sábado, 10 de enero de 2015

TU CARTA



Tu carta me daba razones para vivir donde ya no las encontraba. Tu carta me daba motivos para no morir, para agarrarme a una soga entre las manos, sin tocar el suelo. Tu carta no me llegó, ni tan siquiera sé si la escribiste, tal vez desee que lo hicieras, y la imagine, pensando que no es más triste la que no llega, que la que no se escribe.
Esa carta estaba firmada de puño y letras, del tuyo y de tus palabras, de tus sentimientos y en alguna línea cargada con lágrimas. Si esas que yo pensé, que yo imagine que se desprendían de tus ojos mientras juntabas letras con sentimientos, o al menos lo pese, sí, en esa carta, que no recibí, que no sé ni si la escribiste, pero la imaginé, la pensé, tal vez incluso la soñé, mientras te esperaba una noche cualquiera con mis pensamientos sobre la almohada.

Esa carta nunca me llegó, no sé ni si la escribiste o lo hice yo, de pensamiento, porque no escribí letras, ni siquiera tome un sobre para que te llegará, pero si la pensé, mirando el cielo, una mañana cualquiera, con el sol en el horizonte, mientras esperaba que vinieras.


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