sábado, 15 de junio de 2013

LA TRAMPA DE LA LIBERTAD

A veces buscando la libertad te encuentras con la soledad. Se cimienta en ti ese deseo de romper con todo, te sientes segura de que puedes valerte por ti misma, que no necesitas a nadie mas. Sientes esa fortaleza de tu amor propio, te gustas, deseas hacer lo que te apetece, sin pedir permiso o tal vez sin tener que consultar. Tienes ganas de libertad y abandonas raíces relaciones y hasta tu propio hogar. Ya eres libre, dibujas tu mejor sonrisa, tus ojos están hambrientos por comerse la vida sin pestañear, sin llegar ni un instante a pensar, que esa vida tal vez te coma a ti. Comienzas tu camino con total seguridad, pisando fuerte, sin equipaje que te sujete, sin nada que te retenga. Pasan los días, tal vez los meses pero poco a poco, ese suave pañuelo llamado libertad, te pese demasiado. Pierdes el deseo de hacer la mas mínima cosa, te sientes incluso paralizada; añoras compartir. La libertad te ha desolado, no sabes ni hacer un viaje, deja de tener sentido sino lo puedes compartir. No puedes contar tus éxitos ni tus fracasos, y como dicen, si algo no lo puedes contar es como si nunca hubiera existido. La desolación se apodera de esa mirada tan segura con la que te vestiste en tu aventura. Te sientas sola en cualquier sitio hasta para comer y no tienes apetito. Echas de menos la discusión por la elección del vino, del restaurante, del menú, hasta de la película cuando acompañada ibas al cine. La libertad es un gran tesoro de la vida, pero puede convertirse en la mas cruel de las condenas, si no la compartes. Somos seres que necesitamos de los semejantes, precisamos contar historias y compartir momentos. La libertad puede ser una trampa si la utilizas solo para ti y no para compartir deseos, sueños e ilusiones.


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