domingo, 4 de agosto de 2013

UN DESTINO ELEGIDO

Dicen que en la vida hay que saber diferenciar entre lo que tienes que hacer y lo que quieres hacer, a veces la única opción es lo que puedes hacer. Cuando tan solo te queda una opción, algunos te aconsejan lo tienes que hacer, seguir adelante y no mirar atrás. Sin embargo siempre existe tu propia decisión, tu voluntad de aceptar la vida y querer hacerla a tu medida. La vida es un conjunto de circunstancias, casualidades y encuentros. Nunca estás preparado, conforme pasan los años te vas adaptando y continúas caminando. Jamás pude soñar, que mi vida giraría mas de noventa grados, por una persona que llego de tierras lejanas. Ni en mis sueños pude imaginar que daría la vuelta a todas mis metas, planes e ilusiones. Que el amor se presentaría como un torbellino que te lleva hacía él sin posible resistencia. Piensas que eres feliz, que lo tienes todo y que no te falta nada, pero llega alguien y comprendes que no tenías nada. Aparece sin previo aviso, sin buscar, y al igual que llega se puede marchar. Te quedan las cicatrices de una victoria, porque has tenido, lo que no podías imaginar y aunque duela, las conservas marcadas en la piel. Entonces te planteas que puedes hacer o que tienes que hacer. Mi destino es hacer lo que quiero en cuanto puedo. Que igual que ese regalo me llegó de un país lejano, mi destino está allá donde se encuentre. Que el mundo para algunos es demasiado grande y para otros mas pequeño, pero que mi destino propuesto carece de fronteras y de espacio. He aceptado que lo que puedo hacer es lo que quiero hacer, y mi principio y mi fin está en sus ojo, allá donde brillen sus mirada.


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