sábado, 13 de junio de 2015

EL ACECHO DE LAS SOMBRAS.

(Desde los metadatos de mi corazón)

Yo tengo la suerte de ejercer una profesión que me llena, me satisface y sobre todo me permite defender personas. Una profesión que me da gustos pero también disgustos, que enciende en mí el interruptor  de la imaginación, pero también en ocasiones altera mi equilibrio interior.

Desde hace tiempo estoy inmerso en un teatro de escritura imposible, de personajes de todo tipo, con un guion que se reescribe con demasiada frecuencia; que no es sencillo, no es evidente, todo es interpretable y poco predecible.

En ese escenario en el que soy actor pero en el que nunca seré víctima, interpreto un papel  bronco, protestón, beligerante; incluso insumiso. 
Es un espacio donde los personajes que son traídos a la función saben que cualquiera que sea el resultado, ya han pasado por la celda del castigo del ágora,  la del pueblo infesto por los flashes interesados, con un público deseoso de carne. El circo de los leones que ahora llamamos mediático, el coso de arena donde la muerte y la sangre se olfatean.

Son sujetos de luz, brillantes, exploradores; magos de comedia, inteligentes, radiantes, imaginativos. Presos de la poesía en un mundo de prosa rancia, de titular mezquino y de sarnosas esquelas.

Seres que juegan con fuego y se queman, con la palabra en la boca y se equivocan; corren riesgos y viven, se emocionan, son personajes que vuelan. Palomas mensajeras de la libertad creativa, del gusto, de la belleza; de la línea curva porque en la vida no hay rectas, sino atajos y cunetas donde algunos te dejan y te abandonan cuando no eres fiel a sus  reglas.

Son víctimas de la libertad y de la imaginación; de la pasión, de la sangre, del color rojo; de la vida en un acto y en momentos de locura.

La envidia rancia de las tinieblas les acecha. Aparece cuando menos se le espera con palabras sacadas del cementerio de sus miserias, de sus carencias, de su muerte anticipada y de los dragones con los que pasean por su existencia.

Esos seres que viven en la falta de luz, a la sombra de sus víctimas, a los que atacan, los golpean, atormentan; se apoderan por instantes de los suspiros de la luz, del ingente chorro de belleza, del sol de primavera que ilumina a los protagonistas de mi ágora. Por instantes parece que quedan ocultos, que les invade la flaqueza, que dejan de luchar por ser ellos mismos, por defender la riqueza de la inteligencia; por ser de esa forma que como yo, buscan lo desconocido para poder ver lo nunca visto.

Y surge el flechazo de los sentimientos humanos. El cariño, la amistad, la complicidad; el roce de las manos que transmite la energía de las estrellas. Difícil poder ser protagonista y no ser envidiado, maldecido, insultado, amenazado, torturado, vejado, odiado, humillado…….Este es el papel de las sombras, los que no tienen luz, ni color, ni horizonte. Viven en las cortinas de humo de cigarros apagados. En el oculto infierno de sus carencias, en la maldición de la ignorancia del camino de la vida.

Esos seres les acechan, tratan de robarles la luz, pero no pueden, tenemos algo de lo que carecen. Algo que intercambiamos y que ellos ignoran. Nunca imaginaran que entre los actores y guionistas hay un trato, un acuerdo sacramental, un cordón umbilical que nos une. 

Tenemos al arco iris de nuestra parte, y yo como parte, me adhiero a los que llamo familia, porque les quiero y me duele que sufran, siento sus lágrimas y tristezas. Pero tenemos ese arco, lo compartimos y nos une con la fuerza más grande del universo. 

Nos une el arco iris, con la fuerza del amor.





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