sábado, 30 de noviembre de 2013

ENCUENTROS

Dicen que los días previos a un encuentro se colman de ilusión, sin pensar que puedan terminar en decepción. Esa esperanza surge porque todos nos alimentamos del amor, la materia prima de cualquier sueño. Esperamos ser recibidos con los brazos abiertos de par en par, o tal vez, con un poco de suerte con un beso. Son tantas las ocasiones que nos lanzan un beso al aire y con este se van, que necesitamos uno real para saciar unos labios sedientos de amor. Esa ilusión la mantenemos en esos días previos al encuentro, momentos que tal vez, sean mucho mejor que cuando se haga realidad. Los sueños se alimentan del amor por eso nos crean la ilusión, de ser recibidos por un corazón que también esta alimentado por el amor. Es tan alta la meta que nos hemos marcado, que si cuando se produce el encuentro no coincide con esa ilusión, surge la decepción. No por ello debemos renunciar a ese sueño que conforme pasan los días es alimentado mas y mas por el amor. Cuando llega el momento esperamos que se haga realidad, que vivamos lo que hemos soñado y que incluso la realidad, supere a la ficción. Algunos piensan que es mejor no hacerse esa ilusión, no esperar nada y así nunca sufriremos una decepción. Cuando nuestra alma esta repleta de amor, nuestro corazón es arriesgado y si el encuentro no es el esperado, lo lloraremos solos en nuestro interior. Son las lágrimas del alma, que aunque no se ven, brotan como cántaros en nuestro corazón. Aunque el encuentro no resulte como lo esperamos, nadie nos quita esos días previos, donde vivimos la plenitud del amor.


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