domingo, 27 de diciembre de 2015

PUNTO Y FINAL

Y después de 4 años, Manu y la Vida pondrá su punto y final tras unas publicaciones donde contaré mi vida hasta la fecha. Se terminaron las cartas con Alma y el blog deja de tener sentido cuando ya no queda nada por contar que no sea pura repetición. Me pesa la vida y por lo tanto contarla es un sufrimiento gratuito. 
Encantado de haberos conocido, de haber participado y haber compartido. Se construyó una familia que ya no puedo mantener. 
Después de estos capítulos de mi vida. Echaré el cerrojo y me marcharé en busca de la nada porque cuando tengo algo, lo pierdo. 
Besazos, os llevo en mi corazón.

domingo, 22 de noviembre de 2015

TRISTEZA



En estos días estoy sufriendo en mis propias carnes, en lo mas profundo de mi ser, lo fácil que es pasar de la nota más alta de felicidad a la tristeza mas desesperante.
Encontré la alegría y aposté por ella, lo di todo, me jugué un cambio radical en mi vida; dejarlo todo y empezar de cero con esa alegría, que transmitía, que regalaba a quién se me acercaba. Aposté tan fuerte que no tuve suficiente con lo que tenía en el día a día; y era mucho, lo aseguro. La distancia, la falta de tacto fueron mellando en mi y sobre todo la necesidad de llegar cada vez más lejos.
Ambicioso o avaricia, no lo se; no me conformé y todo se vino abajo, de la alegría a la pesadumbre. A esa tristeza que como decían es la madre del duelo porque yo no voy de negro, pero si he perdido la sonrisa.
No sospechaba lo fina que era la línea entre el amor y el odio y la traspase, y cada vez que lo hacía me iba corroyendo más y más por dentro, tal vez la reacción, pero me siento podrido, ajeno a lo que soy; no me reconozco, y cuando esto pasa, no sabes quién eres, ni a donde vas ni de donde vienes.
La tristeza es tan profunda, tan ingrata, tan sangrante, que mis ojos ya no pueden más lagrimas soltar, que mi cuerpo empieza a consumirse y a quedarse en la piel, ajeno a la vida, fuera todo de control con el corazón a punto de reventar. No se cuanto durara, ni lo que aguantará, ni como quedaré; lo único cierto es que yo en su día me prometí a mi mismo no volver a pasar de nuevo por esta situación de desconsuelo, de perdida de la esperanza, de estar ajeno a todo lo exterior. Sin palabras para nadie o cuando surgen siempre feas y mal dichas.
Yo tengo tal tristeza que me esta dejando sin vida, y no hago nada por evitarlo, es como si no tuviera más camino que dejarme sin ella para poder despejarla de mi vida.

No me apetece escribir más, no tengo ni ganas de esto. No tengo mas que ganas de cerrar los ojos de nuevo y volver a encontrarme con mi Alma.



sábado, 14 de noviembre de 2015

MI PARIS

Hoy todos nos lamentamos y lloramos por los acontecimientos bárbaros que han sucedido en tal vez la ciudad más hermosa y simbólica del amor del mundo.
Unos sujetos en nombre de Dios, piensan que con la muerte y el terror llegarán a su lado, que salvarán sus almas, que llegarán al paraíso. Poco o nada dista una religión de otra, hemos convertido la muerte en algo divino, el momento en el que nos salvamos y nos unimos con el creador.
La educación desde niños se basa en la violencia. Las clases de historia les enseñan las guerras de la humanidad, desde la primera a la última, con vencedores y vencidos; los que mas matan junto con los que menos mueren. Así educan a los niños, así nos han educado. No enseñan a competir, a ser mejor que el semejante, a triunfar en una sociedad cruel, a tener mas dinero y mas poder que el semejante y una de esas organizaciones es la católica que no nombraré, pero que habla de la obra de Dios. Todo esto se va metiendo en la cabeza durante el crecimiento, junto con el valor del dinero, de ser de clase diferente, de tener mejor coche e incluso de diferenciarnos de la masa que viaja en autobús.
En esa educación donde además se prescinde del amor, se fomenta la utilización de las personas para satisfacer determinados placeres, la necesidad urgente de  gozar porque la vida es muy corta o tal vez demasiado larga para no creer en falsa promesas. Porque es así, los valores de la verdad, el amor, la confianza, la complicidad, la decisión conforme a los sentimientos humanos de unos con otros, se olvida, no merece la pena, lo único que importa es pertenecer a determinados grupos, de poder o religiosos; de combatientes o de simples humanos que tan solo esperamos el triunfo de lo cierto, gritar sentimientos positivos del corazón, de sincera y cruel realidad de un mundo en el que la diferencia está triunfando frente a la igualdad.
Tanto la educación como tantos libros de moda actual, tienen como único fin la satisfacción personal frente al semejante.
Yo no puedo quejarme ni llorar por Paris sin hacer una reflexión global, sin acordarme de lo que los que se convierten en salvadores del mundo, son otras de las causas de todo lo que está ocurriendo. Su lucha de intereses económicos, armamentísticos, petrolíferos, etc…han ocasionado que otros imperios quiera dominar el mundo, como lo hicieron colonos y colonizadores.
Paris y su gente es víctima de esta sociedad basada en la muerte, en la bondad del amparo de Dios tras la vida, cuando en realidad Dios es amor, es libertad, es fraternidad y es humanidad.  

No solamente se muere cuando te quitan la vida, sino cuando te matan la vida.




sábado, 7 de noviembre de 2015

ALMA, TE EXTRAÑO


No se ni como empezar. Desde luego hoy no tendre orden ortográfico alguno ni disciplina de escritura. No se que decir pero te echo en falta, no se cruzar las calles sin ir hablando contigo, no se dormir sin que me mandes a la cama, no se que hacer en este momento de autentica tristeza.
Se que no hice buenas cosas pero mi intención fue que terminara tu pasividad, que de una vez estuviéramos juntos, que lo pudiera publicar, que no anduviera siempre escondiéndome como si fuese un adolescente o un menor de edad con cuidado de sus padres.
Somos adultos, el amor es bello, es lo máximo en la vida y parecía que te sentías culpable por amarme, por no seguir con tu vida triste y monótona, por sentirte querida y especial como yo te hacía sentir.
No se que hacer para que me digas algo, te extraño como nunca. Recuerda que lo hacíamos cuando tan solo pasaban unos minutos sin hablar, nos extrañábamos, necesitábamos estar juntos y ahora estoy perdido, estoy sufriendo como en mi vida, no se que hacer y necesito saber de ti. Tantas veces te dije que te necesitaba, te amaba, te quería. Tal vez para ti esta no era una prueba de amor, para mi si, valiente, acción y ejecución para estar de una vez por todas juntos tu y yo, porque el amor era y es demasiado grande entre nosotros pero tu familia, esa tan poderosa de los Nuñez Pliego nos lo impide, no quiere que seamos felices, que tengamos nuestra Federica como lo habíamos planeado, nuestros muebles, nuestra casa.
Me quiero morir, porque te extraño muchísimo y quiero estar contigo el resto de mi vida.
No puedo escribir más, no veo las letras, lloro, aunque no te guste.


TU RATON






sábado, 24 de octubre de 2015

SIN PREVIO AVISO


Llega un momento en el que dejas de inventar, entiendes que la vida se encuentra en un punto de no retorno, que hay cosas que ya no pueden pasar. 
Algunos dicen que todo tiene su momento, pensamos que cada época se corresponde con un rol y salirse del mismo no es extravagante sino que anacrónico. Pero claro que de mediocres y necios está poblado el mundo.
Pensé que una vez que había conocido ciertas pinceladas del amor, que los años habían pasado sin dejar rastro de mi existencia, para tal vez cumplir con eso de que se acuerden de ti tras la vida, que no pase eso de que seas olvido porque no dejaste rastro en ninguna memoria. Resignado a la tristeza, a la mediocridad, al abandono existencial. Decidido a pasar los días como se hace con las hojas de un calendario, rompiéndolas incluso tras el paso de cada fecha; condenado a la supervivencia, a sobrevivir con alguna lástima pero sin ninguna alegría.
Cuando piensas que nada ni nadie te sacará de los rieles  metálicos de las guías fatales de la vida, cuando ya no piensas que seas capaza de sonreir, salvo alguna carcajada forzada soltada para complacer a los que te quieren, que tristes te miran como se abandona la vida; cuando menos lo esperas, llega. Sin aviso previo, sin comparsa, sin orquestas  y sin las bandurrias de la tuna universitaria. En silencio, casi con susurros para no molestar, para tan solo acariciar el vello erizado de una piel seca por no poder llorar. Así de esa forma, con una mera palmadita en lo más profundo del corazón; la vida te regala la felicidad, la que no esperaba, la que es posible que ni conociera, o tal vez se encontraba en el cubo de los olvidos deseados.
Una bienvenida y la vida tras la puerta. Unos ojos verdes y una sonrisa. Una melena rubia y un guiño. Unas palabras discretas con invitación. Una mano tendida y otra dada.  Un cuerpo floreciente frente al marchito que con su savia de repente empieza a florecer. Un nuevo idioma, el que entiende de corazones y sutilezas; ambigua, compleja, exótica pero de siempre; como esas personas que son el resurgir del renacimiento. Así, de esa forma la vida ha llamado a mi puerta, me ha devuelto o tal vez me ha enseñado que la felicidad existe, que la tengo día a día y que solo tengo que estirar la mano y tomarla, hacer de ella el objeto vital diario sin pensar en más allá, si dura o se extingue porque la vida me dice que lo merezco, que los valores eternos y nobles que poblaron mi existencia serán capaces de hacer que el hoy sea más pequeño que el mañana y que el futuro siempre será mejor, con la actitud apropiada, con la valentía de expresar los sentimientos, sin reparo, sin cortapisa; con la única medida de la armonía de su piel, de la textura aterciopelada de un ser llegado desde la otra parte del mundo para anidar en mi corazón, para sembrar una vida que a estas alturas comienza con la esperanza de más vidas, con tranquilidad, con pausas programadas; con la sensatez de ese tipo de personas que vienen para hacer que la felicidad y el amor sean la palabra y el sonido de un mundo hecho para vivir.
La vida me llegó en forma de mujer, de una Diosa del Siglo XXI con aspecto renacentista. Con valores sólidos, nobles y elegantes, como las grandes personas y como las mujeres de verdad, con su vida por delante, sin traiciones pero con compromisos de fidelidad sellados con fuego; el del calor de su mirada, el de la fuerza de sus ojos.
La vida me ha dado vida con unos labios que aunque intactos, me prometen eternidad, con compromiso, sin dolor, sin sombras, con miradas altas y horizontes con mucha grandeza. Así es la mujer que la vida me reservaba para este momento de mi vida, en el que no esperaba más de nada ni a nadie.

Cuando la vida te sorprende de esta manera, te impregna, te posee; te deja desarmado con tan solo las ganas de caricias, de ternura; de la sensibilidad encerrada en un gran tesoro llamado Alma.


domingo, 4 de octubre de 2015

VUELVE A MÍ


Una vez me dijeron que la vida era muy corta como para enamorarse de lo común. Cierto que no lo hago, quien me vea en el transcurso de mis días bien lo puede decir. Nunca escojo lo vulgar, lo normal; lo habitual.
En mi vida ha caído el amor de lo lejano, en el espacio; con su tiempo, su espacio y su medida. Es un sentimiento de los que se ocultan tras las paredes del corazón, cobijados de las miradas de la censura.
Un amor que se acerca en cada mañana empujado por una camioneta negra. Un amor que se inicia en un amanecer acabado de tarde en mi esfera. Con siluetas de necesidad vespertinas y andanzas del deseo de la voz, de escuchar al otro lado de la línea una sinfonía de sonidos, que parecen surgir desde detrás  de la puerta, pero que sin embargo no llegan tan cercanos a las ansiadas necesidades del tacto.
No es un amor de lo común ni mucho menos. Es una amor con obstáculos, el primero el Atlántico y los demás; la vida, cada una en su desarrollo, en su momento vital donde se halla la flecha de un amor no buscado, incluso no esperado pero que tras la pantalla se hace más necesario.
Amor con pasión, con la necesidad de la impotencia, de no poder alcanzar una visita para poder ver porque apetezca tenerse entre los brazos. La rabia contenida de  la imposibilidad de una conversación en la cama, ni por la mañana ni por la tarde; tal vez una mirada al mundo tras la antena.
Un flujo de sensaciones que transcurre por cada centímetro de las pieles. Unos amaneceres incompletos pero repletos de la luz de la cadena de mensajes, de voces y de letras; de un día, de otro. Va camino de ser una vida, de dos en uno en un espacio tan reducido como el de la pantalla de un iphone.
Con todo ello, desde esa camioneta, desde una silla de mesa de oficina o desde un supermercado; el amor es inmenso, mayor que ese que dicen que llega a besar con los labios, de aquel en que los cuerpos se pegan con el sudor del cólera del deseo; porque lo hay y en cantidades no sujetas a la medición de los humanos, porque no lo somos. Somos dos fugitivos errantes que circulan por la carretera de la vida, con semáforos en rojo y con alguna que otra señal de precaución. Sin embargo cuando ese disco se fija en verde, la melena se suelta al viento del mar que arroya las ropas, las pocas vergüenzas que pueden restar a la confianza de que el amor es un regalo compartido.
En cada vida hay cada día un regreso a casa, donde no se entra por el marco de la puerta sino por la travesera de la comisura de los labios pintados de rojo, de las esquinas decoradas con la flor del iris de la sangre.
Pasa la tarde para uno y la mañana para el otro, con conversaciones al pie de un semáforo o de un paso de cebra que a veces se cruza sin mirar, porque tan solo importa el sonido de su voz o la entonación imaginaria de sus letras, ese tono que se da a un mensaje y que a veces crea la confusión de la interpretación del significado del orden de las palabras.
Todo es sentimiento y es bondad, la que puede reclamarse de una confianza a ciegas, porque este amor o es a ciegas o no existe. No caben los deberes ni las normas, tan solo el orden de la sinceridad, del valor de la palabra y la promesa. Expresiones que trascienden lo terrenal y se convierten en celestiales, como es este amor, propio de divinidades, pues acumula tanta verdad como inocencia y el vértigo de lo excepcional.
Difícil se hace alcanzar el sueño cuando se sabe que el otro está en el mundo del día y se quiere más, mucho más para no perder la certeza de que al pellizcarse el brazo, sea todo una gran verdad construida sin sellos de correos, pero si con los sonidos del teléfono del que siempre está al otro lado, tan cerca y fácil de imaginar; pero tan lejos como para rozar la yema de sus dedos.
Vivo este amor como jamás podría imaginar, intenso, complejo y de sonrisa fácil por la necesidad del triunfo de una felicidad contagiada por el otro. Un amor medio visto por la sociedad, pero que les deja ciegos cuando son capaces si pueden, de compartir sin prejuicios su verdad.
No cabe la humildad, sería muy falsa por mi parte sino dijera que me reconozco junto a ella como un ser excepcional, un elegido y por eso agradecido de haber sido tocado por la mano del Dios que se dedica a elegir a los elegidos.

A mi Amor, a Alma….

(nos queremos tanto, que a veces podemos hasta molestar)





sábado, 26 de septiembre de 2015

LA PIEL DE MI ALMA



Amada mía, no tengas miedo, permanece en silencio, nadie nos  verá.

Sigue así quiero mirarte, yo te he mirado mucho, aunque no eras para mí, ahora eres para mí. No te acerques, te lo ruego, quédate donde estás, tenemos una noche para nosotros, y yo quiero mirarte, nunca te he visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos, siénteme, te lo ruego.

No abras los ojos si te es posible, y siénteme; son tan hermosas tus manos, he soñado tantas veces, ahora las quiero ver, me gustan verlas sobre tus pechos, arroyando las flores de tu cuerpo, así, te lo ruego, continúa, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acariciando tu melena, amada mía, siénteme mientras mis manos se deslizan por tu pelo.

Es hermosa tu mano sobre sobre tu pecho, no te detengas y aprieta tu corazón, a mi me gusta como lo tocas, amada mía no abras los ojos, todavía no, no debes tener miedo, estoy cerca de ti, ¿me sientes?, estoy aquí, te puedo rozar, ¿la sientes?; es la seda de tu vestido que cubre tu piel.

Tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez, será con mis labios y empujando mi lengua, mi saliva descenderá por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, y el corazón acelerado, uno contra otro.

Tal vez sea en tus ojos, apoyaré la boca sobre los párpados y las pestañas, sentirás entrar el calor en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, apoyaré mis labios sobre tu pecho, ahí donde late tu amor.

Dejaré que tu boca entre en mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva descenderá por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobe tu corazón.

Al final te besaré el corazón, porque te amo, y con el corazón entre mis labios de verdad, con mi boca en el corazón, tu serás mía para siempre, sino me crees abre los ojos, amada mía mírame, soy yo quien podrá borrar este instante que sucede, y despejada la niebla que todo lo entorpece, podrá ver mi corazón con tus ojos que lo miran.

Quien podrá borrar esto, tu corazón con el mío, palpito con palpito acelerado, el amor en tus ojos.

Veo tus ojos que buscan los míos, quieren saber hasta dónde me amas, hasta donde  quieras, amada mía, no hay final no acabará, ¿lo ves?, nadie podrá borrar este instante que sucede, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, y para siempre cerraré los ojos separando las lágrimas de mis pestañas, mi voz dentro de la tuya. No queda tiempo para huir ni fuerza para resistirse, tenía que ser este instante y este instante es, cree me, amada mía, este instante existirá al final.




Lo que era para nosotros, lo hemos hecho. Cree me, lo hemos hecho para siempre. Cuida bien tu vida resguardada en mi. Y no dudes un instante que soy útil para tu felicidad, y tú para la mía. Si no existieras mi amor, tendría que inventarte.

Te necesito Alma, mi amor…


sábado, 19 de septiembre de 2015

COMO DECIRTE, TE QUIERO.


No pasa día sin que vea el sol junto a tus cabellos dorados. Cada día acompañamos nuestras ganas de amor, con la palabra lanzada entre mensajes de voz.

Cuando mis ojos se abren enrojecidos por otra intensa noche de amor a tu lado, te busco entre esos mensajes, éstos escritos de los que se piensan y  a veces se adornan con alguna imagen tuya o de tu mundo. 

Lo busco deseoso mientras intento encontrar un rayo de luz que asome por las rendijas de mi ventana.

Los días son diferentes cuando los desayuno con tus buenos días, suenan a ranchera mariachi y a cantos de sirena. El sol en lugar de encenderse, canta, vibra y me invita a bailar mientras termino dispuesto a asaltar la calle, entre charcos y corrientes de seres que sin tener mis objetivos, se mueven por impulsos del caprichoso azar.

Pasan las horas de mis mañanas, recordando la tarde anterior, incluso una incipiente noche que acortas como si poseyeras tijeras. El día es claro aunque la lluvia riegue mis horizontes con  visiones más cercanas, porque las vistas las guardo en la cámara de ese aliado tuyo y mío, de ese artificio natural que me lleva a ti cuando me dices, -aquí estoy, al otro lado del teléfono-.

Y pasan mis mañanas sin ti pero contigo, alargando las manecillas de mi reloj para que me digan dónde estás tú. Y pasan los minutos, y siguen avanzando hasta llegar pegados a la almohada de tu cama, en ese lugar secreto pero compartido donde guardas tus sueños y yo mis deseos.

Se acerca mi hora de comer que a veces la adelanto para no tener en mi boca más que ganas de besarte, de calmar mi hambre con tus besos. Pasan más minutos, las medias y las horas y en tu mundo empieza a amanecer y se apagan las luces de la calles. En esas donde en un rato tu trazaras las curvas de tu destino sorteando tráfico y camionetas, momento donde tú y yo de nuevo nos citaremos para no dejar de compartir, de intercambiar emociones y sentimientos hasta mi amanecer.

¿Te dije que te quiero?. Cuando pasa más de un segundo recuerdo que la pregunta debo repetir porque sencillamente te quiero. No decírtelo es como esconder las ganas de tenerte al otro lado del teléfono, donde te encuentro, donde me esperas; donde nos reunimos cada día para regar el amor que nació entre esquelas de opinión, de frases célebres y de sentimientos contraídos por el mundo donde nos movemos, ese en el que algunos no creen pero que nosotros hemos pintado de color de rosa, de ese fresa que se esconde en tus movimientos, en el lazo de tu cuerpo y en el perfecto semblante de una emoción.

Nos queremos en tu amanecer y en el mío. Somos tan listos que tenemos dos a falta de uno. Doblamos el tiempo por horas y nos sentamos al borde de la ladera de una montaña nevada con las copas de los árboles en blanco, para decirnos cada día, yo sin ti y tu sin mí; no habría nada. Y nos preguntamos que hicimos durante estos años de ausencia, y una respuesta se me ocurre, tan solo una posible; buscarnos entre la maleza de la vida, luchando contra viento y marea para llegarnos ambos, para encontrarnos y fundirnos en uno lo que eran dos.

Así comienzan mis tardes y transcurren pegadas a ese viejo teléfono porque sencillamente tu estás al otro lado. En ese lado tan cercano para mi corazón pero tan lejano para una mente que desea tomarte y sentirte, entre tu atardecer y mi amanecer.

Te digo todo esto mi amor por el simple hecho de que te prometo mi Alma que te haré feliz, que sientas la confianza de mis palabras, que creas en mí. No dudes un segundo de palabras dichas con el temblor de la pasión, porque una y otra vez te diré te quiero. La única respuesta posible que se me ocurre cuando llega mi noche y el cansancio me acecha pero mi corazón se niega a despegarse de ese bendito a aparato, de ese trasto en el que nos encontramos y en el que estás al otro lado.

No encuentro más palabras para decirte lo que es mi amor. No sé cómo expresarlo porque no ayudan las circunstancias. No puedo manifestarlo con besos, ni encendiendo velas en la bañera; ni preparándote la cena tras un día de atascos. No puedo, tan solo me queda la palabra y a veces fallan entre los mensajes de algodón y se pierden por los laterales de mi paciencia.


Te quiero y nada más. No tengo más que decir pero mucho que contarte, entre otras cosas como te quiero, y como te lo diré junto a ti, al amanecer.

TE QUIERO ALMA......



sábado, 12 de septiembre de 2015

MANU Y EL ALMA.

Muchas preguntas son las que se hacen, pero no las que yo me hago, porque yo si se porque te quiero. Puedo hablar de motivos y de razones, puedo dar explicaciones; pero yo sé bien porque te quiero.

Hay muchas escusas para hacer esa pregunta, motivos para dudar de la realidad de que un sueño de muchos, sea nuestra verdad

Dicen que en la mayoría de las ocasiones no nos pasa nada, sino que pasa alguien. A mí me pasaste tú. Me llegaste tal vez envuelta en el regazo de una nube, o posiblemente con los primeros rayos de una luz de primavera. Recuerdo que estabas y me recordabas que mi Alma me miraba, que no era una casualidad que tus cabellos fuera del color de la luz y tus ojos del jardín de mis deseos.

Golpeaste mi atardecer con tu amanecer, me recordaste que me atreviera a ser querido por ti, que me arriesgara a vivir lo que nunca me habían contado. Como siempre me costó mover los pies de mis calcetines pegados a mis dedos, por el capricho de recuerdos que tendrían que estar envueltos en papel de invierno.

Y me atreví, te vi y  sentí. Te empecé a vivir entre cada latido como si no pudiera haber espacio en el mundo para volver a empezar, sino para seguir; para estar juntos, unidos por el sonido de tu voz.

Te empecé a querer, momento tras momento y en cada golpe del teclado de mi amor.

A veces me siento muy pobre ante la riqueza de tu alma. Me siento pequeño ante la grandeza de tu mirada, de tu instinto; de tu mundo hecho a tu semejanza. Esa pobreza me la enriqueces tú, con las letras de cada segundo y en cada día. No pasa un instante sin ti y los millones me llueven, desde esas estrellas que yo veo, cuando tú caminas con el Sol. Me enloqueces más y más, no se me resiste un centímetro de mi cuerpo a tus encantos, a tu perfume; al sabor de tus ideas cuando me hablas de ese momento, en el que juntos tu yo, pasearemos por una vida que hacemos a medida.

Es fácil decir porque te quiero, porque eres tú y a ti se te debe querer por lo que eres, por como haces que la vida sea un lugar maravilloso donde vivir. Él porque ya dije que sería algo sencillo de explicar, tal vez tan solo con verte, todas las preguntas tienen su respuesta. Lo difícil es decir el cuanto y ahí no me ayudas porque juegas  con mis medidas. Te gusta verme llegar a esos límites en los que me quedo sin palabras, cuando no acierto a unir ni dos letras porque hay sentimientos que no pueden describirse mas que con gestos, con caricias, con abrazos y con mis besos. Llega el momento en el que hay que dejar de lado la timidez, incluso la decencia, para adentrarse en el calor de un hogar, que solo encuentro en tu cuerpo.

Soy tan tonto que no llego a entender cuando te diviertes conmigo hablando de otras mujeres. Dices que no son celos, sin dar más explicaciones. Yo no entiendo las reglas de ese juego, porque no hay nada en mi vida después de ti. Hace tiempo que dejé de intentar comprender la vida sin mí amor y menos para pretender entenderla con alguien que se te pudiera parecer, aunque dudo que en este  mundo ese ser pueda existir.

Empiezo a sufrir de uno de los mayores pecados  del hombre: la envidia. No son celos mi amor, porque del aire no puedo tener celos; es envidia, un maldito sentimiento que tengo de todo lo que te rodea, por su fortuna y por mi desgracia. Envidio a todo aquel que tiene la suerte de poder rozar tu aire, aspirar un centímetro de tu perfume, cambiar una palabra junto a tu boca; sentir tu mirada. Cada vez que me cuentas que estás o que vas con alguien me surge la pregunta del porque ellos sí y yo no, porque  siendo yo  quien te ama, carezco de tu cuerpo pero no  de tu alma.

No dudo ni un instante que estoy en tu corazón y que tengo tu alma. Siendo perfecto este paisaje, llegará el día en el que podré escribir, y espero que en este blog, que toda el Alma soy yo.

Para Alma, con todo mi amor…….


Manu.


sábado, 5 de septiembre de 2015

ME AND YOU...


Tengo que confesar que a veces busco inventores de palabras o intérpretes de sueños, porque me falta el aliento al sentir la lluvia sin haber conocido a penas las nubes.

No necesito explicaciones ni razones. En verdad tan solo es la necesidad de expresar, de buscar lo sencillo dentro de los sentimientos. Encontrar el flujo de colores que componga el paisaje en el que  tan sumergido me encuentro.

Cuando yo es además tú, las horas pasan de espaldas a la realidad, de completo al margen de lo que siento. Son largas, no acaban, insólitas y vacías. Es tanta la extrañeza, que si pudiera en Superman me convertiría, y así poder dar vueltas y vueltas a esta tierra redonda. Me gustaría que fuera plana para poder verte con los ojos abiertos cuando amanece, sobre mi hora de comer. Ver tus cabellos rubios sobre tu almohada blanca. Sentir tus manos junto a mis deseos de ti. Te necesito tanto como eso que cae del cielo, de esa nube que no conozco. Sales al sol y empieza mi atardecer. Tenemos una vida donde tu amanecer es mi puesta de sol. Somos tan mágicos que  en un solo instante podemos disfrutar de la salida y la caída del Sol, por eso eres mi principio y mi fin.

Cuando te asomas a la ventana de mi vida y la observas, yo ya he pasado por la necesidad de tu boca. He tenido tantas caídas como veces te presentas frente a mí, mientras duermes. Tu y yo somos tanto de la realidad como de los sueños. No hay noche con o sin luna que no sepa de tu amor, que no huela a tu perfume, a ti misma; a la vida que nace dentro de mí desde que llegaste, cuando fue tu deseo. Tú eres mi milagro, la chispa que arranca mi camioneta de helados cada día, porque los días son dulces con tus sonrisas, esas que a veces no entiendo porque aun hablando el mismo idioma el tuyo se compone de picante y el mío se queda llano, simple, sin palabras porque cuando te siento, tan solo quisiera mirarte. Tocarte tal vez será mucho pedir; pero observarte es mi lujo, una joya sin palabras, pero con música, como esa nuestra canción, con la que me despierto tras haberte conocido con alas, hasta que los párpados del cansancio se cierran y me quedo con el deseo de tus besos.

No acabo de agradecer sin descanso tu existencia, tu presencia junto a mí. Pensaba que la vida ya me había dicho no en muchas ocasiones y sin embargo no era más que una espera. Apareciste sin hacer ruido, como tú eres, arrolladora pero discreta. Sabes andar a puntillas cuando las distancias son cortas, y levantar tu voz majestuosa por mariachis cuando me reclamas. Tú eres algo deseado pero tan inesperado que no puedo dejar de escribir, de hablar, de sentir y de volar. Si de volar para poder estar a tu lado. Cerca de tus suspiros para que junto a los míos el yo y el tú se convierta en un nosotros.

Ninguno de los dos somos una primera vez, pero afortunadamente no somos la última. Ambos nos hemos perdido muchos amaneceres rotos por las lágrimas o tal vez por el desencuentro. Pero nos encontramos porque como tú dices, el destino existe, y en ese horizonte que veo desde mi pequeño mundo, vamos caminando juntos de la mano, unidos por un para siempre que se parece mucho a una eternidad.


Con estas letras tan solo quiero decir, que el amor o es así, o no seríamos tú y yo


sábado, 29 de agosto de 2015

CONVERSACIONES CON MI ALMA.

Dicen que una cosa no la tienes, hasta que la sientes. Me decidí a descubrir ese momento en el que yo sentí mi alma, para saber que la tenía, para ser consciente de su existencia.

Y lo hice conversando con ella cada día al principio de la tarde, al parecer el Alma y yo teníamos un desfase horario y como si fuese una obra del capricho  del destino, puso a mi Alma a cierta distancia. Claro que el destino se olvidó de que su fuerza es muy inferior a la mía, que yo cuando recibo sentimientos, ahora ya no tengo miedo a perder, tal vez porque era escaso el riesgo cuando a quien se ama, es a tu propia alma.

El destino seguía jugando, pero mi Alma y yo cada vez más juntos, nos enfrentamos a él sin pestañear. A veces surgieron energías poco recomendables, que se superaron con cariño, tal vez una primera amistad, esa que es el anticipo de algo diferente, no más grande, sino la suma de un todo, en un mucho.

Seguimos caminando, con amor secreto dicho a voces y extrañezas llevadas en silencio; porque mucho se extraña cuando tienes lo inmenso; eso sí, con la diferencia horaria, porque la vida es hermosa pero caprichosa, en lugar de veinticuatro horas, tendríamos unas diez; y nuestro días a medias en el tiempo, se llenaron de momentos de gloria plagados con sentimientos, de esos que se quedan pegados, de los que el amor se vuelve entre posesivo y delirante. Frenéticos instantes que sin caricias, te comes el cuerpo, con los labios en un espejo y corazones pintados en muros con tiza o tal vez con algún emoticono de los de ahora.

Debo confesar que sin esperarlo, me he enamorado de mi Alma, de una muchacha que tras el mar me llena de esperanzas, de vida contenida, de abrazos dulces; de esos que se dan con el corazón en la mano. Yo me he enamorado de mi Alma  ya no se vivir sin Alma, porque tiene nombre, porque tiene cara, porque tiene corazón y sentimientos. Nada más verla lo tuve claro, a mi alma, la llamaría Alma.

Para mi Alma

Te quiero……….



sábado, 22 de agosto de 2015

DONDE NOS ESPERAN


Algunos dicen, que siempre acabamos llegando a donde nos esperan.

Desde luego esa imagen de los brazos abiertos, la de esa mano que te llama, la que te invita a la recepción de tu mano; esa imagen no es más que una llamada para que llegues y otras veces, para que vuelvas.

La espera es un sentimiento al  borde entre el amor y la necesidad. Te buscan para darte ese amor, y te esperan; o tal vez necesiten de tu amor. En la vida como en las novelas rosas siempre está quien da y quien recibe; el que espera y el esperado.

Toda acción tiene su reacción, como esas risas que nacen de otras risas. Tus actos, tus lágrimas acompañadas de suspiros buscan el consuelo, una mano amiga, un beso; o tal vez el aliento perdido tras ese amanecer inesperado, ese que llegó sin ser esperado.

Siempre acabamos llegando a donde nos esperan. Es un acto natural, como la vuelta al nido de las golondrinas tras el invierno, o las cigüeñas para anidar. Somos parte de un rebaño de vidas, de esperas deseadas y de desencantos añorados por el dolor del silencio.

Volvemos donde nos esperan, porque con mayor o menor deseo, la jungla de la vida nos empuja a una vuelta predeterminada. Una acción marcada en los genes de cada sueño, desde que la noche se despertó con el deseo de crear vidas, de suspirar esencias de talco y azahar; de suplicar la espera de otra noche, de la vuelta a las sábanas blancas, al rocío de unos pechos prendidos por el ocaso del deseo.


Volvemos donde nos esperan, porque unos brazos valen más que mil corazones prometidos y una bienvenida es una nueva vida. La esperanza de empezar de nuevo, de hacer el camino entre las piedras; la necesidad humana de vivir las esencias, de tener un labio sobre otro labio, sin despegarse por la espera o por la bienvenida; porque unos labios y unos brazos, son el suspiro de nuestra existencia.


sábado, 15 de agosto de 2015

COMUNICANDO ENTRE LÍNEAS.



Después de un tiempo, el prudencial, se devuelven las llamadas, los gritos del corazón se calman, las lágrimas del alma;  cuando deja de comunicar la estela de su mirada.

Cierto todo lo que  dijeron, los consejos rechazados, las pruebas de cariño despreciadas; verdades que no solemos escuchar, no oímos más que a las vísceras sangrando, ignorando por mucho que se repita eso de que para que sanen las heridas, no se han de tocar.

Pero insistimos  con los recuerdos para poder llenar los vacíos del alma, lo intentamos una y otra vez, queremos repetir, que se dé la misma historia, con los mismos personajes y siguiendo las mismas pautas hasta que se precipitó ese final; para cambiarlo, para hacerlo nuestro; a nuestra imagen y semejanza ignorando de nuevo aquello de que aunque regresen, las personas nunca vuelven, tal vez si los sentimientos; pero no los mismos, otros, los peores, porque no existen los perdones humillados, ni las conquistas mendigadas.

Cuesta mucho entender que el deseo no pueda conquistar su necesidad, que el amor solo pueda vivir en el corazón, pero no en la vida. Nos oprime el pecho la aspiración del roce, de la expresión con un beso; la sublime fuerza que se desprende del cuerpo, cuando el alma grita sin desahogo, sin consuelo; cuando no es el aire el que falta, sino la vida.

Pasa el tiempo y ya no comunica esa mirada, la línea está libre pero sin fuego. No se devuelve la mirada como lo hacía antes, como cuando con tan solo el efecto de la sensación de unos dedos, se reprimían suspiros y ansiedades; a veces en forma de lamentos por la escasez de ternura y la abundancia de sangre, esa que circula sin retorno, sin vuelta atrás, aunque lo desees; aunque no tengas más objetivo que el de repetir la memoria, porque la existencia es una vida a medias, una última mirada hacia atrás.


Y comunican los sentimientos, cruzados entre líneas, ocupados con otras verdades que no son las tuyas; aquellas que no te crees, las que te dicen una y mil veces pero eso no va contigo, no es ese mundo  el que te has creado, el de los recuerdos construidos desde su ausencia, cuando comunicaba hasta que un día su mirada, ahora fría y serena; volvió a estar en línea.


sábado, 8 de agosto de 2015

Y SI AMANECE, NOS VAMOS...

El día se despierta y me envuelvo de noche. No me lleves amanecer, no quiero ser cómplice del sol y sus giros. Un giro más y celebramos aniversarios, años que pasan, sin pensar que se cargan en la mochila, y pesa más, año tras año.

Curioso el ser humano que celebra sus giros al sol, pero no los que cada día hace la luna sobre nosotros. No valoramos su paso porque tal vez es efímero, son tan solo veinte cuatro horas de nuestras vidas, bastante poco para quienes piensan que mañana siempre llegará y será mejor, y todo se hace por ese mañana, al amanecer, cuando de nuevo el sol de su cara sonriente, nos invite a acompañarlo y a girar a su alrededor; mostrándose como la estrella, el centro de toda vida.

No pensamos en los giros de la luna, ni tampoco en las torpes manecillas del reloj. Vuelta tras vuelta sin valor, porque tal vez confundimos como los necios, precio con valor; y lo despreciamos si su alma no es de metal brillante, sino tiene una coraza intocable al paso de los tiempos, si es capaz de resistir la feroz locura de un mundo dispuesto a impedir su tarea.

Nos disgusta la llegada de la luna y aplaudimos un amanecer, la luz que brilla desde dentro y no la que se da desde fuera, la que realmente recibe generosamente, y la devuelve; esa luz ajena, prestada; impuesta o tal vez dada por encargo de algún amanecer traicionado que nunca más quiso aparecer.

Yo me voy al amanecer, no quiero ser cómplice del sol, no quiero saber de sus cuentas, del paso de sus años, de su tiempo; del hechizo con el que atrae a las personas, hacia sí mismo, porque es el centro; porque siembra el futuro.

No valoramos a la luna porque tan solo gira sobre nosotros, porque es nuestra sirvienta, tan solo es un astro de fama temporal, frente al sol que es su estrella, que su éxito se extiende durante toda nuestra vida, porque contamos el tiempo estando con él, sin que nos dé nada más que tiempo. Eso que es la vida, porque la vida es tiempo, el que perdemos y a veces incluso lo matamos mientras gira la luna.


Yo me voy al amanecer, dejo a la luna y tomo al sol entre mis brazos, para ver la vida con luz propia, sin tapujos,  sin dependencias y con esperanzas, esas que se dan cada día cuando amanece y nos vamos.



sábado, 1 de agosto de 2015

TUS PUNTOS SUSPENSIVOS...

¿Cuánto tiempo hace que besaste sus labios?, ¿cuantas veces la has besado desde que tiene otros labios?; ¿y a mí me lo preguntas? Es irónico pensar las veces que pusiste tu boca para besarla en su boca, y ahora que han pasado los años, lo haces en su cara.

Te mojaba con la suavidad de un algodón empapado en esencia de amor, te esperaba con los brazos abiertos como su boca, para tu boca, para besarte; para satisfacer su deseo; y ahora, es en su mejilla. Ya no quiere tu lengua, ni tu calor, ni que estés dentro ni sentirte fuera, ahora tan solo eres un recuerdo cuando por suerte quiere tapar los agujeros de su soledad. Y todo pasó sin darte cuenta, sin pensar en  mañana ni en la noche siguiente. Todo se precipitó cuando la viste que era otra, que sus ojos de niña ahora eran diferentes, que la mujer que llevaba dentro salió al ágora, ahí donde la paseaste y la exhibiste como un gran trofeo, como tu conquista, como el vencedor de ese torneo tan masculino, como es el del apareamiento, el de la lucha por la hembra para convertirla en tu reina, en la dueña de tus sueños y deseos.

Me preguntas a mí que pasó, como si yo fuese un experto. Yo que fui vendido por unos puntos, por la pausa del razonamiento, de la espera, de los tiempos que se piensan serán mejores, esos de mañana y te das cuenta de que son canciones las que te cantan, que no hay nada más cierto que el regalo que late entre tus brazos, la vida en si misma pintada de carmín, de rosa fucsia; del color de su sangre derramada cada vez, que siendo mujer, se hacía más mujer.

Y pasó el tiempo, pausado entre comas y entre cortado con eso que llamamos puntos y seguidos, como si nada pasara; como si tan solo por mirar hacia otro lado las cosas se solucionaran. Y nada se resuelve por sí solo; todo necesita su cura, todo hasta la herida más leve, la que sana en casa, sin presencias, sin ausencias y sin despedidas.

Las heridas necesitan aire, agua y a veces mar. Necesitan tiempo y tal vez con suerte un consejo, un amigo responsable que no quiera hacer más sangre de la que emana de esa herida, que tu no hiciste, pero que no se cura, que no puedes dejar para otro día en una línea irrepetible de puntos, que a veces esos que tú le llamas suspensivos, es el final, es como ese beso, que ya no va a tu boca, ni a la suya, va a su amada mejilla que después de estos años es lo mejor que te puede dar.


Ya no eres lo que eras, tal vez seas mejor y sepas hilar en un arco iris una línea de puntos, como tus pasos, suspensivos, hasta el infinito de su mirada y puedas ver y sentir de nuevo su boca junto a tu boca.



sábado, 25 de julio de 2015

MÁS ALLÁ DE LA ESPERANZA.



A veces pienso que cuanto más cambian las cosas, mas permanecen. Siento que cuando deseo cambios más me aferro a la silla de la papilla, esa que parece hecha directamente para coronar la infancia y que de pequeños nos permite tener una visión de la realidad y tal vez de un futuro.

Se desea lo nuevo pero sin abandonar los trastos de ese cuarto oscuro, donde reviven recuerdos que siempre a mano nos permiten mantener la felicidad, porque como alguien me dijo en alguna ocasión, los recuerdos rellenan los agujeros de las penas.

En ocasiones siento que somos inválidos del tiempo, que su marcha la aceptamos  como si se tratara de una reserva inagotable, como si el tiempo fuere perpetuo; un latido inagotable de permanencias sin cambios, estática hasta en  su eternidad.

Y de esta forma nunca hacemos nada, nos reímos de los pájaros que pudiendo volar, permanecen en su jaula, en el nido; en el mismo árbol hasta perder sus alas.

Todos somos dos en uno. El deseo de estar, de seguir aferrado a las imágenes que nos proporcionó ese trono mientras devorábamos un biberón rebosante de maternidad; y esa otra que vemos en las nubes movidas por el viento, que circulan dando vueltas en la cabeza, libres y sin fronteras.

El tiempo es cruel, porque empuja  las nubes y también se queda pensativo, como en un campanario, tocando las horas, para misa de doce, un domingo cualquiera arropado por esas cigüeñas que siempre volverán, que permanecerán en el tiempo como lo hacen tus paseos, cada día, por la misma calle, incluso cruzando por el mismo sitio la acera.

Dicen que somos animales de costumbres, pero a veces nos fugamos, aunque solo sea con la imaginación, viviendo en un sueño lo que daríamos a nuestra vida, la cotidiana; esa forma de estar para siempre hasta el final, para leer las memorias o usar los recuerdos de nada, rellenando penas.

Todos somos dos, el conocido y el que le gustaría darse a conocer. Ese que quisiera vivir y  nacer de nuevo, para tener una nueva oportunidad y poder cumplir ese sueño que va más allá de la esperanza.




sábado, 18 de julio de 2015

VIVIR EN EL AMANECER



A veces lo que no sabemos decir, nos duele eternamente. Solo el valor del corazón, abierto y sincero pude liberarnos de este temor.

Nuestro paso por la vida, es un acto fugaz, que debemos aprovechar, con la palabra, con la realidad del sentimiento; con tu verdad, la tuya, esa que quieres decir pero que guardas con el miedo. Dicen que las cosas más valiosas de la vida, son las que tenemos temor a perder. Es cierto, pero es una condena, el sacrificio de la vida por el miedo a perderla. El rechazo del amor, por la amenaza del desamor, del abandono; de sufrir el gran dolor de la extrañeza. No se pierden unos ojos por decisión, se hace por el riesgo de no volver a verlos, o peor aún, no experimentar el sentimiento de la mirada, el de sentirse observado con el deseo de posesión.

Viendo el inminente final de la vida te das cuenta, que no hay nada cuando no amas nada. Que es preferible morir cuando no tienes nada, que abandonarte en una noche   tan solo te dará vientos en la tempestad de tu vida. Que cuanto mayor es el conocimiento, más grande es el amor. Cuando ves el límite de la vida, tan solo ves la luz de los días perdidos, marchitados por tu propia inconsciencia, por la ignorancia de que el tiempo pasa sin posibilidad alguna de recuperación.

Ignoras que aunque regrese, el que se fue nunca vuelve, que tú ya no eres el mismo, que las voces son distintas, que cuando por la piel han pasado otros dedos y otros sentimientos; tus suspiros acaban en lágrimas y tus ojos ya no son  iguales, que veras realidades con las verdades que antes te negabas a ver, que el mundo es tan distinto como minutos pasan por delante de tu existencia, y los pierdes, porque ese día decidiste perder el tiempo, ignorando como siempre, que el tiempo perdido no se recupera.

Cuando vives en el inminente final de la vida, no quieres abandonar el barco, haces juramentos y promesas. Surgen las alianzas que antes te negaste a firmar, porque no querías la vida, porque no te gustaba sentir un mundo en soledad, con el corazón abandonado, o tal vez tirado en un rincón de la ciudad, por aquella persona a la que con tanta generosidad se lo regalaste.

Han pasado muchos días, tal vez años, y sigues igual, tan solo cuando ves el final del camino reaccionas, ves la luz de un amanecer, y aprecias la vida, te sujetas a un amanecer, cuando has tenido cientos de ellos.


Como cambian las cosas, ahora con uno te conformas. Has tirado unos cuantos y uno más; y eres feliz. Sonríes cuando lo ves porque parece una oportunidad, tal vez la promesa no comprometida de unos cuantos más, y es entonces cuando decides respirar, aliarte con la vida, aferrarte a tu existencia, porque cualquier existencia es mejor que el mejor de lo finales, porque no hay finales heroicos, todos son iguales, sin vuelta atrás, sin posibilidad de arrepentimiento por no haber aceptado el regalo de cientos de amaneceres; y ahora solo quieres uno, porque con uno es suficiente para vivir en el amanecer.