domingo, 12 de enero de 2014

MI HOGAR



Domingo por la mañana, amanecemos cuando el sol ya se encuentra muy por encima del horizonte, es tímido, calienta poco, es el sol de invierno. Se deja pasar entre las ranuras de las persianas y poco a poco, dando suaves vueltas entre las plumas, despierto, suavemente salgo de la cama, ni niña aún duerme, es domingo, quiero verla descansar. Con los ojos entreabiertos paso por el baño y bajo a la cocina; me gusta verla despertar con el olor del café, del desayuno que le preparo, si hay suerte hoy tendremos creps dulces, se que le gustaran. Me llama cari, se sale del nido de los sueños y baja con los ojos reluciendo viendo el manjar preparado. Nos besamos sentados en la mesa y una vez terminado lo preparado, lo recojo y cada uno se dispone a hacer sus tareas del hogar, las funciones están repartidas, cada uno a lo suyo, nos gusta limpiar y dar brillo a nuestra casa, son nuestras cosas, nuestro mundo y para eso se hizo el Domingo, para dedicarlo a lo mas puro, a lo básico, a lo mas cercano. Lo mío es la cocina, tal vez prepare una contundente sopa roja o unos pimientos rellenos de arroz. Se que le gustan, y en el sábado cuando hice la compra, tan solo pensé en ella para hacerle lo que mas desea. En tanto preparo ingredientes y me peleo con los cacharros en la cocina, entra de vez en cuando para pillar algo, a picotear, saliendo la brujita corriendo y subiendo por las escaleras, como niña mala que ha robado en lo que no tenía que tocar. Se ha convertido en un juego de costumbres, un conjunto de actos que hacen que el Domingo sa Domingo. Posteriormente cuando ya hemos terminado, de nuevo a la mesa, degustamos lo preparado y cuando ya no se puede mas, toca limpiar. Ambos nos ayudamos para tardar lo menos posible, mientras el sol de invierno empieza a ponerse y en la casa reina una luz tenue que poco a poco conducirá a la oscuridad. La tele encendida y me tumbo en el sofá, pasa poco tiempo cuando de puntillas la brujilla se acerca, quita los almohadones y se tumba junto a mi, nos miramos, nos besamos aturdidos. Mientras un murmullo se oye, es la tele que no vemos nosotros, tal vez algún vecino. Así trascurre el Domingo hasta que la noche alcanza su plena oscuridad. Esa es mi felicidad, que encuentro en lo mas simple, en lo sencillo, sin nada mas que el amor de mi hogar.


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