martes, 21 de febrero de 2012

CAPITULO VI. VALERIA, UN RETRATO VACIO.

Ya veo a mi Valeria, sentada en su pupitre, abriendo esa carpeta que le preparé con la ilusión de un padre que contempla a su hija como en su vida empieza amanecer. Que se hace mayor, y que uno de los mas grandes pasos de la vida se inician para recorrer un largo camino. Ese estrecho espacio que existe en la vida, que debemos cruzar tratando que las caídas sean las menos posibles.

Te miro y observo mi amor, mi niña, mi todo, lo mas grande que he creado en el mundo, mi mayor obra, el fruto del amor. Y te veo en un rincón, como a ti te gusta cuando empiezas a dar nuevos rumbos en tu vida. Siempre te ha gustado pasar desapercibida, enroscarte entre tus brazos, sujetar tu cuerpo para que no se te escape el alma. Ese alma blanca y pura que tienes pero que se filtra por un pequeños hueco de tu mirada.

Mi amor, mi vida. Te siento en la distancia, como si estuviera ahí junto a ti, acurrucado a tu lado, siempre cerca y vigilante para evitar que cualquier sufrimiento invada ese enorme corazón que late en tu pecho.

Valeria, mi niña, sigo cada noche dandote un beso antes de dormir, al despertar y en cualquier momento que te acercas a mí. Te tengo en mi mente durante cada segundo del día. Así con tu carita dulce, con mirada baja pero con esos ojos desafiantes y auténticos. Con tu melena, que apenas deja ver tu rostro, y que despejas, cuando solo tu decides, cuando quieres darte en cuerpo y alma dejando ver tu bondad, tu sensibilidad, pero también a esa persona fuerte, segura de si misma y orgullosa de lo que es y de lo que siente.

Mi niña de labios frondosos, carnosos, exhuverantes, que invitan a besar y a ser besados. Mi amor, hoy ahí, sola, como en tantas ocasiones, pero firme, con tus fuertes convicciones, con la consciencia de que la soledad sonora, no es una soledad encontrada, sino una soledad buscada llena de armonía, de paz y de libertad.

Valeria, hija mía. Esta mañana cuando salistes de casa, tempranito como sabes que me gusta, te dí un fuerte beso y me lo corrspondistes. No quería dejarte marchar, deseaba estar contigo. Como tampoco lo quise aquel día en el jardín de infancia, donde te sentistes traicionada y abandonada. Quiero que sepas que yo tal vez sufrí mucho mas que tú, porque tan solo alejarme de ti unos metros, no tenerte a mi lado, ya es sufrimiento.

Mi amorcito, como me conoces, como sabes lo que me gustan las celebraciones. Como no puede ser así cariño. Como quieres que no celebre cuando llegastes a mi vida, cuando te salió tu primer diente, cuando dijistes papa, en tu primer día de colegio donde al salir te encontrastes en la puerta con todos aquellos que pensabas que te habían abandonado. Tu primera mestruación, también es de celebrar, te hicistes mujer, mi mujercita. Cuando te dieron tu primer beso, que yo con los míos quería limpiarlos de tus labios, porque soy un padre celoso y siempre me amarga el miedo de perderte. y como no voy a celebrar tu primer día de universidad, mi niña puesta de largo, eligiendo su camino un poquito empujada por mi.

Mi preciosa niña con la que tantos momentos he pasado. Con la que me ha llenado por completo esta vida, la que ha tintado de color un fondo de grises, la que ha dado tanta felicidad, por ser como eres, por vivir con el corazón en la mano, con sentimientos dispuestos a entregarlos con todas tus fuerzas, sin dejar la mas mínima esencia sin regalar por tu generosidad desmedida.

Mi princesa Valeria, no te importe lo que nadie piense de tí, que no te preocupe parecer una mujer débil, sensible, tímida, introvertida. Tu papi sabe que no, que eres fuerte, que sabes caminar sin apoyarte, en ese camino tan difícil que es la vida, pero que con tu bandera pintada de rosa, podrás vencer los obstaculos que seguro encontrarás y de los que ya tienes alguna experiencia.

Ahora que empiezas a caminar por ti sola, no puedo dejar de recordar aquellos momentos tan dichosos, cuando jugabamos en el parque, cuanto te subías a los columpios. Esos sabados que te despertabas antes que yo porque te gustaba venir conmigo al hiper a hacer la compra, y te sentaba en el carrito, y los dos hacíamos que algo que a la mayoría de la gente le molesta, le aburre, fueran momentos de diversión y de plenitud. Recuerdo cuando te cambiaba tus pañales de niña, cuando paseabamos por las calles en tu carrito o con la mochila sobre mis hombros. Mirabas de vez en cuando hacia detras para comprobar que seguía ahí, que era yo quien lo empujaba, que no te perdía de vista.

Recuerdo mi amor, cada día que te dejaba en el colegio, en todos me sentía que no que quería huir y no dejarte, llevarte conmigo. Por eso los fines de semana eran tan intensos, juntos como a ti te gusta decir, disfrutando de cada instante. Y en esas vacaciones, que aunque a veces mal planeadas por mi locura de la puntualidad, se hacían eternas, pero llenas de belleza y de amor, porque todo da igual, como dices Valeria, porque estabamos juntos.

Depués cuando te hicistes mayor. Entrabas y salías tu solita, y me gustaba, porque empezabas a ser independiente, a decidir por ti misma, a empezar a usar la vida. Si usarla, porque la vida sino se usa, se utiliza, y la vida es para vivirla como tu elijas, como tu la quieras usar sin que nadie te utilice.

También recuerdo Valeria, aquel día que te rompieron el corazón, que te destrozaron el alma y nada podía hacer yo mas que abrazarte, arrancarte ese sufrimiento y quedarmelo yo, poque siempre he puesto y pondré mi vida sobre la tuya, y no puedo, no soy capaz de verte sufrir, y no se que hubiera hecho con ese mal nacido que te abandonó, que te traicionó cuanto tu se lo habías dado todo. Le habías dato tu corazón y abierto toda tu alma, con esa generosidad sentimental que te hacer ser Valeria, mi amor, mi vida, hija mía. Desgraciado será quien te lástime, quien te haga daño, porque no hay mas dolor que el abandono, es desprecio, el castigo inesperado, como el que tu sufristes, y me sentí impotente, incapaz de hacer nada mas que lo que sé. Abrazarte, darte todo mi apoyo, porque siempre me tendrás, como yo siempre te tengo en mi memoria.

Mi niña, mi amor, mi sueño mas querido, cogido a tu mano, sintiendo cada paso de tu corzón por tus venas, paseando por una calle, un parque, o simplemente jugando en casa sobre los sofas naranjas, encima de mi, tu papi querido que aspiraba cada milimetro de la esencia de esos momentos vividos, con el mas bello fruto que jamás halla creado.

Así es mi querida Valeria. Cuanta razón tienes cuando hablabas de la cantidad de casualidades que tuvieron que darse para que llegaras a este mundo, aunque como tu dices, tu alma ya vivia antes que tu existencia. Tantas circunstancias encadenadas con fortaleza una a una, tuvieron que sucederse, para que Valeria mi amor llegaras a este mundo, trayendo armonía, haciéndo de mi vida, una realidad sonora, como una romántica canción francesa de los sesenta.

Cariño, se me nubla la vista, la cara se me enjuaga de lágrimas al pensar que cualquiera de esos eslabones que fueron precisos para que tu existieras, se hubiera perdido por el camino, y no te tuviera, aquí tan cerca, tan amada, mi Valeria.

Tus risas, tus llantos, tu forma de hablar precisa con cuidado y meditanto cada palabra, pero tan expontanea cuando quieres sacar tus sentimientos.

Dicen que el amor a un hijo es el único que nunca tiene fin, que perdura toda la vida. El mío hacia tí, no solo no tiene fin, sino que será eterno, trascenderá a la vida y a la muerte. Algún día se convertirá en una nebulosa, flotará en el espacio entre las estrellas, porque es infinito como el universo.

Así te veía cuando empezastes a crecer, cuando tomastes tu estilo propio, tan genuino, tan de Valeria. Con esas camisetas un poco grandes para tu cuerpo delgado y tus vaqueros, cualquier prenda te sirve, porque eres bella, por dentro y por fuera, porque eres guapa, la mas gupa mujer que camina por la Tierra. Eres la chica de los vaqueros, los inventaron pensando en tí, y esas deportivas o esas sandalias de madera haciendo que cada paso tuyo se sintiera como te agarras al suelo con firmeza. Desde que tomastes estilo propio, siempre has vivido con naturalidad, como te enseñamos, y lo aprendistes, y has vestido de esa forma, expontanea, libre sin prejuicios un poco gipilondia, la Jane Birkin del Siglo XXI. Lo recuerdas mi vida, como te lo decía cuando te ponía alguna de sus canciones, que aunque no entendiamos sus letras, a los dos nos gustaban, nos atraían, porqué si algo has sacado de mí, ha sido el románticismo, el amor idealista, la platónica visión del mundo, entender la vida como un sueño bronceado por el amor.

Cuantos eslabones se tuvieron que unir, que encontrar casi por casualidad, para que tu llegaras al mundo. Cuantas circunstancias inimaginables tuviron que coincidir para que tu madre y yo nos conocieramos, para que enlazando eslabón tras eslabón nacieras fruto de esa unión. Cuantas cosas impensables tuvieron que suceder para crear ese círculo mágico que creó tu vida.

Valeria, hija mía, también tienes que saber otra cosa. Tanta fuerza de la naturaleza, todas esas circuntancias que parecen fruto del puro azar. Tanta energía cósmica empleada para unir eslabón tras eslabón y crear esa cadena, a pesar de su aparente fortaleza, en cualquier momento, en cualquier instante, sin esperarlo, sin desearlo; es frágil, y con un simple girón maldito de la vida, se rompe, aunque sea por un agujerito fino que poco a poco se va limando, se destruye, la unión se rompe, y la mágia desaparece. Sin quererlo, sin esperarlo, a traición; se rompe vida mía, y lo que parecía la unión mas solida jamas conseguida, desaparece entre la nada, soltándose esa cadena, que se unía, eslabón tras eslabón.

Como olvidarlo vida mía. Tu sufristes esa ruptura, cuando te llegó inesperada, por la espalda, como una puñalada trapera. Cuanto sufristes y cuanto te cambió. Sabes que lo sufrí contigo, y como tú, no me he recuperado, tampoco seré el mismo. Mi alma se dobló por mil partes, crugiendo en cada doblez como un ladrido de dolor, que dificilmente me permitía mantenerme en píe. Porqué tu dolor es mi dolor multiplicado por tres. Cada lágrima que se desprendía de tus ojos, cada suspiro que emanaba de lo mas profundo de tu cuerpo, me golpeaba y golpeaba dejándome sin aliento. Vida mía, se rompió tu cadena, los eslabones que la mágia del amor habían unido. Te sentiestes perdida, uno y otro día; y esa herida que no tiene cura, la llevas contigo, por eso ya no eres la misma. Podrá cicatrizar pero la marca dejada queda de por vida. Tampoco soy el mismo. Ahora somos nosotros los que necesitamos esos empujones para que de vez en cuando, sin poner voluntad alguna, se nos pueda arrancar una sonrisa. Esa tristeza que solo se siente cuando llora el alma, es una condena perpetua, que yo hija mía, nunca hubiera querido que te tuvieras que experimentar.

Cuando se rompe ese maldito eslabón y tira por tierra toda la cadena. Esa soledad no deseada te cubre todo por completo. No puedes ni caminar, te falta el apoyo. No sabes donde ir ni donde mirar, porqué antes toda era fácil, mirabas con otros ojos. Cuando se pierde ese eslabón, no encuentras el norte ni el sur, ni el este y el oeste; la brújala que te orientaba en la vida se ha perdido; como tu y yo mi amor, mi niña, mi Valeria; pérdidos en el espacio, sin rumbo. Ya nada tiene el mismo sabor, los colores son oscuros, los olores primaverales desaparecen y la música pierde su armonía. Es la nada vida mía. Ya no tiene sentido, respirar, escuchar, oler; vivir.

Aunque te parezca muy triste Valeria, hija mía; no lo es. Tu has sido afortunada, has vivido el amor con toda su plenitud. Has tenido la oportunidad de entregarte en cuerpo y alma. Eso es alegría, has usado tu vida, tu vida soñada bronceada por el amor, y debes saber que no todas las personas han tenido esa fortuna, esa suerte de experimentar la unión de esa cadena, el encaje de las almas gemelas, de encontrar a tu media naranja. Es felicidad aunque no te lo parezca, porque es dificil de encontrar, y aunque no hay otra que pueda encajar, te quedan tus vivencias, tus recuerdos; y esa es tu riqueza, porque son tuyos y de nadie mas.

Ya no somos los mismos. Seguimos por la vida y nos movemos por pura inercia, impulsados por el rebufo, porque todo no se acaba, aunque sea mucho lo perdido, lo mas preciado, nuestro mayor tesoro, hay que seguir respirando y caminando apoyandonos en los recuerdos, en la nostalgia, que no es tristeza; es un estado de plenitud y de felicidad. La riqueza de las personas, está en sus recuerdos, en los momentos vividos.

Hija mía, nunca sabes cuando se perderá ese eslabón, nunca estamos preparados para la pérdida, para el fracaso y menos aún cuando intentamos como podemos, aún a riesgo de no conseguirlo, tenerlos engrasados día a día. Intentar que cada momento sea especial, porque la fortuna del amor debe regarse a diario, debe mimarse para que cada día siga creciendo aunque a veces pensamos que las cartas cuando están sobre la mesa estan presas, y eso no es verdad.

Hoy , después de recordar y repasar tus vivencias, pienso en el futuro, que será de tu vida, hasta donde llegarás, aunque al final sé que tu has llegado muy lejos. Lo mas importante en la vida, es lo que eres como persona. Los existos profesionales o económicos no son mas que fugaces hazes que deslumbran durante un corto espacio de tiempo y luego desaparecen sin mas. Ser persona, y ser buena persona es el grán triunfo, y tu eso ya lo has conseguido. Recuerda las palabras de tu padre que tantas veces te ha repetido: "no es malo ser bueno". Si esa mochila que en definitiva es la vida, y que vamos llenando con cada paso que damos, introduces bondad, simpatía, amistad, amor, sinceridad, respeto; triunfas. Esas son las personas que deberían ser la portada de las revistas y de los periódicos, las que tendrían que aparecer en algún capítulo de un libro de historia. No es así, esas personas, salvo excepciones, pasan desapercibidas, no se habla de ellas, no son objeto de ninguna portada. Y tu eres así, mi querida hija. Una mujer discreta, amiga de tus amigas, generosas con quien se lo merece, y el grán amor de mi vida.

Parece que te estoy dando otro discurso. Recuerdas Valeria, esas noches que antes de dormir te metías en la cama, allí los tres juntitos, y os gustaba que os hablara de algún tema, y cuando me interrumpiais, yo os decia: -callaros es mi discurso-, y las dos calladitas con los ojos bien abiertos escuchabaís cualquier historia que me inventaba, y poco a poco, vuestros parpados se iban haciendo mas pesados y terminabaís dormidas profundamente; y yo os miraba y os daba el beso de buenas noches.

Todavía, ahora que ya eres toda una mujer, y te miro en un retrato, me sigues pidiendo que te cuente alguna historia, y te pegas a mi y me miras sin pestañear, pero tus ojos no son los mismos, han cambiado, no es que sean mas tristes, es que la vida te ha dado un golpe difícil de recuperar, pero estas ahí, y seguiras tu camino intentando esquivar cada bache que en la vida te encuentres, y no se si te habras hecho mas fuerte, no lo creo, pero podrás contarlo como yo lo estoy haciendo, y lo viviras con una bonita sonrisa en tus labios frondosos siempre dispuestos a besar.

Yo, hija mía, miro ese marco y no me despego de tu mirada penetrante. Esa mirada que parece que lo ve y lo siente todo, y llevo tu foto en mi cartera siempre ahí guardada cerquita de mi corazón, para verte en cada momento, mirar tu cara fruto de un amor, que es su camino perdió uno de sus eslabones.

Calló a la tierra, no se si oxidado por el tiempo, por no haber sido bien cuidado o porque alguién lo cortó. Pero ese eslabón del milagro de la vida se perdió y con él toda la cadena. Esa cadena de milagrosas casualidades que poco a poco fueron formando ese circulo donde yo te esperaba.

Valeria, soy feliz, por tenerte en mi pensamiento y en mi corazón. Por seguir dandote un beso al amanecer y antes de dormir, por llevar tu foto en mi cartera. Con la pérdida de ese eslabón, tú que ya tenías nombre antes de nacer te quedastes en el camino, sin poder completar esa cadena, y yo aunque estoy aquí pensando en tí, tambien me quede roto en el suelo, esperando impaciente tu llegada. Tú que ya existías con tu alma, por la pérdida de ese eslabón nunca llegaste a nacer. Pero estas viva, porque yo te tengo siempre presente y porque te amo. Te amo mucho Valeria, y serás feliz, porqué naciestes en el cielo entre temblorosas alas de ángeles que ríen.

Un beso Valeria, hija mía. 



viernes, 17 de febrero de 2012

CAPITULO V. VALERIA EN BLANCO Y NEGRO.

Dicen que los sueños son deseos que queremos que se hagan realidad. Durante estas horas no he estado soñando, he estado recordando, dando rienda suelta a unas gotas de nostalgia, de melancolía. La diferencia entre soñar y recordar, es que los recuerdos son deseos que han pasado, sin embargo los sueños por mucho que algunos los queramos hacer realidad, son eso, intentos de que se cumplan los deseos. Mis recuerdos además los llevo grabados en mi pecho, son reales aunque contados con el corazón. Dos personas pueden haber tenido una misma vivencia y recordarla de forma muy diferente. Recordar repitiendo exactamente esa vivencia porque la tienes en la memoria. O recordar esa misma vivencia, junto con las emociones que te ha aportado la misma, o los sentimientos que te ocasiona el volver a vivir en la memoria, ese mismo momento, ese instante inolvidable, esa gota de tu pasado que a veces se convierte en una lágrima.

Lagrímas a flor de piel son las que yo tengo en este momento. He pagado y me dirijo a la puerta que me conducirá a clase. Siento un dolor en el pecho que no me deja respirar, y en mis ojos se forma una niebla humeda, trasparente que gotea sin parar. Estoy llorando.

A mi memoria llegan imágenes de otros años, de otros momentos, de la niñez, del primer día que fuí al jardín de infancia, de como me agarré a los pantalones de mi padre, como sentína que me abandonaban, que me dejaban sola entre esos otros niños y unas señoras que lanzaban sus brazos hacía mi, para cogerme, para robarme. Y yo lloraba, gritaba, como si se me escapara el alma, como si esas personas tan maraviollosas que hasta ese momento me habían cuidado, que no se habían separado un segundo de mi, me dejaran, me abandonaran. Sentía que nunca los volvería a ver, que me traicionaban. Y cogía tambien a mi madre, y me aprete a su brazo, no la soltaba, y me decía que me lo pasaría bien que jugaría con otros niños. Y me soltaba, quería hacerme una foto, y no entendía nada, me dejaban, me abandonaban, y aún así quería hacerme fotos de mis desgracia, de mis lloros, de esa angustia que se siente cuando te abandonan, cuando te dejan, sin saberlo, sin tenerlo previsto. Ese vació interior que se revuelve en un sin fin de giros de emociones contradictorias, donde la soledad, el abandono es lo único que sientes. Desprenderte de lo que mas quieres, es sufrir un dolor que atraviesa lo mas profundo del alma, y mas si te dejan, te abandonan. El mundo se hace feo, se hace todo horroroso, se quitan las ganas de vivir, de respirar, ya nada será igual. El abandono es el peor de los sentimientos. Es una fustración, es rechazo, es pérdida, es quedarse acurrucada en un rincón sin querer levantar la cabeza, sin mirar hacía ninguna parte, cubriendo todo tu cuerpo con tus brazos para ahogarte en una agonizante lluvia de lágrimas que se deslizan como la sangre de una herida.

Porque las lágrimas son la sangre del alma. Cuando el alma es dañada, cuando esta dolida, cuando es maltratada, cuando es abandonada; sangra por los ojos, y se siente en un llanto vacio, descarnado. Infame castigo el abandono, cobarde, miserable y destructivo. Así yo cogida de mi padre y de mi madre, no les soltaba, y me sentía abandonada por aquellos seres que en ese momento para mi, me despreciaban, me traicionaban, arañaban con unas finas uñas cada centímetro de mi corazón. Y mientras, unas señora rubia con ojos de loca, riendo sin parar, decía -vente bonita conmigo-¿quien era?, porqué querían que fuera con ella, porque ni mi padre ni mi madre me cogían, porqué no me libraban de esos ojos infernales que alargaba su mano hacía mí, y me arrastraba, y mi cara contra el sulelo caía, y no hacían nada. Que estaba pasando, porque no me libraban, porqué se apartaban y se alejaban de mi. ¿Porqué me castigaban?.

La ágonía duro, no sé, cuatro, cinco, seis horas, o muchas mas. Una eternidad, un infierno de lagrimas y de angustía me invadió durante todas esas horas. No paré ni un segundo, me sentía en un sitio extraño, rodeada de niños jugando con lápices de colores, y esa mujer de ojos saltones que no paraba de gruñirme para que me callara. Y era insufrible, no lo podía evitar, había sido tirada allí por mis padres, mis personas mas queridas. Habían sido ellos y solo ellos los que me habían dejado, y era imperdonable, y como niña tan solo podía manifestar mi angustia con las lágrimas. Lágrimas que eran de pánico y también de odio. No recuerdo otro momento en que los haya odiado de esa forma tan bisceral, tan profunda, tan enérgica.

Pasaron esas terribles horas, y yo, ya sin gritar pero con las lágrimas cayendo de mis ojos, ya no como una tormenta, sino la lluvia persistente de un día de otoño, de pronto, sin esperarlo, sin saber que esa tortura tenía un final, de pronto y sin avisar, esa señora de pelos rubios mal peinados, de ojos saltones como sacada de una película de terror, me cogió de la mano, y yo se la retiré, el pánico me invadía, ¿donde me llevaba?, ¿que quería hacer conmigo?. Me tomo en brazos, no sin recibir alguna patada mía, y me sacó fuera de esa habitación plagada de mocosos que se metían los dedos en la nariz, y al parecer antes de la hora, fuera de ese infierno pude ver que al otro lado de la puerta se encontraba mi madre. Se me apareció la luz, había vuelto, no me había dejado. La señora de ojos saltones, que me llevaba en volandas, me puso en los brazos de mi mami. Me cogió fuerte, me apreto junto a su cuerpo, note cientos de latidos de su corazón. Me apretó mas y mas, me besó, secó mis lagrimas que de nuevo se convirtieron en tormenta. Puso mi cabeza sobre su hombro y con sus manos me daba unas palmaditas en la espalda, no se si para consolarme o para avisarme de que había sido mala, que no me había portado bien.

Salimos de ese edificio de lo horrores, y ya en la calle, fuera de la mansión del terror, allí, con los brazos abiertos se encontraba mi padre saliendo del coche que había dejado en doble fila. Me llamo por mi nombre, ¡Valeria,Valeria amor mío!, ¿amor suyo?, si me había dejado tirada entre brujas y niños diabólicos, como podía decirme eso. Seguí llorando, y aunque todavía quedaba algún rastro de odio en mi interior, de los brazos de mi madre, los primeros que había sentido después de aquel horror, me cogió me lleno la cara de besos, y lloró, y compartió sus lágrimas con las mías, y mi madre también nos abrazó, como si ellos también quisieran compartir mi angustía, mi dolor, pero senti tanto amor, el amor del hogar, que las lágrimas se deslizaban por mi rostro, sin odió, sino con felicidad. ¡Y sorpresa!, del coche también salió mi abuela paterna. No comprendía nada, ¿porqué estaban todos allí?, no sabía que fuera un día especial, que comenzaba algo que iba a durar muchos años, y mi abuelita, tambien me cogió, y lloraba mas que nadie, y me comió a besos, tantos que ya no era capaz de digerirlos, y la abracé, tan fuerte como pude, con tan solo cinco años. Me habían rescatado tras abandonarme, y no lo entendía. No comprendía que ese momento, en que por primera vez salía del nido familiar, todos habían sufrido durante esas eternas horas tanto o mas que yo.

Pero mi sorpresa no acababa con esos abrazos, de reptente, mi madre empezó a sacar del coche, una muñeca, un osito, otros regalos que ya no recuerdo, y no entendía nada. El dejarme allí tirada, sin su protección, sin sus cuidados; tenía recompensa, tenía premio. El premio que no siente el apremiado, porque no había regalo alguno que calmara mi dolor, como ese ramo de flores que te manda tu novio cuando la noche anterior te dice, que no seguimos, que quiere romper, que no quiere seguir contigo.

Que momento mas extraño para recordar lo que ha sido mi única relación con un chico. Vaya momento éste. Mientras estoy aquí entrando por la puerta de este edificio buscando entre empujones que clase me toca.

Ya he contado que hasta ahora había tenido dos relaciones que se puede resumir a una, porque la primera fue un pequeño rollito que no duró mas de cinco días. No dejó huella en mi, tan solo fue una experiencia que terminó como empezó, mal. La otra relación fue mucho mas intensa. No duró mas de seis meses, que parece poco, pero ahora me parece una eternidad. Fue el año pasado. Un chico de clase que me enamoró por su persistencia. No sabía quién era, en clase mas o menos eramos el mismo número de chicas que de chicos, pero cada día en mi pupitre, entre mis papeles, cuando estaba descuidada, me dejaba una nota. En algunos casos eran poesías de amor, otras hablaba de mi, de lo que le gustaba, de como sufría su corazón cada vez que le miraba. Yo no sabía quién era y empecé a tener una curiosidad casí paranoíca. Durante las clases no miraba al profesor, no atendía lo que explicaba; me pasaba las horas mirando la cara de cada uno de los chicos para intentar descubrirlo.

Sospechaba del que me miraba al mirarlo yo, del que me sonreía, el que me saludaba al llegar a clase, del que me decía adios al salir. Estaba en un mar de dudas y con una sensación de incertidumbre que me gustaba. Pasados unos días, cuando incluso ya me empezaba a molestar tanta notita anónima, al salir de clase, de repente, siento que una mano se posa sobre mi hombro. Se trataba de un chico que conocía de hacía bastantes cursos pero que no habíamos mantenido una relación mas allá de un saludo o de una conversación tomando un café. De repente, tintada toda su cara de color de rojo, me dice que era él. Que me estaba mandando notitas ya hace tiempo que si las había leído. Yo como me había quedado un poco impresionada por el momento, le dije que sí, que eran muy bonitas y le pregunté por el motivo. Me dijo, que ya hacía dos años que estaba enamorado de mi, que le gustaba muchísimo pero que como nunca coincidiamos en ninguna reunión, ni los amigos eran comunes, nunca había podido decirme lo enamorado que estaba de mi. Me quedé de piedra. Varios años y yo sin notar nada, sin sentir que unos ojos te miran, que le gustas a alguien, y eso que según dicen las chicas tenemos un sentido especial para detectar esas cosas. Me preguntó que si me apetecía tomar algo, y yo como estaba todavía dentro de toda esa confusión e impactada por la noticia, le contesté con un si, que ni yo lo pude oir.

Ya en la cafetería, le deje hablar. Yo no sentía en ese momento nada por él. Nunca me lo había planteado, ni me había fijado. Me gustaban las notas de amor que me dejaba, soy sensiblona con ese tema, pero como no le había puesto rostro a esas palabras, no sentía nada. Habló y habló sin parar, no se si por nervios o porque de una vez se había liberado mostrándome su corazón, y me gusto, lo que decía, lo que hablaba, su tono de voz, su timidez liberada. Le sonreía, y tras unas dos horas empezaba a gustarme, mas aún me estaba colando por él.

Cuando llegué a casa, no podía dejar de pensar en otra cosa. Primero llamé a mis amigas y alucinaron. Después se lo conté a mi madre. Primero se quedó sin palabras, hizo un té, y las dos nos sentamos en el sofá naranja de casa, juntitas con una manta sobre las piernas porque a las dos nos gustaba, y como niñas no paramos de reir, ella feliz por mi, y yo como una tonta. Como una enamorada, que se rie sin sentido y no para de decir estupideces. Y me pregunto que como era, que como lo había conocido, si nunca me había fijado en él; y mientras contestaba, no me lo podía creer, tan solo me había tomado un café con él, y ya necesitaba verlo de nuevo, oir su voz, poner su foto en mi mesilla, en mi cartera.

Conforme subo estas escaleras que se me estan resistiendo después de estar no se cuantas horas en esa cafetería, sigo recordando aquella tarde. A mi madre fue muy fácil decirselo, no se bien, eramos madre e hija, pero también hermanas y me sentía mas suelta con estos temas con ella que con mi padre, con el que tengo toda la confianza del mundo, pero no se, es otra cosa, y así ocurrió.

Cuando a las dos horas de la noticia de que tenía novio, bueno que había conocido un chico, pero para mi ya era mi novio para toda la vida, llegó mi padre y por supuesto que no se lo pensaba oculatar. Mi madre, que siempre ha sido muy borde, no hacía mas que pincharme, de comos se lo diría, que si se lo iba a presentar, que se iba a volver loco. Hasta que llegó mi padre fue una auténtica tortura. Entró por la puerta, y como siempre nos dió un beso a cada una. Mi madre estaba haciéndose otro té y algo de cena, aunque no era lo habitual, lo normal es que cocinara mi padre, desde pequeña le he visto ir a la compra, hacernos la comida el domingo para toda la semana, hacer la cena. Y no le era un sacrificio, le encantaba. Los sabados por la mañana siempre hacía la compra en el hiper. Se levantaba pronto y feliz porque todo eso forma parte de un hogar, se iba a comprar, y cuando podía, la mayoría de las veces, yo de pequeña le esperaba el sabado por la mañana despierta para irme con él, me encantaba que me subiera en el carrito de la compra e ir subida en él por los pasillos del hiper. Después llegar a casa, sacar la compra que eso lo hace mi madre, almorzar juntos, y como todos los sabados ir a comer a casa de mi abuela materna junto con mis tíos y alguna vez mi prima. Así era y sigue siéndolo. Luego por la tarde, o nos ibamos de compras o al cine, a cenar a algún sitio. Ellos siguen haciendo esas mismas cosas los sabados por la tarde, a veces también se van de copas, y yo hace tiempo que por la noche los sabados voy con las amigas, pero en muchas ocasiones no me apetece y sigo haciendo esas mismas cosas que hacía desde pequeña. Hiper por la mañana, comida en casa de la abuela y luego por ahí con mis papis, porque son mis mejores amigos.

Yo estaba pensando en el momento que mi padre entro por la puerta cuando conocí a mi novio, y bueno me he ido por las ramas y ya casí estoy llegando a clase. Es lo mismo. La mayor de nuestras libertades es pensar lo que queramos, otra cosa es poder o querer expresarlo. Bueno, volviendo al inicio. Mi padre entró, nos dió un beso mi madre estaba en la cocina y yo sentada en el sofa naranja mirando la tele o mejor haciendo como que la miraba. Mi padre empezo a mosquearse porque mi madre no paraba de toser de canturrear cierto nombre, y de pronto mi padre que no se habia quitado ni la corbata, puso la cartera en su sitio y se sentó. Dijo: -de aquí no me muevo hasta que no me conteis alguna de las dos lo que esta pasando-. Mi madre desde la cocina, decía que ella no tenía nada que contar, pero que Valeria lo mismo si. Mi padre se sentó a mi lado, muy juntito a mi para ponerme mas nerviosa, e insistió, ¿que me tienes que contar?. Mi madre seguia en la cocina, pero de vez en cuando echaba un vistazo al comedor, y al vernos tan juntitos, se moría de risa. -Mira papi- le cogí de las manos, -es que he conocido a un chico, y me gusta-. Mi madre cotilleando desde la cocina y mi padre sin soltar mis manos las fue abandonando poco a poco, se quedaba sin fuerzas, el nudo de la corbata le impedía respirar y un color rojo se le subió a la cabeza, que mas que eso parecía una gran calabaza recien sacada del horno. Respiró a duras penas, soltó mis manos, se aflojo el nudo de la corbata, se levantó, se quitó la chaqueta y la colgó en una silla, se dirijió a la cocina y sin dejar de mirar a mi madre que tenía dibujada en su cara una sonrisa muy tonta, abrió el frigorífico y cogió una cerveza. Después sin soltar palabra, de nuevo se sento a mi lado, bebió un trago importante de la cerveza y cuando ya se encontraba un poco recuperado, me dió un beso y me pidió que se lo contara. Y lo hice, y cogió mis manos de nuevo, ahora las apretaba, y le gustaba lo que le contaba, de sus ojos comenzaron a caer unas poquitas lágrimas, y me miro sin pestañear, y llorando se acerco a mi cara y me dio un gran beso. Un beso que limpiaba otros besos, los ajenos, pero sabía que era feliz, porque era una historia bonita, porque no le había ocultado detalle y también era feliz de verme enamorada aunque con el temor de que ese chico alguna vez me hiciera sufrir, lo que al final así ocurrió.

Mi padre, que yo sabía que para él esto era un golpe, se puso a llorar ahora a pleno pulmón, sin dejar de preguntarme: -Valeria, hija, ¿porqué te has hecho mayor? ¿porqué?.

Después de hacerse esa pregunta una y otra vez, y abrazándome tan fuerte como si algo se le escapara, como si estuviera perdiendo algo tan valioso como su propia vida, ya mas tranquilo, me empezo hacer cientos de preguntas; que como era, que como lo había conocido, si era guapo, si me quería mucho, si quería que lo matara..¡¡jajaja!!. Cuando le comenté que lo acaba de conocer, que no había tenido con él mas contacto que un café en una cafetería, su pregunta era normal: ¿y ya es tu novio?. Claro es que la mama desde la cocina no hacía mas que decir con un tono de cachondeo: -¡Valeria tiene novio!-¡Valeria tiene novio!. Graciosilla. Pero no le faltaba razón para mi ya era mi novio, y eso no era algo que pudiera extrañar a mi padre, es el mas creyente del mundo de los flechazos, de los amores a primera vista. Este lo era, pero tanto como a primera vista, no. A mi me tuvieron que dar la vista para fijarme en este chico, tuvo que llamar la atención con sus notitas y sus palabras, sino hubiera sido así, lo normal es que jamás me hubiera fijado en él. Mi padre por supuesto que ya quería conocerlo. Que lo invitara a casa a cenar o en un restaurante. Le tuve que frenar los pasos, no había hecho mas que conocerlo, pero la ilusión, la mágica sensación del amor se había apoderado de mí, y es cierto, estaba deseando que lo conocieran mis padres, de mostrar al mundo entero que estaba enamorada, y que él era el amor de mi vida.

Después de ese primer contacto, donde yo ya me encontraba totalmente enamorada, los días se sucedieron entre paseos cogidos de la mano, de besos entregados y recibidos. Noches de cine con las manos entrecruzadas, para que no se escapara nada de nosotros. Días en clase sentados juntos, mirándonos sin importarnos nada mas en el mundo. Fantasías detras de cada esquina que me hacían vibrar, sentir latir su corazón y romperme el mío con la mágia del deseo y de la necesidad de la persona amada.

En esos primeros días todo era perfecto. Ese amor lo compartí con mis padres, no les estaba privando de nada mío, ni una gota menos de cariño. Lo compartía con ellos, para que también participaran de mi felicidad, para que mi dicha la sintieran, auque como no puede ser de otra forma, algo les restara de mí, pero poco, siempre encontraba el momento para la recompensa.

Como deseaba compartirlo, y mi padre estaba deseoso, impaciente por conocer a ese chico que le estaba robando a su pequeña, a su Valeria, ideas suyas, porque siempre seré su Valeria. Concertamos una noche para salir los cuatro juntos a cenar y así poder presentarselo. Mis padre propusieron que lo trajera a casa, pero a mi me pareció mas relajado cenar en un sitio público, un sitio neutral donde todos estuviesen mas relajados.

Esa noche llegó. Mis padres llegaron por un lado y nosotros por otro, para evitar una repentina llegada de él sin nadie donde apoyarse. Según me contó mi madre, varias horas antes mi padre no hacía mas que dar vueltas por la casa. Se sentaba en los sofas naranjas y se levantaba. Salia a la terraza y se fumaba dos o tres cigarros. Volvía a entrar y se tomaba una cerveza. De nuevo se sentaba, se levantaba, salía, entraba, otro cigarro, otra cerveza. Estaba nervioso y celoso, en esos momentos lo odiaba, pero a su vez lo quería, porque a mi me quería. Se tuvo que tomar unos tranquilizantes, según cuenta mi madre para poder aguantar el encuentro con el hombre que me amaba, con el chico que había secuestrado el corazón de su niña, que hasta ese momento era exclusivo de él.

Como no podía ser de otra forma, mis padres llegaron antes al restaurante, uno elegido por ellos, nos invitaban. Llegaron como media hora antes, por si seperdían los postres. Entramos por la puerta, miramos entre las mesas, y allí estaban los dos cogidos de la mano. Mas bien, mi madre sujetaba la mano temblorosa de mi padre. Nos acercamos, mi novio y yo hacía la mesa y comprobé como de reojo mi padre lo examinó de arriba a bajo y de derecha a izquierda, lo que se dice un examen rápido y completo. Empuje a mi novio hacia la mesa, pues también tenía sus nervios, mis padres se levantaron, se hicieron las presentaciones y nos sentamos. Yo solo miraba a mi padre y una especial ternura me cubria , como una sabana de cariño al verlo, allí sentado y con los ojos enrojecidos.

Después de unos momentos de silencio, que yo trate de llenar hablando de mi novio, de sus estudios de sus origenes de sus ambiciones, todo se relajo a la hora de pedir la comida, el vino. Conversaciones la mayor parte triviales, como no puede ser de otra forma en ese primer encuentro, y todo empezó a funcionar con mas tranquilidad, con menos carga sentimental.

Al finalizar, yo me fuí con mi novio a dar un paseo y mis padres a casa. Al parecer les había gustado. A partir de ese día, todo fue mucho mas natural. Mi padre y mi novio tenían muchas conversaciones sobre la vida, y él pasaba muchas tardes en casa, por lo que su presencia ya era algo habitual y la normalidad se dejo caer entre todos nosotros.

Ya había llegado a la puerta del aula, pero estaba cerrada, por lo que encontre un huequecito en un banco repleto de otros estudiantes para de nuevo esperar, y recordando ese primer encuentro y los días posteriores me doy cuenta de que constantemente he nombrado a ese chico como mi novio. Si me gusta la palabra novio. No esas alternativas del chico con es que salgo, del amigo fuerte, del compañero. No, era mi novio. Teníamos una relación mas allá del compañerísmo o del salir a la calle juntos. Era mi novio y no hay nada mas que hablar.

Pasados unos meses también quería presentarlo al resto de la familia, era mi novio y quería pasearlo, presentarlo, exhibirlo. Un sabado, como todos a medio día, fuimos a comer a la casa de mi abuela paterna, y vino él. Allí estaba mi abuela, mis tíos y mi prima, y por supuesto mis padres. Esa experiencia fue mucho mas fácil. Mi abuelita materna se alegra de las alegrías ajenas y mas si son de su nieta. Y no solo eso, le encanta estar rodeada de gente, de que nos reunamos todos juntos, de que haya conversación, que se hable y se disfrute de cada momento en familia. Es muy familiar, y no puedeo evitar decir lo que la quiero, media infancia la pasé entre sus brazos, en su casa, jugando con ella, cuidándome mientras mis padres trabajaban. Mi nacimiento la hizo rejuvenecer, mas aún de lo que está a pesar de su edad. La hizo sentir de nuevo experiencias que ya había tenido con mi prima, pero la diferencia de edad fue para ella un rejuvenecer. Como siempre dice, los niños son la alegría de la casa, y mi nacimiento fue el mejor regalo que mis padres le pudieron hacer. De nuevo se sintió útil, necesitada y encantada de tener a alguien que cuidar. Si, media infancia la pase a su lado y la tengo siempre en mi corazón, y la visito todo lo que puedo, además de los sabados a comer, porque cuando le doy la sorpresa de llamar al timbre de su casa y decir que soy Valeria, se vuelve loca y al abrir la puerta me regala un ramo de besos y abrazos, como los que a mi me gustan. Esos besos sonoros. Los besos sentidos con el vertice del alma.

Y así pasaron dos, tres, cuatro meses desde que tuve novio. Cada vez pasaba mas tiempo en casa. Repitió en muchas mas ocasiones la comida del sabado en casa de mi abuela. Y pasaron esos meses y otros mas, paseando, yendo al cine, saliendo por la noche, estudiando en casa, en clase; y yo no necesitaba nada mas, tan solo pasar el máximo tiempo posible con él. De repente llegaron unos días donde yo lo encontraba extraño, distante, como en otra parte cuando estabamos juntos. No le di importancia, también era época de examenes, y era normal que tuviera la cabeza en varios sitios a la vez. Al contrario que pasaba con mi familia, a la suya tan solo la ví en dos o tres ocasiones. Tampoco le dí importancia, toda la gente no va a ser igual que yo, y él familiarmente era mas desprendido, había tenido una infancia y una relación familiar diferente.

Cada vez venía menos a casa, mis padres me preguntaron si pasaba algo, yo no sabía que constestar pues nuestros encuentros también se limitaron y no quería alarmarlos. A veces salía de casa e iba a estudiar a casa de una amiga y yo les decía que estaba con mi novio. No los quería hacer sufrir, pero mi dolor empezaba a notarse, la tristeza en mis ojos y sin poder evitarlo las lágrimas; y eso ya no lo pude evitar.

Mi padre quería hablar con él, me habían pillado llorando sola en mi habitación, tumbada en la cama sobre la almohada, que hacía a su vez de colchon de mi pena, del vacío que empezaba a sentir, de la tristeza marchita que te corroe todo el cuerpo, del abandono, de la pérdida. No deje a mi padre hacerlo. Se que una vez lo llamó por teléfono, y no se si fue para bien o para mal, su intención era protejerme y por lo tanto no cabe discursión.

Yo harta de llamadas sin contestar, de preguntas sin respuestas o con evasivas innecesarias; ¡era mi novio!, ¡le había dado todo de mi!, no lo entendía. No comprendía el alejamiento y las miradas cruzadas sin detenerse el uno en el otro. Yo lo quería como el primer día. Yo lo amaba con toda mi alma, y no entendía nada. Ningún suceso extraño había pasado, nada para que tuviera esa actitud hacia mi, ¿que le había hecho?, me preguntaba una y otra vez.

Después de varias semanas vacias, donde estabamos juntos pero él muy lejos, a muchos kilómetros de mí, de su boca salieron las palabras que nunca quise oir. Unas palabras para la que no estaba preparada, no las había ni imaginado, ni me había planteado como una posibilidad; me dijo que me dejaba, que no quería seguir junto a mi, que estaba empachado de mi presencia, que le había robado su libertad, que me fuera con mi papá, que necesitaba aire para respirar, que había ocupado todo su espacio. Que se había dado cuenta que no me quería.

Rota como una flor acechada por el viento, me quedé sentada en ese banco del parque al lado de mi casa, cuando lo ví levantarse, marcharse, sin un adios, sin nada, tan solo un movimiento y en un instante ya no estaba.

No lo podía creer. Le llame cientos de veces a su teléfono y no recibí contestación, lo llame una y otra vez hasta que mis dedos ya no acertaban a marcar su numero. Estaba paralizada, sin creerlo, pero sin poder moverme. Vacía por dentro y por fuera. Despreciada, abandonada, sin sus poesías, sin sus besos, sin su mano sobre la mía. Me encontraba destrozada, covijada entre mis lagrimas tapadas por mi melena, y sola, acidamente sola; con esa soledad que no es la buscada.

Inmovil allí sentada, paso una hora y otra hora. Hacía frio pero no sentía nada. Llegó la noche y pasaron mas horas. Ya era media noche y yo seguía allí clavada. Mi teléfono empezo a sonar, miré de reojo, sin la esperanza de que fuera él, sabía quien era. Eran mis padres, era tarde y yo siempre avisaba cuando me iba a retrasar en llegar a casa. Y no contesté, sabía que les estaba haciendo sufrir, que mi silencio les haría pensar lo peor, que había tenido algún problema. Insistieron llamando, y yo sin responder. Solo esperaba en ese moemnto que me llamara él, pero eso no pasó.

Pasaron otras horas y no cogía el teléfono. Sabía que a él también le estarían llamando y que tampoco contestaría. ¿Porqué les estaba haciendo sufrir?, no lo se. Era la primera vez que hacía primar mi sufrimiento sobre el suyo. No me importaba nada ni nadie. Estaba abandonada, y ese sentimiento es el mas doloroso para una chica como yo, que siempre ha sido cuidada y querida.

Las cuatro de la mañana, y de repente, y no se porque razón y como lo pudieron saber, que de repente sentí una mano sobre mi hombro, y mas manos sobre mi. Eran mis dos papis, con su cara tapada por el miedo abrazando lo poco que quedaba de mi, intentando alentarme, darme aire, acariciando la nada, porque yo no era nada en ese instante. Y ahí estaban como siempre. Sin malas palabras, con su silencio sonoro, con sus labios besando mi cabello, y sujetando mi corazón para que no se escapara, y doloridos, incluso mas que yo.

Solo oía ¡hija mía!, ¡Valeria mi niña!, ¡Valeria mi amor!. Como pudieron me levantaron, me cogieron en brazos. No podía caminar, de repente no cabía en este mundo, estaba rota, encogida, desarmada y muy desgraciada.

Como pudieron me llevaron a casa. Esa noche, ya casí madrugada, mi madre se quedó conmigo tumbada en el sofa naranja. Juntas abrazadas y sin mediar palabra.

Mi padre, sentado en el suelo todavía no había superado el miedo de esas horas sin saber de mí. No había digerido lo que había pasado, dejó pasar esa noche, casí madrugada, sin palabras.

Pasaron días, semanas, sin practicamente moverme. Estudiaba un poco, algún día iba a clase, pero él nunca estaba, había desaparecido entre la nada. Mis amigas me protegieron, me ayudaron a pasar esos examenes. Estudiaban conmigo en casa, y practicamente a la fuerza metían cada examen en mi cabeza.

Desde entonces, ya no soy la misma, aunque sigo creyendo en la poesía, en el amor puro y romántico. En las palabras hermosas y los besos sentidos.

Por fin abrieron el aula. De repente todos querían entrar a la vez. Yo a la espera, para buscar una esquina un rinconcito donde sentarme, donde quedarme a solas.

Sigo adelante y he llegado hasta aquí, gracias a mis amigas que tanto me apoyaron, que con su esfuerzo pude aprobar la selectividad, y sobre todo porque mis padres se merecen este esfuerzo, el seguir viviendo, de una forma u otra. En la nostalgia y en la melancolía. Todo este esfuerzo es por mis papis. Los que nunca me fallaron ni me fallaran. Lo hago por los dos porque me amais desde aquél día siete de septiembre de hace dieciocho años. Os quiero.

Hoy , aqui sentada en mi rincón, en un pupitre cercano a la pared, abro esta carpeta con la que se inicia esta nueva etapa de mi vida. Hoy papi, empieza mi primera clase de derecho. Tu has elegido por mí, cuando yo no era capaz ni de mirarme al espejo. Espero pasar contigo y con mama, muchas horas estudiando juntos, porque eso es lo que quiero, porque eso es lo que tengo. Los tres juntos como siempre. Comienzo esta carrera de Derecho, pero no estoy sola. Estamos JUNTOS.



martes, 14 de febrero de 2012

CAPITULO IV. VALERIA, VOLANDO ENTRE SUS SUEÑOS.


Por fin llego el camarero y me puso mi café con leche sin mas comentarios, parece que va aprendiendo a comportarse, a saber estar y no intentar conseguir con sus palabras lo que no estoy dispuesta a dar, ni una sola sonrisa de mas. Las sonrisas como el cariño, como el amor; son bienes escasos, creo que debemos suministrarlos con moderación, cuando es oportuno y a la persona que se lo merece, y no a cualquiera que aparece por la calle.

Soy pura contradicción, por un lado quiero ser exclusiva y por otro lado también necesito gustar a todo el mundo, y eso no es bueno, te crea un nudo en el estomago y una locura mental, que a lo único que conduce es a estar siempre nerviosa, a sufrir en cada momento la situación, como estar, como quedar. Eso me ha hecho mas introvertida, tener pánico a lo no previsto, a lo que no tengo planeado, y sinceramente no se de donde me ha salido esa parte de mi personalidad, algo habré heredado pero también algo habré adquirido de la sociedad.

Desde el momento que salimos a este mundo, son tantas las cosas que nos influyen que realmente el resultado es fruto de multitud de hechos y acontecimientos. No podemos estar siempre justificándonos con nuestros padres, que durante nuestra infancia nos paso esto y lo otro o que nos educaron de una determinada forma. La vida social, el contacto con otras personas, las relaciones de amigos y actitud con la que nos presentamos ante el reto de la vida, tiene mucho que ver, e influye y todo ello junto nos hace como somos, el resultado de una vida.

Hasta ahora mi vida ha sido corta, acabo de cumplir los dieciocho y como dice mi madre practicamente acabo de nacer, que a partir de ahora me pasaran muchas mas cosas, que acabo de salir del nido y empiezo a volar.

Pero no quiero volar, creo que me estoy aferrando a esta silla de la cafetería y no me quiero levantar, quiero quedarme como estoy, que el mundo se pare. He sido tan feliz en la mayor parte de mi vida, quisiera solidificarme, que nada cambie y desde ésta mi posición privilegiada, ser una espectadora de los demás, pero no quiero volar.

No, esa no es la actitud que debo tener. No puedo ser una simple espectadora sin participar en la vida, sin poner mi granito de arena, aunque sea muy pequeño, que mi paso por el mundo haya servido para algo. No pretendo hacer grandes cambios en el mundo, ni mucho menos, pero si formar parte de otras vidas, de ser querida y recordada por algunos como alguien que en determinada forma les influyó. Yo desde pequeña, no he sido una niña ni una mujer con un grán numero de amigas. Dos o tres a lo máximo. Como he dicho dosifico mis sentimientos y aunque el corazón sea grande y quepa mucha gente como algunos dicen por ahí; yo prefiero dar mis dosis concentradas. Por eso, cada vez que quedo con las amigas, y alguna de ellas dice que vendra una amiga de otra amiga, ya no me encuentro cómoda, no soy nada frívola, no me va nada las conversaciones absurdas, las tonterías que se dicen cuando hablas con personas que sabes que en dos o tres horas no las vas a ver jamás, o no van a formar parte de tu vida, me gusta lo auténtico. A veces me tachan de aburrida, de solo importarme temas trascendentales, que me planteo demasiadas preguntas, que me complico demasiado la vida. Puede ser verdad, por eso he sido y soy poco de salir, de restringir el paso de cualquiera por mi corazón, porque como he dicho, sus latidos solo lo escuchan las personas que quiero y me importan.

Ya hay demasiada gente por aquí, parece que cada vez esta mas próxima la hora, que el reloj va avanzando, y la verdad se me esta haciendo mas corto de lo que esperaba, aquí yo liada con mis pensamientos.

Tanta gente que incluso se acerca un grupo de chicos y chicas que al parecer se conocen y se van a sentar en la mesa de al lado. ¡Por Dios! como si no hubiera otras mas lejos, tienen que venir aquí a pegarse a mí. Lo mismo son veteranos que durante otros cursos este era su sitio y yo se lo he quitado, pues que se jodan.

Me están mirando uno de ellos. El típico pijito con melenita perfectamente cortada, sueter de marca y vaqueritos de los caros. Nunca me he preocupado mucho por mi aspecto. Mis padres no podrán quejarse de que he sido una niña caprichosa con la ropa. Me pongo cualquier cosa, que este bien, pero nada de marcas. Soy de camiseta, vaqueros y deportivas. Tengo montones de camisetas y vaqueros, pero porque los cuido durante años a veces pasan los meses sin comprarme nada. Pero, para eso está mi madre, que tampoco es de cosas caras, pero cuando ella quiere comprarse algo, le gusta que le acompañe, y yo me apunto la primera. Las dos cogidas del brazo. Una tienda, un probador, otra tienda a probarse de nuevo, y a l final lo mismo salimos las dos con tan solo una cosa para cada una. A veces, sobre todo los sábados o viernes por la tarde, mi padre nos acompañaba de compras, el pobre las odia, y sobre todo no comprende el probarse tantas prendas y después lo mismo no comprar nada. Lo ponemos malo. Como se pone malo con el tema de las fotos. Mi madre es incansable. Desde que nací debe de haber miles de fotos mías y suyas, y de los tres. A mi me hacía y me hace ponerme ropas diferentes, posar, hacer posturitas, saltar y tomar la foto durante el salto. Y claro no sale bien a la primera, ni a la segunda, ni a veces a la tercera. Hasta que la foto no queda como a ella le gusta no para, es incansable. Lo malo es cuando mi padre nos tiene que hacer la foto, se lleva unas broncas de escándalo, no le sale una a su gusto. Yo sufro por él, que ha cortado las piernas, que en la siguiente con los ojos cerrados, o ha salido temblorosa. Como no van a salir temblorosas, sin el pánico le invade cada vez que mi madre quiere que haga una foto. Gracias a esa obsesión de mi madre, puedo recordar cáda día de mi vida, la tengo fotografiada.

Casualmente el mas pijin de la panda se acerca y parece que me va a decir algo. ¡Y no me preguntes porqu!, pero si, su boca pija parece que me va a soltar alguna pijada:

-Hola me llamo Luis.....no pretenderá que me levante y le de dos besos, lo tiene claro.

-Encantada.

-¿Y tu?.

-¿Yo qué?.

-¿Que como te llamas?,

¿Quién yo?.

-Si, aquí que yo vea no hay nadie mas.

-Yo Valeria, ¿querías algo?.

-No, solo preguntarte si esa silla está ocupada.

-Espero que no, como has dicho, aqui no hay nadie mas, que yo sepa.

-Entonces,¿ la puedo coger?.

-Por supuesto, como también puedes coger una de esas veinte que tienes delante.

El capullo se ha ido con el rabo entre las piernas. Tiene todas las sillas libres de la terraza y al parecer le gustaba la de mi mesa. Quería hacerse el super, como yo digo, el lider de la pandilla, si le sigo la corriente hubiera continuado con mas preguntas, de que si soy nueva, de donde soy y todas esas chorradas para terminar diciéndome que me sentara con ellos que no siguiera sola, como si el estar sola fuera un problema. Yo se montarmelo muy bien, se pasarmelo bien yo solita sin necesitar a nadie, pero hay gente que no, que necesita el rebaño, y entre todos uno hace de pastor, como al parecer es el papel de este tío, que, ¿como se llama?, ya ni me acuerdo.

Se nota que todos han tenido unas vacaciones de playa, estan supermorenos, menos yo que como este año lo pase en el pais donde nació mi madre, pues eso, blanquita, aunque lo mas seguro que mis vacaciones han sido mas hermosas que las suyas, que las he pasado con las personas que mas quiero, y además mas lejos que yo seguro que no han estado, pero claro, si quiero que lo sepan tendré que darles conversación unirme al rebaño, y por ahora no me apetece seguro que tendré en un par de días unas cuantas amigas, y si me apetece lo contaré.

Mi padre dice que toda la vida son unas vacaciones, porqué las vida son las vacaciones de la muerte. Dicho así queda un poco siniestro, pero tiene razón. Antes de nacer nada existe y cuando morimos regresamos a la nada. Por eso todos los días son vacaciones. En mi familia no somos demasiados creyentes. Mi madre es bastante agnóstica y mi padre, tiene creencias pero no las practica. Yo no se muy bien en lo que creo. Sinceramente no me va el rollo de las religiones, ninguna en concreto, pero pienso que esto no se puede acabar aquí, ¿que sentido tiene?, algo pasará después. Todas las religiones te dan una explicación de lo que pasará tras la muerte, pero ninguna de ellas da explicación alguna de donde estabamos antes de nacer.

Al parecer nuestro nacimiento es fruto de la biología, del milagro de la vida como dicen otros, pero si el origen de mi vida solo tiene una explicación biológica fruto del azar, la vida y la muerte no pueden tener otra explicación que la biológica. Que mis padres tuvieran la casualidad de conocerse y que los espermatozoides de uno se liaran con los ovulos de la otra; es pura biología, por lo tanto,¿ en que momento nace el alma?. No creo que los espermatozoides y los ovulos tengan alma. Entonces ¿cuando llega el alma?. Esa es una de las cosas que mas me pregunto cuando pienso en la religión o puramente en la razón de mi existencia. Como el cuerpo es un elemento perecedero que con los años se va consumiento, es el alma la que persiste, según dicen algunos, o se reencarna en otro cuerpo como dicen otros. Entonces el alma ¿cuando aparece?. Cuando nacemos, cuando percibimos con los sentidos, cuando razonamos. Si es así el alma es algo adquirido, que se nos pega en determinado momento. Entonces antes de que llegue ese momento ¿donde estaba el alma? ¿mi alma nació antes que yo?, ¿se la quité a otro?. Son tantas las preguntas sin respuestas que para eso dicen está la fé, creer en algo sin hacerse mas preguntas porque es algo que existe y no cabe discursión. Estoy de acuerdo, pero para mi, que pienso que esto no se acaba con este periodo vacacional, pienso que mi alma ya existía, que todas las almas nacieron a la vez, y que las ponemos de vacaciones durante la vida y luego siguen su trabajo tras la muerte. Si a alguien se le hubiera ocurrido esta deducción, seguro que existirían mas creyentes, lo que no es razonable es que el nacimiento sea un fenómeno biológico y de pronto se convierta en sagrado.

Creo que el principio del razonamiento no es correcto. Mi padre se equivoca. La vida no pueden ser las vacaciones de la muerte, yo pienso que es una realidad diferente, que las auténticas vacaciones estan antes y después, porque sino vaya forma que tenemos de complicarnos esas supuestas vacaciones. Tenemos que estudiar, trabajar, consumir, comer, beber, buscar petroleo. Esto no pueden ser unas vacaciones, lo que es posible que sea, es el momento donde al alma que ya existía se le da forma, se le pone cara y personalidad, se da identidad al ser humano como único e irrepetible. Eso si que tiene sentido. Bueno, ¡¡sentido!!, no me lo creo ni yo. Lo que realmente pienso es que nacemos, existimos unos años, y nos vamos, ¿a donde?, y yo que sé, pero es una pregunta que hasta el mas agnóstico se la ha hecho alguna vez.

Esto ya se esta animando cada vez mas, ahora si parece un campus universitario. Hay cientos de jovenes que van de una lado a otro, y sobre todo se saludan, se abrazan, se besan. Es posible que la mayoría de ellos no se hayan visto en mas de dos meses. En la cafetería ya no cabe un alma, y de esta forma, yo aquí en mi rinconcito, cada vez paso mas desapercibida. No me mira nadie de forma especial, no les alarma mi soledad buscada. Estoy ausente ante sus ojos deseosos de encontrar cada uno a sus compañeros, a sus amigos. Yo por ahora no tengo a nadie, los tendré, pero necesitaré tiempo. No voy a buscar. No soy como las personas que provocan un acercamiento sin pedir permiso, sin llamar antes a la puerta para saber si son bien recibidos. Yo tengo mis amigas fuera de aquí, mis amigas de toda la vida, y no necesito a nadie mas, aunque tampoco me voy a cerrar. Todo ira bien, y llegará el momento de conocer gente, eso pasa casi sin querer, por lo que no hay que precipitarse.

Hoy es mi primer día y debe ser un día de celebración, de felicidad. Otro día para celebrar. Mi padre es especialista en celebrar fechas que para él han tenido algún significado especial en su vida. A veces se pasa, esta bien el celebrar un cumpleaños, un aniversario. Pero no, mi padre lo celebra todo: el primer día que conoció a mi madre, el dia que se dieron el primer beso, el día que vino mi madre a esta ciudad pues no fue aquí como dije donde se conocieron por primera vez, donde un rayo atravesó el corazón de mi padre y lo dejo hipnotizado hasta el día de hoy. El flechazo, como él dice, conoces al amor verdadero. A ese amor que perdurará toda la vida aunque pase cualquier contratiempo, cualquier problema que sesgue ese amor. El amor que le permite respirar cada mañana, afrontar la vida con optimismo y felicidad. El que le enseña como mover cada piedra que se cruza en su camino y le enseña cual es su destino. El amor para él es un estado y no solo un sentimiento. El sentirse diariamente enamorado de mi madre. El amor que siente por mí. Es su horizonte su atardecer y amanecer vistos desde una playa desierta donde, como el dice, se produce el milagro de la vida, el encuentro entre dos corazones que hasta ese momento se hallaban perdidos, buscandos el uno al otro y al final se cruzan y se unen para la eternidad.

Y sigo con las celebraciones. Imaginar lo que pasa conmigo que soy el fruto de ese amor. Celebra el día que dí mi primer paso, el día que dije papá, el que dije mamá, mi primer día en el jardín de infancia, el día de mi primer día en el colegio, cuando me salió el primer diente, y así podría llegar a ocupar casi todos los días de año, con repetición en alguno de ellos. Mi primer día en la universidad, es día de celebración seguro y después vendran otras celebraciones.

Igual que cuando hay alguna celebración anual. En Navidad se vuelve loco. Las disfruta cada instante, cada momento. Pone luces en la terraza de casa, el árbol ayudándole las dos aunque termina mi madre, porque él es poco manitas, eso de hacer cosas con las manos no le va absolutamente nada es mas bien torpe. Después el ir a comprar la cena y la comida de navidad, donde todos nos juntamos en casa de mi abuela paterna, que ésta si que tiene un pedazo de árbol. Se levanta a las seis de la mañana, recoge a mi abuela que ya tiene sus años pero la invade de esa ilusión que el tiene, y se van al mercado a hacer las compras. Y los regalos, lo mismo, cada uno por su lado para mantener la incertidumbre, y de nuevo la noche de reyes, donde yo creo que vuelve a ser un niño o recupera bonitos recuerdos de su infancia; nos hace poner a nosotras, a mis tios y a mi prima, los regalos al lado de un par de zapatos de cada uno. Y a la mañana siguiente, casí al amanecer, nos despierta a todos para que a la vez abramos los regalos. Vive cada momento como si en cada suspiro se le escapara un trozo de vida. Tanta es la pasión que a todos nos contagia y realmente provoca lo que dicen llamarse el espiritu navideño. Todos los años sigue su ritual. Comida los tres el día de noche buena y el de noche vieja en un restaurante antes de ir a cenar a casa de mi abuela paterna. Mandar mensajes de felicitación a todo conocido o por conocer. A mi y a mi madre nos gusta verlo con esa ilusión, sentir su felicidad, compartirla con él, porqué su felicidad es la nuestra, aunque yo no haya salido tan apasionada como él, soy un poquito mas tranquila, como mi madre, de mas silencios y menos truenos.

En fallas, mas de lo mismo. Nos mata. Los tres últimos días de fallas nos hace ponernos un blusón el típico pañuelo, y a la calle desdes las doce de la mañana hasta las doce o mas de la noche. Quiere verlo todo, sentir en su cuerpo la fiesta. Cuando a veces mi abuela materna viene por esas fiestas, ya es la locura. El mismo ritual con mis dos abuelas, las agota, las mata. Es un deseo incontrolable de compartir, de disfrutar con la escusa de la fiesta, que todos estamos juntos, que estemos pegados los unos a los otros, y como no podía ser de otra forma, en cada uno de esos momentos aparece la mami con la camara de fotos, y otros cientos de fotos que luego se pasa horas y horas mirando. Esa necesidad de fotografiar, es un deseo de eternizar cada momento, de repasar cada instante vivido, y eso sí darle unas cuantas a mi abuela materna, que aunque no haga fotos, las colecciona como joyas, porque luego a la vueta a su casa, allí tan lejos cuando esté junto su soledad no buscada, las mire y las mire una y tra vez y se las enseña a sus amigas, orgullosa de la familia que tiene y la suerte de poder viajar y darles un poquillo de envidia, que también le gusta.

La hora se apróxima, no quedan mas de cuarenta minutos y ya no recuerdo cuantos llevo aquí, pero pasó rápido. Aún me queda tiempo para un último cigarro y unas cuantas páginas para completar esta libreta. Ya pocas. Necesitaría cientos y cientos de libretas para contar lo que hasta ahora ha sido mi vida. Sus vivencias mas destacadas, mas inolvidables, pero son tantas como días porque he sido tan feliz, y lo seguiré siendo me imagino; esto no es mas que una nueva etapa, para poder sguir poniendo negro sobre blanco el destino que se me avecina.

Que morenos están todos ¡por favor!, y yo blanca como la leche. Este ha sido uno de esos veranos pasados en la ciudad donde nació mi madre, pero existieron otros veranos, donde yo podía competir con el mas dorado que pasa por aquí.

En mi vida han existido tres clases de vacaciones, sucediéndose de forma rutinaria. Ya conté con anterioridad, que una de ellas era como la de este año, cuando viajabamos al país donde nació mi madre y lo pasabamos allí con mi abuela materna. Otro de ellos, eran vacaciones exclusivas de los tres. Solos, juntos y sin nadie mas. Estas vacaciones pordía decir que eran las mas morenas. Absolutamente de playa y sol en su totalidad. Mi padre y mi madre se conocieron en una playa del sur. Mi padre fue sólo a pasar unos días de vacaciones y allí se encontro durante un atardecer a mi madre. Mi madre trabajaba en un restaurante y por casualidad mi padre se sento en la terraza, como yo estoy en estos momentos. Mi madre que llevaba muy pocos días en este país le pregunto como pudo que deseaba tomar, le atendió; y mi padre no pudo prácticamente contestar. Él cuenta que todo su cuerpo quedo entumecido, que no fue capaz de articular palabra alguna, que no sabía lo que quería tomar, que lo único que su corazón le impulsaba era besar a esa chica joven de cabellos rubios y ojos claros y rasgados, de mofletes prominentes y de cuyos labios frondosos emanaban palabras que practicamente no podía comprender. Según me cuentan los dos, algo mágico ocurrió en ese momento. Mucho mas ardiente para mi padre que para mi madre. Mi padre se enamoro justo en ese momento. Desde entonces cuenta, que ya no existía persona alguna mas para él, que había encontrado su media naranja, su gran amor tantos años buscado. Mi madre sin embargo cuenta, que ella sintió que era una persona especial. Una persona que le gustó, que le hizo gracia, pero que su amor fue mas elaborado, mas madurado con el tiempo.

A partir de ese día, lo que iban a ser unos cuatro días de estancia de mi padre en esa playa donde muchos años pasamos las vacaciones, se prolongaron por muchos mas días de ese mes de agosto. Se fué, volvió otra vez, incluso en una ocasión para pasar tan solo un día con mi madre, y eso que esa playa esta a una distancia considerable. Pero tan fuerte impacto le había causado en su corazón, que no le costaba hacerse unos cientos de kilómetros en un día, tan solo para ver esos ojitos, esa carita, esa mujer de la que no querría separarse jamás.

Las vacaciones en esa playa son sublimes. Sol, agua, arena, noches de fiesta. Vacaciones en libertad, donde la piel calentada bajo el sol se dora en su totalidad. Bañándonos en un mar de sol y agua sin mas obstaculo que la brisa del viento que acaricia nuestra piel. Juntos los tres, en cuerpo y alma, sin nada mas que nuestros corazones atrapados en uno solo. Cogidos de la mano caminando por la orilla del mar, o jugando en la piscina, donde el mayor premio es conseguir unir nuestros labios en un beso único sumergidos entre las aguas.

Esas vacaciones han influido mucho en lo que soy. La simbiosis perfecta entre el cuerpo y la naturaleza, la unión con la madre tierra, el sol, el mar. Mi cuerpo es mi castillo y la decoración es lo menos importante. Me maquillo lo mínimo y la ropa, como ya dije la escojo sin muchos problemas. La mayoría de la gente quiere demostrar ante los demás lo que son por su forma de vestir. La diferencia entre clases sociales, entre ideas políticas, y en lugar de usar la palabra, con el ábito hacer una demostración de sus riquezas o sus miserias. Lo que soy lo transmito por mis ojos, con la palabra, con el corazón. No con los trapitos, que mas o menos caros, pretenden marcar fronteras para que no exista mezcla entre distintas clases. Entrela la naturleza y yo, solo esta mi cuerpo, lo demás tan solo son adornos que nos alejan de nuestros orígenes, de nuestro propio nacimiento.

Las otras vacaciones eran diferentes. También de sol y playa, pero ya no somos los tres, solos, juntos, sin necesitar nada ni a nadie mas. Son las vacaciones donde ibamos con mis tíos, con mi abuela paterna, a veces con mi prima y otras con mi abuela materna que venía por verano. Recuerdo esas vacaciones, mas cuando era niña, pero también de mayor. En un apartamento, un camping. Donde todos, la familia al completo con las abuelitas disfrutabamos de nustra unión. Jugando con mi abuela materna haciendo castillos en la arena. Es toda una artista haciendo figuras en la arena, cualquier cosa que pasaba por su cabeza la plasmaba. Como una niña mayor. No me necesitaba, ella sola sobre la calida arena se entretenía. Con mi abuela paterna, sin embargo, recuerdo jugar en el agua. haciendo corros casí en la orilla porque le dá pánico el agua. Cuando ésta le llega sobre los tobillos dice que ya no hace píe, ¡¡jajaja!!. Son vacaciones entrañables, pero no tan íntimas como las anteriores, porque esas eran como trasladar el calor de nuestro pequeño salón de casa a la playa, los tres juntos, solos pero juntos.

Escribiendo estas palabras, soy consciente de que soy muy afortunada, que he sido y pienso que seguiré siendo muy feliz. Que no necesito gran cosa para esa dicha, que con el amor que respiro en cada momento me siento llena, pletórica de felicidad.

Sin querer, he llenado de palabras y de sentimientos esta libreta mientras esperaba la hora de empezar las clases, ha llegado a su fin, y ha llegado la hora de empezar. Voy a pagar y definitivamente cruzar esa puerta por donde algo nuevo se me avecina, donde una nueva etapa de mi vida va a comenzar. Y estoy sola, como lo he estado desde que comenzó a amanecer. 



viernes, 10 de febrero de 2012

CAPITULO III. VALERIA EN SU MUNDO.


He visto amanecer, aquí sentada y a la espera, el sol ya salió, sus rayos lo iluminan todo aunque ya no da ese calorcito como en el verano, el otoño acaba de empezar y ya hay algunos árboles marchitos, pelados sin hoja alguna. En la naturaleza, esta época del año parece un fin y yo estoy en un comienzo. Es agradable el otoño. Es una estación melancólica, una época para recordar, para pensar y añorar otros momentos; para quedarse en casa sentada en el sofá naranja y repasar viejas etapas. Sin embargo para el calendario académico, es temporada alta, todo empieza cuando alrededor parece que todo acaba. 

Termino un verano mas hace pocos días. Un verano con vacaciones, como otros tantos veranos. Desde que tengo recuerdos puedo decir que mis veranos se han dividido en tres clases de veranos. Siempre ha sido así. Los veranos que pasamos en el lugar donde mis padres se conocieron, los veranos pasados en la ciudad donde mi nació mi madre y los veranos en los que mi abuela materna venía a pasarlo con nosotros.

Mi mundo hasta ahora ha tenido un orden casi perfecto. En los estudios pasar de un curso a otro con una sucesión lógica y sin tropiezos, porque aunque no soy una grán estudiante, estoy dentro de la media, pasar cada año de curso dentro de una normalidad. Y en cuanto a los veranos, también el orden se ha mantenido. Tres clases de veranos, diferentes por supuesto, pero repitiéndose de forma continua cada uno con su versión.

Bueno esto se acabó, al café con leche me refiero. Todavía me falta mas de una hora, repito, no avanza el reloj y parece que el mundo entero hubiera decidido no levantarse hoy, quedarse soñando en la cama perezosos de romper con las vacaciones y volver a la rutina diaria de la mayor parte del año. Unos cuantos si que ya están en marcha, el segurata, el camarero, yo misma y unos cuantos que ya se van viendo por los alrededores, ya hay mas tráfico, el tranvia circula y el sol esta cada vez mas arriba del horizonte. Pero mi café con leche se acabo y yo tengo que fumar, tengo que seguir aqui un rato mas, no me voy a poner como una tonta en la puerta de la facultad esperando a que abran como si quisiera ser la primera en entrar. No, no me gusta llamar la atención, prefiero pasar desapercibida, estar entre la masa. Pero tendré que pedir otra vez a este camarero que le gusta dar conversación, como si yo la quisiera, como si me importara algo:

-¡¡Por favor!!!

-Si ¿digame señorita?.

-Otro café con leche.

-Parece que quiere estar hoy muy bien despierta, ¿no?.

-Solo quiero un café con leche, si el posible, y lo de señorita ¿lo acertó?.

-Bueno lo siento es usted tan joven, que bueno disculpe si la he ofendido.

-No se preocupe, soy señorita, una señorita que quiere que le traiga un café con leche sino es mucha molestia.

-En un minuto, disculpe.

¡Será posible!, pero quien le habrá dicho a este estupido que tengo ganas de conversación, que quiero hablar del tiempo con él o entablar amistad. No entiendo a la gente que bajo la escusa de querer ser amable no te dejan en paz, ¿no es esto una cafetería?, pues eso, yo soy la cliente pido algo y el camarero que me lo traiga y después le pago, ya ya está , no es necesaria mas relación. A veces me tachan de ser un poco insociable, introvertida, y me lo dicen como si eso fuese algo malo. Si soy así, en parte por influencia de mi padre, ¿pero es un defecto?, pues no, es mi personalidad, Valeria es así guste a quien le guste, y si lo he heredado de mi padre, además estoy orgullosa de serlo. Yo tengo mi mundo, mi espacio y no permito que nadie entre en él sin mas, sin que yo voluntariamente les abra la puerta.

Menos mal que ya se va viendo llegar mas gente, jovenes que hoy como yo empiezan sus clases. Hay movimiento, y por fin dejaré de ser el centro de atención.

Ahora que las manecillas del reloj van avanzando, ya se ve por aquí algún estudiante que se va acercando, sabiéndo la hora de comienzo de las clases, no como yo, y los pocos que he visto, todos ellos lucian un color de piel moreno. Yo este año estoy blanquita, he pisado poco la playa, y mi color no podía ser otro que el blanco, blanco. Tanto mi madre como mi padre son como la leche, y yo no podía ser de otra forma. Este color de piel, no significa otra cosa que este verano, ha sido uno de esos veranos que he pasado en la ciudad donde nació mi madre, y allí el moreno es difícil de coger.

Como he dicho y repito, en mi vida han existido pocos cambios, todo ha tenido un orden una sucesión cotidiana de los acontecimientos, sin altos ni bajos. Ello me ha creado, pienso yo, un cierto equilibrio emocional y vital. Saber cada año mas o menos lo que vendrá, y me refiero a los grandes acontecimientos como es un viaje para mi, me ha dado seguridad, y será por ello, que ahora que me encuentro ante las puertas de una nueva vida fruto de una decisión que no se si ha sido bien pensada pero de la que no me arrepiento, me siento un poco perdida, no tengo la sarten por el mango y eso me molesta me hace sentir una ansiedad que para nada es de mi gusto.

La rutina, o saber mas o menos que pasará un año tras otro, tampoco es nada malo, ¿porqué?, si te gusta lo que haces, donde vas y con quien estas, ¿para que cambiarlo?, ¿por aventura?, ¿por hacer una vida mas excitante?, pues no, aunque se me pueda tachar de aburrida y de tantas otras cosas, me gusta mi vida, me siento feliz sabiendo que un año ire a un sitio y otro año a otro aunque en ciruculo se repita. La vida no es mas que recoger buenos momentos y guardarlos, y también saber que los malos llegarán y te quedará algo muy importante, las vivencias. Esas son nuestras, es la riqueza de cada una de nuestras vidas. Lo vivido es lo obtenido, lo demás esta por demostrar. El presente es efimero, es segundo tras segundo el estado en que te encuentras, como yo aquí tomando un café con leche ya no se cuanto tiempo, ese es mi presnte; y el futuro, se puede soñar, se puede intuir, pero no existe. Yo se que hoy atravesaré una de esas puertas y seguiré caminando por el mundo, acumulando presentes que mas tarde se convertirán el recuerdos y se quedaran para siempre en mi memoria.

Este verano hemos viajado a la ciudad donde nació mi madre. Es un pais lejano y muy diferente en el que vivo. No es solo un viaje, es reunirme, volver a ver a mi abuela querida con sus inesperados cambios de humor, con sus pequeñas locuras y sus grandes sentimientos. Todo esto no se improvisa, ni mucho menos. Mis padres mas o menos por el mes de marzo o abril ya deciden donde pasaremos las vacaciones, y como se adelantan tantos meses, éstas no solo se convierten en un viaje, sino en un proceso que te hace esperar la llegada del dia de partida con autentica ansiedad.

Mis padres deciden donde toca cada año, como he dicho unos cuantos meses atrás, y desde entonces no hay un día que a la hora de la comida, cuando lo hecemos juntos, o en la cena, que eso si que es sagrado hacerla los tres; se hable del viaje, de las vacaciones recordando otras de años atras, calculando días, fechas, eligiendo como ir. Todo ello es emocionante, tan prolongado en el tiempo que mi padre una vez me dió una fórmula para poder dormir en esos días en los que el insonnio te pilla y la almohada se convierte en tu peor enemigo. Esa fórmula es empezar a pensar en uno de esos viajes vividos, intentar recordar desde el primer momento, paso tras paso, y funciona, lo aseguro. Lo probé y ese intento de recordar los detalles mas pequeños te crea una especie de estado de trance como si dormitaras, hasta que al final por el esfuerzo del cerebro en recordarlos, acabas durmiendote.

Las vacaciones mas intensas son como las de este año, mas dificiles de preparar, mas tiempo dedicadas a ellas, y la distancia obliga a tomar varios aviones a estar esperando en aeropuestos, y sobre todo, el estar juntos preparándolas, los tres, y pasar todos esos momentos los tres, y en cada sitio los tres. Mi mundo empieza y se acaba en los tres, no necesito nada mas, me llenan de plenitud vital. La amistad de mi madre, porque al ser mucho mas joven que mi padre, parecemos amigas, y como es así pequeñita y entrañable trasciende el parentesco y tenemos muchas conversaciones así, de amigas. Mi padre aunque mucho mas mayor, no deja de ser mi complice. Es la palabra exacta complicidad. Con la mirada sabemos cada uno lo que pensamos. A veces a mi madre le saca un poco de los nervios, pero es tanta la confianza que tenemos que no daría un paso sin él, sin olvidar su sentido del humor, ese que no es gracioso del todo para soltar una carcajada, es absurdo que constantemente te mantiene en una sonrisa dulce y placida. Los tres juntos, no necesito nada mas. Juntos es mi palabra preferida.

Recuerdo un año que hicimos este mismo viaje, que teníamos que comprar maletas nuevas. Bueno, pues mis padres, por no llegar tarde, las compraron dos meses antes, y no se les ocurrió otra idea que dejarlas en el comedor sin guardar, para verlas constantemente, es decir, que desde junio ya estaban las maletas preparadas, ahí a la vista, y claro el viaje era el tema de conversación diario.

Si tener las maletas presentes es para no retrasarnos en el viaje, como yo hoy aquí, dos horas antes de que empiecen las clases, cuando mi padre planifica los vuelos y las fechas que mi madre le deja total libertad, pues pasan cosas como las de este año. Primero llegamos a Madrid nos tiramos ocho horas en aeropuerto, luego a la capital y diez horas en el aeropuerto para coger el otro avión que llega a la cidudad donde nació mi madre. Será gusto por estar sentado en un aeropuerto, porque a ver quien lo entiende. El dice que de esta forma no hay riesgo de perder los vuelos, pero se olvida que corre el riesgo de que lo cojamos del cuello, ¡¡jajaja!!. El viaje empieza mucho antes, y cuando se esta en el aeropuerto ya se ha iniciado y se disfruta igual, esa es su escusa. Y aunque me cueste reconocerlo tiene razón. Jugamos a las cartas, comemos, bebemos y disfrutamos del ambiente de los aeropuertos, con tanta gente que va y viene de tantos paises. Me gusta a mi también pero nunca se lo diré, no vaya a ser que en el próximo nos tiremos un día entero en cada aeropuerto. Y si he dicho la próxima vez, es porque habran muchas mas, porque aunque haya cumplido los dieciocho años y las amigas me propongan viajes a Ibiza o a cualquier otro sitio, si puedo iré, pero lo que nunca haré es no ir con ellos. Quiero seguir sentándome en el sillon del medio del avión, quiero caminar por las calles cogida del brazo de los dos, también en medio, y tenerlos muy pegaditos a mi, siempre y que dure mucho, porque no me puedo imaginar perder alguno de ellos alguna vez, y aunque tenga que pasar, no se, de verdad no se si podre soportarlo, lo mío no es amor es locura por mis papis, y si sigo siendo niña y eso les hace felices, seguiré siéndolo, y si algún día conozco algún chico y me enamore y viva con él, seguiré con ellos, y si esa futura persona no lo acepta, que no me haga elegir, que lo tiene claro, que no hay enamoramiento en el mundo que pueda superar el amor hacia estas dos personitas que me trajeron al mundo y me han hecho como soy, para bien o para mal, pero esa soy yo, la auténtica Valeria y su mundo.

Parece como si no pasara el tiempo, como si tuviera que empujar las manecillas del reloj para que avancen y se me acaba el café con leche, tendre que pedirme otro, poque me apetece fumar. Buff, a estas horas y ya llevo cuatro cigarros, madre mía. En mi primera clase voy a echar un aliento a tabaco de miedo, espero que no tenga que darle dos besos a nadie. Lo mas seguro que no, ninguna de mis amigas y amigos ha escogido esta carrera, pero siempre estan los que se quieren hacer los simpatiquillos, los supersociables, que se presentan así mismos, sin que nadie les haya preguntado por su nombre o por su vida, ni si quieres conocerlos. Este tipo de gente puede conmigo. Trataré de evitarlos si es posible.

Este año hicimos ese viaje casi al otro lado del mundo, aterrizando en un aeropuerto lejano, medio perdido en el mapa, pero muy conocido. No se cuantas veces he llegado hasta aquí, y siempre una espera, un recibimiento caluroso de las raices lejanas, de seres que solo tropiezan con mi piel cada cierto tiempo. Se repite la escena, un montón de besos, abrazos, y al final las lágrimas. Unas lágrimas de felicidad y de necesidad por la ausencia y la soledad. Mi abuela, la eterna niña, con sus ojos llorosos y esos olores tan distintos, ese aire que te llega desde el infinito. Unos colores que casi dañan la vista y unas imagenes que se pierden en mi memoria.

Siempre en su rostro parece la grán olvidada, un trozo de nosotros que solo se une una vez al año, o a veces en menos ocasiones. Pero como es posible olvidar a una parte de tu sangre, a quién dió la vida a mi madre, y tal vez por su forma de ser, ella fue empujada a un destino que terminaría floreciendo con mi vida. Como olvidar, esos días cogida de su mano, una mano que te aprieta, que con su palma te ofrece todo tu corazón, pero de repente y sin esperarlo, te suelta te deja volar, porque a ella le faltan esas alas, su covijo es su propia existencia, viendo pero sin mirar una tele, leyendo una novela, o tal vez escribiéndola, porque su vida es estrecha de horizonte pero inmensa en su imaginación.

Los días pasados en la ciudad donde mi madre nació, son días en los que siento mil cosas a la vez. Son momentos con rizos de emociones constantes. Mirar un rio inmenso, que parece transcurrir tránqulo y placido pero que guarda en su lecho muchos secretos, sufrimientos terribles, la gran trajedia humana de la violencia y de la muerte, la eterna lucha de semejantes por dominarse unos a otros. Un lecho teñido de sangre, de tantas vidas que se llevó fruto de esa trajedia. Siempre lo miro buscando mas allá de su belleza pero sin olvidar nunca la vergüenza que siento en ocasiones de considerarme un ser humano, de formar parte de esa especie que es capaz de lo mejor, pero también de lo peor. Por ello ensimismada me quedo mirando a un firmamento infinito, sin trazo alguno que separe al horizonte cuando el cielo y la tierra se juntan y no se puede ver mas allá.

Los días en la ciudad donde nación mi madre, también pasan de forma sincronizada, se suceden unos a otros en una especie de rueda que empieza y acaba en el mismo lugar. Y no solo una vez, sino cada vez que la hemos visitado. Por la mañana del hotel a la casa de mi abuela, allí con la desesperación de mi madre por las manías a veces insoportables de ella, la esperamos y salimos a pasear por esas avenidas inmensas, por unos jardines cuidados hasta el último detalle, y comer borjs, alguna cerveza corona siberiana o el vino georgiano, y esa carne, esos pinchos cocinados al estilo caucásico, con ensaladas elaboradas de miles de maneras, pero con un denominador común; el eneldo. Hierbecita que te la encuentras en todas las comidas y que según dicen existe desde la edad media con grandes poderes curativos y para evitar la brujería. Ese olor esta pegado a mi nariz desde la primera vez que vine y lo tengo en mi memoria. No me siento ajena, me encuentro en casa, parte de mi corazón tiene echadas parte de sus raices en esta tierra hostil, de veranos calurosos e inviernos infernales.

Mi padre ha viajado allí en muchísimas ocasiones, conmigo y antes de que yo llegara a este mundo mío dividido entre dos amores, entre dos patrias. Pero a pesar de ello, y aunque yo llegará después, me siento mucho mas integrada que él, cuidaron desde mi infancia que aprendiera el idioma, y es normal, me comunico con su gente aunque tenga un acento diferente, converso, me acerco mas. Él se siente totalmente dependiente de mi madre y de mi, no daría una vuelta por ninguna de sus calles solo ni loco. Se siente a veces como un mono de feria, porque todo el mundo, según dice él, le mira como un bicho raro, y el habla en su idioma y yo lo entiendo, y mi madre tambien, pero los demás no, y en muchas ocasiones me río sin parar de las barbaridades que dice, y los demas lo mismo se rien o ponen cara de tontos. Por ello cada vez que le preguntan algo o quiere decir algo, depende de sus dos traductoras, que a veces queriendo o sin querer, traducimos como nos da la gana.

Este es un grán pais. Un país fruto del sufrimiento, bañado por la sangre y por la muerte. Las dos guerras del siglo pasado marcaron su historia moderna. La gran guerra, la segunda guerra mundial, tuvo especial importancia en esta ciudad, donde se libró una de las batallas mas gloriosas para este pueblo, no existiendo rincón alguno entre sus calles, sus plazas y paseos donde se recuerde ese enfrentamiento y la capacidad de sus ciudadanos para librarla del invasor. Un país que también fue el origen de la mayor de las revoluciones del siglo XX. Una revolución idealista, donde se trataba de terminar con la explotación del hombre por el hombre y la igualdad entre todos fuese una auténtica realidad. Lamentablemente, como suele ocurrir con todas las luchas idealistas que tratan de cambiar el mundo, unos cuantos se apoderaron de esos ideales haciéndolos suyos y despojándoselos al resto de su pueblo que sufrió durante años ese robo, que se había ganado con su sangre.

Es un pueblo castigado en tantos momentos de su historia, que ese sufrimiento se aprecia en el rostro de sus gentes. Una especie de vacio, de no tener un rumbo fijo en sus vidas por tantos malos tratos sufridos, así como una especie de abnegación y de abandono de la esperanza. Muchas cosas han cambiado, pero es una cuestión generacional. Una parte de su población se quedó estancada en el conductismo político de su antiguo régimen y la botella de vodka como única salida a la desesperanza.

En la actualidad, ha nacido una nueva generación despegada de esos anclajes del pasado, del inmovilismo provocado por un régimen, que en sus principios mereció la lucha y el derramamiento de sangre, pero con el tiempo el sacrificio de toda una nación quedo en simple tiranía de unos cuantos. Esa nueva generación liberada de los estereotipos del pasado, surge con fuerza, con dinamismo y grandes deseos de cambio, hasta tal punto, que esa necesidad de evolucionar no les conduce a unos nuevos horizontes, a la lucha por una vida diferente, sino que por el contrario, es un frenetico deseo por obtener y conquistar de la forma mas radical, los principios del otro mundo, de occidente, y no tanto en la mejor de sus versiones, sino en lo mas rechazable y despreciable del sistema occidental, el consumismo deborador.

Es comprensible que después de tantos años de carencias, ahora invadidos por el otro mundo, deseen para si lo que no tenían. Como dice mi abuela," antes teníamos dinero pero no teníamos nada que compar, ahora podemos comprarlo todo pero no tenemos dienero".

Si las huellas de la Gran Batalla te las encuentras en cada rincón de la ciudad, también se mantienen las de ese antiguo régimen. Grandes monumentos colectivistas, donde aparecen personas todas cogidas de la mano ayudando a un herdio, monumentos del lider que inició esa revolución, y muchos de ellos dedicados a la mujer. La Gran Madre Patria es femenino, la mujer fue la que labro con su manos y su esfuerzo esa revolución, tras la ruina de una pais hundido por la guerra con millones de hombres muertos en el frente de batalla. Por ello la mujer es la madre de esa patria, la que con su espada animaba al pueblo a la lucha para crear esa nueva sociedad, que así misma se destruyó por el egoísmo y la avaricia de sus mandatarios. Hechos que se repiten una y otra vez en la historia, sea cual sea la semilla de las ideas, el ser humano sigue siendo esclavo de sus semejantes, ya sean revolucionarios, poderes políticos, financieros, los mercados; de cualquier forma, el ser humano es victima de si mismo, y es una repetición constante en la historia. Un fatalismo sin solución, donde ni los grandes ideólogos ni charlatanes de feria, pueden cambiar ese destino.




viernes, 3 de febrero de 2012

VALERIA, UNA AMANECER PERDIDO. CAPITULO II VALERIA, APRENDIENDO A BAILAR.



¡¡UFF!!, por fin, aunque de nuevo sentada, esto es otra cosa, un poquitin mas cómodo pero al menos doy unos pasos mas, de risa, creo que son unos veinte mas o menos, pero podré tomar algo, fumar unos cigarrillos y a ver si así me tranquilizo un poco o lo mismo me duermo, en las dos horitas que quedan aún. Bueno no pasa nada, un café, fumar y poco mas, si al menos me hubiera traído un libro. Solo me queda jugar con el teléfono, lo evitaré, quiero ver todo lo que pasa por aquí, que no se me escape nada, para eso he llegado la primera, no se me colará ni un detalle, lo tendré todo supercontrolado.
Pero aquí no viene nadie. De verdad me esta saliendo todo al reves, pero como dicen que no hay mal que por bien no venga, pues hija paciencia, ya vendrá alguien. Mira se acerca lo que podríamos decir un camarero.

-Hola buenos días, ¿es que se ha perdido usted por aquí a estas horas? (pero este tio es idiota en lugar de preguntarme que quiero, o se rie de mi o lo mismo querrá ligar, pues lo tiene claro).

-No es que no he dormido, estuve toda la noche de fiesta, y ahora estoy aquí, por cierto, ¿me podría traer un café con leche?

-Si,si, en un minuto y perdone si he sido mal educado.

-No, no se preocupe.

He sido un poco grosera, pero me ha llamado perdida, y algo de razón tiene, parecía que lo tenía todo controlado y de repente estoy siendo burla de todo el mundo. Pensarán que soy la superempollona que quiere empezar antes del amanecer.

La verdad es que ahora mi cabeza se está colapsando de recuerdos. Imágenes que me trasladan a mi mas tierna infancia, fugaces luces de momentos y situaciones, cuando empezaba algo, una simple tarea fuera de la seguridad de mi hogar. Son luces, no viene a mi memoria ninguna sombra. No se si mi infancia, adolescencia hasta la mayoría de edad que cumpli el pasado día siete de septiembre, ha sido tan perfecta o tan rosa como yo la veo.

¡Ja, ja!; ahora me da por reir. Pero es verdad, físicamente mi vida ha sido de color de rosa. Antes de nacer mi habitación la pintaron de rosa, muy fuerte, pero realidad. De los primeros recuerdos que tengo de mi infancia, es una habitación pintada de rosa, muñequitas y mucha ropa rosita.¡ Ay, papi!, ese eras tu con la complicidad de mama, pero tu sobre todo, mas de una bronca tendrías con ella por hacerme ver todo de color de rosa. Bueno bronca en si, no recuerdo muchas entre mi padre y mi madre. Si enfados, pero creo que solo de mi padre. En eso yo he salido a mi madre. Las dos tenemos la capacidad de que cuando se inicia una conversación nos quedamos calladas, nos paralizamos, nos quedamos sin abrir la boca. Pobre papa, debe ser desesperante, que uno intente discutir y que el interlocutor con el que se tiene la bronca ni conteste, ni levante la voz y no diga nada. Momentos de nostalgia, por eso a veces parece un poco neurótico gritando solo, en pocas veces, pero sin respuesta.

Y sí, y no me da vergüenza el confesarlo, mi vida ha sido rosa. Me han mimado, me han protegido. Pero yo no lo definiría así, me han cuidado, y eso no es malo, puede crearte ciertas inseguridades en la vida, pero no es malo. Mi vida hasta ahora ha sido rosa y feliz, por eso hoy me encuentro un poco perdida. El día siete cumplí los dieciocho años. No es que fuera algo muy importante para mi, la verdad es que la única diferencia es que me he sacado el carnet de conducir en tiempo record, pero por lo demás todo sigue igual, lo distinto, es que hoy me encuentro aqui sola, un poco perdida, sin el apoyo de quien me ha dado la vida, de los seres que mas quiero en el mundo, los que han hecho de mi lo que soy, mejor o peor, pero pusieron todo su empeño y sabiduría en hacerlo bien. Y siempre se hace bien, cuando pones el corazón en cada uno de tus actos, cuando el amor es la luz que ilumina cada paso que das en la vida; se ha hecho bien, pero que muy bien. Estoy deseando llegar a casa y darles un superbeso a los dos. Nos besamos mucho, siempre con cualquier motivo nos damos besos, nos abrazamos, nos tocamos. Pero hoy necesito darles un achuchon fuerte, y la sola idea de ese achuchon va hacerme superar todos mis miedos e inseguridades; el amor puedo con todo.

Si se piensa bien, las casualidades no son solo eso, o lo mismo si, pero yo nací un día siete, mi madre un día siete y mi padre también. ¿Casualidad?, posiblemente sí, pero que bonito si se le quiere dar otra interpretación; una visión romántica, hermosa, y por eso pienso que mi madre me estuvo aguantando en su vientre hasta que fuera día siete, seguro, bueno y un poco de apoyo de la naturaleza que así lo permitió. Dice que fue un parto sin dolor, que los médicos le digeron que tenía ganas de salir. Claro no me podía permitir nacer en otra fecha...¡!jajaja. Antes llorando y ahora me pongo a reir justo cuando sale el camarero con mi café con leche, ahora pensará que además de grosera estoy medio loca, aquí riendo yo sola,¡¡¡ jajaja!!!.

La naturalidad de los besos, la necesidad de rozar la piel del ser querido, lo llevo en la venas. Mis padres se besan constantemente, los recuerdo desde la infancia, sin escondites, sin rubores. En casa, en el balcón, en la cocina mientras preparaban la comida, por la calle, cantando, bailando; siempre hay un beso para demostrar el amor. A mi me besan, en la calle, en casa, al levantarme, al ir a dormir, delante de los amigos. Y nunca me ha importado, no me ha dado corte como a otros que les molestaba de pequeños que sus padres a la puerta del colegio les dieran un beso. A mi no, es mas los pido, los necesito; los besos son como una aparición del corazón a la vida, sentir realmente los latidos de quien te ama; porque yo a mis padres no los quiero, bueno se que dicho de esa forma queda un poco mal; yo a mis padres los amo y los necesito, y quiero que sus corazones se junten con el mío en cientos de besos por eso me quieren tanto. Mi abuela paterna, otra besucona, no pararía nunca besar y besar. Al parecer, mi abuelo paterno al que nunca conocí ya que murió antes de que yo naciera, era diferente, muy bueno, generoso y amable, pero no demostraba los sentimientos, no era besucon como mi abuela, y eso ella lo lleva tan dentro, que ahora parece que se quiera vengar besando y besando. Somos personas que el afecto no se entiende con palabras, que el roce hace el cariño, que hay que tocarse, y no por eso digo que en otras familias haya menos amor, ni mucho menos; en la mía hay besos por todas partes, y mucho color rosa. De mi abuela materna, bueno, sus besos son de los que muerden, te los dá con toda su alma con hambre de amor. Y lo tiene, es una niña que se ha hecho mayor, que le desborda la soledad, que le falta la respuesta a sus palabras. Un beso de ella te deja sin fuerzas, pero la pobre tiene tantos besos retrasados, tantos por dar y por recibir, que cuando puede, y no son muchas veces pretende recuperar esos besos perdidos, disfrutar del amor que tanto ha escaseado en su vida y que la distancia ha roto los vínculos del cariño y de la felicidad. Como he dicho es una niña, y a veces así hay que tratarla y comprenderla. Yo soy una afortunada de haber nacido entre sabanas perfumadas, de ser acariciada por un viento noble; y ella ha tenido que sortear muchas dificultades, ella misma es posiblemente su principal batalla, que la lleva en su interior y que explota a veces con actos difíciles de entender, pero llenos de la ternura de la inocencia, la que aún no ha perdido, la que lleva desde que nació.

Otra cosa son los besos ajenos. A ver, me explico, los besos de los chicos; esos besos parece que no son tan buenos, que hay que andar con cuidado que los evite. Mi padre cuando empecé la adolescencia, mas a partir de los quince años, cuando empezaba a cambiar mi cuerpo, cuando las formas ya se destacaban, le empezó a invadir un sufrimiento constante. Ya no iban a por mi al colegio, es evidente, ya no controlaba con quien hablaba, con quien me juntaba. Siempre quiere conocer a todos mis amigos y amigas, y yo no tengo ningún problema, todo lo contrario nunca les oculto a ninguno de ellos con quien me junto, pero cuando se habla de chicos, la cara de mi padre se desencaja, se retuerce en una lucha entre mantener la compostura o rendirse al cólera. Con mi madre sin embargo es mas fácil, ella había tenido una juventud mas independiente, por suerte o por desgracia, ella fue madre de su propia madre, y fue mas cuidadora que cuidada. Por eso conmigo es mucho mas natural al hablar de chicos y de si alguno me besa. Hasta ahora no he tenido ningún novio formal. Si he salido con chicos, pero nada serio, en pandilla, y con alguno algo mas que amistad, pero nada serio.

Aunque a mi padre le pone malo hablar del tema, sin embargo hace un grán esfuerzo por obtener mi confianza, y yo ese esfuerzo se lo recompenso con la sinceridad. El día que perdí mi virginidad y en otras ocasiones que he tenido relaciones con chichos, no muchas, dos veces, acabo de cumplir los dieciocho; se lo he dicho, el ha tragado litros de saliba, pero me habla, hace ese esfuerzo, me aconseja y me besa en un intento de eliminar de mi piel los besos ajenos, que gracioso. Un día me dijo que era una tia buena. Me quede espantada, que si, que si, que lo era y que tenía que jugar con los tios, pero eso solo, jugar, la seducción, pero si podía evitar mas intimidad mejor. Bueno no puedo decir que sea una tia buena como me soltó el bestia, pero esa mezcla entre los genes latinos de mi padre y los eslavo-tataros de mi madre creó que han dado un buen resultado, soy bastante resultona, y a pesar de que mis padres no son muy altos, yo lo soy mas que ellos, mi madre dice que es gracias a que ella me ha alimentado de forma muy sana. Soy además delgadita como ella, sin la barriguita cervecera de mi padre. Que bueno, que haría el pobre sin su amada cerveza.

Este café con leche no hay manera de enfriarlo, el tío despues de la grosería que le solté me lo ha puesto bien calentito, pero mejor, mas me durará porque por aquí no aparece ni Dios sigo estando yo, el segurata y el camarero de la cafeteria, no se ve a nadie, y es que falta aún, ¡¡ buff!! mas de hora y media para que empiecen las clases. Bueno me encenderé el primer cigarrillo de la mañana. Esto de fumar, no se yo, cuando lo dejaré, pero es que como voy a tener una oportunidad si toda mi vida he visto fumar a mis padres, siempre, mi padre mas porque no necesita acompañarlo con ninguna bebida, sin embargo yo como mi madre, sino es acompañado nunca fumamos, así que bebemos constantemente té, zumos, café, lo que sea para poder encender un cigarro.

Soy y me siento mestiza. Tanto físicamente como de corazón, soy una mezcla y eso se me nota a simple vista. Aunque por desgracia, por que lo es, la nariz de la familia de mi padre la he sacado, como toda mi familia paterna. Mi prima, mi tía y por supuesto mi padre, tienen la nariz de la familia de mi abuelo. La mía ya está un poco mas moderada, eso pienso yo, pero no lo se muy bien. Es una nariz, no es que sea grande pero una prominencia en el centro muy caracteristica; y ella en medio de los mofletes de mi madre. Soy una mezcla que no ha salido mal, me siento guapa, y sino lo soy pues que no miren. Mestiza en mi físico y en mi alma. Siempre han tratado, y lo siguen haciendo, que no olvide mis orígenes maternos, por eso desde pequeña tome clases del idioma de mi madre, ella me hablaba muchas veces en su idioma. Y lo aprendí, con mayor o menor soltura, pero eso me hace apegarme a unos sentimientos, a una cultura, que aunque lejana siempre me la tienen presente. El mestizaje es algo bueno, que enriquece, te hace conocer, sentir, percibir la vida de una forma distinta, mas comprensiba con perspectivas diferentes. La mezcla es crear nuevos sabores, nuevos olores,sensaciones. Las palabras se entrecruzan y fluyen mucho mas afines en una mas comprensiva forma de tomar la vida, de ver y comprender a los demás. ¿ No está mejor un café con leche, que el café o la leche solos?, ¿no es así?, pues eso. Tambien podríamos hablar del gin tonic o cualquier combinado. La mezcla es la riqueza de dos fuentes, o de varias, que riega y abona a la sabiduría.

Al café con leche además le pones azucar y acompañado con un cigarrito ya es la monda. ¡Ja, ja!. Yo estoy muy mal, aqui sentada en mitad de una esplanada rodeada de edificios todos iguales, mas sola que la una con mi café con leche y el cigarro, y riéndome, no se si de las peras mentales que me monto o del pánico que tengo a lo desconocido, a esta nueva etapa de mi vida que voy a empezar.

Empezar nuevas etapas en la vida es algo que ocurre con frecuencia,y al menos desde que nacemos y hasta cierta edad, ocurren de forma sincronizada, del jardin de infancia al colegio, en los estudios un curso tras otro, una etapa escolar sucede a otra; pero cuando esta fase acaba, cuando te encuentras ante el dilema de que vas a hacer con tu vida, generalmente coincide con la mayoría de edad, y esos ya no son cambios que podríamos decir rutinarios, son etapas trascendetales de tu vida de cuyas decisiones va a depender gran parte de tu futuro. Y en esa etapa me encuentro yo, en puro cambio, en una fecha trascendental, en unos momentos decisivos, y me tiemblan las piernas, porque no se si habre decidido lo correcto o no. Podía ir a la Universidad, o decidir trabajar, o irme al extranjero, o pillar un novio rico y casarme, y sin ser rico, haberme enamorado y querer dedicarme a mi familia. He tomado una decisión trascendental, y eso te hace caminar despacio, con el corazón en un puño, y no se, tal vez soy una exajerada, tal vez la gente que a partir de ahora conoceré se lo toman como un paso mas, pero yo estoy en un mar de dudas. Me han tenido que empujar para tomar una decisión. Como diría mi madre sino nos empujan nos quedamos parados. Tampoco es así, en eso me parezco a ella, y tampoco es que el papi sea el tio mas decidido del mundo, pero el se lo tomo como un momento que sucede a otro, lo tenía tan claro desde el primer momento que aunque le temblaran las piernas, como me ha dicho en estos días atrás, para él esa etapa de su vida, su paso por la universidad fue la mejor con diferencia. Bueno siempre poniendo su típica excepción de romanticismo cuasi platónico; conocer a mi madre y haberme traído al mundo.

Mi madre se ha hecho famosa porque necesita empujones para tomar una decisión, pero bueno , mi padre tampoco se queda corto, y además le viene de genes la cuestión. Cuentan que mi abuelo paterno, al que como he dicho nunca conocí, dicen que cuando tuvo que decidir venir a esta ciudad a vivir, a la que por cierto adoro, fue todo un cumulo de despropósitos y de indecisiones. Que se hicieron votaciones entre mis abuelos mi tia y mi padre para tomar la decisión, y que siempre el resultado era dos a dos. Unos querían venir y otros dos no. Al final, según me han contado, el sobre para solicitar el traslado se lo dió a mi tía y a ésta esa tarde no le fueron bien las cosas, creo, según he oído que tuvo bronca con un tío, cogió el sobre y lo tiró al buzón de correos. Que por la noche cuando la esperaban en su casa, estaban los tres pidiendo por favor que no lo hubiera hecho, y cuando llegó y dijo que sí todos se arrepintieron. Según esos rumores, mi abuelo intentó rescatar de correos ese sobre, pero no fue posible. Así llegaron a esta ciudad a vivir, y si no es por esa decisión de mi tía, por esa mala tarde que tuvo, lo mismo yo no estaría en el mundo. Mi padre posiblemente hubiera tomado otro camino en la vida, no hubiera ido ese verano a un pueblo costero de vacaciones, no hubiera conocido a mi madre y yo no estaría aquí. Que cosas, estoy en el mundo fruto de un caos absoluto, de casualidades y circunstancias dadas totalmente al mas puro azar. Que hueco se te queda en el pecho cuando piensas las cosas que tienen que pasar para poder nacer, para conocer el mundo, para vivir.

Si en la vida de mi padre se dieron todas esas circunstancias, la de mi madre no se queda atrás ni por casualidad. Las circunstancias son aún mas difíciles, las casualidades mas rebuscadas. Ella nació en un país muy lejano a éste, tenía tan solo dieciocho años recien cumplidos, como yo hoy, pero en lugar de estar esperando a que abrieran las puertas de la facultad para empezar las clases, ella tenía que decidir si venir a España, de escondidas, en secreto, sin que lo supiera ni mi propia abuela. Le empujaron, como siempre, una amiga que si estaba decidida, y sin haberselo ni tan siquiera planteado la siguió, y llegó a España, y ahora yo estoy aquí. Existo por pura cadena de casualidades. Lo normal es que yo no hubiera nacido, que ninguna de esas circunstancias se hubiera producido si todo hubiera llevado un orden. El caos es la causa de mi existencia. Sin embargo, mi padre no lo entiende así, le da su toque, y piensa que cuando dos personas están destinadas a estar juntas, a unirse, a juntarse las medias naranjas, eso ocurre por una fuerza de la naturaleza llamada amor. Mi madre piensa que es el destino, sin mas toque romántico.

Me entran ganas de vomitar. El primer cigarro del día siempre me sienta fatal, ¡buff!! que angustia, y no solo por el cigarro, es esta tensa espera y la idea de que yo, hoy aqui sentada, sin nada mas que hacer que respirar, soy fruto de un conjunto de casualidades, de un puzzle casi imposible de encajar. Vivo sencillamente por el fruto del azar, y ¿no será así todo en la vida?. Una serie de casualidades que sincronizadas, las llamamos circunstancias, pero que en definitiva sino se juntan quedan en la nada. Soy fruto de la nada, donde una serie de piezas se juntaron de puro milagro, y por eso estoy aquí, y aún dandose todas ellas, podrían haber pasado otras tantas para que no lo estuviera. La vida no es mas que una existencia fruto de la ruleta, de la fortuna o de la desgracia. Para mi ha sido y es un premio, pero habrá tantos otros que no piensen lo mismo.



Ya llevo mas de medio café con leche y esto sigue igual. Se ve algo mas de movimiento, no de estudiantes ni profesores, han llegado la gente de la limpieza, el día ya va estando mas claro, pero sigo esperando, este café con leche lo estoy estirando lo que puedo, porque otro mas no sería buena idea, bastante nerviosa estoy ya. Lo prolongaré en todo lo que pueda, con otro cigarrillo, el segundo ya me sienta mejor, el cuerpo empieza ha prepararse para este ataque de nicotina diaria, y pienso, tantas casualidades se han tenido que juntar para que yo pueda existir, y ahora, con este humo embriagador, estoy matando una tras otra. ¡¡buf!!, la angustia me vuelve, voy a vomitar, ¿que pasa Valeria?, ¿porqué esta angustia, porque no dejas de bailar entre un pensamiento y otro y te calmas?