domingo, 8 de enero de 2017

DE REGRESO

Dicen que todos regresamos allá donde nos quieren. Dicen que quien nos quiere son hogar, que reciben; que sus brazos siempre están abiertos para abrazar, para cobijar; para tapar los agujeros de la vida.

DÍa de regreso, de reencuentro con la palabra, con esas letras que han sustituido el amor en mi vida para habla del amor de la vida, para ser un entre tu y yo con la pureza de lo platónico, de eso que queda en lo ideal pero perfecto, sin matices y sin mas que añadir que no sea la palabra amor con todas sus extensiones.

Regreso donde me cuidan, donde estas tu que me lees y que a veces te gusta y otras no. Me sientes, te transmito algo que no se ni lo que es pero nos acerca aunque disfrutemos de gustos diferentes. Tal vez te parezco algo ñoño, blando frente a la dureza de la existencia; es posible que no comulgues con la forma de sentir la vida pero en todo caso las palabras crean un tu y yo. Una simbiosis difícil de entender incluso en la lejanía, porque yo estoy a tu lado, estoy cerca porque estar separados no es alejarnos siempre que tengamos un volver en la mochila de los deseos; de esos sentimientos que se proyectan más allá de lo nuestro y más cerca del amor que de la distancia.

Los volvemos son para llevar, pero los te quiero para dar y manifestar siempre que te llegue al corazón el deseo de acercarte con cada latido y no confundir nunca bostezo con suspiro, porqué aunque la paciencia tenga límites, tu y yo somos para siempre.

El papel y la letra son uno para el otro y así lo quise expresar en el regreso a casa, a tus brazos en blanco con mi tinta gravada en el corazón de los sentimientos.

Volver siempre estuvo en el bolsillo del fondo a la derecha; querer cerca de la salida, junto a esa cremallera que nunca se cierra y que como los caramelos en la cabalgata de Reyes se entregan por calles y esquinas, no tanto para provocar alegrías, pero si tu sonrisa como la de esos niños, qué sin saber el motivo, luchan por ese dulce de la ilusión, tal vez por el sueño de la noche que les espera. Como tú y yo, una esperanza, un sueño cubierto de ilusión que cada noche me abraza cuando cierro el balcón de los días y lo convierto en estrellas del corazón.

De regreso te quiero, de vuelta te amo por los cuatro costados, tantos como por donde caen los caramelos de los Reyes y tu sonrisa se refleja en el cristal de un día de invierno, como el de hoy.


De regreso, te quiero…



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