sábado, 30 de agosto de 2014

UN MOMENTO

Cuantas veces me han repetido al oído, que la vida no está compuesta de grandes sonrisas ni de tremendas tristezas, que la vida no son grandes palabras ni grandes hechos; que la felicidad consiste en vivir el momento, porque de momentos se compone esta vida, no de grandes hazañas ni de fastuosas alegrías. No son segundos, tal vez ni siquiera días ni semanas; el momento es un instante sin medida, donde se alcanza el trance de la ruptura de lo cotidiano, para alcanzar la belleza de la vida. A veces se pasa la vida sin percatarnos de su avance. De repente nos encontramos con la flor del otoño mirando por la venta el adiós permanente del verano y de su sueño la primavera. Nos aferramos al calendario, como a un clavo ardiendo, intentando sujetar el último aliento que quedo prisionero entre mi pecho y el suyo. Es ese preciso instante de lágrima contenida, de suspiro insaciable y emotividad inalcanzable, en el que inconscientes del paso del tiempo, suplicamos e imploramos un solo momento, un instante más para dibujar su rostro en nuestra mejilla y una sonrisa allá donde la lágrima, se encontró caída
 
 

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