domingo, 12 de abril de 2015

DEL BLANCO Y DEL NEGRO



No comprendo la vida ni en blanco ni en negro. No entiendo la existencia sin la noche y el día, como tampoco puede entender vivir con ella y sin ella.
Un día me presente con mi sonrisa blanca para que fliparas en colores y encontré de respuesta uno ojos azules, los que me miraban mientras todo fluía y sin que nada me influyera.
No entiendo seguir hablando sin que unos oídos me escuches, ni seguir mirando al cielo blanco cuando el aire es azul. No persigo más respuesta que el sí de unos ojos, las palabras de la mirada cuando el corazón es el que habla.
Dicen que hay fronteras, que el cielo es una de ellas, que no se puede mirar más allá, que los ojos no alcanzan a descifrar las estrellas; sin embargo me han dicho y de testigos con certeza, que el cielo no es el límite, porque hay huellas de la luna llena.
A veces parece que  tu vida no es tuya, que sigues instrucciones, porque todos opinan, todos saben lo que te gusta y disgusta; pero tan solo tú conoces. No solo lo puedes ver, sino que es necesario sentir, el blanco y el negro, el amor y el desamor; la vida y la muerte. No es que te guste, ni el negro ni la muerte, pero la conoces, sabes de ellas y del negro, y del blanco, te gusten o no; pero conoces y a pesar de que te conquisten muchos cielos, siempre nos quedaremos en el mismo infierno.
La vida se compone del blanco y también del negro; de esa sonrisa blanca con la que haces flipar, pero también de tus lágrimas, de la tristeza de la despedida, de la ausencia; del amargo hedor de la extrañeza.



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