viernes, 18 de abril de 2014

MI NIÑA



El amor es un sentimiento tan complejo, tiene tantos matices, que van desde los instintos más básicos y apasionados, pasando por la necesidad, por la ternura, por la delicadeza, la intimidad, la complicidad, la amistad, hasta llegar a la protección. Si se dan todos esos sentimientos a la vez, ese es un amor verdadero. Todos componen el amor como una armonía perfecta de instrumentos musicales tocando una sinfonía, pero a veces ese conjunto se perfecciona con la protección. Esa necesidad de cuidar de proteger. Así veo a lo lejos a mi niña con esa carita redonda que se hizo mayor, sin que la inocencia abandonara su rostro. La veo a lo lejos cada día cogiendo ese tren para ir a la ciudad, con su bolso, su carpeta; casi todas sus pertenencias mas queridas apoyadas junto a su pecho y su mirada perdida en la ventanilla de ese tren, observando los cambios del paisaje, de los bosques a los edificios y luego por lo túneles de la ciudad. Un ir y venir cada día, con su sonrisa, con su cara de bondad, con esa expresión que sobrecoge a todos y que les hace atraer la confianza desde que es descubierta, convirtiéndose en oídos de problemas y de los avatares de la existencia de los demás, que esperan ansiosos obtener su respuesta, su consejo o al menos su comprensión. Así me gusta amar y que me amen, pero como dijo el maestro al que hoy tantos echamos de menos, solo porque no te amen como tu quieres, no significa que no te amen con todo su ser.


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