sábado, 14 de noviembre de 2015

MI PARIS

Hoy todos nos lamentamos y lloramos por los acontecimientos bárbaros que han sucedido en tal vez la ciudad más hermosa y simbólica del amor del mundo.
Unos sujetos en nombre de Dios, piensan que con la muerte y el terror llegarán a su lado, que salvarán sus almas, que llegarán al paraíso. Poco o nada dista una religión de otra, hemos convertido la muerte en algo divino, el momento en el que nos salvamos y nos unimos con el creador.
La educación desde niños se basa en la violencia. Las clases de historia les enseñan las guerras de la humanidad, desde la primera a la última, con vencedores y vencidos; los que mas matan junto con los que menos mueren. Así educan a los niños, así nos han educado. No enseñan a competir, a ser mejor que el semejante, a triunfar en una sociedad cruel, a tener mas dinero y mas poder que el semejante y una de esas organizaciones es la católica que no nombraré, pero que habla de la obra de Dios. Todo esto se va metiendo en la cabeza durante el crecimiento, junto con el valor del dinero, de ser de clase diferente, de tener mejor coche e incluso de diferenciarnos de la masa que viaja en autobús.
En esa educación donde además se prescinde del amor, se fomenta la utilización de las personas para satisfacer determinados placeres, la necesidad urgente de  gozar porque la vida es muy corta o tal vez demasiado larga para no creer en falsa promesas. Porque es así, los valores de la verdad, el amor, la confianza, la complicidad, la decisión conforme a los sentimientos humanos de unos con otros, se olvida, no merece la pena, lo único que importa es pertenecer a determinados grupos, de poder o religiosos; de combatientes o de simples humanos que tan solo esperamos el triunfo de lo cierto, gritar sentimientos positivos del corazón, de sincera y cruel realidad de un mundo en el que la diferencia está triunfando frente a la igualdad.
Tanto la educación como tantos libros de moda actual, tienen como único fin la satisfacción personal frente al semejante.
Yo no puedo quejarme ni llorar por Paris sin hacer una reflexión global, sin acordarme de lo que los que se convierten en salvadores del mundo, son otras de las causas de todo lo que está ocurriendo. Su lucha de intereses económicos, armamentísticos, petrolíferos, etc…han ocasionado que otros imperios quiera dominar el mundo, como lo hicieron colonos y colonizadores.
Paris y su gente es víctima de esta sociedad basada en la muerte, en la bondad del amparo de Dios tras la vida, cuando en realidad Dios es amor, es libertad, es fraternidad y es humanidad.  

No solamente se muere cuando te quitan la vida, sino cuando te matan la vida.




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