domingo, 18 de diciembre de 2016

AÑORAR NO ES EXTRAÑAR

Tal vez debería llamar las cosas por su nombre sin esconderme en las sombras de lo general. Tal vez lo correcto sería llamar “te añoro” a lo que me hace añorar, a esa piel que echo en falta, más que extrañar. Es diferente el sentimiento. Creo que se extraña aquello que acaba de dejar huellas, lo mas cercano aunque difícil que regrese y si lo hace no será la misma persona que se fue. Se añora lo que dejó huella. Fíjate como lo digo, casi alargo las palabras al menos en mi entonación. Soy muy dado a hablar mientras escribo y pienso que lo que hablo con emociones y entonación se entenderá de igual forma, como sale de mi pecho o de los dedos sobre el teclado. Y no es así, nunca podrás entender lo que para mí es en este momento añorar. Es como una melancolía amarilla. Parece una tontería eso de la melancolía amarilla; pero añoro de esa forma sobre todo, y de nuevo como tonto, por la Navidad y sinceramente mientras aprieto estas teclas no pienso para nada en la Navidad, solo escucho una canción; música de fondo con letra que me dice cosas, pero sobre todo siento sentimientos.

Qué raro es eso de sentir sentimientos. No lo creas, no es lo mismo sentir que tener. Me rio por no llorar, pero hay mucha gente que tiene sentimientos pero no sabe lo que siente, como hay gente que escucha a otro hablar en Ruso y no lo entiende, casi nadie, pero hay ruido, es hablar. Hay sentimiento pero no se comprende lo que significan o tal vez no queremos. Otra expresión importante, otra decisión: no queremos. Cuántas veces hemos sentido cosas, tal vez el ejemplo más fácil sea el amor, la ternura, el cariño; y no queremos escuchar los sentimientos, no deseamos saber nada de eso que pasa, tal vez que no sabemos lo que pasa y por ese temor a lo desconocido, a lo que pueda ser, lo negamos; rechazamos entender y por ello tenemos sentimiento sin sentirlo. Difícil opción rechazar las palabras del alma, del corazón y esas verdades que se hayan gravadas en la piel. Complicado negarse a si mismo, dejar de mirarse al espejo y tan solo hacerse una idea de que somos lo que queremos en lugar de lo que somos. Complicada esta vida, en la que se llena de tiempo, y se va el tiempo, porque hay mas tiempo que vida. Posiblemente la vida no sea mas que un cupo de tiempo, un espacio matemático limitado entre un antes y  un después.

Tal vez mi amor tan solo pudo ser por un tiempo. La vida tiene un límite anterior a la muerte y después del amor quede tiempo sin vida, ese periodo comprendido entre el amor y el desamor. Tal vez se viva sin vida, porque sin amor no hay vida. Tal vez todos seamos uno muertos andantes, después de que acabe el amor y posiblemente volviendo al principio; todo esto sea la añoranza y ves que distinta  es a la extrañeza. Ésta incluso puede mirarse hacia atrás con una sonrisa, pero la añoranza, es un no volver hacia atrás ni con la mirada; es la melancolía de la vida perdida, de la falta de esencia en la respiración. En latidos anclados en las raíces sin hacer mas que empujar la sangre sin sentir absolutamente en su paso por el corazón.


Ya ves amor, tres folios en blanco juntando letras para llegar a esta triste conclusión, a un motivo sin sentido mas que en el mío para poder comprender lo que siento al margen de la Navidad, del Otoño o de estos malditos días de lluvia caídas sobre tierras dormidas de vida. Parece que ya no hay nada en pie, tan solo restos de ti y ese es mi toque para decir que añoro porque mi cuerpo vive y mi sangre circula sin crear ningún sentimiento al paso por el corazón.


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