sábado, 3 de septiembre de 2016

UN CUERPO DIEZ.

Nuestro cuerpo, nuestra casa donde habitan nuestros órganos, el corazón, el alma. El lugar tantas veces abandonado y otras excesivamente adorado. Un cuerpo diez es un cuerpo sano, vital, dinámico, cuidado y limpio.

Como con todo parece que la única preocupación es tener hermosa la fachada, nos olvidamos de la arquitectura interior, su decoración porque lo que se ve es lo que cuenta. Un cuerpo diez es ese cuerpo ajustado a las medidas de nuestra estructura, sin sobras pero tampoco con faltas. Un cuerpo diez no es el de las revistas, no es ese de las medidas perfectas para poder colgar un vestido, una falda o una camisa. Esas medidas están exclusivamente destinadas para la venta de prendas textiles bajo los patrones de diseñadores y de la industria del textil, excesivamente esqueléticos con modelos mas cercanos a la enfermedad que a la vitalidad. Pero tampoco es un cuerpo diez aquellos que ahora nos quieren vender, esos que proclaman las curvas, los michelines, celulitis y las grandes formas. Una talla XL nunca puede ser una talla diez. Un cuerpo de esas dimensiones es un cuerpo con depósitos de grasas bajo la piel, entre los músculos, articulaciones, arterias, venas; un cuerpo de esa forma, es un cuerpo enfermo, un cuerpo carente de vida que ha sido descuidado o es víctima de una enfermedad física o psíquica.

El cuerpo es hermoso, como sea siempre que sea el nuestro ajustado a nuestra medida, a la de nuestro ritmo vital.

A veces confundimos un cuerpo hermoso con un cuerpo  musculado, propio de gimnasio con un cuerpo diez. No es así, esos cuerpos excesivamente marcados por la musculatura, inflados por las proteínas no son cuerpos saludables. Las proteínas en exceso son perjudiciales, adelantan el fin de la vida del cuerpo y son tremendamente tóxicas. Esas personas que toman suplementos proteínicos cometen grandes errores con un único fin que es la de la exhibición exterior del cuerpo, el gustar la forma acorde con unas modas que lo único que hacen es precipitarlos a la muerte, adelantar su fecha de caducidad.

Es curioso como sobre todo en la estación veraniega cuando el calor acecha, que mucha gente se queje de la falta de higiene de algunos, sobre todo en autobuses, metro o lugares de masiva concurrencia de público. Todo cuerpo desprende olores y uno mal aseado multiplica los mismos por acumulación propia de la traspiración y el sudor. Evidentemente que la higiene y el aseo son básicas por educación y por salud, pero no puedo más que reprochar a esos que tanto hablan de la higiene que se olvidan de nuevo de su interior. No saben bien la basura que acumulan algunos en su interior en forma de grasas y otras como antes he mencionado. De nuevo el exterior es lo único que se observa y se mira. Gastamos dinero en favorecer un buen olor, un aspecto impecable, con ropas, cosméticos, perfumes; y sin embargo nadie se mira por dentro. Son capaces de gastar cientos de euros en esos productos y seguir maltratando su cuerpo con la ingesta de azucares, grasas, animales muertos, humo, alcohol y tantas y tantas sustancias que como satisfacen al paladar durante cuarenta segundos no importa dónde van, tan solo cuando luego se disponen a salir si es que no se quedan dentro para siempre.

Un cuerpo diez es un cuerpo hidratado, vitaminizado, brillante, esplendoroso; con las medidas perfectas a nuestra estructura fisiológica y no a los cánones de belleza. Un cuerpo diez es un cuerpo en armonía con el espacio y el tiempo, tanto en su exterior como en su interior, sin dejarnos llevar por bellezas efímeras mas cercanas en algunos casos a la anorexia y en otros a la obesidad.

Un cuerpo esquelético no es un cuerpo diez, pero tampoco un cuerpo obeso.


Si no te preocupa el cuidado de tu cuerpo, difícilmente puedes tener un corazón atractivo ni una hermosa alma. Si tu casa está en ruinas, tus muebles y sus habitantes corren peligro; no lo olvidemos nunca.




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