domingo, 2 de febrero de 2014

LA SENCILLEZ

El amor no precisa de joyas, de ropas, de coches, de restaurantes, lugares de lujo, ni del oro ni de los diamantes. El corazón es caprichoso en sus gustos, solo necesita alimentarse de caricias, de ternura, de besos y de miradas profundas. Cuantas veces he dicho que no necesitas adornos, que no eres un árbol de navidad, que tu rosotro tan solo limpio con agua pura y clara, es la belleza con la que conquistaste mi corazón. En esta vida nos empeñamos en estar guapos, no en ser guapos. Precisamos de maquillajes, manicuras, peluquerías y todo tipo de necesidades creadas para gustar a los demás, no para sentirnos guapos, no para satisfacer al corazón. La sencillez es el complemento de la belleza, quien no necesita nada, todo lo que le llega es un regalo, por muy simple que sea, porque no se pide nada al amor, tan solo honestidad, sinceridad y gratitud por entregarlo. Nos disfrazamos de lo que no somos, cuando el corazón vaga desnudo por el mundo, no nos importa ocultarlo tras una mascara que nos hace sentir otros, justo lo que no somos, porque al parecer siempre pretendemos impresionar, ser diferentes, enemistándonos con el corazón, que distorsionado con tanto blindaje, no puede mostrar la pureza del amor. Si nuestro cuerpo es nuestro traje, ya no necesita mas complementos, como el amor tampoco precisa de diamantes ni tatuajes, tan solo mostrarse puro, simple con todo su esplendor.


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