domingo, 29 de julio de 2012

EL CONDADO DE MUDELA. CAPITULO XIX


EL CONDADO DE MUDELA. CAPITULO XIX

La sucesión  no fue fácil, no toda la nobleza española de aquella época pudo entender, que uno de los títulos mas grandes de España pudiera ser heredado por una hija bastarda que vivía en pecado con otra mujer. Lo legítimo para ellos hubiera sido seguir las reglas de sucesión en la familia de Don Bernardo, algún primo, un pariente lejano; pero no en una mujer nacida del pecado.

Su nombramiento, culminado a su estilo, con aquellas palabras aceptando el título y el legado recibido, fue muy criticado. Un noble no necesita justificar su linaje ni su poder sobre los siervos, un miembro de la aristocracia española, con tan solo su título se le debe respeto y obediencia sin necesidad de justificación alguna.

De forma estricta y austera, fue felicitada por cada uno de los miembros de la nobleza que asistieron al acto, así como por el representante de Su Majestad el Rey; una vez cumplido el protocolo, todos desaparecieron, cada uno por su camino, en sus carruajes. Terminados todos los actos, Paca recién nombrada Condesa de Mudela, quedo sola en la puerta del caserón mirando al infinito, observando cada una de las cepas de los viñedos, los árboles, las cuadras, la granja, la bodega, las diferentes edificaciones, sus caminos; no se le escapo ni un solo detalle, se sentía extraña, nunca había tenido ningún poder y ahora era la dueña y señora de todo eses vasto territorio del sur de la meseta castellana. Propietaria de aquellas tierras, dueña de sus habitantes y autoridad en el Condado y de los pueblos aledaños. Se sentía abrumada, incapaz, los hechos se habían sucedido a gran velocidad, sin asumir todo lo que ello suponía aunque hacía años que su padre la había nombrado como legítima heredera; a pesar de ello ahora era una realidad y no podía ni dar un solo paso, ni mover un solo músculo, tan solo miraba el horizonte sin pestañear.

Ensimismada en sus pensamientos, asustada por la responsabilidad, por su repentina soledad, de repente, una mano, un tacto, un roce, una caricia, una mirada; Margarita a su lado, tomándola por la espalada, con su melena rubia entregada al fino viento que se había levantado, la cogió fuerte, como si supiera que en cualquier momento caería, tomo su cintura, acerco su pecho al cuerpo de Paca para que sintiera su corazón, para que materialmente comprendiera que estaba allí, que contaba con su total apoyo y su ayuda, que para ella nada había cambiado, que seguirían juntas, que las debilidades de una se complementarían con la fortaleza de la otra, que la tenía incondicionalmente, que nunca la dejaría, que tan solo la muerte las haría separar, pero que hasta entonces, allí estaría, a su lado para compartir sufrimientos y alegrías; que el amor que entre ellas existía podría con todo y con todos; pues no sería fácil gobernar esos pueblos, esas tierras, por una mujer en mundo dominado por los hombres.

Pasaron unos días y La Condesa despachaba con el capataz, encargados de los campos, de las cuadras, dando instrucciones, pidiendo consejos, a lo que no estaban acostumbrados ninguno de sus siervos y firmando documentos. También recibía a las autoridades, miembros del concejo, escribanos, notarios, el juez de paz; todos ellos estaban bajo su autoridad y su nombramiento y sus cargos dependían de ella. Mantuvo a todos los que estaban y nombró a otros; cumplía con todas sus tareas y obligaciones de forma ordenada y así cada día.  Al amanecer se levantaba de la cama, se deslizaba de las blancas sábanas de seda y contemplaba a Margarita dormida, en cierta parte la envidiaba, era un ser libre, sin obligaciones ni ataduras, tan solo permanecía a su lado por amor, una gran amor, criticado e insultado por tantos. Su vida podría haber sido mas fácil, podía marcharse en cualquier momento, no la sujetaría y sin embargo, ahí con sus cabellos del color del oro sobre la blanca almohada, dormía como un ángel, con su rostro blanco y su conciencia en paz. Como cada día, antes de salir para el caserón, le regalaba un delicado beso, suave, tierno, silencioso para que no despertara, para que siguiera en sus sueños y en su mundo, aunque su deseo fuese otro, despertarla, abrirle su ojos azules y juntar sus labios a esos otros labios, de un rojo intenso y saborearlos juntando una y otra vez sus lenguas hasta tomar todo de ella. Sin embargo, en silencio, un beso en la mejilla y nada mas, cada mañana comenzaban las tareas de Condesa y a ellas se debía.

Cuando había pasado  poco más de un año desde su nombramiento, Benito capataz del Condado, pues así fue nombrado por Don Bernardo y así lo mantuvo, comunicó a Paca que abandonaba su puesto y que se marchaba del Condado a la vendimia de otras tierras, que su tiempo allí había finalizado y por su puesto le pedía permiso y autorización puesto que a ella como Condesa se debía. Paca tenía todo el poder para retenerlo e incluso para que recibiera su castigo por hacer aquella petición; sin embargo lo dejó marchar, al final era un pobre desgraciado, un hombre simple, que en la juventud le cegó su con su amor, pero que cuando tuvo que tomar responsabilidades, cuando tuvo que ser un hombre, tan solo fue un villano desgraciado. Si lo dejo marchar, seguían esposados, así seguirían, no había otra opción en esa España dominada por clérigos y sotanas, a tanto poder no llegaba. Y se marchó con lo puesto. Meses después tuvo la noticia de que había muerto bajo las ruedas de un carro, con una muerte violenta, ya que al parecer sus pesadas ruedas pasaron una y otra vez por encima de su cuerpo, hasta romper en pedacitos cada uno de sus huesos. Sus restos los trajeron al pueblo para recibir cristiana sepultura, Margarita asistió, era su única familia, ya no vivían sus padres ni familiar alguno. Paca, la viuda, sin embargo no fue a dar el último adiós, ni su cargo ni sus deseos se permitían. Benito fue un gran engaño en su vida, había recibido su merecido.

Cuando Benito abandono su cargo de capataz y abandonó El Condado, Paca decidió hacer algunos cambios. Uno obligado debía nombrar un nuevo capataz. Para ello eligió a Celestino, el hijo de Fermin el de las cuadras que aunque hombre con conocimiento y experiencia ya era muy mayor y pocos años le quedaban. Necesitaba alguien joven, fuerte y capaz, alguien que supiera dirigir los campos, la bodega, los tratos con los comerciantes; una persona en la que pudiera confiar y le quitara alguna responsabilidad; y para ella Celestino era el hombre ideal, de poco mas de cuarenta años, criado en El Condado, lo había visto crecer y trabajar. Conocía el oficio y junto a él nombro a Fernanda, la esposa de éste, como la encargada del servicio  y del  mantenimiento  de el Caserón. También la había visto crecer, criarse en El Condado y sobre todo, cuidar a su madre Saturia a la que le quedaba poco tiempo en la tierra, le sobraban los años; y  le estaba muy agradecida.

Quedaba una última decisión, había pasado ya mucho tiempo desde que fue nombrada Condesa de Mudela y seguía viviendo junto a Margarita en la casa que el Conde le cedió cuando se casó. Allí no entraba el servicio, Margarita se encargaba de las tareas domésticas. Las comidas, la limpieza. Pero esa situación no podía continuar, debía trasladarse a vivir al Caserón, no solo por los rumores, sino por dignidad del título, debía ser servida por los sirvientes, no por su amada, debía residir en el lugar que le correspondía y con los lujos de esa gran casa.
Esa decisión estaba tomada por Paca, ahora debía comunicársela a Margarita que no le haría ninguna ilusión. Ella estaba encantada en servir a su amada Paca, a seguir viviendo en la discreción sin nadie mas, sin gente que entrar y saliera constantemente, que le pusiera el pollo en la mesa sin haberle retorcido el cuello ella y cocinado.
Una mañana al despertar, no solo hubo un beso en la mejilla de Margarita, ese día Paca la despertó con otro beso pero en el centro de sus rojos labios. Margarita entreabrió los parpados y dejo ver sus azules ojos regalando a Paca una suave sonrisa, le había gustado ese despertar.  Aunque después del beso, la sonrisa, el placer de los labios juntos, Paca le dio la noticia, se trasladaban a vivir al Caserón, así lo había decidido y le dio las explicaciones que entendió convenientes. Margarita dijo cien veces que no, que allí no sería feliz, que necesitaba servirla a ella y que no la sirvieran, que por favor le pidió que se marchara ella, que lo entendía, pero que la dejara permanecer allí y ser ella quien desempeñara las funciones de esa tal Fernanda, y algo mas, alguna noche, en la que los deseos carnales así lo pidieran, que era su sierva, que le mandara y obedecería en todo.

Paca la cogió de su mejillas, acerco su cara a la suya, la beso en cada una de ellas, se separó unos centímetros y de su boca salieron unas palabras suaves, tiernas pero también de Condesa: “ mi amada, tu eres lo único que me mantiene en vida, la razón por la que lucho cada día, por la que acalló miradas y comentarios, sobre tu y  yo, mi amor, tu serás servida, como si fueses mi esposo y no dudaré en acabar con la vida de cualquiera que lo ponga en duda, que nos juzgue. Mi amor por circunstancias de la vida, tu no debes servir a nadie, tienes que ser servida, te lo pido por nuestro amor, por mi y lo harás, porque además  – paca, en ese momento tomo un poco de aire y se le acercó un poco mas – porque además, mi amor como tu señora es mi deseo y lo cumplirás”

Paca de repente despertó, se había quedado sumida en sus sueños, pero un golpe de aire rompió la ventana e hizo añicos los cristales que saltaron encima de la cama, El Condado estaba en llamas, era una imagen aterradora, todo estaba siendo devorado por el fuego e incluso la casa. El techo se había tintado de rojo y el humo empezaba a colarse entre las tablas. El caserón estaba ardiendo, el tiempo de Paca se acababa.
  

CIERRA TUS OJOS

Tal vez no puedas, no te es posible o no encuentras con quien ir. Ese viaje tantas veces planeado pero no realizado. 
Estas sola, enciende un fuego, cierra los ojos, desealo con fuerza, encontraras un abrazo que te lleve a ese paraiso soñado, mira la vida con otros ojos.
Ya estas en el mar, has llegado, mantén los ojos cerrados, las velas son blancas y están abiertas, parte a ese lugar con un abrazo de brisa, sentirás un frescor en tu corazón.
También era verano, y cierro los ojos como tu, los tengo completamente cerrados, recibí ese primer beso cuando se ponía el sol.
Tal vez este verano, no recibas ningún beso, tal vez no alcances ese paraíso, pero mantén los ojos cerrados como yo; y ya está, no te has movido, lo has sentido y lo has visto y lo has tenido, ese primer beso de nuevo en un atardecer de verano.

COMPLICIDAD. FIDELIDAD

Cuando abrimos nuestro corazón, cuando dejamos abierta de par en par toda nuestra alma, es un regalo generoso, nos descubrimos y no escondemos nada, eso es la complicidad de dos personas. Se conocen, se saben, no ha secretos entre ellos; son complices de sus pensamientos y en sus miradas, frente a los demas, son fieles porque lo tienen y lo saben todo del otro. Frente a los demás son uno, entre ellos uno es parte del otro y el otro parte del primero. De la complicidad surge la fidelidad. Pensamientos, gustos, entrega y renuncia. La fidelidad yo la presupongo, no la busco, la considero existente sin preguntarme mas, sin dudar. Este pensamiento muy mío es arriesgado, puede ser doloroso, cuando te equivocas, cuando se pierde la complicidad ya no hay fidelidad. Buscar la perfección no es de locos, es simplemente la aventura de vivir, a veces la encuentras y otras no, pero el riesgo es necesario y llegar la mas absoluta armonía entre dos seres.

TE EXTRAÑO

La extrañeza es un sentimiento complejo. Has conducido tu vida acompañado, has compartido muchos momentos y espacios. Llega un momento de desolación, de ausencia y te encuentras perdido. Lo que antes siempre hacías con esa persona, no sabes si lo harás, siempre lo hacías con esa persona. Un viaje, y te preguntas ¿volveré a viajar?, al cine ¿volveré?; no lo se, pero aunque hubiera una respuesta, te encuentras perdido, desorientado y aunque digan que nadie es imprescindible, que solo lo somos nosotros, no puedo compartirlo, porque ni lo entiendo ni lo creo. Nadie es imprescindible en general para este mundo gris y triste que nos está tocando vivir en esta parte del mundo, pero en particular si, hay personas imprescindibles que sin ellas, el mundo no es lo mismo aunque lo veamos de color.

domingo, 22 de julio de 2012

LA DESOLACIÓN

Ayer quise compartir unas palabras sobre la soledad, sobre el fruto positivo que podemos encontrar en esa situación. De pronto, y gracias a una amiga, mis palabras se convirtieron en imágenes con un mensaje. Lo que a veces entendemos por soledad, no es eso, es desolación, es la extrañeza de alguien importante en nuestra vida que no esta y pensamos convencidos de que con su presencia estaríamos mucho mejor y se convierte en amargura, porque ni ese sentimiento llegamos a poder compartirlo con los demás como poderosa necesidad humana, compartir y ser comprendidos. Yo he estado y en muchos momentos me encuentro desolado, angustiado y amargado, porque como antes dije, pienso que la presencia de una persona estaría mucho mejor. La soledad la he vivido con plenitud, la desolación es un estado de amargura de perdida. LA EXTRAÑEZA de la persona que no esta a tu lado.
LA SOLEDAD

Cuando hablamos de la soledad siempre lo hacemos desde un sentido negativo. Estamos solos y la gente nos dice que no, que siempre hay alguien. Como decía el escritor la soledad puede ser sonora. Te tocas el corazón y late, estas vivo por algún motivo o alguna razón, pero estas solo. Esa es la única verdad, nos tenemos a nosotros mismos y nada mas, y solos debemos buscar la felicidad y nuestro espacio.
Si la soledad fuera una circunstancia tan negativa, ¿porqué muchas veces decimos que nos gustaría perdernos en una isla desierta?

EL CONDADO DE MUDELA. CAPITULO XVIII

Paca envuelta en sus pensamientos que la llevaban a los límites del limbo, conforme pasaba el tiempo estaba siendo cada vez mas presa de las fuerzas de la naturaleza. Los cristales empezaban a romperse por el golpe de las piedras de hielo que caían del cielo, las ventanas se abrían y cerraban dando golpes sin cesar, y también estaba el fuego, alimentado por los árboles del Condado y las cepas de los viñedos, en el exterior todo era destrucción y desolación, el fin del mundo parecía cada vez mas cerca.

Tal vez no fuera el fin del mundo, pero si se acercaba el fin de su vida. Paca así lo sentía, El Condado anegado y quemado, y su vida marchita, seca, vacía con cada vez menos energía, tan solo su pasado, sus pensamientos y su mirada fijada sobre el resplandor del vidrio roto de la ventana. Miraba sin parpadear, se veía reflejada, su cara, su rostro y una leve sonrisa bañada por una comisura de goteo de lágrimas de sus ojos, no de tristeza, de añoranza, de alegría. Junto a su imagen distorsionada por el movimiento de las llamas de la vela, pudo apreciar una imagen angelical, era Margarita mirándola, sus ojos clavados sobre su rostro. Ella postrada en la cama esperando a las ánimas y un ángel vigilante protegiéndola del mal. Estaba allí con su melena rubia, con su vestido blanco y su tez morena, la miraba, la llamaba, le daba confianza, estaba allí, la protegería en el tránsito  en el que el alma original se libera del cuerpo. Sonreía, no tenía miedo, se sentía protegida, su amiga, su amada, su compañera, su extrañeza desde que hacía unos pocos días la dejo abandonada, cuando su espíritu se alzo de sus carnes para liberarse de la vida en la tierra.

Lo cierto es que Paca durante su vida siempre estuvo sola, no dependió de nadie ni de nada, ninguna atadura por las pérdidas, tampoco le habían dado amor ni presencia como para añorar a nadie, tan solo a Pili su fiel compañera durante tantos años, aunque justo en el momento de su pérdida, la llegada de Margarita ocupó esa ausencia. Su soledad había sido rica en silencio a pesar de tantos sucesos trágicos que le había tocado vivir, pero siempre se tuvo a ella, su imaginación, sus paseos, sus reflexiones. Paca durante su vida había llenado con su brillo, con su esplendor, todo el espacio que le rodeaba, a ella y a los demás. Pero ahora esa soledad vivida e incluso buscada, se había convertido en desolación, la pérdida de su amiga, su amante y compañera; la única persona que le había dado el amor del que todos estamos sedientos si no lo encontramos. Ella durante un tiempo lo había tenido con Benito, pero duro poco, y su pérdida, un día de vendimia arrollado por un carro cargado del fruto de la vid, no le desoló, tan solo la entristeció por la decepción. La desolación llegó tan solo unos días atrás cuando Fernanda se encontró al cuerpo de Margarita sin aire, sin vida, solo su cuerpo, porque su espíritu, su energía vital, no había desaparecido, tan solo se había transformado en un ángel blanco, que en ese momento, la seguía protegiendo y cuidando, observándola desde la ventana.

Desde que el Señor Conde anunció su legado, desde que Don Bernardo de Mudela informó a todo el Condado y a las autoridades de su legado, de su sucesora en el  título, de los grandes del Reino de España, a su hija Francisca, su vida cambió, todos bajaban sus cabezas a su paso, nadie se atrevía a juzgarla en su presencia ni en su ausencia ni a ella ni a su compañera Margarita con la que siguió conviviendo en su casa, sin Benito, que desde ese momento cambió de aposentos y fue a vivir como un siervo a mas con el resto de sirvientes del Condado. Ella y Margarita solas, respetadas y veneradas.

Fueron años intensos, vitales, vividos. Cabalgando a caballo, bañándose en las lagunas, disfrutando cada una de las vendimias, comiendo uvas junto al fuego, con un trozo de queso, pues como decía Margarita: “las uvas con queso, saben a beso. El esplendor radiante de ambas lo inundaron cada uno de los rincones del Condado, hasta el último límite de sus confines.  Fueron años de máxima prosperidad, la naturaleza le acompañaba, todo era fértil y de los ojos tristes de sus habitantes, apareció la alegría. Organizaba verbenas, bailes, fiestas por cualquier motivo. Ella como nadie sabía que cada uno de nosotros somos capaces de transmitir la felicidad, de regalarla y contagiarla, y que ese acto generoso tienes sus frutos, y así ocurrió, El Condado cada vez era mas rico y próspero.

Su padre, el Señor Conde, desde el día que anunció su legado, se encerró en el caserón, poco se le veía, algunas veces en paseos nocturnos cuando los habitantes dormían, tan solo sus sirvientes y Paca, que decidió no solo ser la heredera del preciado título nobiliario que la convertiría en una de las Grandes de España, sino también decidió ser su hija y comportarse como tal, como Francisca de Mudela.

El Conde envejeció con gran rapidez, cada año que pasaba, para él eran décadas, poco a poco se fue apagando, las faltas de ganas de vivir, su vida carente de amor y quemada por la violencia y la sangre, habían hecho mella en su cuerpo que cada vez se apagaba mas. Tan solo le alegraba, le daba ciertas ganas de vivir, la presencia vital de Paca. Le leía libros por las tardes hasta el anochecer, hasta que llegaba la cena, el sentado en la mecedora ensimismado con su mirada fija en la ventana contemplando sus tierras. En ocasiones, no sin cierta oposición del Señor, lo cogía del brazo y le obligaba a dar algún paseo por el caserón y sus patios, le daba aliento, le daba la vida que nunca había tenido, un poco de amor, tal vez cariño, un poco de ternura tan ausente en su vida.

Algún murmullo circulaba por El Condado. El agradecimiento interesado  por el Legado recibido, pero pronto callaron. Los ojos de Paca siempre habían sido muy expresivos y sinceros, y las gentes callaron, por que el cariño a la sucesora cada vez era mayor entre las gentes del Condado y de los pueblos que pertenecían a su mandato.

Una tarde de otoño durante la lectura diaria,  Paca se sintió observada, entonces alzo sus ojos del libro para mirar a su padre ausente durante tantos años, la estaba mirando con ojos de felicidad, una pequeña sonrisa, una mirada cómplice, un soplo de cariño que le llegó hasta lo mas profundo de su corazón, y de repente, esos ojos fueron tapados por sus párpados, un último suspiro y el peso de su cabeza cayó sobre sus hombros. Paca se levantó, se acercó a él y comprobó que no respiraba, que su padre se había ido, que el Señor Conde de Mudela les había dejado. Lo abrazó y lloro, durante un buen rato se mantuvo junto a él hasta que llegó el momento de dar la noticia. Salió del caserón y ordeno a Benito que convocara a todos en la puerta del Caserón, allí firme, junto a Margarita, aunque guardando una distancia apropiada al momento, anunció a todos la muerte de Don Bernardo de Mudela y ordenó convocar a todos los habitantes de los pueblos aledaños y a los del Condado para preparar el sepelio durante tres días de duelo.

Así sucedió, un constante  paso de gentes por la estancia donde se hallaba el féretro, todos pasaban ya con la cabeza baja daban su última despedida a Don Bernardo. Fue deseo de Paca que ese último acto fuera un gran homenaje a aquel hombre, que gobernó esas tierras durante años y que además fue la semilla de su existencia.

También llegaron muchas gentes de otros pueblos, otras provincias y de la capital. Toda la nobleza del Reino de España acudió al funeral e incluso Ministros del Gobierno y el asistente personal del Rey.

No solo se celebró el funeral, sino que tras éste, el representante del Rey en persona, con todos los honores, teniendo presente la escritura firmada por El Conde, nombró a Paca en el título, no sería nunca mas Paca la Jara, desde ese momento se le  nombró como,  Su Excelentísima Condesa de Mudela. Una vez hechos todos los honores, con Margarita cerca pero a cierta distancia cruzándose las miradas, La Condesa se saltó todos los protocolos yen  un acto impulsivo se dirigió a todos los presentes, con estas palabras:

Exceléntisimos miembros de la nobleza, Grandes de España, Señor delegado de Su Magestad el Rey, sirvientes y habitantes de El Condado, a todos les dirijo estas palabras para resaltar el gran pesar que sufro por la muerte de mi padre, un gran señor, que ha llevado el título de este Condado con honor y sabiduría. A todos les manifiesto, que seguiré sus pasos, que honrare este titulo, sus tierras y sus gentes, pero que nunca olviden, sus obligaciones y deberes, porque este legado me obliga y a él me debo, respetarlo y si no es así no dudaré en castigar cualquier acto contrario a la Nobleza de El Condado de Mudela, así lo ordeno y lo haré cumplir·

lunes, 9 de julio de 2012

Corazón

No entiendo la relación que hay entre dar amor y regalar joyas, pedir la mano con un anillo de diamantes. El único brillante que tenemos es nuestro corazón y tanto cuesta entregarlo que hay que disfrazarlo con joyas. Es comprar el amor, lucirse con lo caro, con lo lujoso. No funciona, el amor no tiene precio, es entregar nuestro corazón luminoso y brillante.


domingo, 8 de julio de 2012

EL CONDADO DE MUDELA. CAPÍTULO XVII



Era un extraño olor el que entraba por los entresijos de la ventana, el que llegaba del exterior hasta la cama donde se hallaba postrada Paca. No era ese olor fresco y agradable de la tierra mojada, era un olor sucio, desagradable, fruto de la mezcla de la humedad y de la madera quemada de los árboles incendiados por los rayos que rodeaban el caserón, la imagen era aterradora. Lenguas de fuego caían del cielo, golpes de piedras contra los cristales de la ventana, arboles devorados por las llamas; El Condado anegado, parecía que el cielo se le caía encima, que las alimañas la buscaban, que la olfateaban, que enloquecían por morder sus carnes pellejosas y arrugadas, aunque lo que más la aterraba era el vaivén de la luz de la vela, rápido de un lado a otro de la estancia, y en un momento se paraba, iluminando su cara sobre el cristal, ahí veía su rostro reflejado y el terror que de su semblante pegado en sus retinas la abrumaban y una corriente fría le recorría todo su cuerpo paralizándolo, tan solo movido por unos vanos espasmos de dolor.

En su mente se repetía una frase constantemente: “camino a tu tumba”, esas habían sido las últimas palabras que durante muchos años dirigió a Benito. Desde aquel día, ese maldito día en el que su amada Pili fue asesinada por su esposo, ninguna palabra se intercambiaron, algún gesto de odio, de resentimiento, de desprecio; tan solo eso quedó tras ese día. Paca pasaba los días metida en la cama y dando algún paseo por El Condado, recorriendo cada uno de sus rincones con los que había compartido con Pili, fue todo para ella, su única compañera, su leal amiga, donde iba una iba la otra, siempre juntas y aquel malvado desconocido para ella, en un solo instante acabó con todo, nunca lo podría perdonar. Se preguntaba durante esos paseos, que es lo que había pasado con aquel joven amable, amante, cariñoso; que había pasado con aquel chico del que se enamoro y la desposó. Tal vez nunca lo conoció y aquella paliza hizo salir todo el mal y el odio que durante años había ido acumulando en sus entrañas, no Paca no tenía respuestas, no lo podía entender, como un solo acto, en solo un día se podía pasar del cielo al infierno, de una vida maravillosa envuelta en flores de amor, a la penumbra del desamor y de las malas entrañas.

Durante esos paseos, cada día visitaba a su anciana madre, lo único que le quedaba de su sangre, a excepción de su sobrevenido padre el Señor Conde, que a pesar de su generosidad y el cariño que intentaba prestarle, para ella era un total desconocido, seguía siendo el Señor, no su padre, sino su amo. Saturia a pesar de la edad, seguía ayudando en la cocina y en las tareas del Condado, aunque las fuerzas no le acompañaban y nuevos sirvientes jóvenes se encargaban de mantener todo a gusto del Conde, ella se negaba a ser una inútil, a dejar pasar el tiempo hasta el fin de sus días y como podía, ya pelando patatas, haciendo algún puchero o alguna tarea fácil que precisara poco esfuerzo, siempre ayudaba, necesitaba sentirse activa para no pensar, en su triste vida. Paca la visitaba y aún después de los años pasados seguía preguntándole por “potage” el último de sus hijos que nunca pudo enterrar, que dieron por desaparecido y que ella aún esperaba algún día volver a verlo entrar por el Condado. Nunca le dijo nada, prefirió mantenerla con la ilusión abierta, esa que tiene cualquier madre por muy malos que sean sus hijos, o al menos eso pensaba, porque Paca nunca sería madre. Ella había sido una hija inesperada, no deseada, bastarda del Señor y nunca habían tenido una relación madre hija normal, mas bien no tuvieron nunca ninguna relación. Saturia se encargó de criarla y nada mas, lo mucho o poco que sabía de la vida se lo había contado su abuela Fidela que en paz descanse y que con su muerte incluso le dio un aviso, una lección. Esa muerte durante la celebración de su boda no fue mas que el anunció de lo que se le avecinaba. Lo que empezó mal, nunca podía acabar bien.

Desde aquel día en el que Benito mató a Pili, ese día en el que se marcó aquel gran farol envistiéndose en la futura Condesa de Mudela, circunstancia que nunca se le había pasado por la cabeza y que ni tan siquiera  lo creía; desde aquel día nunca volvió a compartir lecho con Benito. En una estancia que habían destinado a trastero, colocaron un catre donde a partir de entonces dormiría Benito. Conforme le impuso, cada mañana al amanecer le preparaba unas torrijas y un tazón de leche recién ordeñada para el desayuno, a medio día le traía la comida de las cocinas y por la noches le preparaba embutidos, jamón, queso y una hogaza de pan para la cena, sin olvidar una frasca de vino que cada noche tomaba Paca para conciliar el sueño. Así pasaron varios años, sin cruzar palabra, Benito de capataz del Señor Conde y sirviente de la futura Condesa, ese título que se había inventado pero que había calado profundamente en Benito, tal vez, menos sabio de lo que ella pensaba, tan solo un pobre hombre, por mucho que pensaba, no entendía si había sido engañada o ese sencillo y visceral ser, era el auténtico Benito, tal vez todo fue mentira y realmente él pensaba que Paca realmente sería la futura Condesa y de ahí sus cortejos y el matrimonio.

Una mañana sin previo aviso cuando Paca se encontraba sentada en la puerta de su casa practicando el ganchillo, que un día su abuela intentó enseñarle y que nunca había vuelto a practicar y ahora era una forma de entretenimiento durante tantas horas vacías y solas que pasaba, divisó por el horizonte que se aproximaba un caballo negro y sobre él una amazona de pelos rubio y vestidos blancos, no podía ser, no se lo podía creer, era Margarita a la que no había vuelto a ver desde el día de su boda. De repente las agujas y lanas cayeron al suelo y de un solo movimiento se puso en pié, empezó a agitar la mano, y aquella figura de inmensa belleza a lomos de aquel semental le devolvió los saludos moviendo con una mano un pañuelo blanco y largo. Cuando llegó, bajo del animal, se miraron y se dejaron llevar por un fuerte abrazo y besos mojados entre lágrimas. Las noticias no habían quedado presas en El Condado, se habían dispersado por todas las tierras y pueblos de alrededor. Su situación con Benito era fruto de habladurías y cotilleos, incluso palabras ofensivas hacia Paca por parte de la familia de Benito, pero Margarita nunca las creyó, ni una solo mala palabra había salido de su boca, muy al contrario, ella conocía bien a su hermano, fue testigo de su romance con Paca de sus buenas obras hacía ella, pero nunca le engañó, cuando Paca no estaba presente, su hermano era una persona callada, arisca e interesada, no soportaba los trabajos en el campo a las órdenes de su padre y muchas veces quiso dar alguna noticia a Paca, pero decidió callar, que los acontecimientos sucedieran de forma natural puesto que lo mismo estaba equivocada. Pero no fue así, todo lo que pensaba sucedió y de forma natural se reveló.

Paca la invitó a quedarse en su casa y Margarita no lo dudo, le preguntó que pensaría su  hermano, pero a ambas les daba igual, desde ese momento nunca volverían a separarse, era la compañía que necesitaba aquella mujer que un día le hizo sentir especial, tierna y dulce con su cuerpo y con su vida, se había salvado, gracias a ella el desaparecido era potage y no Paca, y nunca lo pudo olvidar. Mas que amistad sentía amor y así se lo transmitieron ambas el día de su boda, con aquella mirada de complicidad, una mirada que era una demostración de que la unión entre ellas si era hasta que la muerte les separara, no aquella que juró ante el Altar.

Pasaron los días, varias semana, ambas estaban siempre juntas y dormían juntas, a Benito se lo comían los demonios, no podía dormir por las noches pensando que su hermana y su esposa dormían en la misma cama. No solo Benito era conocedor de ello, sino que las gentes del Condado empezaron a criticar esa situación vergonzosa, todos pensaban que una mujer se debía a su marido, sin embargo la Jara dormía con la hermana del esposo, era una vida en pecado delante de los ojos de todos, pues no se ocultaban en sus paseos cogidas de la mano. Su relación no era lo que la gente pensaba, ni mucho menos, tan solo dos seres desconsolados y perdidos de la vida, victimas de ella, que tan solo esperaban dar y recibir amor y ternura; y ellas se lo daban, amistad que es otra forma de amar.

Cuando Margarita no llevaba ni un mes viviendo en la casa de Paca, Benito entró en la casa junto varios hombres y mujeres del condado, todavía yacían dormidas en la cama, tiraron la puerta, el susto les hizo saltar el corazón, Benito de nuevo entrado en cólera y todas esas gentes con ojos juzgadores y de condena, las miraban como si fuesen brujas, las hijas del pecado, las enviadas por Satanás. Paca de forma contundente les ordenó que se marcharan, le echó de la casa, pero no lo hicieron, se acercaron cada vez mas, esos ojos de odio y de condena se acercaban junto con sus cuerpos, cada mas manos que las cogieron, las sacaron de la cama, les arrancaron las ropas, las golpearon, las tiraron por el suelo bajo la firme mirada de Benito de cuyo rostro se desprendía una suave y cruel sonrisa. No eran golpes fuertes, tan solo las zarandeaban y las llamaban putas, zorras, brujas, hijas del demonio.  De nuevos sus cabelleras eran objeto de atención, y así decían: -JARA y AMARILLA- soy hijas del demonio, así una y otra vez, incluso empezaron a corear que era una bastarda, que había sido engendrada con la semilla del diablo, en ese momento, por sorpresa, un viejo hombre, pero de gran tamaño y envergadura entro por la puerta, dio el alto a todos, y todos callaron, Paca y Margarita taparon sus cuerpos como pudieron, todo fue silencio, las miradas fijas al suelo, ni un murmullo, ni un sonido solo el de aquel hombre, Don Bernardo de Mudela, y con esa voz grave que aún mantenía sacón un papel y leyó ante todos:

Yo Bernardo de Mudela, dueño y señor de El Condado que lleva mi nombre, titulo heredado de mi padre Don Faustino de Mudela; ante el escribano-notario del municipio de Santa Cruz  declaro: que dejo como légitima heredera del titulo de Condesa de Mudela y dueña de sus tierras y personas que en ésta se hallen, a mi hija Francisca, que desde hoy tomará mi apellido y se le llamara  Doña Francisca de Mudela, debiéndoles todos respeto y obediencia”.

Una vez leído su legado, El Conde se dirigió a Benito, mirándole a los ojos, este con la cabeza baja y le ordenó, -arrodiyaté ante mi hija, baja la cabeza y le besas la mano y por tu vida en sus manos, lo que decida lo firmaré-. Benito obedeció se  arrodiyó ante Paca y puso su vida en sus manos, Paca de pronto y sin pensar lo abofeteó en varias ocasiones ante los ojos atónitos de todos los que allí se encontraban, y habló: - hoy te perdono la vida, porque como ya sabes que iniciastes el camino a la tumba, hoy has dado un gran paso, pero no es tu día, no has sufrido lo suficiente para merecer la muerte-.


domingo, 1 de julio de 2012




Hoy me vais a permitir una excepción, mi reflexión sobre mi vida la voy a hacer en Italiano, por una persona muy especial en mi vida y dificil de catalogar.

C'è una sola persona nella mia vita che questa è la sua lingua quando parla nota accento spagnolo. Non qualificarsi come il vostro soggiorno nella mia anima. Vedo tre o quattro volte la settimana per molti anni ma poche parole incrociate. La tua vita cambierà, lo si può vedere con una migliore qualità, ma molto meno frequentemente. Non ho il tuo numero di telefono, i colloqui sono stati pochi, ma io piangevo anima, gli auguro ogni bene, naturalmente, ma che non si ferma e perdere, è uno di quelli anima bianca, di cui collegare i vostri occhi puri, sentirsi a proprio agio, protegico.

Mi ricordo i tempi quando il mio cuore era in battaglia costante che solo sapendo della loro presenza mi sento calma e la pace venne a me. Una di queste persone è magica, sei speciale più raramente nella vita, succede una volta e raramente di più.

Sarà ancora nella mia vita, anche se sarà diverso, forse migliore e io sarò la sabbia in ogni senso della parola.

E 'una persona eccezionale e vi auguro una BUONA VITA
NO TODO ES ORO LO QUE RELUCE
No todo es oro lo que reluce, eso dicen. En principio hay cosas que nos deslumbran, que nos ciegan, que nos hacen comportarnos de forma diferentes, porque quedamos ciegos no vemos mas alla. Por ese motivo para no incurrir en ese error que nos puede hacer mucho daño y sufrir de dolor espiritual y rompernos el corazón, yo os diría que no nos dejaramos deslumbrar, que razonemos, que seamos pacientes y decidamos con tranquilidad. Os lo diría pero mentiría, independientemente de que la armonía y la paz interior es una búsqueda, me dejo deslumbrar, soy humano, a veces impulsivo y apasionado, emocional y absolutamente conducido por el corazón. No todo es oro lo que reluce, pero a veces si, y merecece la pena equivocarse y se sufre un poco o mucho, es la vida, que no siempre es como nos gustaría.

Toda esta reflexión viene acompañada de la que creo que es una foto espectacular que no solo reluce sino que es auténtico oro y la belleza nunca la podemos perder de vista.
Hace unos dias una amiga decía: que le iba hacer si nació en el Mediterraneo, recordando la canción de Serrat. Y es verdad que le vamos hacer los que nacimos en esta parte del mundo bañados por este mar fruto de tantas culturas y pueblos diferentes. Somos europeos, pero me siento mucho mas identificado con los italianos, griegos, croatas, tunecinos, chipriotas, eslovenos, etc...Vivimos la vida, y aunque en estos tiempos se nos reproche nuestra forma de vida, pienso que sabemos vivirla mejor, que si tenemos un euro nos lo gastamos o lo pedimos, no lo ahorramos como nuestros amigos del norte. Nos gusta cantar, bailar, salir de fiesta, estar con amigos, las vacaciones, la siesta; la vida hay que vivirla en el momento. Todos los seres humanos somos iguales pero fruto de tradiciones diferentes y por ello de diferentes culturas arraigadas por el paso de los siglos.

Os dejo la foto de IVI ADAMOU una extraordinaria cantante de Chipre, mas mediterraneo no se puede ser, una isla en mitad del mar fruto de la mezcla de griegos y turcos, y despues un video de una magnifica canción.
Como dirían, corazón que no siente. A veces para poder seguir adelante tenemos que dejar de ver. Cerrar los ojos y solo mirar nuestro interior. Sentir cada desgracia o cada fenómeno que nos rodea nos puede hacer perder el equilibrio y la perspectiva, entregarnos tanto, que nos olvidamos de nosotros mismo, esa mirada hacia nuestro interior, esos momentos diarios y necesarios de espiritualidad y de mirada interior, a solas, nuestro cuerpo y nosotros para que nuestro auténtico yo, la energía originaria y eterna nos observe y nos una de nuevo en la paz. Esa es la única forma en la que posteriormente podremos ser útiles, entregarnos, iluminar a los seres que han perdido su luz, orientar y brillar con luz propia.

Es verdad tengo un especial interés por los ojos, pongo muchas fotografías de ojos, pero no son ojos, son las miradas, en ellas encontramos y proyectamos nuestra luz.

EL CONDADO DE MUDELA. CAPITULO XVI


Paca se encontraba inquieta, embullada entre las sabanas blancas y las almohadas, sin  hacer ningún movimiento, su cuerpo se perdía en espasmos, en temblores no provocados, tenían cierta armonía con los sonidos que procedían del exterior; el constante zumbido de las gotas de agua que se estrellaban contra el cristal de la ventana, los truenos, los árboles que caían por la fuerza del viento y el fuego de los rayos. Parecía el fin del mundo y del propio caserón crujiendo como si fueran llantos de dolor. Pero sus temblores, sus espasmos no estaban ocasionados por el miedo a esa interminable tormenta, como tantas otras que había vivido, sino que le machacaban los recuerdos, hasta tal punto que no pudo contener los orines que se le escaparon, empapando los algodones y trapos que Fernanda le había puesto para que de noche no mojara la cama.

Tras la entrada en la casa de Benito envuelto   con sus ropas ensangrentadas, los ojos hinchados, vómitos de sangre, dientes partidos. Paca curó sus heridas y quedó en la cama, pasando los días y sin mediar palabra. Le ayudaba a comer, le cambiaba los vendajes y así día tras día. Las gentes del Condado le preguntaban por su marido, otros la miraban con desafío. Benito no se ocupaba de sus funciones de capataz y un día El Conde le preguntó, le reprochó que clase de marido tenía, que le había dado un puesto de gran responsabilidad y no lo había cumplido ni tan siquiera un día. Paca, que ahora era el ojo derecho del Señor Conde, le contestó que había cogido unas fiebres pero que pronto se reincorporaría al trabajo y estaría orgulloso de él. Don Bernardo la creyó, como no, era la única persona en el mundo de su sangre y además El Conde estaba haciéndose mayor, cada vez se le veía menos, no salía ni al campo, pasaba los días encerrado en el caserón como si ya nada le importara, como si encerrado en sus aposentos hubiera decidido esperar la llegada de la muerte, de ahí su interés por Benito, le había otorgado toda la responsabilidad del Condado, no confiaba en nadie y él era el esposo de su hija, su única descendencia, la que en su día se convertiría en la primera mujer en la historia del titulo nobiliario, que sería Condesa de Mudela.

Pasados unos quince días desde aquellos sucesos, Benito estaba totalmente recuperado, pero seguía en silencio, no mostraba ningún tipo de cariño por Paca, no le hablaba, no le daba ni las gracias por todos los cuidados y sacrificios que hacía por él. Nada, de aquel muchacho dinámico, alegre y romántico no quedaba nada, parecía que aquellos golpes que le propinaron esa noche, le habían robado el alma, tan solo le quedaba la mirada, la única expresión de donde se podía obtener algún dato de sus pensamientos, y ésta o estaba en blanco, perdida, o era la mirada del odio, del mal que le poseía, de la necesidad de ajustar cuentas. El muchacho sonriente, amable y cariñoso había desaparecido. Ahora ese cuerpo escondía el dolor, había pasado todas las etapas del duelo: el dolor, la negación, la aceptación y ahora se encontraba en su última fase, la venganza.

Al llegar la noche, Benito se metió en la cama, era pronto, no había anochecido y Paca que no sabía bien que hacer, decidió también ir a dormir, de pronto, mientras se quitaba sus ropas y se ponía el camisón, de la boca de Benito salieron unas palabras, por fin le habló, -Paca, mañana al amanecer saldré de la casa y cumpliré con el cargo que me dio El Conde-, Paca se giró con una sonrisa, deseaba que se enfrentara a la vida, que cumpliera con el cargo que le había encomendado su padre. Le miró a la cara y vio esa mirada de odio el color de la venganza y su sonrisa poco a poco desapareció. Benito se incorporo y agarró el cuerpo semidesnudo de Paca. Ella ardía en necesidad de su carne, tanto tiempo sin saborearla, sin ser poseída. La atrajo con violencia hacia él, le arrancó con un movimiento la poca ropa que la cubría, la tiró en la cama, estrujo sus senos con sus grandes manos, la mordía mas que besarla, pero Paca no sentía dolor, necesitaba ser tomada, sentirse mujer, ser deseada. Pero Benito no sentía deseo, era otro sentimiento, quería descargar su furia contra su cuerpo. Le abrió los muslos y bajo sus pantalones de donde salió su miembro erecto rojo y desafiante y la penetró, con golpes bruscos como si deseara romperla, apuñalarla. Paca sentía se mordía los labios en cada movimiento, pero no se quejo, no salio ni un sonido de su boca, por el contrario lo besaba y acariciaba, mientras el terminó con un gran gemido depositando en sus entrañas toda la semilla acumulada, todo el veneno que lo poseía. Se tumbo sudoroso y entre suspiros dijo, -Paca mañana será mi primer día-

No pudo dormir en toda la noche, no sabía que querían decir esas palabras, un primer día, un nuevo día o una nueva persona, ya lo era, nada bueno presagiaba, su matrimonio entre flores, amor y felicidad tan solo había sido un sueño y ese sueño no se haría realidad.

Cuando una pequeña luz empezó a divisarse en el horizonte, Benito se levantó de la cama y empezó a vestirse de campo, chaleco, botas, boina y una garrota en la mano. Paca se hizo la dormida aunque lo miraba de reojo. Veía a Benito con movimientos controlados, sin perder el tiempo, de forma ordenada se fue vistiendo y cuando terminó, abrió la puerta de la casa y salió, sin un beso de buenos días o de despedida, nada. Paca asustada y triste a la vez, se quedó en la cama, no sabía lo que ese día pasaría, pero no quería verlo, no pensaba levantarse, cubriría su cabeza con las sabanas y aislarse del mundo, no quería ver ni saber, solo quería que el día pronto pasara y volverlo a ver entrar por la puerta de la casa, tal vez con un ramo de rosas o de amapolas, pero sabía que eso era un sueño, que en su vida ya no había flores, que la penumbra de nuevo volvería. Tomo a Pili que a penas se movía la metió con ella en la cama por primera vez desde su matrimonio, a Benito no le agradaba dormir con Pili en la cama, y de allí las dos en todo el día se moverían.

Benito con paso firme y seguro se dirigió sin pestañear a los aposentos de los sirvientes del Condado, con la garrota en la mano y sin que nadie le esperara, entró dando una patada en la puerta que se desquebrajó y se hizo añicos,  se oyeron movimientos, gritos, algunos desperezándose del sueño, entró como un rayo y sin mirar, sin saber quien se hallaba en cada cama, empezó a golpes con la garrota, porrazos sobre cuerpos de hombres y de sus mujeres que dormían en sus camas, no discriminó, tan solo daba golpes sobre cada cuerpo que se movía,  en la cabeza en sus cuerpos, algunos intentaban parar aquella locura, pero Benito estaba poseído por la hiel de la venganza, por el odio y siguió sin parar de dar golpes sobre cabezas, brazos, cuerpos, los gritos se oyeron en todo el condado, seguía y seguía hasta que dejaron de moverse cada uno de esos cuerpos sin rostro, solo se oían quejidos, lamentos de dolor. Benito se quedó quieto, la luz del amanecer ya entraba por las ventanas y su figura podía reconocerse, todos sabían quien era, era Benito tomado por el demonio, por el odio, Satanás vestido de hombre. Llegó el silencio, nadie se atrevía a lamentar sus dolores ni a soltar una palabra. Varios minutos de silencio, hasta que Benito con voz fuerte y autoritaria les ordenó levantarse, quería a todos  fuera en dos minutos. Salió por la puerta  y delante de ella quedo firme, cubierto con la boina y garrota en mano, espero la salida de todos. Y así fue, todos salieron, cada uno vestido como pudo, con sangre en las caras, hombres y mujeres cumplieron la orden del capataz. Una vez todos en fila, miró a cada hombre y a cada mujer, y uno a uno le dijo que era el jefe, que estaban a sus ordenes, que a partir de ese momento solo cumplirían sus mandatos o se verían de nuevo con su garrota en sus carnes, que trabajarían desde el anochecer hasta el atardecer y que lo quería ya, en ese momento y todos como corderos corrieron como pudieron, entre sangre y dolor a cumplir sus órdenes.

Así transcurrió el día, Benito a caballo recorría una y otra vez todo el Condado vigilando que sus órdenes se cumplían y algún osado que se atrevió a mirarle a la cara, se llevó un nuevo garrotazo en sus sienenes, no podían ni mirarlo, tan solo cumplir sus órdenes y trabajar, desde el amanecer hasta el anochecer.

Se hizo la noche y Benito volvió a su casa, abrió la puerta, en la mesa no estaba la cena, miró y vio a Paca en la cama cubierta por las sabanas, la llamó por su nombre y le preguntó con reproche -¿que haces en la cama?, ¿y la cena de tu hombre?-. Paca retiró las sabanas, se incorporó y Pili asomó la cabecita, los ojos de Benito se encharcaron de sangre, y le gritó -¿ que hace la perra en la cama?-, Paca solo decía –no, no, no por favor, nunca mas- , pero ese día Benito no atendía a suplicas ni a lamentos, ese día Benito solo era el amo, en ese día todos cumplieron sus órdenes menos su mujer y Paca cuando fue a coger a Pili, a poner su cuerpo entre ella y la garrota, llegó tarde, toda su ira cayó sobre el envejecido y frágil cuerpo de Pili, la garrota la rompió en dos, tan solo un pequeño aullido, un lamento de quien la había acompañado toda su vida y en todas sus tragedias, el único ser que había querido. Quedó rota en el suelo sin aliento con los ojitos abiertos, sus orejita caídas y un solo movimiento, el del suspiro de su muerte.

Paca lloró y lloró, pero una vez secadas sus lágrimas, ella si le desafió se le quedó mirando a la cara, sin pestañear, firme, autoritaria, se acercó a Benito embriagadote autoridad y poder, y ella cada vez mas cerca y con voz baja sin necesidad de levantarla, cuando estaba a penas a diez centímetros le dijo: - tu serás mi marido, yo soy tu mujer, pero yo seré La Condesa de Mudela y yo seré tu ama y dueña, me harás la comida, me harás la cena, limpiaras la casa y si te lo ordeno me lamerás los pies. Hoy has matado al ser que mas he querido en mi vida, hoy para ti empieza tu camino hasta la tumba.