sábado, 8 de agosto de 2015

Y SI AMANECE, NOS VAMOS...

El día se despierta y me envuelvo de noche. No me lleves amanecer, no quiero ser cómplice del sol y sus giros. Un giro más y celebramos aniversarios, años que pasan, sin pensar que se cargan en la mochila, y pesa más, año tras año.

Curioso el ser humano que celebra sus giros al sol, pero no los que cada día hace la luna sobre nosotros. No valoramos su paso porque tal vez es efímero, son tan solo veinte cuatro horas de nuestras vidas, bastante poco para quienes piensan que mañana siempre llegará y será mejor, y todo se hace por ese mañana, al amanecer, cuando de nuevo el sol de su cara sonriente, nos invite a acompañarlo y a girar a su alrededor; mostrándose como la estrella, el centro de toda vida.

No pensamos en los giros de la luna, ni tampoco en las torpes manecillas del reloj. Vuelta tras vuelta sin valor, porque tal vez confundimos como los necios, precio con valor; y lo despreciamos si su alma no es de metal brillante, sino tiene una coraza intocable al paso de los tiempos, si es capaz de resistir la feroz locura de un mundo dispuesto a impedir su tarea.

Nos disgusta la llegada de la luna y aplaudimos un amanecer, la luz que brilla desde dentro y no la que se da desde fuera, la que realmente recibe generosamente, y la devuelve; esa luz ajena, prestada; impuesta o tal vez dada por encargo de algún amanecer traicionado que nunca más quiso aparecer.

Yo me voy al amanecer, no quiero ser cómplice del sol, no quiero saber de sus cuentas, del paso de sus años, de su tiempo; del hechizo con el que atrae a las personas, hacia sí mismo, porque es el centro; porque siembra el futuro.

No valoramos a la luna porque tan solo gira sobre nosotros, porque es nuestra sirvienta, tan solo es un astro de fama temporal, frente al sol que es su estrella, que su éxito se extiende durante toda nuestra vida, porque contamos el tiempo estando con él, sin que nos dé nada más que tiempo. Eso que es la vida, porque la vida es tiempo, el que perdemos y a veces incluso lo matamos mientras gira la luna.


Yo me voy al amanecer, dejo a la luna y tomo al sol entre mis brazos, para ver la vida con luz propia, sin tapujos,  sin dependencias y con esperanzas, esas que se dan cada día cuando amanece y nos vamos.



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