domingo, 29 de enero de 2017

MI TIEMPO

Hoy quiero hablaros del tiempo, o tal vez quiero hablarme del paso del tiempo o de mi tiempo. No del tiempo meteorológico, sino de ese que es como un contador por pasos, que son días o minutos, como quieras contármelo. No es un contador para el calculo sino que es como esos relojes por donde baja la arena, que lentamente despiden partículas de vida de la parte superior a la inferior. Bajan no por el peso del tiempo o de la tierra sino por el efecto de la fuerza de la existencia, que se puede llamar gravedad o tal vez la propia vida.

El tiempo no se acumula para tener más pasado, no olvidemos que el pasado no existe sino que hay recuerdos y los recuerdos son momentos que pasamos por el corazón, los vividos porque los que no lo hacemos siguen siendo una esperanza, a veces una ilusión que tal vez nos haga realizar un sueño, pero irreal, intangible; como el propio tiempo que sabemos que pasa pero dudamos incluso de su existencia cuando lo llamamos eterno.

Hoy he visto una película donde no hablaban del tiempo pero si de las segundas partes u oportunidades, porque solo a veces el tiempo que es la vida te da esa posibilidad. Pocas veces puedes rectificar, o tal vez volverlo a intentar. El tiempo es un límite de espacio y regresar nunca es posible, solo cuando se tiene esa fortuna se puede empezar una nueva hoja en blanco y empezar. Como dicen los libros se acaban y las hojas se caen. Los libros se acaban y se empiezan otros, y las hojas, ay las hojas nunca vuelven, el otoño se las lleva y la primavera nos trae las nuevas. Asi es el tiempo, a veces un comienzo y tantas otras veces un final.

En esa película se hablaba de esas segundas partes, de que nunca es tarde para volver a empezar, sin embargo, los comienzos no pueden surgir de un final. Si es así nunca será una partida sino una hoja amarilla que antes fue blanca y ahora tan solo sirve para describir lo que antes alguien escribió sin que lo viviéramos. Los finales no son principios, los finales solo tienen espacio en la estantería de la memoria, que quedaran para el recuerdo de unos y para el olvido de tantos otros.

Dicen que hay más tiempo que vida, y es verdad. La vida es un trozo de ese tiempo y por eso siempre tendremos intactas nuestras oportunidades, siempre es posible, no hay nada que no podamos hacer porque el tiempo es tan infinito o finito como la propia vida y si de eternidades hablamos, tal vez deberíamos dejar de medir el tiempo en minutos y devolverlo a su original medida en momentos.

Hoy he tenido tiempo y me he puesto a escribir, lo que realmente me llena en esta vida es compartir y hablar de la vida. Soy tuitero por amor a la palabra breve, soy parco en expresión pero rico en emociones. Hoy he tenido tiempo porque nadie me lo ha robado, ni siquiera la vida, la principal ladrona de tiempo. Hoy he decidido burlarme de todo y venir a mi blog y compartir mi tiempo, pensaros porque realmente os quiero, sois esas miradas anónimas que tal vez nunca llegue a conocer pero que siento en mi alma como letras que están gravadas hasta el final de mi tiempo. No dudo en daros lo único que tengo, porque no tengo absolutamente nada más que tiempo y eso es mío cuando no me lo roban, e incluso a veces yo lo mal gasto. Qué triste es eso de dejar pasar el tiempo, aquello de perder el tiempo o mal gastarlo como he dicho. Al menos al mal gastarlo se gasta el otro se pierde o se deja pasar sin vivirlo. La vida no es más que tiempo y si lo dejamos pasar, dejamos pasar la vida y yo no quiero hacer eso, si lo hago es para hablarlo con vuestras sonrisas, esas caras anónimas que amo, que son mi vida y a las que dedico la mayor parte de mi tiempo que es como deciros, que os dedico mi vida.

Hace unos pocos días alguien me enseñó que hay tiempo para todo, porque el tiempo dura tanto como la vida.

Feliz vida... Os Amo tanto...Hasta siempre.





domingo, 22 de enero de 2017

MAGIA


Increíble como la vida nos une con personas que jamás imaginamos y nos aleja de otras que pensamos que siempre estarían ahí. A veces lo llamamos sorpresa, otras le decimos destino; para mi es la magia de esas personas de hacerse existir, de poderlas ver hasta en el infinito. Personas lejanas en la distancia y tan próximas como el aquí al lado donde el corazón les roza el alma.

Utilizan la magia sin trucos porque es posible que ni ellas mismas sepan que conocen de sus artes, tan solo se sienten normales con su poder de encantar, de atraer y porque no decir de empatizar utilizando todos los vínculos del amor. Porque el amor no es solo eso que se pinta en las paredes con una flecha atravesando el corazón. El amor son muchas cosas lejos de ser un único sentimiento o mejor dicho, una única manifestación de humanidad. El cariño es el pincel del amor, ese dibujo abstracto que te deja sin saber que decir, esa sensación de bienestar que se refleja en un domingo tal vez, en un dia de chimenea y calor. La calidez del amor es la cercanía de la amistad, el bucle dorado de la confianza y la complicidad. Amor son muchas herramientas del ser que se pueda llamar humano. Pero esos instrumentos son difíciles de manejar, a veces incluso complicados de entender, y por eso quien tiene magia y no usa de trucos falsos, sabe llegar, empatizar, sonreir; sabe alegrar la vida de los demás haciendo lo propio con la suya porque vive de la siembra de sus propios frutos.
La magia es el arte de mirar, de hablar, de saber estar. Es conocer el movimiento de las manos, mover los dedos como si te tocaran sin apenas rozar un instante la piel. La magia es entender incluso aquello que no se dice y comprender que todos podemos tener un día malo e incluso una mala vida y sin embargo no por eso dejar de ser algo especial, una criatura llegada de lo más eterno de la vida.

El mago es un ser honrado, honesto con la expresión del mas mínimo sentimiento, porque cuando lo expresa es tan sincero, que la verdad no es suficiente para poderlo apreciar. Un ser puro, sin matices, con curvas y con espinas; pero auténtico en su esencia. Es el propio origen de la vida, aquella que carecía de maldad, que solo respirara aire puro y se manifestaba como una suave brisa incluso antes de llegar a ser aire. Es un ser bueno, pero no bonachón porque la inteligencia de sus instintos le permite saber distinguir entre un sabio y un simple bufón. Es la vida sin más matiz que los latidos intensos de un corazón tan hermoso como su propio amor.

Ser mago es tener esa habilidad para unir en aquello que es más fácil separar. La magia es la forma de crear arte, de hacer de la belleza la razón de ser y la bondad la forma de vivir. La ternura de sus instintos, la dulzura de sus sentimientos destaca a esas personas que se manifiestan a través del color de sus ojos tras un cristal de brillo eterno. La magia de hacer posible donde la rendición sería lo más fácil; llenar de esperanza el futuro y crear la ilusión cada día tras esa cortina que llamamos amanecer.


Tal vez todos seamos magos, pero no todos tenemos magia.


domingo, 8 de enero de 2017

DE REGRESO

Dicen que todos regresamos allá donde nos quieren. Dicen que quien nos quiere son hogar, que reciben; que sus brazos siempre están abiertos para abrazar, para cobijar; para tapar los agujeros de la vida.

DÍa de regreso, de reencuentro con la palabra, con esas letras que han sustituido el amor en mi vida para habla del amor de la vida, para ser un entre tu y yo con la pureza de lo platónico, de eso que queda en lo ideal pero perfecto, sin matices y sin mas que añadir que no sea la palabra amor con todas sus extensiones.

Regreso donde me cuidan, donde estas tu que me lees y que a veces te gusta y otras no. Me sientes, te transmito algo que no se ni lo que es pero nos acerca aunque disfrutemos de gustos diferentes. Tal vez te parezco algo ñoño, blando frente a la dureza de la existencia; es posible que no comulgues con la forma de sentir la vida pero en todo caso las palabras crean un tu y yo. Una simbiosis difícil de entender incluso en la lejanía, porque yo estoy a tu lado, estoy cerca porque estar separados no es alejarnos siempre que tengamos un volver en la mochila de los deseos; de esos sentimientos que se proyectan más allá de lo nuestro y más cerca del amor que de la distancia.

Los volvemos son para llevar, pero los te quiero para dar y manifestar siempre que te llegue al corazón el deseo de acercarte con cada latido y no confundir nunca bostezo con suspiro, porqué aunque la paciencia tenga límites, tu y yo somos para siempre.

El papel y la letra son uno para el otro y así lo quise expresar en el regreso a casa, a tus brazos en blanco con mi tinta gravada en el corazón de los sentimientos.

Volver siempre estuvo en el bolsillo del fondo a la derecha; querer cerca de la salida, junto a esa cremallera que nunca se cierra y que como los caramelos en la cabalgata de Reyes se entregan por calles y esquinas, no tanto para provocar alegrías, pero si tu sonrisa como la de esos niños, qué sin saber el motivo, luchan por ese dulce de la ilusión, tal vez por el sueño de la noche que les espera. Como tú y yo, una esperanza, un sueño cubierto de ilusión que cada noche me abraza cuando cierro el balcón de los días y lo convierto en estrellas del corazón.

De regreso te quiero, de vuelta te amo por los cuatro costados, tantos como por donde caen los caramelos de los Reyes y tu sonrisa se refleja en el cristal de un día de invierno, como el de hoy.


De regreso, te quiero…