huesos de su cara, había conseguido desprenderle cuando ya poco, le quedaba por sufrir.

Fueron quince años de su vida viviendo para Pili, y ésta por ella. A penas había cumplido los cinco años cuando aquel día sus hermanastros la cogieron la amordazaron y le arrancaron de cuajo cada uno de sus pelos rojos, esos tan preciados para el guarda murciano. Entonces llegó Pili y lo que fue el horror se convirtió en un espejo invertido y la belleza triunfó, desde entonces hasta que llegó a veinte años. Pili fue su amiga, su compañera, su diversión, su vida compartiendo con ella el pan y la sal como decían las viejas, desde la mas tierna infancia, la adolescencia hasta la madurez.

Mientras el caserón crujía con cada trueno, con cada lamento del cielo por los males de los hombres, como su abuela le contaba durante las tormentas, Paca seguía inmersa cada vez de forma mas profunda en sus pensamientos, en el pasado, lo único que le quedaba, todas aquellas vivencias buenas y malas aunque estas últimas fueron mas abundantes, que tenía había ido metiendo en las alforjas que eran el contenido de una vida, su vida. Así prácticamente sin pestañear, esa sonrisa seguía dibujada en sus resecos labios. Recordaba su infancia, una infancia complicada, pero también con momentos tiernos y simples, como fue su vida. Una vida de trabajo, de sacrificios, pero quedaban aquellos vividos de pequeña junto a Pili. Recordaba esos grandes paseos que se daban por la parte mas profunda de los viñedos, en aquellos días de Agosto cuando la fruta empezaba a madurar y la cepas estaban copadas de hojas y racimos de uvas. Caminaban lo mas lejos posible, Pili con la lengua fuera, bebiendo agua de vez en cuando de alguna charca, cansada, fatigada, corría junto a su dueña, inseparable la una de la otra, y llegaban junto a un árbol que se encontraba en las lindes del condado, y bajo su sombra se sentaba junto a Pili, allí las dos solas, como si fueran un único universo, como si no existiera nada ni nadie mas que ese circulo formado de amor entre ese ser de grandes orejas, ojos saltones y rabito juguetón y ella, esa niña pelirroja, a veces temida y otras adorada por lo peculiar de su aspecto.

Allí se les pasaban las horas muertas, descansando del paseo, refrescándose del castigador sol del mes de Agosto y aunque la sombra del árbol era generosa, Pili se acurrucaba junto a ella, no la dejaba prácticamente respirar ni moverse, necesitaba sentir sus manos sobre su cabecita, caricias en su peludo cuerpo en parte negro y en otra marrón, pero de panza blanca como la leche. Allí Paca sacaba de entre una bolsa trozos de chorizo, de salchichones que cogía de las despensas, y con una hogaza de pan, un trocito para Pili y otro para ella, todo, hasta la última miga la compartían, Pili se relamía y moviendo su rabito cada vez con mas velocidad, le pedía mas y mas, parecía insaciable, pero no era el hambre, era la felicidad de esa pequeña cosita que un día la desprendieron de las ubres de su madre para ser entregada a aquella niña que fue su salvación, ya que su fin era ser ahogada como hacían con todas las camadas con las crías mas pequeñas y menos valiosas, y Paca, gracias a aquel suceso fue su salvación, y ésta ahora recordándolo, no sabía si ella fue la salvación de Pili o ésta la salvación de ella.

Un día, no sabe cual, cuando Pili ya tenía un año, uno de sus Paca se cruzó con uno de sus hermanos, uno que ni recuerda su nombre pero que le doblaría la edad, entre doce o trece años; ese día, de los pocos que se cruzaba con alguno de aquellos hombre con forma de mono desde el acontecimiento que le marcaría su vida; se le acercó, cuando lo tenían prohibido. Ella y Pili se encontraban a la sombra del porche delante de las cocinas donde se encontraba su madre, su abuela y otros sirvientes del Conde; este la miró, ella bajo la cabeza no quería mirarle el rostro y recordar el daño que le había causado él y sus otros tres hermanos, y poco a poco se le fue acordando, cuando tanto por mandato del Señor como de su propia madre lo tenían prohibido. Éste, con su escaso cerebro, bien lo olvidó o tal vez su maldaz superaba incluso el miedo al Señor Conde, no tanto a su madre que le daba igual. Paso a paso se le fu acercando, Paca lo notaba, sentía su proximidad y también Pili que con cada paso, se le juntaba cada vez mas formando un todo unido entre su cuerpecito y el suyo. Pili cada vez tenía las orejas mas bajas, casi ni se le veía y Paca temblaba cada vez mas con cada paso que aquel ser daba acercándose a las dos.

Llegó junto a ella, las dos acurrucadas con la cabeza entre las piernas y Pili entre ellas, y el terror le inundó cada vez mas, nada bueno podía esperar de ese horroroso ser. Recordando, Paca fija en la ventana esa sonrisa que momento antes se había dibujado en su rostro marchito, se convirtió en un gotear incesante de lágrimas. Aquel día juro venganza. Cuando ya se encontraba pegado a las dos, el hermanastro, cogió de la cabeza a Paca, se la levantó, le arrebató el pañuelo que aún llevaba, y vio como su cabeza ya se había cubierto de nuevo de esos pelos rojos, abrió su apestosa boca y le vociferó –Jara, o te lo arrancas o te lo arranco- Paca estaba inmóvil presa del terror, no pudo contestar a las voces de ese ser que habían llegado hasta la cocina y habían alertado a su madre que rapidamente miró por la ventana y ante la escena se apresuró a salir de la cocina.

Como Paca no le contestó, ese monstruo de hermano le cogió de la cabeza dispuesta a arrancarle uno de los pequeño mechones que ya tenía de su rojo pelo, en ese instante, cuando procedía a arrancarlo, sin poder esperarlo, sin tan siquiera un movimiento que avisara de su acción; Pilí saltó de entre sus piernas alcanzando la cabeza de aquel abominable niño, lo atrapo en la cara y con sus pequeños pero afilados dientes se le engancho en la nariz, le apretó y un chorro de sangre empezó a derramarse desde su cara. Paca quedó atónita, nunca había sentido la bravura de Pili, tan pequeña, tan cariñosa. Se le quedó agarrada en la cara y aquel encharcada su cara de sangre se la quitó como pudo de encima, llevándose Pili un trozo de carne de su nariz entre sus colmillos, éste gritaba de dolor, pero también de odio, y aunque se desangraba, cogió a Pili del rabo y se la llevó colgando como se hacía con los conejos, Paca estaba aterrorizada, gritaba sin parar -¡ no, no, no, déjala, no, no te lo suplico te daré cada uno de mis pelos, suéltala! Su madre que ya se había percatado del suceso, salió le ordeno a gritos que la dejara, pero éste no hacía caso de nada ni de nadie, la ira le invadía, se llevó a Pili y a Paca enganchada a sus piernas para no dejarle ir, pero de una patada en la cara hizo saltar a Paca por los aires quedando tirada sobre el suelo aterrada mirando la cara de Pili colgando que la miraba pidiéndole ayuda gritando socorro con fuertes lloros. La bestia se dirigió al pozo y cogió el cubo, metió a Pili que ya estaba inmovilizada, sin apenas fuerzas para defenderse y se dispuso a atarlo a la soga del pozo para tirar a Pili hasta el fondo, de repente, sin esperarlo, su madre de nuevo le ordeno que lo dejara y sin hacer ningún caso, el monstruo de hermano siguió con su plan, y de repente, un estruendo, una explosión, su madre había cogido una escopeta que por casualidad se encontraba apoyada en un pilar de algún hombre que había salido a cazar en el coto y habría entrado a coger sustentos; y disparó con toda precisión dando en el centro del hombro de aquel maldito hijo. El cartucho le atravesó y saltaron astillas de sus huesos por el aire, la sangre brotaba del agujero que le había causado y sin fuerza, soltó el cubo donde estaba Pili, que al verlo salió corriendo y se tiró sobre Paca a la que no dejo de lamer la cara y esta se levanto y la abrazó tan fuerte que hasta un quejido salió de aquella pequeña cosita. En ese instante, Paca fijo su mirada sobre los ojos de su hermanastro, y de ellos salieron fuego, salió toda la fuerza de la venganza que le esperaría de Paca la Jara.