domingo, 8 de enero de 2012

LA META


Desde que nacemos, todo ser humano tiene una meta, un fin que conseguir, al que llegar. Algunos pueden confundir esa meta con el triunfo personal, el éxito económico, por eso desde pequeños nos llevan al colegio, después al instituto, a la universidad.  La mayor parte de nuestra infancia, adolescencia y juventud, la pasamos formándonos, preparándonos para conseguir esa meta del éxito profesional.

 ¿Pero quién nos prepara para poder triunfar en el amor?

El ser humano como especie, tiene los mismos instintos que el resto de seres que conviven con nosotros en este planeta llamado Tierra: el instinto del apareamiento, la necesidad de perpetuar la especie y por lo tanto de la procreación.

Pero a diferencia de los demás seres vivos, esos instintos están matizados por algo tan indefinido como es el amor. No digo que el resto de seres no gocen del amor. El amor maternal de la madre con sus cachorros, y de estos con ella. Sin embargo el amor como unión de parejas, es un amor humano. La lírica la poesía es del ser humano, y vuelvo a preguntarnos ¿quién nos enseña a amar?, es mas, ¿el éxito como personas, no es mas el triunfar en el amor, que en lo profesional?

Una persona, completa, es una persona que ama y es amada. Se puede triunfar en la vida, tener una buena posición económica, ser respetado por la sociedad, tener un buen coche, una bonita casa, incluso otra en la playa o en la montaña, viajar y disfrutar de los mejores restaurantes, pero, ¿esa persona ha triunfado en la vida?, y la gran pregunta, ¿esa persona es feliz?

La felicidad como meta no es otra que conseguir el amor, amar y ser amado. A veces incluso tan solo con amar se alcana la felicidad la mayor de las plenitudes a la que se puede aspirar, porque el milagro del enamoramiento, de que dos personas se entreguen la una a la otra por completo, es a veces difícil y conlleva tantas circunstancias que cada día parece mas complicado alcanzar esa meta o al menos pretenderla. Factores sociales, familiares, nuestro propio egoísmo, son piedras que se interponen en esa gran meta de conseguir el amor.

Amar, sin ser correspondido, sin ser amado; no es conseguir esa meta, pero al menos, si es lo suficientemente coherente con sus principios, esa persona, aunque no con poco sufrimiento, puede alcanzar esa plenitud.

La felicidad, no es estar sonriendo cada segundo del día, la felicidad, aunque opuesta a la tristeza puede ser su complemento, y ese sufrimiento de la necesidad de compartir cada instante con la persona amada, se combate con el corazón, pues no hay mas acto de generosidad que el amar, pretender también ser amado, es a veces una arrogancia, que en lugar de llevarnos a la plenitud, puede conducirnos al fracaso.

No busco el amor, lo tengo porque lo busqué, y lo encontré. Amar es dar sin pretensión de recibir, y en esa búsqueda, nadie, absolutamente nos ha preparado.

La meta de la vida, no es mas que aceptarnos a nosotros mismos y nuestras circunstancias, tener claros nuestros sentimientos, y expresarlos, sin la pretensión de recibir nada a cambio.

¿La meta de la vida es aprender a amar? 






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