sábado, 7 de febrero de 2015

TÉ PARA DOS.



Como tantas veces estoy contigo desde la otra parte del mundo.  Buscando, tal vez alguno de esos besos en sentido contrario, sí de esos que me prometiste, aquellos que se dan por carreteras sin salida. Yo mirándote, desde la otra cera de la calle; tú tras el escaparate de esa cafetería humeante, como tu té. Giras como tantas otras veces la cuchara en la taza en el sentido adecuado de las manecillas del reloj, más rápido, gira y gira, no se encuentran ni rastros de ese azúcar, de esas palabras dulces que me conmovieron en el pasado. Yo apostado en la otra acera, te miro humeante también por el vapor que emanan mis labios, esos suspiros suaves de calor que me ahogan. Tu mirada clavada al infinito, giras la cucharilla dentro de la taza, no dejas caer ni una sola lágrima, tal vez no quieres que te vean vulnerable en tu vida, esa vida que imagine a tu lado, compartida, como dos tazas de té.
Yo ya no tengo vida, no me la imagino. Nunca la tuve, hasta que te conocí. Tú me diste la vida y tú me la quitaste. Ahora veo la vida, te miro a ti, te siento desde la otra acera de la calle vestida de invierno, con gorro y bufanda, como me gusta, a tu gusto; al gusto de mi amor por ti.
Te siento lejos, tanto que te fuiste, tan inmensamente distante, como de mis labios a tu taza de té.
Dicen que con los recuerdos se revive la vida. ¿Qué vida?, la ¿vivida o la sentida?, no hay más vida fuera de tu boca, de tus ojos y tu sonrisa, no la conozco y, ¿sabes más?, no la quiero conocer, quiero observar mi vida cuando la vida acaba. Ya no hay vida, pero si hay recuerdos, están tus palabras y también tus besos.

Todo por una taza de té compartida, ahí junto a ti, dando vueltas a la cucharilla contigo, compartiendo su sabor, su calor y el aroma del amor; así veo la vida, sino es esa, no hay vida, hay recuerdos que viven la vida.




1 comentario:

  1. Hermoso, no te había leído hasta ahora, me gustó mucho éste, y tu estilo, genial!

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