lunes, 8 de diciembre de 2014

VALERIA, UN AMANECER PERDIDO. VALERIA, UN RETRATO VACÍO. CAPÍTULO VI (FINAL)

Ya veo a mi Valeria, sentada en su pupitre, abriendo esa carpeta que le preparé con la ilusión de un padre que contempla a su hija como en su vida empieza  amanecer. Que se hace mayor, y que uno de los más grandes pasos de la vida se inician para recorrer un largo camino. Ese estrecho espacio que existe en la vida, que debemos cruzar tratando que las caídas sean las menos posibles.
Te miro y observo mi amor, mi niña, mi todo, lo más grande que he creado en el mundo, mi mayor obra, el fruto del amor. Y te veo en un rincón, como a ti te gusta cuando empiezas a dar nuevos rumbos en tu vida. Siempre te ha gustado pasar desapercibida, enroscarte entre tus brazos, sujetar tu cuerpo para que no se te escape el alma. Ese alma blanca y pura que tienes, pero que se filtra  por un pequeño hueco de  tu mirada.
Mi amor, mi vida. Te siento en la distancia, como si estuviera ahí junto a ti, acurrucado a tu lado, siempre cerca y vigilante para evitar que cualquier sufrimiento invada ese enorme corazón que late en tu pecho.
Valeria, mi niña, sigo cada noche dándote un beso antes de dormir, al despertar y en cualquier momento que te acercas a mí. Te tengo en mi mente  durante cada segundo del día. Así con tu carita dulce, con mirada baja pero con esos ojos desafiantes y auténticos. Con tu melena, que apenas deja ver tu rostro, y que despejas, cuando solo tu decides, cuando quieres darte en cuerpo y alma dejando ver tu bondad, tu sensibilidad, pero también a esa persona fuerte, segura de si misma y orgullosa de lo que es y de lo que siente.
Mi niña de labios frondosos, carnosos, exuberantes, que invitan a besar y a ser besados. Mi amor, hoy ahí, sola, como en tantas ocasiones, pero firme, con tus fuertes convicciones, con la consciencia de que la soledad sonora, no es una soledad encontrada, sino una soledad buscada llena de armonía, de paz y de libertad.
Valeria, hija mía. Esta mañana cuando saliste de casa, tempranito como sabes que me gusta, te di un fuerte beso y me lo correspondiste. No quería dejarte marchar, deseaba estar contigo. Como tampoco lo quise aquel día en el jardín de infancia, donde te sentistes traicionada y abandonada. Quiero que sepas que yo tal vez sufrí mucho mas que tú, porque tan solo alejarme de ti unos metros, no tenerte a mi lado, ya es sufrimiento.
Mi amorcito, como me conoces, como sabes lo que me gustan las celebraciones. Como no puede ser así cariño. Como quieres que no celebre cuando llegaste a mi vida, cuando te salió tu primer diente, cuando dijiste papa, en tu primer día de colegio donde al salir te encontraste en la puerta con todos aquellos que pensabas que te habían abandonado. Tu primera menstruación, también es de celebrar, te hiciste mujer, mi mujercita. Cuando te dieron tu primer beso, que yo con los míos quería limpiarlos de tus labios, porque soy un padre celoso y siempre me amarga el miedo de perderte y como no voy a celebrar tu primer día de universidad, mi niña puesta de largo, eligiendo su camino un poquito empujada por mí.
Mi preciosa niña con la que tantos momentos he pasado. Con la que me ha llenado por completo esta vida, la que ha tintado de color un fondo de grises, la que ha dado tanta felicidad, por ser como eres, por vivir con el corazón en la mano, con sentimientos dispuestos a entregarlos con todas tus fuerzas, sin dejar la mas mínima esencia sin regalar por tu generosidad desmedida.
Mi princesa Valeria, no te importe lo que nadie piense de tí, que no te preocupe parecer una mujer débil, sensible, tímida, introvertida. Tu papi sabe que no, que eres fuerte, que sabes caminar sin apoyarte, en ese camino tan difícil que es la vida, pero que con tu bandera pintada de rosa, podrás vencer los obstáculos que seguro encontrarás y de los que ya tienes alguna experiencia.
Ahora que empiezas a caminar por ti sola, no puedo dejar de recordar aquellos momentos tan dichosos, cuando jugábamos en el parque, cuanto te subías a los columpios. Esos sábados que te despertabas antes que yo porque te gustaba venir conmigo al hiper a hacer la compra, y te sentaba en el carrito, y los dos hacíamos que algo que a la mayoría de la gente le molesta, le aburre, fueran momentos de diversión y de plenitud. Recuerdo cuando te cambiaba tus pañales de niña, cuando paseabamos por las calles en tu carrito o con la mochila sobre mis hombros. Mirabas de vez en cuando hacia detras para comprobar que seguía ahí, que era yo quien lo empujaba, que no te perdía de vista.
Recuerdo mi amor, cada día que te dejaba en el colegio, en todos me sentía que no que quería huir y no dejarte, llevarte conmigo. Por eso los fines de semana eran tan intensos, juntos como a ti te gusta decir, disfrutando de cada instante. Y en esas vacaciones, que aunque a veces mal planeadas por mi locura de la puntualidad, se hacían eternas, pero llenas de belleza y de amor, porque todo da igual, como dices Valeria, porque estábamos juntos.
Después cuando te hiciste mayor. Entrabas y salías tu solita, y me gustaba, porque empezabas a ser independiente, a decidir por ti misma, a empezar a usar la vida. Si usarla, porque la vida sino se usa, se utiliza, y la vida es para vivirla como tu elijas, como tu la quieras usar sin que nadie te utilice.
También recuerdo Valeria, aquel día que te rompieron el corazón, que te destrozaron el alma y  nada podía hacer yo más que abrazarte, arrancarte ese sufrimiento y quedármelo yo, porque siempre he puesto y pondré mi vida sobre la tuya, y no puedo, no soy capaz de verte sufrir, y no se que hubiera hecho con ese mal nacido que te abandonó, que te traicionó cuanto tu se lo habías dado todo. Le habías dato tu corazón y abierto toda tu alma, con esa generosidad sentimental que te hacer ser Valeria, mi amor, mi vida, hija mía. Desgraciado será quien te lastime, quien te haga daño, porque no hay más dolor que el abandono, es desprecio, el castigo inesperado, como el que tu sufriste, y me sentí impotente, incapaz de hacer nada más que lo que sé. Abrazarte, darte todo mi apoyo, porque siempre me tendrás, como yo siempre te tengo en mi memoria.
Mi niña, mi amor, mi sueño mas querido, cogido a tu mano, sintiendo cada paso de tu corazón por tus venas, paseando por una calle, un parque, o simplemente jugando en casa sobre los sofás naranjas, encima de mi, tu papi querido que aspiraba cada milímetro de la esencia de esos momentos vividos, con el más bello fruto que jamás haya creado.
Así es  mi querida Valeria. Cuánta razón tienes cuando hablabas de la cantidad de casualidades que tuvieron que darse para que llegaras a este mundo, aunque como tú dices, tu alma ya vivía antes que tu existencia. Tantas circunstancias encadenadas con fortaleza una a una, tuvieron que sucederse, para que Valeria mi amor llegaras a este mundo, trayendo armonía, haciendo de mi vida, una realidad sonora, como una romántica canción francesa de los sesenta.
Cariño, se me nubla la vista, la cara se me enjuaga de lágrimas al pensar que cualquiera de esos eslabones que fueron precisos para que tu existieras, se hubiera perdido por el camino, y no te tuviera, aquí tan cerca, tan amada, mi Valeria.
Tus risas, tus llantos, tu forma de hablar precisa con cuidado y meditando cada palabra, pero tan espontanea cuando quieres sacar tus sentimientos.
Dicen que el amor a un hijo es el único que nunca tiene fin, que perdura toda la vida. El mío hacia ti, no solo no tiene fin, sino que será eterno, trascenderá a la vida y a la muerte. Algún día se convertirá en una nebulosa, flotará en el espacio entre las estrellas, porque es infinito como el universo.
Así te veía  cuando empezaste a crecer, cuando tomaste tu estilo propio, tan genuino, tan de Valeria. Con esas camisetas un poco grandes para tu cuerpo delgado y tus vaqueros, cualquier prenda te sirve, porque eres bella, por dentro y por fuera, porque eres guapa, la mas guapa mujer que camina por la Tierra. Eres la chica de los vaqueros, los inventaron pensando en tí, y esas deportivas o esas sandalias de madera haciendo que cada paso tuyo se sintiera como te agarras al suelo  con firmeza. Desde que tomaste estilo propio, siempre has vivido con naturalidad, como te enseñamos, y lo aprendiste, y has vestido de esa forma, espontanea, libre sin prejuicios un poco gipilondia, la Jane Birkin del Siglo XXI. Lo recuerdas mi vida, como te lo decía cuando te ponía alguna de sus canciones, que aunque no entendíamos sus letras, a los dos nos gustaban, nos atraían, porqué si algo has sacado  de mí, ha sido el romanticismo, el amor idealista, la platónica visión del mundo, entender la vida como un sueño bronceado por el amor.
Cuantos eslabones se tuvieron que unir, que encontrar casi por casualidad, para que  tu llegaras al mundo. Cuantas circunstancias inimaginables  tuvieron que coincidir para que tu madre y yo nos conociéramos, para que enlazando eslabón tras eslabón nacieras fruto de esa unión. Cuantas cosas impensables tuvieron que suceder para crear ese círculo mágico que creó tu vida.
Valeria, hija mía, también tienes que saber otra cosa. Tanta fuerza de la naturaleza, todas esas circunstancias que parecen fruto del puro azar. Tanta energía cósmica empleada para unir eslabón tras eslabón y crear esa cadena, a pesar de su aparente fortaleza, en cualquier momento, en cualquier instante, sin esperarlo, sin desearlo; es frágil, y  con un simple girón maldito de la vida, se rompe, aunque sea por un agujerito fino que poco a poco se va limando, se destruye, la unión se rompe, y la magia desaparece. Sin quererlo, sin esperarlo, a traición; se rompe vida mía, y lo que parecía la unión mas solida jamás conseguida, desaparece entre la nada, soltándose esa cadena, que se unía, eslabón tras eslabón.
Como olvidarlo vida mía. Tu sufriste esa ruptura, cuando te llegó inesperada, por la espalda, como una puñalada trapera. Cuanto sufriste y cuanto te cambió. Sabes que lo sufrí contigo, y como tú, no me he recuperado, tampoco seré el mismo. Mi alma se dobló por mil partes, crujiendo en cada doblez como un ladrido de dolor, que dificilmente me permitía mantenerme en píe. Porqué tu dolor es  mi dolor multiplicado por tres. Cada lágrima que se desprendía de tus ojos, cada suspiro que emanaba de lo mas profundo de tu cuerpo, me golpeaba y golpeaba dejándome sin aliento. Vida mía, se rompió tu cadena, los eslabones que la magia del amor habían unido. Te sentiste perdida, uno y otro día; y esa herida que no tiene cura, la llevas contigo, por eso ya no eres la misma. Podrá cicatrizar pero la marca dejada queda de por vida. Tampoco soy el mismo. Ahora somos nosotros los que necesitamos esos empujones para que de vez en cuando, sin poner voluntad alguna, se nos pueda arrancar una sonrisa. Esa tristeza que solo se siente cuando llora el alma, es una condena perpetua, que yo hija mía, nunca hubiera querido que te tuvieras que experimentar.
Cuando se rompe ese maldito eslabón y tira por tierra toda la cadena. Esa soledad no deseada te cubre todo por completo. No puedes ni caminar, te falta el apoyo. No sabes donde ir ni donde mirar, porqué antes toda era fácil, mirabas con otros ojos. Cuando se pierde ese eslabón, no encuentras el norte ni el sur, ni el este y el oeste; la brújala que te orientaba en la vida se ha perdido; como tu y yo mi amor, mi niña, mi Valeria; perdidos en el espacio, sin rumbo. Ya nada tiene el mismo sabor, los colores son oscuros, los olores primaverales desaparecen y la música pierde su armonía. Es la nada vida mía. Ya no tiene sentido, respirar, escuchar, oler; vivir.
Aunque te parezca muy triste Valeria, hija mía; no lo es. Tu has sido afortunada, has vivido el amor con toda su plenitud. Has tenido la oportunidad de entregarte en cuerpo y alma. Eso es alegría, has usado tu vida, tu vida soñada bronceada por el amor, y debes saber que no todas las personas han tenido esa fortuna, esa suerte de experimentar la unión de esa cadena, el encaje de las almas gemelas, de encontrar a tu media naranja. Es felicidad aunque no te lo parezca, porque es dificil de encontrar, y aunque no hay otra que pueda encajar, te quedan tus vivencias, tus recuerdos; y esa es tu riqueza, porque son tuyos y de nadie mas.
Ya no somos los mismos. Seguimos por la vida y nos movemos por pura inercia, impulsados por el rebufo, porque todo no se acaba, aunque sea mucho lo perdido, lo más preciado, nuestro mayor tesoro, hay que seguir respirando y caminando apoyándonos en los recuerdos, en la nostalgia, que no es tristeza; es un estado de plenitud y de felicidad. La riqueza de las personas, está en sus recuerdos, en los momentos vividos.
Hija mía, nunca sabes cuándo se perderá ese eslabón, nunca estamos preparados para la pérdida, para el fracaso y menos aun cuando intentamos como podemos, aún a riesgo de no conseguirlo, tenerlos engrasados día a día. Intentar que cada momento sea especial, porque la fortuna del amor debe regarse a diario, debe mimarse para que cada día siga creciendo aunque a veces pensamos que las cartas cuando están sobre la mesa están presas, y eso no es verdad.
Hoy , después de recordar y repasar tus vivencias, pienso en el futuro, que será de tu vida, hasta donde llegarás, aunque al final sé que tu has llegado muy lejos. Lo mas importante en la vida, es lo que eres como persona. Los éxitos profesionales o económicos no son más que fugaces haces que deslumbran durante un corto espacio de tiempo y luego desaparecen sin más. Ser persona, y ser buena persona es el gran triunfo, y tu eso ya lo has conseguido. Recuerda las palabras de tu padre que tantas veces te ha repetido: "no es malo ser bueno". Si esa mochila que en definitiva es la vida, y que vamos llenando con cada paso que damos, introduces bondad, simpatía, amistad, amor, sinceridad, respeto; triunfas. Esas son las personas que deberían ser la portada de las revistas y de los periódicos, las que tendrían que aparecer en algún capítulo de un libro de historia. No es así, esas personas, salvo excepciones, pasan desapercibidas, no se habla de ellas, no son objeto de ninguna portada. Y tu eres así, mi querida hija. Una mujer discreta, amiga de tus amigas, generosas con quien se lo merece, y el gran amor de mi vida.
Parece que te estoy dando otro discurso. Recuerdas Valeria, esas noches que antes de dormir te metías en la cama, allí los tres juntitos, y os gustaba que os hablara de algún tema, y cuando me interrumpíais, yo os decía: -callaros es mi discurso-, y las dos calladitas con los ojos bien abiertos escuchabais cualquier historia que me inventaba, y poco a poco, vuestros parpados se iban haciendo más pesados y terminabais dormidas profundamente; y yo os miraba y os daba el beso de buenas noches.
Todavía, ahora que ya eres toda una mujer, y te miro en un retrato, me sigues pidiendo que te cuente alguna historia, y te pegas a mi y me miras sin pestañear, pero tus ojos no son los mismos, han cambiado, no es que sean más tristes, es que la vida te ha dado un golpe difícil de recuperar, pero estas ahí, y seguirás tu camino intentando esquivar cada bache que en la vida te encuentres, y no se si te habrás hecho más fuerte, no lo creo, pero podrás contarlo como yo lo estoy haciendo, y lo vivirás con una bonita sonrisa en tus labios frondosos siempre dispuestos a besar.
Yo, hija mía, miro ese marco y no me despego de tu mirada penetrante. Esa mirada que parece que lo ve y lo siente todo, y llevo tu foto en mi cartera siempre ahí guardada cerquita de mi corazón, para verte en cada momento, mirar tu cara fruto de un amor,  que es su camino perdió uno de sus eslabones.
Calló a la tierra, no sé si oxidado por el tiempo, por no haber sido bien cuidado o porque alguien lo cortó. Pero ese eslabón del milagro de la vida se perdió y con él toda la cadena. Esa cadena de milagrosas casualidades que poco a poco fueron formando ese círculo donde yo te esperaba.
Valeria, soy feliz, por tenerte en mi pensamiento y en mi corazón. Por seguir dándote un beso al amanecer y antes de dormir, por llevar tu foto en mi cartera. Con la pérdida de ese eslabón, tú que ya tenías nombre antes de nacer te quedaste en el camino, sin poder completar esa cadena, y yo aunque estoy aquí pensando en ti, también me quede roto en el suelo, esperando impaciente tu llegada. Tú que ya existías con tu  alma,  por la pérdida de ese eslabón nunca llegaste a nacer. Pero estas viva, porque yo te tengo siempre presente y porque te amo. Te amo mucho Valeria,  y serás feliz, porqué naciste en el cielo entre temblorosas alas de ángeles que ríen.

Un beso Valeria, hija mía.


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