domingo, 2 de octubre de 2016

RED DE SEDUCCIÓN

No hay palabras, ni tan siquiera motivos para el desfallecimiento; para la locura vital en el que se convirtió el cuerpo. Letras juntadas, armonía de seducción junto con imágenes que tan solo pertenecen a lo privado, a la intimidad compartida en un aluvión de sensaciones que nunca se pudieron imaginar.

Sentir el roce de la piel en los tejidos, esas caricias del algodón robusto o de la suavidad tenue de la seda. Gemir con cada girón de piel, con cada letra, con cada imagen; en cada suspiro conteniendo la respiración. Todos los fluidos quedaron al margen de la ley, de las normas; de lo humano y de lo divino.

La madrugada fue el escenario donde ebullición tras ebullición, fue cuajando la pasión más infinita, la que alarga los brazos estrechando el mundo, la que acerca los labios, la carne; los besos con mordidas infinitas, en esa sed de sangre difícil de contener tras la sonrisa llamando a unir los cuerpos.

Sudor, embriaguez de calima, de insensatez; recorridos sin manos bajo las curvas más cerradas, navegando entre las sábanas tras el buceó a pulmón de las almohadas.

Colapso de sensaciones que deja los cuerpos rendidos a disposición del otro.  Como náufragos perdidos a la orilla de la playa, extenuados, febriles; bajo el eterno cielo protector como un sol incandescente donde el corazón no rinde lo suficiente para repartir la sangre hirviente entre los órganos perplejos por el poder de las letras jugando a ser palabras, de las insinuaciones a ser deseo; de las caricias creadas como auténticas fuentes de lujuria y abismos de amor sin techo ni limites humanos.

La red de emociones no tiene reglas ni límites, es como si el mundo girara con tan solo el poder de atracción de la Luna y el mandato de amaneceres ciegos de atardeceres, sin principios ni finales.


Tan solo una mención y surge la magia sin trucos, el coqueteo y la palabra fruto de esas letras, mezcladas con la imaginación motor del amor ciego.



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