sábado, 25 de abril de 2015

TE PENSÉ



A veces me siento ceniza, mientras el camino me ofrece una verdad. No me pregunto por el fuego que la causó, ni por el incendio que arrasó el corazón.
El horizonte de la vida regala el sueño, esa idea pendiente de realizar que nunca se fuga. Todos deberíamos tener un sueño pendiente de realizar, aunque se pierda entre lo obsceno y la pulcritud. A veces dudo, si los sueños son esperanzas o tan solo recuerdos que quieren  volver hacerse realidad.
Me perturba una imagen desde años, la de tus ojos rondando una noche oscura, urbana, tintada de flujos de neón y perfumes de asfalto. Una música envolvente, de plano, en el fondo de un rincón tras la barra de un bar.
Esa imagen entre cosmopolita y trasnochada, envejecida por los años de recuerdo, por tantas y tantas noches intentando sentirte, en tu espacio, en mi escenario; en la vida como yo la pensé antes de ser soñada.
Te pensé antes de soñarte, y te encontré tras las pisadas de arena de uno de esos locales de verano, donde emergía la adolescencia de tus ojos y la madurez de la mirada de una mujer que nunca fue niña.
Te pensé y para cuando fui a soñarte ya eras realidad, entre las vías muertas de un tranvía que algún día pasó por mi cabeza, y la real presencia de tus manos, de tu piel, de tus labios rojos rozando el cuello de mi camisa.
No llegué nunca a soñarte, tal vez solo cuando ya era cenizas, sin que nadie me preguntará por el fuego que causó el incendio, ese milésimo instante que dista entre la realidad y la certeza de la verdad. Yo te pensé y no te soñé, tanto de día como de noche, en ese bar de verano y en ese otro que fluía luz de neón tras un semáforo.
Te pensé en un bar de verano cuando en mi sueño te deslizabas entre la asfixia de manos, caras y miradas culpándome de pensarte antes de soñarte.

Con el corazón hundido en la arena de un bar de verano, perfumado por las olas del mar y las sirenas de la noche, yo te soñé tras el humo de un cigarro y un gin tonic en la mano.


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