miércoles, 10 de abril de 2013

EL CUERPO, LA CASA DEL ALMA

Algunos dicen que somos pura energía, que siempre hemos existido, que llega un momento y ocupamos un cuerpo y que un día esa energía saldrá de ese cuerpo hacía la eternidad.
Cada uno podrá pensar lo que en libertad quiere, lo que sí es cierto es que el cuerpo es nuestra casa y  a veces no lo cuidamos como el edificio donde vivimos, le dedicamos menos tiempo y como dicen somos lo que comemos. En estos días estoy pensando que para tener una vida más feliz, más enérgica y de calidad, debemos cuidar esa casa y estoy leyendo un libro que trata del llamado “crudivorismo”, que no es más que basar nuestra dieta en vegetales y frutas crudas, no cocinadas. Realmente en una primera reflexión es algo muy comprensible de lo que hablaré en otra ocasión con mas profundidad cuando esté más ilustrado, pero esa primera impresión es que el calor suele destruir y si lo hacemos todas las propiedades de esos alimentos se destruyen no nos ayudan porque la naturaleza  generosa nos los da para se tomados tal y como están. Aunque a muchos les pueda resultar extraño eso de sentarse a la mesa sin pasar por la cocina, lo cierto es que hay argumentos que avalan el crudivorismo. Al cocer los alimentos, las enzimas que tienen se pierden, y éstas son necesarias para la digestión. Paralelamente, el agua fisiológica se evapora quedando el alimento sin esta parte líquida necesaria.
Estas son algunas de las razones de sus beneficios, pero hay muchos más que contaré conforme me adentre en este apasionante tema, lo que sí es cierto, es que la paz interior, nuestra energía y nuestro estado de ánimo, depende mucho de lo que ingerimos, porque como he dicho, somos lo que comemos, en gran parte.
 

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