domingo, 25 de septiembre de 2016

ADIÓS Y NADA MÁS.


Hay días que huelen a adiós, a despedidas; a huidas sin retorno, sin marcha atrás; son esos días en los que sientes que fuiste abandonado en el futuro, que se perdieron todas las esperanzas; que ya nunca se cumplirán los sueños.

Esos días en los que sientes que hay fechas que se repiten cada año, salvo aquellas que te las robaron una noche cuando pensabas seguir apostando por el mañana.

Fechas tan malas que hasta coinciden en otoño, con el cielo gris, las hojas secas, el frescor apoderado en las sabanas que antes se mojaban de mor y ahora con las lágrimas.

Momentos que podrían saltarse, arrancados como esas hojas de  antiguos calendarios, de días, a veces de horas; pero que perduran porque el olvido también tiene su recuerdo. Tan solo son momentos que pasaron, pero que estiran de la piel como esas cicatrices secas que jamás sanaron.

Caminos cruzados y en ese día separados, tal vez por no saber el destino o posiblemente porque perdidos en el tiempo, de ellos tan solo quedaba el pasado.

Te preguntas mil veces el porqué, sin respuesta; ahora ya no hay caricias en las tardes de domingo, ni conversaciones de amor por la noche; mucho menos momentos de sexo loco al amanecer, cuando prisioneros del sueño en la cama quedábamos presos.

Ya no hay preguntas y se marcharon las respuestas; no existe casi el recuerdo, tan solo queda el olvido que jamás  te deja.


La vida te echa de su camino, cambiando el futuro pero dejando los restos del mismo pasado.



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