sábado, 27 de febrero de 2016

DEL AMOR AL ODIO


Será verdad eso que dicen de que la línea que separa el amor y el odio es muy fina. Lo cierto es que desgraciadamente todos hemos tenido ese sentimiento que nace desde ese instante en el que perdemos el amor. No es que no amemos, sino que la imposibilidad de dejarnos amar cuando se ha roto el amor, nos lleva a su opuesto, a ese sentimiento negro y feo; que no daña únicamente a la persona a la que antes dedicábamos nuestro amor, sino que afecta especialmente al que tuvo amor y ahora ese sentimiento en contra lo lleva a los caminos del odio.
Podría pensarse que odiar es amar, pero me niego a creer que sea una mera consecuencia del más noble y sublime de los sentimientos, es una especie de apego, una forma de amarrarse a la pérdida para que siga estando en nosotros. Cuando del amor se pasa al odio, no es más que un intento de prolongar algo que ya no tenemos, pero que aún sentimos. El amor no puede desaparecer de la noche a la mañana, perdura su tiempo, ese que llaman el duelo, pero en ocasiones en lugar de mantenerse en un discreto apartado donde llorar, nos lleva a la acción, a hechos incomprensibles donde el objetivo directo es esa persona que en su día era la destinataria de nuestros besos, caricias y atención.
Es triste pero a su vez es muy humano. Las personas nos caracterizamos, y la vida misma, por tener siempre presentes los opuestos, de no entender el blanco sin el negro, la felicidad de la tristeza; y como no, el amor del odio.
La mayoría de los conceptos, y entre ellos los sentimientos, no se entienden ni comprenden sin su antagónico, no es posible comprender la paz si no existiese la guerra, el amigo con el enemigo; sencillamente no existiría la vida sin su contrario la muerte. De igual forma pasa con el amor, lo que aún me llama la atención, y no al margen de dolor, es el daño que nos causamos cuando de amar pasamos a odiar.




domingo, 21 de febrero de 2016

SIN ADIÓS.



Dicen que las cosas más importantes en la vida llegan cuando no se buscan, aparecen sin más, por sorpresa. Parece como si la vida estuviera condenada a seguir los caprichos del destino, esa cadena fatalista que te lleva desde el nacimiento a la muerte, al margen de tu voluntad y sin ningún plan preconcebido.
Lo cierto es que a mí lo mejor de la vida me ha llegado sin esperarlo, como también se han ido sin haber pensado en su pérdida. Será tal vez, que yo espero que cuando llegan no se vayan, que se queden junto a mí, porque cuando aparecen, sea por causa o sin causa, yo soy como ese perro que siempre acompaña a su dueño, soy fiel y siento que se hace realidad un sueño.
Adiós no es una palabra que se encuentre en mi vocabulario, no la encuentro en mi lenguaje, porque no soy capaz de soportar ese pañuelo que se agita al viento en la estación del tren, señalando un fin, un término; tal vez un nunca más.
Es posible que no esté hecho para esta vida, no sea capaz de vivir. No entiendo casi nada, ni porque ocurren ni porque causa me regalan una vida para después arrebatármela.

Dicen que llega un momento en la vida en la que llegas a entenderlo todo, que coincide generalmente con la madurez. A estas alturas de mis vivencias soy un ignorante de casi todo e inocente de nada. Soy un simple ser que respira y siente, y que como no entiende, tal vez quedé vivo en la inmadurez.


sábado, 13 de febrero de 2016

DESDE QUE LLEGASTE


Desde que llegaste no me quema el frio, me hierve la sangre oigo mis latidos, desde que llegaste ser feliz es mi vicio contemplar la luna mi mejor oficio. Resumiendo en tres palabras: “cuanto te quiero”.
Así dice una canción que me dedicaron hace unos meses. Yo era el llegado y el que hizo marchar la duda y abrazar con suspiros.
Canciones, letras, sentimientos; caricias en la piel que estremecen y devuelvo, porque las siento. Soy de aquellos que como dijo ese cantante, me gusta que me amen bien y amar bien, sin límites, sin miedos y a veces incluso sin paracaídas.
Algunos dedican su vida a los deportes de riesgo, a tirarse por un puente o por un río. Mis riesgos los asumo con el corazón, y a veces te lesionas, como en el deporte, y sufres dolor, como cuando te rompen un hueso; lo que pasa es que cuando te destrozan el corazón, se parte todo el cuerpo y no solo uno de sus miembros.
Me resulta poca cosa tirarme por un puente, cuando me he lanzado sin precaución alguna a los brazos de una mujer.

Vivo y muero por el amor y desde que  llego; como en un formula uno aprieto el pedal a tope, sin límite de revoluciones, sin importar distancias ni barreras, porque como me dedicaron,  la felicidad es mi vicio y solo con el amor la vivo.


domingo, 7 de febrero de 2016

LA DANZA DEL CHAPUCERO

Hace unos días me dedique a hablar del chilanguero, igual sujeto que éste, o tal vez  su hermano gemelo. No es mi estilo ni lo será pero hay días que como hoy, el aburrimiento se subleva y la tentación me ganó para hablar de es “Nacho”, perdón, “Macho” que es el chapucero, que tan insistente en su afán, que  hasta es contagioso y me como sin querer la patita de “m” y  despacho la chapuza en mano con una “n”.
Como hemos quedado asombrados haciendo de botes de plástico cajitas para regalo, nuestro homenaje hacemos, en plan chapucero y le llamaremos “Nacho” para no confundirlo con cualquier “macho”.
Este  sujeto es capaz, y todo “Hecho a Mano” de convertir cuatro tablones tirados en la basura en el cabezal del trono de su princesa, degradada de reina ante tan torcido aposento donde asentar su posadera. Es tan rácano, “nacho el chapucero” que por no gastarse los euros o tal vez los pesos, que sus chaquetas las compra sin mangas para dejando al aire, sus puños y puñetas. En tiempos de invierno me consta que se le hielan las yemas de los dedos, por no decir el produzco del nacimiento de pollos y polluelos.
Perchas y percheros, mesas y meseros circulan con orgullo por su casa, que más que un hogar parece la cuadra de carneros. En su jardín amontona martillos, clavos y tornillos; alguno comprado y otros clavados en su trasero cuando se le cayeron del techo, pues no tuvo tino, el chapucero, en construir dispositivo capaz de tapar cuernos y cornamenta.
“Nacho el chapucero”, repito por no molestar a los machos y hacer de la  chapuza un homenaje sincero, es redondito y pedorrón, lo mismo te hace un colgante para los cacharros de fregadero, que un abrigo para tapar el agujero por donde tira sus excrementos.
A veces construye incluso regaderas o duchas hechas a mano, con tan poca agua que ni el bigote le friega, eso sí, con mucho esmero te limpia el bolso o bolsera lija en mano y con jabón de lagarto.
Mientras tanto “nacho el chapucero” para  amasar su fortuna, pasea por los campos escopeta en mano acechando a todo bicho viviente, pues a casa debe llevar el rancho sin gastarse ni un céntimo o centavo.
Hechos a mano con la mugre de sus dedos, decora a familia y aposentos, como si de un experto se tratara, pues decorador de interiores se considera, este pequeño Sancho Panza al que llamamos con cariño y añoranza, “Nacho el Chapucero”.







sábado, 6 de febrero de 2016

QUIERO QUE ME PREFIERAS


Yo no quiero que me necesites, yo quiero que me prefieras. No te pido que no puedas vivir sin mí, sino que vivas conmigo. Yo nunca te reclamare que vengas porque nunca te habrás ido.
No quiero que me necesites, tan solo quiero ser el dueño de tus sueños. Quiero ser a quien llames cuando en tu carne surja el deseo, tu primera persona en el mundo de tus sentidos. Al que primero veas cuando te llegue mi mirada, al que escuches latir el corazón en tu pecho; quiero ser aquel que tu piel erice con los susurros de mis suspiros acariciando tu cuello.
Tan solo quiero ser tu preferido, ni siquiera ser el único en tu vida, pero si el primero en la lista, porque siéndolo, no seguirás contando, no buscarás a nadie más que  llene tu vida, que haga de tu mundo ese sueño de color carmesí que anhelas, porque te dejaron huérfana de carne y hueso.
No quiero tu necesidad porque tan solo seas el mueble del tocador de quien te puso en su vida, tan solo en una tarjeta de visita donde aparece tu compañía.

El preferido nunca está escrito en un papel, es un secreto escondido en el deseo de tu piel, sellada por latidos del corazón.