sábado, 30 de marzo de 2013

ESPECIAL


Hay personas que tienen un precio, pero hay otras que tienen un valor. Es posible o tal vez seguro, que hay gente que se les puede comprar, tienen un precio, sin embargo las que tienen valor en si mismas no se pueden adquirir ni por todo el oro del mundo.
Desde el primer momento se percibe ese valor, en la forma en la que se siente segura de si misma, que sabe que aunque haciendo alguna travesura, esa carita juguetona será cubierta de besos, ese valor solo puede ser premiado con el roce de los labios sobre su rostro. Conoce, sabe, pero ese propio valor le hace ser humilde, no lo luce, lo demuestra, en cada mirada, en cada movimiento de su cuerpo, con cada hechizo de sus ojos. 
Te escondes tras una almohada, cubres tu rostro con tus propias manos, pero no puedes impedir que el brillo de tus ojos salga por cualquier rincón, sabes que todo lo que haces es mágico, que lo se y lo adoro, pero como un gatito, muerdes un trozo de pastel y sales corriendo para que ten encuentre, para que te rodee con mis brazos y te apriete tan fuerte que no puedas ni decir mi nombre, porque tal vez sea ya demasiado para una persona normal como yo, que tu nombre salga de tus labios.


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