sábado, 24 de mayo de 2014

ENTRE CURVAS

Dicen que el camino de la vida es curvo, para que no veas las sorpresas que te esperan a la vuelta de cada esquina. Son tantas curvas y tantas sorpresas, que en ocasiones te hacen sentir repleto de vida y felicidad, pero en otras, te pierdes en la vuelta de cada esquina, pierdes el norte, tu destino y te quedas encerrado como en un laberinto. Son giros y giros, cada uno con una novedad, que a veces te sientes desorientado y pierdes uno de los valores más importantes de la vida: tus raíces, tus orígenes; todo aquello que compone tu propia vida, que corresponde a la esencia de tu ser. Hay un camino que nunca te fallará, que siempre te mantendrá orientado y que te indica una línea recta, esa luz que emana directa de tu corazón que se llama amor. Llega un momento en la vida en la que dejas las curvas, abandonas dar tanto bandazo de un sitio a otro sin saber donde éstas. Ese momento es en el que encuentras tu amor, es una estación de destino, de término, una línea recta que te marca cada paso que tienes que dar. Seguirla es alcanzar la felicidad, único destino por el cual estamos vivos, seguirla con amor hasta nuestro amor. Yo sé muy bien el camino, conozco cada piedra y cada señal, mantengo mi fidelidad a ese camino, que es tan recto, que desde cualquier lugar, por muy lejos que esté, puedo observar el destino, que no es otro, que mi amor.
 
 
 
 
 

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