sábado, 23 de julio de 2016

SOMOS LO QUE COMEMOS


Hoy tal vez vaya a causar polémica, incluso algún que otro mal entendido. No es mi intención, o tal vez sí, porque voy a destapar mitos contemporáneos que no son más que creaciones industriales y económicas de la sociedad de consumo.

En el mundo de las redes últimamente vemos y escuchamos con mucha frecuencia el término “LifeStyle”, generalmente etiquetando comentarios e imágenes relativos a la moda pero también a la actividad física y a la alimentación. A mi me encantan estas modas que son para bien, que promulgan el cuidado personal, el deporte y la alimentación. Daros cuenta que hablo de alimentación y no de comida ni del acto de comer. Ello es importante porque en mi cambio de vida, en mi nueva vida han tenido mucha importancia esos tres puntos a los que me he referido. Cuando vuelves a vivir todo te lo planteas, pero sobre todo aquello que te llevo al precipicio del que te salvo una o varias manos inocentes.
Hoy me voy a centrar en eso de alimentarse, algo mucho más profundo que el simple hecho de comer. Cuando volví a nacer me dieron unos cuantos consejos, uno de ellos fue el necesario cambio de hábitos de alimentación. No me dieron otro que la necesidad de que los modificara y que yo mismo sabría que es bueno y que es malo para mi cuerpo, porque es mi cuerpo el que había despreciado la vida.

Lo primero que pensé es que o lo hacía radical o no lo hacía. Que o me comportaba como si defendiera una causa o nunca lo conseguiría. Imaginar mi decisión en SEIS MESES PERDÍ 30 KGS DE PESO. No fue nada difícil, tan solo mentalizarme que a partir de ese momento no volvería a comer, que me alimentaría, que sentiría cada uno de los nutrientes cuando entraran en mi cuerpo, las vitaminas, el frescor de la vida y no de la muerte como lo había hecho hasta ese momento.

Evidentemente mi primera decisión fue dejar de comer carne mamífera y aves. Continué comiendo pescado porque los pasos grandes siempre tienen que ir repletos de pequeños y todo no se puede hacer a la vez. Claro que me preguntareis que ya han pasado dos años. Cierto pero es que el pescado me ha empujado a la vida sana y en un futuro también saldrá de mi dieta, pero lo primero es vivir y después como hacerlo.

Otro de esos pasos es ser consciente (palabra que repetiré mucho) de que somos lo que comemos y que si comemos muerte seremos muerte. Que la alimentación no solo está en la boca, sino que es un proceso que lleva a todo el cuerpo y que hasta la última célula se afecta dependiendo de lo que comamos.

Vivimos dentro de una cultura, y esto es lo que pienso creará polémica, donde se valora lo elaborado, todo aquello que pasa por las manos del hombre y lo transforma. Prueba de ello es la fama de cocineros y chefs que no dudan en utilizar compuestos químicos como el nitrógeno, sopletes y cuales quiera productos para hacer más atractivos sus platos al paladar. Solo les preocupa la imagen, su presentación y la recepción en la boca. Limitan la comida a su impacto visual y táctil. Olvidan que en la boca se inicia el proceso de la digestión, de la síntesis y metabolización de los alimentos. Se creen artistas porque elaboran platos sofisticados y dioses que no reprimen sus impulsos incluso para llamar a sus cocinas, laboratorios de creación. Un ejemplo de ellos es el Sr. Adriá, tan premiado como el mejor cocinero del mundo y que en mi opinión podría ser un pintor abstracto pero nunca comería de sus platos infestados de manipulación y del resultado de sus experimentos en  laboratorio. Este señor ha dicho en más de una ocasión que no hay comida asquerosa sino comensales asquerosos. Con ello quería justificar sus platos y comer todo tipo de criaturas de la naturaleza. El problema es eso, comer criaturas transformadas en cuadros que no son para ver sino para comer.

La boca es el primer lugar de la digestión, es la recepción. En la boca se encuentra la llamada enzima prodigiosa: LA SALIVA. Ahí empieza nuestra alimentación y no una degustación de platos cocinados, elaborados y manipulados por el hombre.

Cuando me dijo mi doctora que yo sabría que comer, la entendí perfectamente. Supe desde el primer instante que fruta, verduras y vegetales de todo tipo tendrían que ser mi referente en la alimentación y que desde ese instante ciertos animales no pasarían nunca más de mi boca a mi sangre, porque mi fin era alimentarme con vida pero no con la muerte.

No olvidéis que un filete es un animal muerto y que al meterlo por vuestra boca se introduce la muerte en vuestro cuerpo y si somos lo que comemos, seremos la muerte.

A partir de hoy hablaré de como perdí 30 Kgs. yo solo sabiendo lo que comía, sintiendo la comida y os lo contaré. También cómo gastar lo que sobra porque nuestro cuerpo está hecho para funcionar y no para reposar. Que hay que ser consciente de que la piel pasa a ser pellejo, el vientre barriga y los glúteos culo; cuando abandonamos la casa y no por el paso de los años. Que el alcohol, el tabaco y la mala comida son tóxicos además de muchas otras cosas y que con veneno no se gana vida sino que le das la mano a la muerte.


Perdonarme si soy duro, pero la vida también lo es y sin embargo es maravillosa cuando de lo que se trata, es de ganar a la muerte.



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