domingo, 27 de noviembre de 2016

FEELINGS

Lo primero que me vino a la cabeza al pensar en  sentimientos, es que no caducan; que no se pueden negar porque no dependen de ti. Sentimientos que a veces se confunden con emociones y a veces incluso con apegos de la razón. Sentimiento vestido de deseo u otras veces de necesidad, de ausencia, de abatimiento; de extrañeza.

Sentimiento que busca el cuerpo, que siente como la palabra misma lo dice, que lastima la piel o que busca su caricia. Sentimiento que hace palpitar al corazón. Esa irracional aceleración del ritmo cardiaco con tan solo pronunciar un nombre, ver una fotografía; e incluso sentirla a kilómetros de distancia con tan solo una idea, una imagen; un sueño tachado de pesadilla en una noche de insomnio.

Ese que hace que las glándulas de la piel se despierten, que nos suden las palmas de las manos, que perdamos el mismo sentido de la orientación y de la dimensión espacio tiempo. No hay justificación que lo demuestre. No hay formula lógica ni ecuación racional que nos de el resultado.  En un mundo experimental, donde todo tiene su explicación bioquímica, incluso el amor por la segregación de no sé cuantas sustancias a la vez; en esa maldita estupidez humana de querer dar explicación a todo; en este mundo, el sentimiento carece de empatía porque no tiene explicación con fórmulas de la química orgánica ni de la inorgánica; ni de la física tradicional ni de la tan denostada cuántica. No tiene valor de cambio, no es comprable ni vendible; el sentimiento se tiene o no, se posee sin haberlo llamado, sin haberlo pedido y a veces incluso sin necesitarlo e incluso puede resultar inoportuno. Sentimiento es esa electricidad que levanta el vello de la piel, que hace que la niña de los ojos se dilate; que nos pone en alerta de protección, no tanto de nosotros como de aquel por el que se siente.

A veces nos preguntamos que es esa fuerza que nos conduce al suspiro, a acelerar la respiración sin ser capaces de obtener ni un milígramo de oxigeno. Que fuerza tan brutal que altera la respiración que pronuncia el nombre de lo sentido con simples quejidos que son prueba de amor, de necesidad de alcanzar, de tocar; de poseer en todas sus dimensiones físicas e incluso espirituales. El sentimiento es la llamada a la atracción sexual, ese motivo por el que necesitas acariciar y desnudarte en cuerpo y alma para poseer y ser poseído. Para alienarte, dejando de ser tu y convirtiéndote en un mensajero de las necesidades del alma y del cuerpo.

Amar es el mayor sentimiento, ese que nos lleva a querer; que es la razón de ser. No encuentro explicación a la vida sin amor. No entiendo ni tiene sentido vivir por vivir, dejarse los años en acumular sin dar. Ir creando necesidades sin culminar aquella que nos da razón de la vida, ese porque tantas veces buscado pero que se deja en incógnita. Posiblemente porque es tan fuerte, tan duro; una lección tan difícil de aprender que se deja para el día siguiente, como tantas cosas se dejan en la vida y al final lo único que pasa es el tiempo y esa propia vida sin haberla vivido, porque no olvidemos que una vida sin amor no es una vida. Una vida sin disfrutar de los sentimientos no es real, es simplemente una ficción mal interpretada de nuestra propia persona; una falta de capacidad de seducción de lo auténtico, de aquello que se encuentra tatuado en oro en el corazón.


La vida es sentir el ahora mismo, nada más; ni un segundo  más delante. La vida es percibir esa brisa de aire que acaricia la cara y hacerla nuestra, asumirla; vivirla como el instante mas auténtico que existe; ese presente radiante que llamamos momento. Ese oxigeno que se cuela en nuestro cuerpo, que nos invade y sentimos que circula, a veces mas rápido, otras mas lento; pero es vida; esa es la vida porque la vida no es más que un sentimiento y si no la sientes; has perdido la vida.



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